5:00 AM - 12 de Noviembre de 2011
Por: Nicolás Uribe Rueda
Este hecho pasó casi desapercibido ante la opinión pública como consecuencia de la concentración y entretención casi exclusiva de medios y opinadores en el desarrollo de la jornada electoral y sus resultados.
Sin embargo, bien vale la pena plantear la relevancia estratégica que el registrador tiene como agente fundamental para el mejoramiento material de nuestra democracia en un momento en el cual, para combatir el fraude y la corrupción electoral, no han bastado ni serán suficientes todas las reformas políticas que se han aprobado en el pasado o las que seguramente se impulsarán en el futuro. Sánchez, con renovado músculo político, tiene el reto inmenso de acometer una serie de reformas que garanticen que las recientes elecciones sean las últimas en las cuales tanto candidatos como ciudadanos se atrevan a decir que “las curules no se ganan en las elecciones sino después de los comicios, durante los escrutinios”, como lo afirmara hace poco el presidente de Cambio Radical. En últimas, el reto democrático del registrador para los próximos cuatro años consiste no sólo en ser el transparente operador logístico de las elecciones, sino también en convertirse en el autor de un sistema electoral en donde se garantice a los ciudadanos el derecho fundamental a tener el gobierno que eligen y no el que unos pocos les imponen a través de la manipulación y el fraude.
Y para llevar a cabo esta tarea, el registrador debe intervenir de manera contundente y ágil en al menos dos asuntos a los que me permito hacer puntual referencia. Por una parte, el debate sobre el nuevo Código Electoral, que no sólo es el espacio adecuado para actualizar una normatividad vetusta, sino también la oportunidad para introducir de una vez por todas los mecanismos que impidan fraudes sistemáticos, como el de la trashumancia electoral, que en palabras del propio registrador, permiten que en contados municipios haya más electores que habitantes.
Y en segundo lugar, la ley 1475 estableció la obligación de implementar el voto electrónico a más tardar para las elecciones de 2014. El registrador tiene este asunto ya en la mira y ha hecho un llamado al Gobierno para “sacar las elecciones de la Edad de Piedra” y apropiar los medios necesarios para superar este atraso tecnológico, que de manera grave compromete la eficacia de nuestra democracia, amenazada por factores de violencia, corrupción y fraude. El voto electrónico no sólo es un mecanismo ágil de escrutinio, sino también un instrumento que garantiza transparencia, porque permite auditorías en varios puntos del proceso, excluye la intervención humana en la transmisión de datos y da confianza al elector. De contera, acabaría con el voto inválido que tiene dimensiones inaceptables en Colombia y dejaría sin motivos a quienes usan la violencia para recuperarse de una derrota electoral.
En fin, en esto y en aquello, y en las manos del registrador, podría haber una sustancial mejora de la democracia colombiana. He ahí su importancia.
Twitter: @NicolasUribe
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