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4:50 PM - 28 de Diciembre de 2012
Por: MARPET

Los avances del siglo pasado en materia de telecomunicaciones pusieron al alcance del ciudadano común el derecho de expresarse en los medios de comunicación, de dar a conocer su opinión, de manifestar su acuerdo o desacuerdo, en ultimas, con internet en nuestra vida diaria el quejarse es un derecho al alcance.
Sea ese derecho al alcance de todos es materia de otros cuestionamientos. Que efectividad pueda tener o no, es algo relativo también, el caso es, que frecuentemente en países con regímenes totalitarios se ha censurado, como era de esperarse, su acceso a este derecho, por igual, el acceso a internet se limita, ingentes esfuerzos se hacen y grandes recursos se malgastan en evitar que el ciudadano de a pie se informe sobre el diario acontecer o exprese libremente su pensamiento.
Los diarios y periódicos no han sido ajenos a este fenómeno, de hecho, los comentarios de los lectores son hoy en día parte fundamental de ellos , de la cotidianidad de un periódico o diario de internet.
Las caducas cartas al Director, o los censurados Correo del Lector, aun permanecen, pero han perdido importancia, tal vez aun mantengan un aire de importancia, pero indudablemente, son cosas del pasado, amén de que antes, el espacio de publicación de estas cartas era limitado, se mantenía siempre un aire de inconformidad, ya que , como era obvio por la dinámica de las publicaciones, las cartas eran y son editadas, no imagino algunos fervientes lectores quejándose del Alcalde Petro, mandaría extensas misivas que llenarían páginas y páginas de los diarios capitalinos.
Pero mejor no alejarme del tema, la idea central es que los comentarios de los lectores, se han hecho extensivos a todos y cada uno de los artículos que se publican en los diarios en internet.
No podría entrar en detalle de los comentarios de todos y cada uno de los diarios, menos un en lenguas que no hablo y por supuesto a ningún colombiano le interesaría los comentarios de los lectores sobre un acontecimiento de tráfico en Addis Abeba, la capital de Etiopia.
Pero es un hecho que a nivel de lo nuestro de lo colombiano, los comentarios de los lectores han masificado, el derecho de expresión, con todos sus beneficios y con todos los perjuicios, tal vez con más de estos últimos que de los primeros.
Hace unos años, hacia finales del gobierno del Sr. Pastrana, me interese un poco , acerca de los comentarios de los lectores en los semanarios Semana y Cambio, así como en los diarios El Tiempo y El Espectador, mi formación como sociólogo, me inducía, a pensar en clasificar o evaluar e incluso estudiar el perfil ,de forma más académica ,del comentador de los diarios y revistas nacionales.
He de confesar que esta tarea me resulto titánica, no por lo extensa ó inmensa, sino por lo árida y frustrante.
Pero aun leo algunos de los comentarios u opiniones de los lectores de los diarios capitalinos, no suelo pasar de los 10 u 11 de ellos, menos cuando algunos deciden poner o "subir" al espacio correspondiente una docena del mismo comentario, a veces necesito una gran entereza de ánimo para leer mas allá de 4 o 5 de ellos, pero el discurrir de la vida nacional, el clima de intolerancia, la polarización de la opinión pública, los cambios en la propiedad de los diarios, la guerra, el tráfico de estupefacientes, los políticos y senadores, los jueces y magistrados, los fiscales y abogados, los columnistas de opinión, en fin Colombia, es un cosmos, un universo tan intrincado, que el saber lo que piensan los lectores, me refiero a los que escriben u opinan en los comentarios , no deja de ser atrayente.
Opinar no es fácil, menos aun hacerlo de forma escrita, opinar y manifestar un punto de vista implica, pensar, analizar, evaluar y producir, esto solo en términos muy generales y se añade, el escribir lo que pienso y no solo es cosa de escribirlo de forma correcta ya sea en lo gramatical o en lo ortográfico, sino en el uso del teclado, que se fue "ano" por "año" o "votar" por "botar" porque las dos letras están pegaditas en los teclados, en fin varias cosas que hace difíciles el escribir los comentarios no solo de manera acertada sino de forma correcta.
Pero indudablemente, lo que mas característica los comentarios de los lectores es el anonimato.
Este anonimato, permite, que la capacidad de ofensa, llegue a extremos. Bajo el seudónimo o "Nick" del opinador se esconde el el adagio de "tirar la piedra y esconder la mano" con ello se puede decir lo que se quiera, como se quiera, usando el más sucio y bajo lenguaje que se pueda hallar y por supuesto tratando de llevar la ofensa y el daño a su nivel máximo y no esperar sanción retaliación de ninguna clase o índole. LA idea del comentarista medio, es herir u ofender no solo al sujeto sino a los partidarios de él, al otro al diferente, al que tiene un opinión distinta o un punto de vista diferente, esto incluye, personas, cosas, ciudades regiones, partidos políticos, nacionalidades, en fin...
Leyendo a los colombianos, en sus opiniones de los lectores, aun el más optimista de los analistas puede perder la cordura. Si usted analiza puede encontrar trazas de humor, de ese humor guasón, que tanto ha caracterizado a los colombianos y que es llevado a extremos hirientes o dañinos, un ejemplo no mas, después de la bomba al Club El Nogal, un opinador decía, como sería el reguero de sangre azul corriendo por la carrera Séptima.
Cuando lo leí no supe si llorar o llorar, porque esa risa, que pudiese producir este comentario refleja parte de lo que somos, bajo la risa y el humor a lo largo de la vida republicana, hemos ocultado el derecho a vivir en un país digno.
Pero decía que se puede hallar trazas del humor, así como residuos del deseo de justicia y de equidad, otro ejemplo: "Ojala entren los gringos y bombardeen a diestra y siniestra toda la selva para que masacren a todos los guerrilleros", que hayan muertos, pero no cercanos a mí.
Hay personajes que definitivamente polarizan la opinión, no que la opinión los deteste, sino que la polarizan, entre buenos y malos, entre justos e injustos, entre adalides y traidores.
Indudablemente el ex presidente Uribe y el Presidente Santos, son el foco mayor de esta polarización son amados y odiados, son el origen y el fin de toda noticia y son el punto de comparación entre un hecho que ocurra en un pueblecito de Caldas y otro en Abisinia, de una forma u otra ellos dos saldrán nombrados en los comentarios como fuente , como reflejo, como ejemplo o como burla.
Algunos personajes de la vida nacional son odiados, odiados y siempre odiados, no cuentan con ningún defensor o comentario benévolo, la persona más vilipendiada en sin lugar a duda Piedad Córdoba. Los sobrenombres, que no mencionare, los adjetivos a su raza, a su género, a su vestir, a sus amistades, a su vida privada son grotescos.
En Bogotá, se lo lleva por supuesto el alcalde Petro y digamos que el da papaya, como dice el adagio popular, y olvida, que la opinión pública que lo eligió solo era el del 21% o cerca de la votación, sin restarle la abstención.
Pero es claro que si hay algo común entre un opinador del estrato 1 y otro del estrato 6 es el odio que levanta el alcalde, opinadores diarios , consuetudinarios, que a veces siembran dudas, mencionan de forma constante el adjetivo de Genocida, Petro el Genocida, a veces dudo si el opinador sabe el significado de genocida o simplemente no le perdona a Petro su pasado y no me refiero a su militancia en el M-19, sino al pasado de no ser miembro de la élite, de ser como se dice en ingles un "outsider", esto levanta ojeriza en todos los estratos, unos lo creen un guache que quiere gobernar a la gente bien y otros lo consideran un guache incapaz de gobernar a la gente bien.
Gabriel García, Márquez, Gabo, sin tener yo el derecho a llamarle así suscita infinidad de dañosos y dañinos comentarios, detestan su obra que en su mayoría no han leído, lo califican de mercachifle porque 100 Años de Soledad ha sido editada en chino, lo odian por vivir en México, por ser amigo de Cuba, por haber donado el premio del Concurso ESSO a una organización política de Venezuela, aunque el 99% de los opinadores de seguro no saben el titulo de la obra premiada ni la fecha en que ocurrió.
Desconchen la validez del jurado del premio Nobel que le otorgaron, se enfurecen porque no ha pavimentado una calle en Aracataca, o porque sus hijos son mexicanos. Por supuesto Gabo tiene defensores, justos serios , que se indignan, entre la multitud de comentarios arrogantes y desafinados. Justo y necesario.
Ya casi en el olvido, Ingrid Betancur, Clara Rojas , Horacio Serpa, Lucho Garzón, Antanas Mockus, Peñalosa , y se refieren a las "lozas de Transmilenio" y escriben mal su nombre y escriben mal el asunto de Transmilenio, en fin.
No menciono al Presidente Hugo Chávez, merecería capítulo aparte, además me hacer crecer en la suspicacia de que el sueño de Bolívar no era errado, Colombia y Venezuela parecen ser la misma nación, por los comentario hacia y acerca de Chávez uno creería que él es colombiano.
Para cerrar hay algo que en definitiva y de forma contundente pone de relieve los comentarios de los lectores , la educación colombiana falla, un observador anónimo, diría que no hay educación, ( que no cortesía o urbanidad) a lo mas nuestro sistema provee una instrucción básica, no solo por lo carencia de estructura en el pensamiento, ni los errores de redacción u ortografía sino por la ausencia de formación académica, el desconocimiento de herramientas que están al alcance del opinador promedio, quiero decir, un lector comenta sobre el nombramiento de un ciudadano canadiense, como Gobernador del banco de Inglaterra y por el hecho de involucrar a Canadá e Inglaterra deduce conclusiones que uno se asombra por lo erradas y que bastaría solamente, utilizar el mismo dispositivo en que se escribe para verificar la información, pero no el comentarista, ofende, denigra, al columnista, ser burla de él y cierra con conclusiones que provienen únicamente de su imaginación y sin ninguna relación con la realidad.
Pero sobre la veracidad se impone la creencia del opinador, y sobre esto el deseo siempre presente de ofender, de descalificar al escritor, al columnista, al periodista, la divergencia es base de la opinión, pero esta no está en el contexto están la grosería, la chambonería el deseo de herir, que es permitido bajo el anonimato.
Para recompensar mi espíritu en este tiempo navideño, releí esa maginifca obra de GGM, La Mala Hora, que describe tan claramente, el daño que causa los pasquines anónimos, predecesores de muchos de los opinadores de los diarios Capitalinos.
Por MARPET, colaborador de Soyperiodista.com
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