6:13 PM - 18 de Febrero de 2013


Mi cartera y yo

Por: Sandra Mercedes

Para cualquier mujer, una cartera es una extensión de la familia, de los recuerdos, de la belleza, del aseo personal, de la alimentación, de la droguería, de la biblioteca y de la tecnología.
EL ESPECTADOR
EL ESPECTADOR

¿Qué tanto lleva en esa cartera? ¿Lleva piedras? ¿Se va a dañar la columna? "Le pesa más que la conciencia", son solo algunas de las expresiones que surgen alrededor de las carteras femeninas; y es que una cartera para una mujer, es más que eso, una cartera es una extensión de la familia, de los recuerdos, de la belleza, del aseo personal, de la alimentación, de la droguería, de la biblioteca, de la tecnología, en fin, una cartera es un depósito ambulante de objetos.

En mi caso con tantos años de uso, ya me había acostumbrado a su gran peso, la estaba usando como un hábito impensado, es decir, la usaba instintivamente, era una cartera muy grande, con mil cosas adentro, tanto así que cuando sonaba el celular nunca lo encontraba.

La preocupación del uso que yo le estaba dando a este accesorio, ocurrió el viernes, cuando en una buseta pase rápidamente por el pasillo y con el bolso le pegue durísimo en la cabeza a un señor que iba sentado en la orilla del asiento.

El fuerte golpe en su cabeza fue para mí el inicio de la reflexión, fue tan duro el golpe que el señor requirió de unos cuantos segundos para percatarse que lo había golpeado, pensaría tal vez que fue un fragmento del meteorito ruso.

Una vez logró reaccionar, lo único que hizo fue arreglarse con su mano el copete despeinado y con su penetrante mirada me lo dijo todo: El meteorito le pertenece a la Nasa.

Yo seguí mi camino, timbré y me bajé asustadísima, ¿acaso me había convertido en una homicida en potencia, gracias a mi cartera?

Al llegar a la casa, saqué de ella, dos libros, un frasco de crema para el cuerpo, un protector solar, cosméticos, cargador de celular, celular, una billetera, una libreta de apuntes, un perfume sin estrenar y con caja, chicles, una revista de la caja de compensación, dos estuches de gafas, en fin.

En la noche me puse a pensar si al fin iba a prescindir de ella o si continuaría cargando esa peligrosa arma contundente. Analicé entonces algunos radicales argumentos:

Si los hombres no se encartan con tantas cosas, ¿Por qué nosotras si? Abajo las carteras, son sinónimo de desigualdad y discriminación.- mmmm ¿Sí? Me pregunté, puede ser, pensé.

Cuando me dispuse entonces a botarla, la miré y ella me miró, los ojos se me aguaron, tantos recuerdos en su interior, buenos momentos juntas, en ese instante asimile su fidelidad con la de mi perro, y grité:

Al diablo los postulados extremos que niegan la esencia de la mujer y su feminidad, corrí hacia ella y la abrace, reímos y en cuestión de segundos nuevamente su interior estaba lleno de cosas.

Comprendí entonces que es más fácil que los hombres usen cascos de protección cuando se suban a las busetas, que yo deje mi cartera.

Mi cartera y yo seguimos juntas, ella incluido su desorden, me recuerda que a pesar de la modernidad y de los avances de algunos postulados, no me quiero parecer a un hombre, no quiero imitar su estilo de vida, ni mucho menos su comportamiento, porque sencillamente mi esencia es ser mujer.

|6:13 PM - 18 de Febrero de 2013

Nota tomada de SoyPeriodista.com
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