5:08 PM - 7 de Febrero de 2013


Sensaciones placenteras

Por: Sandra Mercedes

Pequeños logros, que normalmente nadie ve, pero que generan una gran satisfacción personal, son los que enriquecen la existencia cotidiana.

Existen tantas sensaciones placenteras en el diario vivir y las cuales la mayoría de ellas pasan desapercibidas por nuestros sentidos; las obligaciones, las tareas, las responsabilidades cumplen su cometido y nos convertimos en seres inertes e inexpresivos.

No obstante, cuando nuestro subconsciente logra escaparse tan sólo un momento de esa rutina impuesta, se da cuenta que el mundo está lleno de situaciones pintorescas, caricaturescas, románticas, solidarias y hasta jocosas. Depende de nosotros gozarnos de esos detalles que a la final son los que nos hacen más felices.

No solo las sensaciones relacionadas con sexo son las que producen placer, hay otras que pueden también producirlo y mucho más, echen memoria, ¿Qué situación en su vida por pequeña que le parezca, le produjo un inmenso placer? No tiene que ser una situación extraordinaria.

Por ejemplo, cuando aprendemos a conducir, acudimos por lo general a una Escuela de Automovilismo, cansados de los azares y gritos del papá, "Acelere, Acelere, Téngalo, Téngalo", (en otra nota escribiré sobre el estrés postraumático derivado de aprender a manejar con el papá).

Por el contrario en la Escuela de Automovilismo encontramos un ambiente más tranquilo, (Instructores con pedales quienes le hacen creer a uno, que se está al mando del timón.)

A pesar que son los instructores los que principalmente manejan, de todas maneras existen los nervios, continuamente se apaga el carro, sudor excesivo, se empieza a sufrir de fobias a los trancones en puente y para completar con aguacero torrencial de ñapa, en fin.

Pero lo paradójico es que una vez son superadas estas situaciones, a uno se le olvida que también estuvo en una escuela de conducción y que también fue un aprendiz y es, en ese preciso momento, en donde la sensación placentera empieza a forjarse y la adrenalina se apropia del ser.

Veamos la escena:

Trancón motivado por un semáforo dañado en Bogotá en un calle con varios cruces, estos trancones son uno de los más difíciles de pasar, porque mientras llega el policía de tránsito o arreglan el semáforo, todos los conductores aplican la filosofía del "Yo primero", así es que pasan solamente los versados.

A la distancia se ve en el trancón un carro blanco que dice enseñanza, y una persona asustada maldiciendo al funcionario que no le hizo el mantenimiento debido al semáforo, y es ahí, en donde empiezan los minutos más placenteros del trancón, el cuerpo y el alma se envalentonan, Juan Pablo Montoya es un chichipato al lado de uno.

Yo no sé de dónde se saca tanta versatilidad y es que, hasta se frena y se cierra al mejor estilo de busetero bogotano, y lo cierto, es que uno logra pasar el semáforo dañado y solamente se advierte en el espejo retrovisor que el carro de enseñanza aún sigue parado en medio del trancón.

En ese punto, uno acelera el carro y siente mil aplausos imaginarios, y a lo mejor y lo más seguro, es que nadie se dio cuenta ni mucho menos le importó su pequeña- gran hazaña.

Moralejas:

No tenemos que demostrarle nada a nadie, con tal que no lo demostremos a nosotros mismos, es más que suficiente.

Los mejores aplausos son los imaginarios los que vienen de nuestro interior.

Así los demás no se den cuenta de nuestras pequeñas-grandes hazañas, no nos olvidemos de auto- aplaudirnos, de echarnos flores, de usar el mejor de los vestidos y el mejor de los peinados cuando nos miremos al espejo en solitario.

La vida esta llena de sensaciones placenteras, disfrutarlas es nuestra decisión.

|5:08 PM - 7 de Febrero de 2013

Nota tomada de SoyPeriodista.com
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El Critico de Cali

12 Febrero 2013 - 7:21am
Totalmente de acuerdo! El otro dia hablaba con un amigo y le decia lo mucho que aprendí a gozarme los trancones. En medio del embotellamiento he podido contemplar los alrededores donde descubrí un nuevo concesionario para mi auto, unos restaurantes que jamás habia visto, un árbol hermoso que hay en una de las avenidas y ya en las noches agrego a mi telefono canciones nuevas que deseo escuchar durante el paseo al trabajo para el siguiente día. Sensaciones placenteras donde uno quiera, esa también fue mi decision. Muy bueno el artículo.
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