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La eliminatoria no la podía resolver otro jugador. Vinícius Junior se tomó su particular revancha con el Benfica tras el capítulo de Lisboa y volvió a bailar. Sacó al Real Madrid de la duda en un frío Santiago Bernabéu, con un tanto que dio el pase a octavos de final, reafirmando su liderazgo sin Kylian Mbappé.
La madurez de Vinícius llega desde su reacción al conflicto. Hubo un tiempo que estar en el foco de la polémica rebajaba su nivel en el terreno de juego. No ocurrió en Da Luz tras los presuntos insultos racistas ni tras los gestos de la grada. Una herida que cicatrizó en el Bernabéu derrumbando las esperanzas del Benfica cuando veía opciones de llevar el duelo a la prórroga.
Sin el reencuentro esperado con José Mourinho, que ni apareció por el Santiago Bernabéu ni su nombre sonó por megafonía. Con el clima rebajado de tensión ante la ausencia de Gianluca Prestianni, al que UEFA mantuvo la sanción, el tercer partido consecutivo entre Real Madrid y Benfica rebajó decibelios y fútbol, sosteniendo la emoción del pase con el temor al batacazo por momentos en el estadio.
Entre la especulación del Real Madrid y la valentía del Benfica arrancó un partido que volvió a demostrar que el equipo de Arbeloa es vulnerable en cuanto rebaja mínimamente la tensión. Sin poder agarrarse al gol de Mbappé, obligado a parar para recuperarse de su dolencia de rodilla, jugó con fuego en un inicio a merced del rival.
Sirvió para que el Benfica aumentase las esperanzas de desafiar a la historia. Nunca un equipo portugués había vencido en el Santiago Bernabéu y, por momentos, lo sintió cerca. Un Real Madrid endeble, carente de seguridad, con espacios entre líneas, al que cada llegada del rival le dañaba. Sostenido, cómo no, por Courtois.
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Ya había avisado Rafa Silva, tras un túnel a Asencio, cuando dinamitó el duelo a los catorce minutos. Aprovechó un agujero en el lateral izquierdo, sin Carreras y con Camavinga llegando tarde a tapar el centro al corazón del área que encontró un despeje hacia su portería de Asencio, respondido con reflejos por Courtois, que nada pudo hacer ante el balón en boca de gol que mandaba a la red Rafa Silva.
A la bofetada de realidad le faltó continuidad del Benfica a corto plazo por un grave error de Otamendi. Su pérdida en el inicio de jugada levantó al Real Madrid de la lona. Le devolvió la confianza. El robo en zona alta, acabó con la aparición con potencia de Fede Valverde por el costado derecho, su pase atrás y el golpeo preciso de Tchouaméni. Un premio merecido al jugador que sostuvo a su equipo en la eliminatoria.
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La reacción, sin embargo, no recuperó una versión del equipo de Arbeloa que se acercara a la de Da Luz. Parecía entonarse con más balón, tras un disparo lejano de Camavinga y cuando apareció Vinícius. Primero con un disparo blando que dio paso a un centro a la cabeza de Valverde, que propiciaba un tanto de Gonzalo anulado por un fuera de juego de milímetros. Su única aparición en un partido gris.
La falta de finura ofensiva agravaba las carencias defensivas. Tembló el Real Madrid en cada ataque rival, sin saber poner freno a la precisión ofensiva del Benfica. Schjelderup puso un balón que se paseó sin encontrar rematador y Courtois realizaba la parada del partido. Respondió al latigazo de Ríos, el sustituto de Prestianni, con una mano firme abajo pegada al palo.
El partido pedía la irrupción de un líder y Vinícius quiso serlo. Hizo sufrir a Dedic en su marca, explotando velocidad pero sin la precisión de la ida en los metros finales hasta que llegó su momento. También Fede Valverde desde un esfuerzo innegociable, falto de acierto en el remate cuando la tuvo en el arranque del segundo acto para despertar a una grada muda y quitar el susto del cuerpo. El pase preciso de Trent lo enganchó mal con todo para marcar.
El partido lo tuvo el Benfica donde quiso tras mantenerse en pie, sin agobios, después de un córner cabeceado por Asencio y un disparo pegado al poste de Trent. Ante un Real Madrid mermado, sin recambios en el banquillo de garantía, con ausencias como Bellingham y Rodrygo que pudiesen cambiar el panorama, cuando dio el paso definitivo, acarició el 1-2.
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Lo impidió el travesaño, tras una perdida de Vini que cogió descolocado al equipo. El golpeo de calidad, de exterior de Rafa Silva, siempre presente en cada acción de peligro, lo desvió Asencio. La fortuna se tiñó de blanco. Minutos después, Rüdiger se jugaba el tipo para desviar un disparo de Pavlidis con aroma de gol. Con Schjelderup siempre presente.
Hasta que Vinícius decidió que ya había aguantado el Bernabéu demasiado sufrimiento. En una acción que confirmó a los dos protagonistas de la noche. La fuerza de Valverde para ganar un balón dividido y castigar con su pase al espacio la línea adelantada del rival. En carrera el brasieño es imposible de frenar y definió con tranquilidad, raso, inalcanzable para Trubin, el 'culpable' de la eliminatoria con aquel tanto postrero que lo cambió todo en la última jornada de la fase de liga.
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Bailó Vinícius, se liberó el Bernabéu. Besó el escudo y sintió la reconciliación con la grada que hace pocas fechas le pitaba todo el partido responsabilizándole de la salida de Xabi Alonso. Carreras evitó bajo palos el último intento portugués. El Real Madrid, sin brillo y con poco fútbol, no falta a su habitual cita con los octavos de final de la Liga de Campeones. Mucho tendrá que mejorar para aspirar al título.