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Jhon Viáfara, campeón de la Copa Libertadores de América con Once Caldas en 2004, conversó en las últimas horas largo y tendido sobre lo que fue su encarcelamiento en los Estados Unidos por narcotráfico, de esos duros momentos que vivió en prisión, ahora ya de vuelta en Colombia.
Viáfara Mina reveló en dicha charla que la oración fue fundamental en ese período, y que en medio de todo esto, conoció a personas maravillosas. El oriundo de Robles, Valle del Cauca, contó que jugaba torneos en la cárcel, y que "hubo una prisión en Wisconsin donde había mucho racismo, eran puros blancos, pero que me tocó acomodarme. Allá palee mucha nieve, era una prisión muy grande. Duré un año ahí. Y en verano, era limpiando la maleza, con ese calor; son experiencias", dijo en el 'podcast Chao con gol'.
"No es fácil, ya llevo dos meses desde mi libertad, fue un proceso lento porque no es fácil darse al público porque uno viene con el chip, poco a poco, ha sido bueno y el apoyo y la aceptación de la gente, el apoyo de mi familia ha sido fundamental. Todavía me cuesta estar con tanta gente", dijo de entrada Jhon Eduis.
En otro de los apartados de la entrevista, Viáfara reveló que nunca se sintió solo en prisión, gracias a las oraciones. Está agradecido porque logró volver junto a los suyos.
"La vida te va dando como unas pautas y cuando se ve un futbolista de la élite, que alcancé, mentalmente he sido muy fuerte, cuando se es respetuoso y buen compañero; la familia siempre estuvo. Algo que me llamó la atención en esa larga carrera, por llamarse así, cuando tú caes preso la vida te quita gente que tú crees que son tus amigos y te acerca a otros; esa fue la enseñanza", dijo.
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Y agregó: "En este proceso conocí a gente bacanísima que llegó a mi vida, cuando estaba en prisión. Me llegó una vez un regalo de 200 dólares a la cuenta, llamo a la casa y le digo quién me lo regaló, y me dicen que un señor del Cauca. Yo no me sentí solo en prisión gracias a eso y a las oraciones, fue mucha gente la que oraba; muchas iglesias, muchos evangélicos; mi familia es evangélica. Donde yo estuve, el diablo se paseaba día y noche, lo veía en todas las figuras. Gracias a Dios fui y volví y me encontré con personas que estaban ahí conmigo".
- El momento más duro de estar en la prisión
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"Cuando me mueven. Yo estaba en un prisión privada con ciertas comodidades, microondas, eran puros latinos, como 800 colombianos, se sentía cómodo, no hay pelea, pero esa prisión la cierran y todos para las prisiones federales, que son las complicadas, de un rango de nivel más alto. Llego a esta prisión y me toca pasar por esta sala donde todos te miran. Luego se me acerca un man y me dice en inglés: 'llevo una semana esperándote, yo soy cristiano, hace una semana Dios me mostró que venías para esta prisión, para esta celda; le tengo guardada hasta la ropa. Me dijo estate tranquilo, que no te va a pasar nada. Él me dijo yo no tengo salida, cuando él me arropó, me sentí tranquilo. Solo estuve un año allá, pero fue muy duro, eso es otro mundo".
"Fueron tantas cosas feas y buenas que me pasaron en prisión porque gracias a esas oraciones no me tocó nadie. Estuve con personas que estaba haciendo hasta cuatro vidas, y estar en medio de ellos y que te tengan respeto, eso es un privilegio".
- Dedicaba su tiempo libre a estar ocupado
"Estudié mucho, tengo que operarme los ojos de tanto que leí. El último curso que hice era en inglés todo, ese duró ocho meses, de entrenador personal. Era un grupo seleccionado de toda la prisión, te dan las clases, los libros. Me tocaba con diccionario y libro porque había unas cosas que no entendía. Hice todos los cursos, de alcoholismo, drogas, ira, hasta dibujo, para estar siempre ocupado. Conocí muchas prisiones, pero tuve buenos compañeros".
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