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El mundo del fútbol se vistió de luto este viernes tras confirmarse el fallecimiento de José Luis Burtovoy a los 79 años. El legendario guardameta argentino, apodado afectuosamente como 'la Polaca', dejó una huella imborrable en las décadas de los 60 y 70, no solo por su agilidad bajo los tres palos, sino por ser el iniciador de una estirpe de arqueros que trascendió fronteras, llegando hasta el corazón de la hinchada de Independiente Santa Fe a través de su hijo, Pablo.
Nacido con un talento natural para la portería, Burtovoy protagonizó una de las historias más curiosas del fútbol santafesino en Argentina. Debutó profesionalmente en Colón, pero fue en el eterno rival, Unión de Santa Fe, donde alcanzó la categoría de ídolo indiscutible. Su capacidad para volar de palo a palo y su fuerte temperamento lo convirtieron en un referente de la época, logrando el ascenso con el 'tatengue' y ganándose el respeto de una ciudad dividida por la pasión.
Sin embargo, su punto más alto de gloria deportiva llegaría integrando las filas de Independiente de Avellaneda, 'la Polaca' se consagró campeón de la Copa Libertadores, formando parte de un plantel histórico que dominó la escena argentina. Años más tarde, su hijo, José Pablo Burtovoy, seguiría sus pasos. Recordado con cariño en Bogotá, se convirtió en figura de Independiente Santa Fe, heredando de su padre esa seguridad y liderazgo que exhibía en cada salida.
⚫ El Club Unión lamenta con profundo dolor el fallecimiento de José Luis Burtovoy, arquero de nuestra institución en el ascenso de 1974. Acompañamos a sus familiares y amigos en este difícil momento. pic.twitter.com/Pumt4aWMdp
— Club Atlético Unión (@clubaunion) January 16, 2026
José Pablo tuvo un paso significativo por el 'cardenal', específicamente durante el segundo semestre de 2006. Durante ese año, el guardameta argentino llegó para reforzar el arco del equipo 'cardenal' tras su paso por el fútbol mexicano (Pioneros y León).
En su única temporada en Bogotá, disputó un total de 10 partidos oficiales, consolidándose como el arquero titular del equipo dirigido en ese entonces por Pedro Sarmiento. Su paso por el club es recordado por su seguridad y por continuar el legado de goleros de gran nivel en la institución, antes de seguir su carrera en el Real Potosí de Bolivia al año siguiente.
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Su padre no fue solo un jugador de fútbol; fue un maestro y un referente para las generaciones posteriores. Su partida deja un vacío en la historia del balompié sudamericano y en la memoria de los clubes que tuvieron el honor de contar con sus servicios. Hoy, en Argentina se recuerda al hombre que hizo del arco un arte y que sembró una semilla de profesionalismo, que su hijo Pablo supo honrar en El Campín.