6:46 PM - 3 de Diciembre de 2012


El fin del mundo como tema del almuerzo

Por: Andrés Lugos

En los corrillos es frecuente que el tema de conversación sea el cumplimiento de la profecía maya el 21 de diciembre, cuando se supone, que se acaba un ciclo y comienza uno nuevo.
Calendario maya. EL ESPECTADOR
Calendario maya. EL ESPECTADOR

Es curioso el ambiente que se respira por estos días es la mayoría de partes (hablo de mi ciudad y sobre todo en mi universidad) donde en medio de risas, planes y chistes que ocultan un temor hacia lo desconocido se habla del 21 de diciembre como un día raro donde cualquierB cosa puede pasar y lo mas seguro es que entre ese infinito de posibilidades pase que no pasó nada.

Es entonces cuando cualquier evento que se salga de lo común -partiendo que lo común no existe- se vuelve material para justificar un prometido fin del mundo sea por alineaciones planetarias, juicios de la Haya o eliminación de equipos capitalinos de un torneo sudamericano a cargo de un equipo de muy baja categoría.

Pero los hechos que mas despiertan tal sentimiento apocalíptico es sin duda las revoluciones sociales, las guerras por allá en tierras que solo sabemos el nombre y la pasividad de las naciones protectoras de los derechos internacionales al revelar cifras de muertos con la misma frialdad que se cuenta las moscas en los templos de la alimentación y el engorde que llamamos "corrientazos" y es que el fin del mundo es a nuestras concepciones como el arroz es al plato diario, una necesidad que si no esta presente quedamos ladiados, fallos o simplemente decimos que estuvo maluco.

¿De dónde viene esta pasión telenovelesca por el fin del mundo? Ese amor tipo novela de las 11 am de cadena nacional que esta comprendido entre la necesidad y el masoquismo... el análisis sociológico tiene su respuesta, la gran mayoría de veces es por el mito cristiano sobre el fin del mundo, el cuento es mas o menos así: "cuando los primeros hombres de la fe llegaron a tierras llenas de salvajes con cuerpo de hombre y cabeza de perro -Así los describe fray Aguado- empezaron un tratamiento de fe con estos salvajes trayéndoles sífilis, violaciones y jornadas de trabajo extenuantes -lo que en el cielo es común llamar capitalismo- al punto que la única esperanza para estos pobres miserables con cara de canino fue esperar la muerte y tomar la fe como un mecanismo para irse a un descanso de sus guías espirituales y patrones de encomienda" como lo que se hereda no se hurta, esa noción del fin del mundo paso de generación en generación en cada uno de los países colonizados y reflejado en los colonos.

Con el boom de las globalizaciones las nociones míticas han pasado las fronteras naturales y fenotípicas, por eso es que es común encontrar en la web a un surcoreano bailando shuffle al mejor estilo de Los Ángeles y porque no, tal ves asustado con el 21 de diciembre no por tener un vecino loco con misiles interoceánicos sino por una mala interpretación de una profecía que nunca existió.

Mi abuelita dice que el mundo se acaba para el que se muere, la preocupación no debería ser morir por una profecía sino en una sala de urgencias esperando una caridad de servicio o saliendo de un partido de futbol bajo una nube de cuchillazos o con tanto político borracho detrás de un volante, si el fin del mundo viene para todos o para uno al menos que nos agarre almorzados y con ropa interior limpia. 

|6:46 PM - 3 de Diciembre de 2012

Nota tomada de SoyPeriodista.com
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