Empujado por la ambición de un Tiburón, su apodo, Ferran Torres (Foios, Valencia, 2000) navega desde hace más de una década por las corrientes de las altas expectativas que siempre genera y lo hace tan pendiente de no hundirse como de triunfar, como hizo este domingo con el gol que le ha dado a España su segundo Mundial al derrotar a la Argentina del 'Dibu' Martínez.
El 'carrer Major' conecta en Foios la plaza del pueblo, donde este domingo cientos de vecinos se reunieron a verle en la final, con la calle Francesc Corell, donde se crió el ya héroe de la segunda estrella masculina de España. Pronto será 'hijo predilecto' de este pueblo de L'Horta Nord en el que el campo municipal ya lleva su nombre.
Ferran vivía en una planta baja y, aunque salía a jugar a la calle, era en el patio interior donde se montaba sus primeros partidos, con sus perros haciendo de defensas rivales. Aunque ahora ya no los dribla, siguen siendo sus compañeros de vida.
Tras un año de 'futbito' en el colegio, llegó su captación por la 'Academia' del Valencia, en donde entró como prebenjamín. Con siete años ya tenía, cuentan sus entrenadores de entonces, una gran ambición y una enorme proyección.
Viendo su superioridad, le retaban a que le pegara también con la zurda, y con ella, casi veinte años después, derribó el muro que había construido el Dibu en New Jersey durante más de cien minutos.
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La separación de sus padres, él electricista y poco aficionado, y ella muy futbolera, cuando tenía 12 años, multiplicó las complicaciones logísticas para llevar a Ferran a entrenar y el Valencia le ofreció entrar en la residencia destinada a chicos que venían de fuera.
Cuenta que se hinchaba a llorar cuando uno u otro le dejaban los domingos por la tarde tras haberle recogido el sábado después del partido. Fue muy duro, pero le hizo madurar, asegura. Salvo en el césped, Ferran era muy introvertido, y aún hoy lo es algo.
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Su gran apoyo fue su hermana mayor, Arantxa. Años después, ambos se hicieron el mismo tatuaje en un tobillo, un ancla con el lema 'I refuse to sink', 'Me niego a hundirme'. En esa misma línea de resistencia, uno de sus lemas es 'Lo intentas, te equivocas, te levantas'.
Pegado a la banda, con desborde y gol, fue desde siempre una de las grandes promesas de la cantera del Valencia y, antes de cumplir los 18 años, mientras cursaba estudios de FP, ya había debutado con el primer equipo.
Se estrenó en la Copa del Rey ante el Zaragoza y repitió en la Liga en el campo del Eibar, en diciembre de 2017. Ya estaba donde habían estado sus primeros ídolos: David Silva, David Villa o Joaquín. Luego añadió a Cristiano Ronaldo a la lista. Su primer gol como 'murciélago' también fue con la izquierda.
El 1 de enero de 2018 ya tenía ficha del primer equipo. Llegó a un conjunto en depresión, al que meses después reflotó Marcelino. El técnico asturiano echó mano de veteranos y no dio continuidad ni a Ferran ni a Kang In Lee, la otra gran promesa de la cantera. Tres años duró ese 'sí, pero aún no', mucho para la paciencia de un ambicioso joven.
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Con su contrato cerca de expirar, Ferran pidió que se cumplieran dos de tres condiciones para renovar: que el máximo accionista, Peter Lim, se involucrara en la negociación; ser uno de los mejores pagados de la plantilla; o que le hicieran uno de los capitanes del equipo de su vida.
Nada de eso se le ofreció y la historia de Ferran en el Valencia acabó en una salida traumática que llenó titulares. Los económicos hablaban de los 23 millones fijos y 12 en variables por los que lo compró el City, pero el jugo estuvo en los sociales.
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El jugador señaló que los veteranos les hicieron el vacío a los jóvenes y les acusaron de la caída en desgracia de Marcelino, despedido en septiembre de 2019. Al mismo tiempo, él acusó a trabajadores del club de impulsar campañas en las redes en contra suya.
Llegar al City de Pep Guardiola le liberó de esa presión y su impacto en el equipo inglés fue inmediato. El entrenador catalán le dio un impulso a su carrera. Con las lesiones del Kun Agüero y Gabriel Jesús, le propuso jugar de 'falso nueve'. Dejar el extremo y centrarse multiplicó sus opciones y, desde esa posición, llegó su ya histórico tanto ante Argentina.
De Marcelino y de Guardiola se llevó consigo una estricta rutina nutricional. El asturiano le 'empujó' a que fuera el cocinero de la ciudad deportiva el que le hiciera las comidas. Ya en Manchester, el cocinero que iba a casa de su entrenador se pasaba por las noches por la suya para hacerle la cena.
Pero ya no es no solo la comida. Ferran, además de un nutricionista, tiene por ejemplo un fisioterapeuta personal que le ha acompañado durante todo el Mundial, un médico y un psicólogo. El 'Tiburón' no ha dejado nunca que le hundan y se ha rodeado de un equipo propio de un deportista de élite que, además, se ha convertido en parte de su familia.
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Su apodo se lo pusieron en el vestuario del Barça, que pagó unos 65 millones de euros por él en el invierno de 2021. Firmó hasta 2027 con una cláusula de 1.000 millones que ha evitado injerencias este tiempo, pero el calendario avanza y dicen que el PSG de Luis Enrique le tiene echado el ojo.
Como en el Valencia, como en el City, como en la selección, también en el Barcelona ha sido encumbrado y discutido cíclicamente, pero Ferran sigue a flote. Nació un 29 de febrero y tal vez los años bisiestos le han enseñado a que no se puede celebrar siempre.
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Luis Enrique fue quien le hizo debutar en la selección absoluta, en un partido en Stuttgart contra Alemania en 2020. Apenas dos años antes se había estrenado en la sub 19 de la mano de Luis de la Fuente. En la vida de Ferran todo va encajando y, si al principio no lo hace, el Tiburón pega un bocado hasta que moldea el hueco.