Actualizado: hace 16 minutos
5:02 PM - 23 de Noviembre de 2012
Por: Sandra Mercedes
El ruido no distingue estrato o clase social, la contaminación auditiva cobra más fuerza.

A propósito de la querella interpuesta en contra de la Contralora General, porque según sus vecinos, no aguantan más el ruido proveniente de la casa de la funcionaria, debido a sus perros, gatos, guacamaya, cancha de futbol en la terraza de su vivienda, entre otros, lo cual al parecer ha motivado la desesperación de los querellantes, muchos nos preguntamos, para dónde se fue el silencio.
Lo cierto es que el ruido no distingue estrato o clase social, la contaminación auditiva cobra más fuerza.
El ruido terminará siendo considerado uno de los flagelos actuales, sin solución a la vista, o mejor al oído. El silencio, pierde cada vez más espacio dentro de un mundo subido de tono.
El parque automotor, los locutores gritones de las emisoras locales, los pitos innecesarios, los vecinos que obligan a los otros a escuchar sus gustos musicales, las alarmas, el camión de la basura que hace su recorrido en la madrugada, la serenata de perros que hacen su aparición precisamente cuando a un vecino le da por martillar a las once de la noche, en fin, son tantas causas generadoras de ruido, que hacen que cada día perdamos capacidad auditiva y que nos estemos convirtiendo en seres gritones, cada día hablamos más fuerte, casi a los gritos. ¿Se han dado cuenta de eso?
¿Cuál es la hora del silencio? Esa es la inquietud que tengo, porque ya ni siquiera en las horas de la noche se puede uno extasiar de una buena dosis personal de silencio.
Por lo menos en la ciudad de Bogotá y en tres noches-madrugadas por semana, el camión de la basura y sus acompañantes hacen un ruido impresionante, el motor, el engranaje del camión triturando y organizando la basura, las canecas de la basura que son tiradas sin compasión alguna en los andenes o aceras por parte de los empleados del servicio de aseo. El servicio de basura para los bogotanos se está convirtiendo en una tortura. Entre la una y las tres de la mañana aproximadamente pasa el camión de la basura por los barrios de Bogotá, acortando el sueño de los bogotanos que definitivamente no tenemos un sueño pesado.
De otra parte, las frecuentes fiestas de los vecinos (somos un pueblo rumbero) Dios mío, quien nos manda ser uno de los países más felices, aquí celebramos y nos embriáganos hasta por la caída de una aguja, no hay derecho.
Hasta en el internet la gente grita, en las reuniones de colegio, conjuntos residenciales, religiosas, etc., etc., siempre hay un interlocutor estrenando micrófono, un bebecito llorón, un niño en edad pre escolar que sin duda están en el lugar equivocado. Batallas auditivas entre los interlocutores gomosos con sus micrófonos, infantes que lloran y gritan para que los saquen de ahí y para completar la escena, los padres de esos menores, como si no fuera con ellos; siempre me he preguntado ¿Por qué no se salen de la reunión? o mejor ¿Por qué los demás no nos salimos? ¿"Sordos-masoquistas", acaso?.
O qué me dicen de quienes todavía disfrutan de un timbre de celular a un nivel máximo y para completar con una melodía bien chillona; entrándome en los terrenos de Pilar Castaño, creo que esos timbres están pasados de moda, discúlpeme quien todavía usa esos timbres, pero ya ¿para qué? si ya sabemos que la mayoría tenemos celular, así sea uno de los conocidos "Flechas", quizás en los comienzos del uso de la telefonía móvil, se justificaba un timbre bien chillón, boleta y ruidoso, para que los demás se dieran cuenta que uno tenía celular, eso era lo máximo, ¿Pero en la actualidad?.
Estos ejemplos que traigo a colación son tan solo unos de los tantos que invaden la cotidianidad diurna y nocturna y que literalmente están masacrando al silencio.
El silencio es un alimento para el alma, es el encuentro con uno mismo, me da cierta nostalgia con las nuevas generaciones porque están creciendo sin conocer las maravillas del silencio, y la mayoría de citadinos nos estamos perdiendo las delicias de una buena dosis personal de silencio.
Por Sandra Mercedes, colaborador de Soyperiodista.com
Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.