Más allá de la inspiración o no en ataque de Kylian Mbappé, Michael Olise u Ousmane Dembélé, existe 'otra' selección francesa, capaz de fajarse, ser intensa, ganar por la mínima, sostener su portería a cero y clasificarse para los cuartos de final del Mundial 2026 cuando debe jugar de otra forma, no tan clarividente en su línea más ‘top’.
No hubo ningún gol de jugada. Tampoco la cantidad de ocasiones que suele generar un equipo de tanto potencial ofensivo. Ni ninguna asistencia de Michael Olise, quizá demasiado individualista, con volumen de juego, pero sin ese toque o factor decisivo que atesora y lo hace inigualable tantas veces. No fue concluyente ni brillante Dembélé. Tampoco Bradley Barcola. Ni fue definitivo Mbappé en el área contraria ni fuera de ella, más allá del penalti transformado.
Francia manejó el 66 por ciento de la posesión (el 22 fue de Paraguay y el 12 quedó en disputa, según las estadísticas oficiales de la FIFA), pero sólo remató cinco veces sobre la portería rival, entre los tres palos. Tuvo otros nueve intentos fallidos, cuatro de ellos bloqueados y cinco fuera.
Pero, sobre todo, no recibió ningún tiro sobre su marco Mike Maignan, el portero de 'Les Bleus', protegido por Dayot Upamecano y William Saliba, los centrales que más convicción despiertan en Deschamps. Sólo hubo cinco remates de Paraguay, los cinco fuera. Ninguno considerado ocasión. Y sólo sacó dos córneres. Lo limitó Francia.
“Creo que sabíamos qué tipo de partido íbamos a tener. Creo que estuvo muy bien el partido que tuvimos y cómo lo jugamos. Demostramos que somos un equipo que sabía jugar al fútbol ofensivo, pero, si hay que meter las manos en la mierda, nos vamos a meter las manos en la mierda. Perdón por la expresión. No tenemos ningún problema con eso", remarcó Mbappé a la finalización del encuentro, con varios conflictos entre jugadores franceses y paraguayos.
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Francia ganó también en otro tipo del partido al que se había enfrentado en este Mundial; nada que ver ni con el 3-1 a Senegal, ni con el 3-0 Irak, ni con el 1-4 a Noruega, ni con el 3-0 a Suecia. Debió competir, saltar, luchar y bregar contra una selección replegada atrás, que apenas le dejó vías de ataque y que, en las que encontró Francia, salió al paso su portero Orlando Gill, galardonado como el mejor del encuentro disputado en Filadelfia.
“Esto es fútbol; si no están acostumbrados a esto, qué le vamos a hacer. Paraguay es así, es una selección ruda, muy arriba en lo físico. Quisimos hacernos sentir, hacernos sentir duros, que si pasaba el balón no pasaba el hombre", explicó el guardameta después del encuentro, resuelto por la mínima, con Francia echada atrás incluso en el tramo final para sostener su clasificación para cuartos de final, donde se medirá a Marruecos.
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El aviso de Alemania, los recursos de Francia
No se desquició Francia en el tránsito hacia el triunfo, con el 0-0 en el marcador. Siguió por el camino que le marcó el encuentro. El aviso de Alemania, en un tipo de partido similar en dieciseisavos de final en el que cayó eliminado con Paraguay en los penaltis, estaba muy cercano, presente en el transcurso de los minutos.
“Podríamos haber hecho más, pero no hay que quitarle mérito a Paraguay. Eliminó a Alemania, que también tiene un potencial ofensivo importante. Se clasificó y, mientras esté 0-0, piensan que es normal que puedan dar el paso y estar en cuartos, así que fue un partido de meterse en el barro, por usar otra palabra", apuntó Didier Deschamps.
El partido, en cualquier caso, se decidió por la calidad. Francia está plena de recursos. El duelo lo resolvió con Desiré Doué, suplente de nuevo, como en tres de los cinco choques disputados hasta ahora, pero un futbolista de nivel mundial. Es indudable. Su valor de mercado de 130 millones de euros, según los baremos de la página web especializada Transfermarkt, es casi todo el de los 26 jugadores juntos de la selección de Paraguay, con 153,6 millones de euros.
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Atrevido por la banda izquierda, cuando reemplazó en el minuto 61 a Bradley Barcola, su serie de regates hacia dentro del área apenas seis minutos después terminaron en un penalti de Diego Gómez que, inicialmente, pasó inadvertido para el árbitro, el uzbeko Ilgiz Tantashev, que lo señaló en base al monitor.
Kylian Mbappé lo transformó para marcar su séptimo gol en este Mundial, de nuevo a la altura del argentino Lionel Messi en esta edición del torneo en la cima de goleadores. La pugna va más allá: al liderato en ese sentido de todos los Mundiales. Los 20 de Messi contra los 19 de Mbappé por lados diferentes del cuadro, que no los cruzarían hasta una hipotética final, como ya ocurrió en Catar 2022.
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"Pensaban que íbamos a venir a jugar de esmoquin, que solo íbamos a venir a hacer jugadas bonitas y paredes. Ganamos e, incluso, en eso fuimos mejores que ellos", expresó Mbappé sobre Paraguay, camino ya de los cuartos de final contra Marruecos, el próximo 9 de julio, jueves, en Foxborough.
"Ganar así también es bueno, porque no todos los jugadores que están aquí tienen experiencia en un Mundial", remató Deschamps, cuyo equipo venció tres partidos por un gol de distancia cuando fue campeón del mundo en Rusia 2018 (1-0 a Perú en la fase de grupos, 4-3 a Argentina en octavos y 1-0 a Bélgica en la semifinal) y dos cuando fue subcampeón en Catar 2022 (2-1 a Dinamarca, en la primera ronda, y 1-2 a Inglaterra, en cuartos de final).