En sus inicios en el fútbol profesional colombiano Giovanni Hernández era de contextura delgada y un jugador liviano, que no contaba con una fortaleza física de muchos de sus rivales, pero que él compensaba con su agilidad, velocidad y capacidad técnica, que ganó cuando jugaba a mañana, tarde y noche en las calles de su barrio en Cali.
Esas cualidades nunca las dejó y las llevó hasta las canchas de nuestro país y del exterior. Por eso se ganó duras entradas de sus rivales, incluso desde el día de su debut en un partido entre Once Caldas y Millonarios.
"Lloré por una patada que me metió Alán Valderrama, familiar del 'Pibe'. Eso fue acá en Bogotá, era un man grandísimo y peludo. El 'profe' 'Piscis' Restrepo me mandó faltando 20 minutos para que se acabara ese partido y en el primer toque de balón me dieron esa patada, me levantó yo no sé cuántos metros, golpe en el tobillo y al piso. El tobillo ahí se dobla un 'poquitico' y eso fue el dolor más 'hijuemadre' del mundo. Eso fue algo curioso, y ahí es donde uno se hacía fuerte", recordó en una entrevista con Gol Caracol el vallecaucano, que recientemente trabajó como asistente de Reinaldo Rueda en la Selección de Honduras.
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Pero además de ese episodio, Hernández tuvo que estar cara a cara con otros volantes de marca recios en los equipos rivales. "Me tocaron jugadores bravos en los otros equipos como 'Panzer' Carvajal, Juan Carlos Ramírez, (Nelson) 'Tyson' Hurtado, Hermán 'Carepa' Gaviria y otros más. Después ya vinieron (Jhon) 'Choronta' Restrepo, después el 'Ringo' Amaya y era duro. Tenía que soportarlos, porque no había VAR, no había nada. Jugaban con unas 'muelas', es decir unos tacos enormes de aluminio. Eso era complicado", añadió el recordado '10' de pasos por América, Cali, Junior y Medellín.
Giovanni fue cultor del fútbol bien jugado, del espectáculo para llenar la retina de los hinchas y de las jugadas vistosas, eso le generó muchos contradictores y críticas.
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"La forma de jugar mía, daba mucha rabia para los adversarios. Daba rabia porque yo los llamaba, daba rabia porque en un momento dado me hacían un cambio de orientación y yo la bajaba con la cola, daba rabia porque les miraba para un lado y mandaba el balón para el otro, daba rabia porque era muy ágil y había elasticidad en esas piernas para hacer cualquier maniobra, que era algo que yo hacía de niño. No les gustaba porque los hacía pasar ridículos", resaltó Hernández.
Para finalizar con ese tema, 'El Príncipe' comentó que "ya después la misma experiencia te fue dando la oportunidad de ir adquiriendo más conocimiento y jugando de una manera más sencilla, sin olvidar que había jugadas que era show y que le gustaba a la gente. Había periodistas a los que no les gustaba lo que hacía. Pero hoy me da risa porque lo piden, piden un jugador que que te pueda dar más espectáculo. Hoy yo me quedo aterrado porque hay hinchadas que llenan los estadios constantemente y que obviamente a los equipos les queda faltando para mostrar cosas más interesantes. El que paga la boleta debería salir feliz de una cancha".