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5:12 PM - 1 de Febrero de 2013
Por: Nikolás Emilio García Palacios.

Inicialmente, tengo que manifestar que me parte el corazón el hecho de saber que hoy mi Chocó se halla acorralado por la violencia. Es el colmo que, a los problemas de miseria que hay en el Chocó, se le sume el de la violencia. Esto es como "al caído, caerle".
Hace unos 25 años, aproximadamente, se presentaban en el Chocó algunos episodios de violencia criminal, sin duda. No obstante, eran situaciones más esporádicas. Hace ya unos 10 años hasta la fecha, el panorama es bastante sombrío. Hay violencia criminal en casi todo el Departamento. Empero, las estadísticas evidencian que ésta hoy se desarrolla con más frecuencia en Quibdó, la capital del Chocó. Parece que es la lógica al ser ésta el centro del comercio y del poder institucional.
No hay un día en el que no haya en Quibdó, como mínimo, tres muertos. ¡¿Habráse visto?! Se llenó el Chocó de "Rastrojos", "Urabeños", "Águilas Negras", pandillas, sicarios y delincuentes de todas las categorías. Todo esto se da principalmente porque se busca el dinero del narcotráfico, del tráfico de armas, de las extorsiones, de los secuestros, del despojo de tierras y de otros bienes, entre otras actividades delictivas.
No es usual en mí en estos casos calamitosos posar de pesimista; pero, la verdad, veo bien difícil (mas no imposible, desde luego) que se retorne al remanso de otrora. Esto es porque a muchos, en la medida en que el Chocó vaya progresando (como lo viene haciendo paulatinamente, aun en medio de tanta inopia), se les abrirá más la agalluplé. Esto es, también, porque no se debe desconocer que la miseria es caldo de cultivo de la criminalidad. No lo justifico, pero es sabido que alguien que no tenga qué comer, fácilmente cae en la tentación delictiva: Roba, extorsiona, mata.
Significa lo anterior que las autoridades gubernamentales deben jugársela toda para que lleguen las inversiones sociales a los sectores más vulnerables, más desprotegidos; no con paños de agua tibia, sino con soluciones estructurales que logren disuadir la inclinación a la criminalidad. Por supuesto, esto no es solamente de los gobiernos locales; sino, que el Gobierno Nacional debe contribuir suficientemente con tal propósito.
Es triste saber, incluso, que los asesinos más sanguinarios llegan a ser menores de edad. Pululan las pandillas, sobre todo en Quibdó. Aquí no dejo de recordar cómo hace un año a un hermano mío lo mataron por robarle la moto que era la fuente de sustento para él y para su familia (su mujer y sus hijos). Duele, pues, que nuestros jóvenes anden en estas cosas, cuando lo ideal es que estén estudiando, trabajando, produciendo al amparo de la legalidad.
Duele, igualmente, escuchar a muchas personas (chocoanas y no chocoanas) diciendo que no van al Chocó por culpa de la violencia; no porque deban algo, sino porque en algunas ocasiones pagan justos por pecadores; y que si van, tienen que mantenerse encerradas en sus aposentos, porque el peligro ronda a cada paso, en todo momento, en todo lugar, en múltiples circunstancias.
Entiende uno que es difícil que la sociedad buena procure protestar y denunciar por la violencia, debido al temor a las represalias. ¡Normal!, sobre todo si las autoridades no garantizan su seguridad. No obstante, algo (o mejor, mucho) hay que hacer; pues, siempre será inadmisible que nos quedemos de brazos cruzados viendo cómo los violentos -y los corruptos también- hacen de las suyas como si nada. Si algo se puede hacer, hay que hacerlo; ¡y ya!, antes de que sea demasiado tarde; antes de que se tenga un viaje sin retorno. ¿De qué vale decir que "los buenos somos más", si se adopta una actitud leseferista ("dejar hacer", "dejar pasar")?
Puede sonar a hipérbole, o a no sé qué; pero no me parece descabellado manifestar que en todo esto le cabe mucha culpa a un Álvaro Uribe Vélez que engendró una máquina de muerte llamada primero CONVIVIR; y luego, PARAMILITARISMO; y hoy, BACRIM. ¡Claro!, no toda la violencia proviene de tales organizaciones; porque es bien sabido que hay otras que son esencialmente delincuencia común y organizada; como también la violencia es sembrada en nuestro pueblo por la guerrilla. Igualmente, muchos homicidios hoy se dan porque hay quienes el mínimo conflicto quieren resolverlo con la muerte del contrincante. Muertes por líos sentimentales, porque Fulano robó y no le dio su tajada a Zutano (y si se la dio, le hizo ñampó, no dándole lo justo); porque Fulano tomó una decisión judicial o administrativa que perjudicó a Zutano; porque Fulano quiere afectar, o afectó, los intereses políticos de Zutano; y, no es embuste, hasta porque Fulano se llena de felicidad viendo cómo Zutano, inocente de todo, hace gestos mientras muere.
Ciertamente, en todas partes se cuecen habas. Criminalidad hay en todo el Orbe; pero es que, reitero, destroza el alma que esto le pase a un Chocó sumergido en un piélago de problemas.
Se me olvidó sumar, por eso pido que, por favor, me ayuden a saber cuál es el resultado de esta operación: Miseria + Violencia.
Por Nikolás Emilio García Palacios., colaborador de Soyperiodista.com
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