5:09 PM - 31 de Enero de 2013


Millones de diamantes y rubíes, que brillan sobre un terciopelo negro

Por: Alfonso Acosta Caparrós.

Basta mirarla en el día desde Monserrate para observar la vasta selva de concreto; esperar a que anochezca y comprobar que Bogotá, no es una ciudad grande. Es un país pequeño.
Bogotá nocturna
Bogotá nocturna

Llama asombrosamente la atención, como cada vez que me las doy de atleta, me pongo mi tenis y decido estar 3.152 metros más cerca del sol; subo aparatosamente por la vía peatonal hasta la cima del santuario en Monserrate, destino al cual, por supuesto, llegó después de varias horas, completamente adolorido, mareado y además perfectamente mamao.

Lo primero que hago es desdoblarme agónico sobre el borde del muro que sirve como mirador sobre la ciudad de Bogotá.

Luego de largo rato, entre jadeos, sudor, y algo de lágrimas, me voy calmando muy lentamente y veo al principio borrosa y poco a poco nítidamente, allá... abajo... esa inmensa selva de concreto que cada vez más y más, se va devorando a la selva verdadera que está en sus cerros.

No sé si en realidad somos 8 millones de habitantes, yo creo que más. Muchos más.

Pero Bogotá como ciudad, hace rato es más grande demográficamente hablando, que varios países centroamericanos y algunos del mundo.

Aquí hay, paisas, llaneros, costeños, santandereanos, pastusos, vallunos, opitas, turcos, árabes, chinos, pakistaníes, uzbequistanos, gringos , rolos, sólo por mencionar algunos y además, uno que otro extraterrestre paseándose por ahí.

Y todos y cada uno de nosotros su vez tenemos muchos problemas, de seguridad, salud, trabajo, educación, justicia, obras públicas, movilidad, alcantarillado, basuras, impuestos y todos los etcéteras que usted le quiera sumar.

Bogotá es un país en el vientre de otro.

Y por eso, a veces, trato de entender al pobre Petro que no da pie con bola con semejante mamotreto de territorio tan lleno de problemas por aquí, por allá y por acullá.

Problemas que el burgomaestre denunciaba con inteligente reflexión y con filosa lengua para su acusación.

Gustavo Petro con una parla rimbombante y certera, que recuerda en algunos momentos la del tristemente célebre Alberto Santofimio Botero, y más de léjos, del célebre Jorge Eliecer Gaitán, abre y cierra sus labios como una tijera que corta de tajo el papel que según ellos, estaba mal escrito con cualquier tema de este país Bogotá y de este país Colombia.

Petro, criticaba desde su curul en el Senado todo lo que estaba mal, pero cuando le dieron la oportunidad, no ha mostrado ni demostrado, cómo arreglar lo que tanto y tan grandilocuentemente criticaba.

Bogotá no es para nada una ciudad -o un país- fácil ¡qué va!

Es un potro muy difícil de montar y más difícil aún de domar.

Vaya y siéntese usted en la silla principal del palacio de Liévano, por cuyas ventanas no se puede ver la inmensidad de Bogotá y trate de domar a la ciudad... ese caballo lo va tirar una y mil veces!

El tema es que cada vez que lo tire se vuelva a montar con la firme intención de no volver dejarse tirar. Y eso, es bien complicado...

Por eso, antes de revocarlo, debemos tratar de echarle una manito y al ser casi nueve millones de habitantes, y como tenemos dos manos, pues serían dieciocho millones de manos.

No asumamos la cómoda posición de criticar con filosa lengua desde una silla...eso es lo que hacía Petro.

Hagamos algo desde donde nos sea posible, como nos sea posible y cuando nos sea posible, para unir esas dieciocho millones de manos y con fuerza agarrar y sostener fuerte y serena la brújula , para que ella nos muestre el norte y nosotros también se lo mostremos a Petro.

Bogotá no es solo esa selva de concreto...Bogotá también somos todos los que la habitamos...si ponemos un poco de nuestra parte tal vez el indomable país pequeño, se amanse al menos, un poco; un poquito más.

Desde Monserrate, en la noche, luce majestuosa, plácida, y hermosa, nuestra ciudad-país. Como dije: millones de diamantes y rubíes que brillan sobre un extenso terciopelo negro.

Pero hoy, por hoy, baje y camine por entre ese terciopelo negro a ver.

¡Hasta los policías se los están robando!

¡Algo tenemos que hacer!

Porque observándola bien, Bogotá es muy valiosa.

|5:09 PM - 31 de Enero de 2013

Nota tomada de SoyPeriodista.com
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