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5:00 AM - 10 de Noviembre de 2011


Las elecciones

Por: Ana Milena Muñoz de Gaviria

Esta no sólo es la mayor votación del país, sino que muestra la importancia de la elección de mandatarios regionales por encima de la de presidentes y Congreso; la gente se moviliza más, pues se ve más afectada en su vida cotidiana por la política local, aunque todavía falta hacer mucha más pedagogía sobre la figura de las juntas administradoras locales y sus ediles y el papel que tienen en la comunidad, pues sólo votaron 7,3 millones de personas.

Las elecciones fortalecieron los partidos políticos y redujeron los movimientos políticos de papel. Ha sido claro que como resultado de la reforma política se disminuyó la infiltración de grupos ilegales en los partidos, aunque esto se ha dado más en el nivel nacional que en el local. Quedan no obstante otros problemas que se deben afrontar, como la corrupción y la financiación por parte de grupos de interés (contratos, chances, licoreras, constructores). Y era triste cuando se hablaba del candidato de empresarios con intereses en la construcción y carros en Cartagena, o del hermano de Macaco, o el candidato de La Gata y hasta el candidato a edil del dueño de un prostíbulo en la localidad de Los Mártires.

Los intereses y la transformación de la política en un negocio han llevado a que la política local se mueva más que con ideales en la búsqueda de influencia política en el caso de grupos por fuera de la ley o influencia económica. Y es que en el campo económico, dadas la descentralización y las transferencias a las regiones y las regalías en algunos departamentos, el poder y los recursos que manejan las autoridades locales son cuantiosos y de ahí los contratos a los que aspiran quienes financiaron las campañas, como es el caso que se juzga en Bogotá.

Los temas de dinero no sólo están en la contratación que genera una gran corrupción, sino que esto se extiende en la forma en que se hace política, en la financiación de las campañas y en los montos que se manejan por encima de los topes permitidos. Y es que la política se ha encarecido, pues todos quieren plata, o un mercado o la promesa de una beca o un subsidio. Ya prima lo individual sobre lo colectivo, qué puedo ganar como líder o como persona; de ahí prácticas como la compra de votos o la trashumancia y la corrupción de funcionarios electorales.

En todo este panorama hay excepciones y hay reacciones a estas prácticas: en Bello ganó el voto en blanco; en Dosquebradas perdió el hermano de Macaco; en Magangué perdió el candidato de La Gata, y el del Negro Martínez en Buenaventura. La buena administración se premia, como sucedió en Medellín y Barranquilla; en Cali quieren un cambio y ganó un líder cívico. Hay cansancio de la corrupción, la gente quiere ver obras y adelantos en lo económico y lo social; no obstante, no siempre se traduce en la votación.

Ana Milena Muñoz de Gaviria | Elespectador.com

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