5:19 PM - 29 de Enero de 2013


Estoy durmiendo con el enemigo

Por: Alfonso Acosta Caparrós

Las crisis gravísimas que atraviesan Europa y que rebotan hacia Estados Unidos y a Venezuela, hacen que los extranjeros migren a Colombia quitándoles -sin que esa sea su intención- el empleo a los colombianos.

Las crisis gravísimas que atraviesan Europa y que rebotan hacia Estados Unidos y a Venezuela, hacen que los extranjeros migren a Colombia quitándoles -sin que esa sea su intención- el empleo a los colombianos.

Una noche del otro día, mi mujer -mientras leía una revista- me dijo sin levantar la mirada de sus páginas: ..." Sabes que a mi empresa llegó una francesita que dizque experta en redes sociales y la verdad es la "Mademoiselle" no hace un carajo... siempre la veo acurrucada en la cómoda silla de su privada oficina y se la pasa todo el berraco día chateando...y de su trabajo ni... hablar y encima le pagan un carajal de plata!"

"¡Uiiishhhhhh!"... Exclamó. Y luego implacable remató: " Extranjero que no venga a aportar mejor que se quede allá...con éste desempleo que hay aquí!..."

Mi mujer hasta cierto punto tiene razón. Primero se debe favorecer el empleo al colombiano y luego sí, bienvenido el talento extranjero.

Ella cerró la revista, apagó la luz, se dio la vuelta, le pegó- yo diría que con cierta rabia- dos palmadas al centro de la almohada, posó su cabeza en ella y me fue infiel con Morfeo. Sí, se entregó a sus brazos.

Y yo, en la oscuridad, me quedé viendo las imágenes y también viendo desfilar en la oscura pasarela algunos datos estadísticos.

Les cuento primero, los últimos: recién escuché que nuestro Ministerio de Educación, piensa establecer el grado 12.

Mejor dicho; en términos generales de comprensión: el séptimo bachillerato. ¡Séptimo!

Aquí en nuestro país para optar por un empleo digno hay que hacer más o menos el siguiente recorrido académico: comenzar a los dos años en algo así como un maternal, luego pasar a un jardín infantil, después hacer cinco años de primaria, luego seis de bachillerato, después con suerte, ingresar a una universidad (que no sea de garaje) y estudiar diez semestres, o sea cinco años, luego, pregrado, si con más suerte se gradúa, viene el posgrado, después una especialización, luego una maestría y después un doctorado.

Uff... sólo escribirlo es un monumental esfuerzo.

Lo bueno es que por escribirlo, no queda uno endeudado y debiendo todos esos cursos por el resto de esta vida y quien sabe cuántas más.

A ojo de buen cubero, en cuentas más o menos, ese recorrido académico dura aproximadamente entre 25 y 30 años.

Si la persona empezó a los 2 años, y en todo ese kilométrico trayecto no tuvo jamás ni un solo traspiés, está perfectamente listo para pasar su hoja de vida y ver si puede ingresar al mercado laboral, dónde con casi 35 años ya es perfectamente viejo para cualquier cargo en el cual, si tiene la inmensa fortuna de ser contratado le pagarán un sueldo entre dos y tres millones de devaluados pesos mensuales, a menos , claro, que sea empleado público de la rosca, o congresista, o magistrado a quienes les pagan de quince a veinte millones de pesos mensuales pa´rriba.

El problema es que si tiene 23 años, es demasiado joven...

¿Entonces? ¿Cómo es la joda?

Esos eran los datos. Ahora les cuento las imágenes que veía, ahí en la oscuridad de mi habitación, mientras mi mujer dormía:

Me imaginaba, como había sido la llegada de esa francesita a Colombia.

Cuando llegó no le dieron cédula de extranjería de inmediato, pero sí en par "voliones" una visa hasta de trabajo, más si ya tiene un pre- acuerdo laboral, o palancas o conocidos que la recomienden mientras que está aquí como turista.

En fin, imaginé la llegada a Bogotá después de que aterrizó su nocturno vuelo sobre "el charco" y llegó a la ciudad de los huecos que también se convierten en inmensos charcos. la francesita se sube a un taxi, mira con sus parisinos ojos a través del espejo retrovisor interior a los ojos del taxista y le pide en un extraño franco-español que la lleve a una dirección.

El taxi toma la autopista de la calle 26 y la francesa dice: "O, la, lá, y por qué todos esos puentes están así a medio hacer? dónde está el alcalde?"... "El actual , parece que no está y el anterior está en la cárcel" responde el taxista mientras le devuelve la mirada por el retrovisor directo a los ojos de la francesita boquiabierta.

Siguen avanzando, y ella vuelve a preguntar sorprendida:"O, la, lá, mire toda esa gente en las puertas de entrada de estos grandes edificios... ¿llegan temprano a trabajar?"... "No señorita, están pasando hojas de vida" le responde el conductor... la francesita mira por el retrovisor aterrada los tranquilos ojos del taxista.

Cuando llegan a la dirección solicitada, la francesita le paga al taxista mientras le dice..."bueno Monsieur...mi nombre es Sophie y manejo redes sociales".

Mientras el conductor le entrega las vueltas, y la mira por última vez a través del espejo retrovisor le dice..."bueno Mademoiselle, mi nombre es francisco, soy médico y manejo éste taxi".

De pronto, sentí mi largo suspiro confundirse con el de mi mujer dormida ya hace mucho rato...y no pude evitar sentir cierta piquiña culposa sobre su comentario inicial , porque aunque llevo más de 40 años viviendo en Colombia, nací en España.

Me di la vuelta y me dormí...con el enemigo.

|5:19 PM - 29 de Enero de 2013

Nota tomada de SoyPeriodista.com
  • COMPARTIDO

    0
  • SÍGANOS EN

COMENTARIOS

Comentario

1
Para opinar en esta nota usted debe ser un usuario registrado. Regístrese o ingrese aquí

Este es un espacio para la construcción de ideas y la generación de opinión. Este espacio busca crear un foro constructivo de convivencia y reflexión, no un escenario de ataques al pensamiento contrario.

El Critico de Cali

31 Enero 2013 - 2:31pm
No joda!! Muy bueno!! Jajajaaa!! Muy bueno este artículo! El final estuvo genial!! Viejo, ese mismo sentimiento de tu esposa, es el que tienen muchísimos estado unidenses aqui donde yo vivo, y después los tildan de racistas, prepotentes, etc, etc. Y a estas alturas donde yo soy jefe de muchos de ellos, siento esa misma piquiña culposa que sentiste al final. De lujo, muy bueno! Felicitaciones! Durmiendo con el enemigo! Jajajaa!!
  • COMPARTIDO

    0
Publicidad
Publicidad