Actualizado: hace 5 horas.
3:22 PM - 6 de Noviembre de 2012
Por: PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA

Tomemos el salario del presidente Juan Manual Santos y veamos cuanto gana: Anual $ 216.000.000,oo; mensual $ 18.000.000,oo; semanal $ 4.320.000,oo; diario $ 864.000,oo. Salario que es, sin duda alguna, una afrenta al pueblo colombiano por cuanto significa inequidad económica que se traduce en injusticia social y laboral.
Tomemos otro ejemplo, un congresista, que entre sueldo básico: $ 5.088.646.oo mensuales; gastos de representación $ 9.046.485.oo; subsidio de vivienda: $ 5.496.999.oo; prima de bienestar y salud: $ 1.413.508.oo. En total un congresista nos cuesta a los colombianos la friolera de $ 21.045.638.oo mensuales. Aunado a lo anterior existen otros factores como Prima de mitad de año, Prima de Navidad, el nombramiento de un equipo de colaboradores, como mínimo cinco, dentro de las llamadas: UTL, Unidades de Trabajo Legislativo, esquema de seguridad, tiquetes aéreos nacionales e internacionales, servicios de telefonía nacional e internacional, derechos de franquicia nacional e internacional, un vehículo blindado con conductor, libre de combustible.
Sumados todos estos factores un congresista nos significa mensualmente $83.333.333.oo. Podemos tomar como simples muestras los salarios de los ministros, de los diputados o de los altos funcionarios del Estado y todos y cada uno de ellos estarían en las mismas proporciones. Sume, resta y divida en horas y días y asómbrese de los resultados.
Tomemos ahora si el salario de un colombiano raso, de un obrero, de un oficinista o un empleado publico. Mensualmente percibe la irrisoria suma de $ 566.700.oo, se suma a lo anterior un subsidio de transporte por valor de $ 68.700.oo pesos. Traducido en términos formales significa que un asalariado colombiano devenga al mes $ 634.500.oo. Representan diariamente $ 21.133.oo.
Diferencia abismal que nos convierte en el país con mayor inequidad económica. Un trabajador informal puede llegar a percibir mensualmente la mitad de lo devengado por un trabajador formal con salario mínimo, es decir que diariamente y en el mejor de los casos percibe $10.500.oo.
Quedan por fuera los indigentes, los desposeídos, los rebuscadores que están en la escala salarial más baja y según estudios viven con menos de un dólar diario. Conozco funcionarios que ganan doce, trece, catorce y quince millones, más primas y cesantías y todas las gabelas de ley, simple y llanamente por la cercanía y amistad con personajes influyentes de la vida política nacional.
Eso estaría bien siempre y cuando no existiera una inequidad tan marcada y profunda entre los colombianos. Pero a las claras se puede apreciar la injusticia que esto representa y que nos convierte en actores de un conflicto y en cómplices silenciosos de tanta muerte, desnutrición, pobreza, analfabetismo y miseria.
Es necesario y urgente replantearnos seriamente estas inequidades y diseñar de una vez por todas unas verdaderas políticas de justicia social. Que se fijen topes salariales, que se redistribuyan los ingresos de los colombianos, que cese este atropello que es causa y germen de inseguridad y atraso económico y social. Si en verdad queremos la paz, si en verdad estamos dispuestos a fundar una nueva patria debemos comenzar por lo esencial y ceder parte de los privilegios personales de aras de un bienestar colectivo.
En Colombia la pobreza es generada por una mala redistribución económica pues mientras unos colombianos disfrutan de prebendas y privilegios, otros deben sustentar su vida y las de sus familias con las simples migajas que caen de la mesa como en la fabula del rico Epulón y el miserable Lázaro. Sin duda alguna que este conflicto de intereses debe llevarse a las mesas de negociación y los colombianos debemos empezar una cruzada que busque que esta justa pretensión sea una realidad y se traduzca en empleo, vivienda, seguridad y educación.
Tengo la plena seguridad que mientras se mantenga esta estructura de privilegios en Colombia no encontraremos el sendero de la Paz. Son los colombianos de a pie quienes deben exigir cambios inmediatos en estas políticas salariales que nos atan a una de las mas grandes inequidades del planeta y a un atraso productivo y social. No es justo, ni siquiera ético, que unos cuantos privilegiados se lleven buena parte de la tajada del presupuesto nacional mientras las inmensas mayorías deben sobrevivir aferrados a su pobreza y su miseria. El debate está abierto y que entre todos encontremos una salida pacifica a este otro conflicto que se libra a diario en el presupuesto nacional.
Por PABLO EMILIO OBANDO ACOSTA, colaborador de Soyperiodista.com
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