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Hay jugadores que viven en el foco y otros que habitan en la penumbra hasta que el fútbol, caprichoso, los llama a escena. Ferland Mendy pertenece a esta segunda especie. Y ahora, en la cita del Real Madrid con un intento de remontada en el Allianz Arena, su nombre emerge como una solución inesperada a un problema mayúsculo: frenar a Michael Olise.
En el Real Madrid de las certezas volátiles, Mendy aparece como una rareza. Apenas ha tenido trascendencia durante el curso. Recién salido de una lesión, con sólo doce minutos hace cuatro días ante el Girona, su candidatura al once parece lejana, pero no imposible. Y en el fútbol de élite, donde lo improbable a menudo decide noches grandes, eso basta para que su nombre cobre sentido.
Álvaro Carreras apunta a titular en el lateral izquierdo tras el descanso que le concedió Álvaro Arbeloa en el último encuentro. Es la lógica. Pero el fútbol no siempre se rige por la lógica, sino por la intuición, por los detalles, por los antecedentes. Y ahí, Mendy juega sus cartas.
Porque si algo ha demostrado el francés es que se crece en las grandes citas. Su temporada ha sido un vía crucis físico: cinco partidos oficiales seguidos fuera por una lesión en los isquiotibiales, después de caer en la primera parte ante el Manchester City. Venía, además, de otro regreso intermitente: trece encuentros fuera -nueve por lesión, cuatro como suplente- tras haber jugado contra el Celta.
Los números son duros, incluso desalentadores. De los 48 partidos oficiales del Real Madrid esta temporada, Mendy se ha perdido 29 por lesión. Otros 13 los ha visto desde el banquillo. Sólo ha participado en cinco, y únicamente dos completos. Cifras raquíticas que invitan a la desconfianza.
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Pero hay otra verdad, más sutil y menos estadística: cuando Mendy juega, cumple. Lo hizo con nota ante el Celta. También en aquella primera parte frente al City antes de romperse. Secó a futbolistas como Savinho, Semenyo, Carreira o Jutglà.
Y si miramos más atrás, cuando su físico le respetaba, su expediente crece: ha sabido frenar a extremos de primer nivel como Raheem Sterling, Mohamed Salah o Lamine Yamal.
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Tiene herramientas: potencia, colocación, velocidad y una inteligencia defensiva que juega a su favor en el arte de anticiparse. Es, probablemente, el más fiable atrás de los tres laterales zurdos del Madrid. Y eso, ante una amenaza como Olise -que ya se exhibió en el Bernabéu frente a Carreras-, no es un dato menor.
Fran García fue titular ante el Girona. Carreras descansó con Múnich en mente. Y Mendy, casi en silencio, reapareció. El Bernabéu lo entendió: le regaló una ovación significativa cuando entró al campo. Doce minutos sin brillo aparente, sin pistas claras sobre su estado, pero suficientes para marcar territorio, para recordar que está ahí.
Sujetar a Olise es una de las obsesiones de Arbeloa. Y en ese tablero, Mendy puede ser la pieza inesperada. No la evidente, no la lógica, pero sí la que encierra ese punto de misterio que tanto seduce en las grandes noches europeas.
Y es que a veces, cuando todo parece escrito, el fútbol encuentra su giro en los márgenes. Y ahí, donde habitan los secundarios, Mendy espera. Silencioso. Listo. Como un antídoto que nadie ve venir.
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