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La altura de La Paz, una ventaja para la Selección Bolivia: ¿mito o realidad?

Con datos, análisis, resultados históricos de la 'verde' y más, todo se aclara con relación a este tema que siempre da de qué hablar.

La Selección Colombia visitó a Bolivia, en Eliminatorias
La Selección Colombia visitó a Bolivia, en Eliminatorias
Getty Images

Con solo una victoria en casa en los últimos cuatro años, la Selección Bolivia no logra sacarle provecho al juego en la altura, que en ocasiones incluso se vuelve un arma de doble filo contra la Verde.

La misma discusión se repite cada vez que rueda la pelota en el estadio Hernando Siles de La Paz. A 3.637 metros sobre el nivel del mar, es uno de los más altos del planeta.

Tanto se dijo sobre la supuesta ventaja de Bolivia por jugar en lo alto que, el 27 de mayo de 2007, la FIFA determinó un límite de 2.500 metros de altitud.

La medida, que enardeció a muchos bolivianos criados entre potreros a más de 4.000 metros, fue finalmente revocada luego de meses de campaña en su contra.

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Pero la pregunta sigue sin respuesta: ¿Es más injusto jugar en la altura que en el frío de Escandinavia o en el desierto de Catar?

En los hechos, el combinado del venezolano César Farías casi no ha podido beneficiarse de la costumbre al poco oxígeno y a la pelota que se mueve en cámara lenta.

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Entre septiembre de 2017, cuando 'la verde' venció a su histórico rival Chile en las Eliminatorias de Rusia 2018, y la victoria 3-1 ante Venezuela de cara a Catar 2022 en junio pasado, solo hubo tragos amargos y algunos empates festejados en el Siles.

Una victoria en amistoso frente a Haití en 2019 fue el único paréntesis, pero en el estadio El Tahuichi de Santa Cruz, a una altitud de... 429 metros.

Un país, dos mitades


Si bien se suele hablar de Bolivia como "país andino", eso es cierto solo en parte.

Millones de bolivianos viven en el llano y sufren tanto el mal de altura como cualquier extranjero al llegar al gélido altiplano del oeste del país.

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Y los jugadores de fútbol no son ajenos a esta realidad: varios militan en equipos cruceños o en el exterior. Incluso siendo "collas", originarios del occidente, pierden el hábito a la altura con el tiempo.

De igual manera, quienes estén acostumbrados a respirar el ligero aire del altiplano tendrán dificultades al bajar.

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El físico no lo es todo


Con el paso del tiempo, los rivales de la verde han hallado maneras de sortear, al menos en parte, el polémico desafío.

La típica estrategia es bajar del avión directo a la cancha: no dar ni un segundo al cuerpo para sentir el ahogo y la pesadez que se van acentuando en el transcurso de la primera semana en lo alto.

Quizás el método no sea del todo efectivo, pero Colombia, el último oponente de Bolivia en la clasificatoria a Catar-2022, es un buen ejemplo.

Tras días en el llano de Santa Cruz, los cafeteros volaron a La Paz y jugaron enseguida. ¿Sintieron la fatiga? Sí.

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Pero más talento y una estrategia más fina que la del equipo de Farías estuvieron a punto de darle la victoria, que se les fue de las manos en su único pestañeo del encuentro.

Eso es lo que suele faltarle a la selección del capitán Juan Carlos Arce: una estrategia lúcida, lograr conectar y sorprender al rival. Ganar en el mano a mano.

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Porque, está demostrado, jugar cómodos en la altura no les es suficiente.

Ahora, deberán bajar al llano una vez más para enfrentarse a dos pesos pesados de la región: Uruguay, el 5 de septiembre, y Argentina, el 9. Ambos de visitante.

En copas, Bolivia logró su última victoria fuera de casa el 15 de junio de 2015 ante Ecuador, durante la Copa América que tuvo a Chile como anfitrión.

En Eliminatorias, su último triunfo de visitante se remonta a 1993 en Venezuela, cuando le ganó a la 'vinotinto' rumbo a Estados Unidos 1994.

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