Actualizado: hace 3 horas.
5:40 PM - 2 de Noviembre de 2012
Por: Elsa Tobon
Como dicen algunos de los letreros dejados en el "muro de las lamentaciones": Saldremos adelante, Sandy. Ojalá te llegue la menopausia. Lo mejor de ti fue esta semana de vacaciones. Todavía estamos de pie, no nos noquearás.

En la ciudad de los semáforos electrónicos, de las luces de neón, de los imponentes rascacielos, estas noches caminamos guiados por una linterna o por la luz de los carros, mientras la Policía dirige el tránsito con la ayuda de linternas, signos manuales, espaditas luminosas, y hasta mechones en las esquinas de mayor flujo vehicular.
Las líneas de electricidad son subterráneas y el lunes en la noche, la ‘Supertormenta' Sandy inundó los sótanos de Con-Edison, la empresa de energía, causando una explosión que dejó sin luz a 226 mil personas, desde el sur de la calle 40ª en el Lado Este y desde la 34º en el Oeste hasta la punta de la Isla, donde se unen los ríos East y Hudson con el Atlántico. Todo el Bajo Manhattan.
Las escenas son de película. Después del desorden y el caos el martes en la noche, el miércoles y el jueves caminamos con tranquilidad y sin apuro. Nadie parece alerta ni pendiente de su entorno.
Los rostros solo reflejan asombro. La incredulidad que produce caminar con linterna y casi en completa oscuridad por las avenidas y calles del 'Downtown' como se hacía en el pasado, como puede ser común en muchos lugares del mundo. Parejas solas o con niños, adultos paseando su perro, la mayoría con su lámpara de minero o de mano, apagada a intervalos.
Muchos ciclistas. Pocos con ropa reflectiva, muchos con luces que escasamente ellos ven. Eso sí: todos, transeúntes y ciclistas con cámaras, celulares y iPads, captando la magia del momento. Todos fotografiamos y nos dejamos fotografiar. Es un uso común en esta ciudad.
A mi mirada, los rascacielos han perdido su altura, su poder, su invitación al desafío, su dominio de la escena, su importancia. La oscuridad los oculta. Pocos los miran desde su cercanía, casi nadie desde la lejanía, con la única excepción de quienes queremos captar precisamente ese ‘mágico' ocultamiento.
Nosotros, los minúsculos, los oscuros y pequeños peatones hemos ganado altura e importancia. Las cámaras nos enfocan. Escasos turistas nos miran. Seguramente sintieron miedo de salir. Por eso hoy somos los actores, dominamos la escena, marcamos los límites.
Ayer, 1º de noviembre del 2012, Día de los Muertos en Méjico; hoy, 2 de noviembre del 2012, día de los Difuntos en Colombia, los ciudadanos del mundo que tenemos a Nueva York como nuestra ciudad celebramos la vida, y caminamos con orgullo para decirle al mundo que Sandy nos arrodilló, pero no nos derribó y que nos hemos levantado con presteza para reconstruir lo perdido y seguir marcando rumbos.
Estamos orgullosamente de pie, marcando este extraño y oscuro territorio, estas locas, ruidosas y maravillosas calles del Downtown, del Village, de Chinatown, de la pequeña Italia, de Soho, de Tribeca, del Distrito Financiero, de la 14ª, de Union Square.
Estos y tantos otros sitios y barrios que hacen que Nueva York sea única y estas escenas que esperamos sean irrepetibles. Sandy trajo una ola de conciencia y preocupación por el cambio climático que hará cambiar muchas actitudes desde lo cotidiano y lo político.
Como dicen algunos de los letreros dejados en el "muro de las lamentaciones": Saldremos adelante, Sandy. Ojalá te llegue la menopausia. Lo mejor de ti fue esta semana de vacaciones. Todavía estamos de pie, no nos noquearás.
Por Elsa Tobon, colaborador de Soyperiodista.com
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