La conducta antideportiva ha sido rechazada de forma unánime en el deporte de las narices chatas. Sucedió durante un combate en Reino Unido.
Mientras su contendor luchaba por incorporarse, el descarado pugilista alzaba los brazos en actitud de festejo. Finalmente, el juez de la pelea decretó el golpe como ilegal y lo descalificó.