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Herido el Betis y relanzado el Atlético de Madrid de la eliminatoria de la Copa del Rey del pasado jueves, su segundo duelo en cuatro días cambió la inercia, ganador el conjunto verdiblanco por el acierto de Antony y un ejercicio defensivo puro para doblegar el equipo rojiblanco, con dos goles anulados, mucha insistencia, pocas ideas y la despedida ya inequívoca de la Liga de España con 15 jornadas por jugar y a trece puntos del Barcelona.
La diferencia fue el gol del extremo brasileño, que se inventó el 0-1 en el minuto 28 y condicionó todo lo demás. Controló, esperó, miró y soltó el zurdazo que pretendía a la red de Oblak desde el borde del área. El portero esloveno dio un paso fatal hacia el lado contrario, que luego le costó el gol. No le dio tiempo a superar el contrapié para estirarse con su envergadura y detener el balón. La tocó. No la paró. El tanto decisivo. Tres puntos.
La cuarta ocasión de todo el partido del conjunto verdiblanco. Una fue al final. Y dos fueron anteriores, concedidas por el propio Atlético, en sendos contragolpes finalizados por Bakambu. El primero fue más de lo que parecía por la propia duda de Oblak en la salida. Luego lo solventó con las manos arriba. El segundo, por una pérdida de Rodrigo Mendoza, el reemplazo en el medio campo de Pablo Barrios, al que echará de menos el equipo madrileño al menos durante un mes. Debe saber vivir sin él. No es nada fácil.
El ‘4’ a la espalda, al chico de 20 años al que ha fichado el Atlético de Elche por 16 millones de euros en el mercado de invierno se le ven más que maneras, llamado a grandes tardes en el Metropolitano, pero todo lleva su tiempo. Un equipo nuevo, una estructura distinta, compañeros nuevos y la exigencia. Todo pesa al principio, más aún en el complejo ecosistema táctico que es jugar dentro de los esquemas de Diego Simeone.
El gol le hizo daño al Atlético. El conjunto rojiblanco lo acusó. Al Betis lo afianzó en el repliegue que imaginó desde el principio. No cambió en nada su plan, reforzado por el ingenio del extremo brasileño. Porque, hasta entonces, el bloque local lo presionó, apenas 67 horas y media después del 0-5 del pasado jueves en Sevilla, incluso lo atenazó por momentos y le creó ocasiones, en sendos remates de Julián Alvarez y Lookman.
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Pero toda la precisión y la contundencia de hace tres días, deslumbrante en La Cartuja, no fue tal este domingo en el Metropolitano. Son cualidades esenciales para desbordar a una defensa como la que plantó en su terreno Manuel Pellegrini. Tampoco entró en juego tanto su flamante nuevo atacante. Ni tanto ni con tanta inspiración. Y cuando apareció con un cabezazo goleador fue anulado por fuera de juego, a un centro de Marcos Llorente, entre los nervios del Atlético, la grada y el marcador, en jaque a falta del segundo tiempo.
El Betis salió ganador del primer tiempo. Por el gol y por cómo enfiló el descanso, con todo bajo control. En el vestuario, Simeone intervino en su alineación. Quitó a Julián Alvarez con 0-1 en contra -el undécimo partido sin gol consecutivo del delantero argentino-, Almada y Ruggeri, este último con amarilla. Y lanzó sobre el césped a Sorloth, Baena y Le Normand para cambiar el aspecto del encuentro, que no le gustaba nada.
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Diez minutos después movió otra ficha: Griezmann por Rodrigo Mendoza, contra el tiempo. Al Betis le interesaba que no pasara nada. El Atlético quería agitación. Cuanta más, mejor. Un cabezazo de Sorloth al primer palo, como el pasado jueves en la Copa del Rey en el gol de Hancko, probó a Álvaro Valles, que voló certero y ágil para negar el 1-1.
El partido estaba ya completamente diseñado. El repliegue del Betis contra la posesión del Atlético. Alguna vez salía el conjunto verdiblanco hacia adelante, pero sin más intención de sentirse presente. No se acercó al área contraria apenas desde el gol de Antony, mientras jugaba con el tiempo. Cada saque de puerta se demoró. Es fútbol.
El Atlético acertó en la siguiente. Hay polémica, por el fuera de juego milimétrico de Griezmann, detectado por el VAR. Su interferencia posterior no admite dudas. Sin su salto, Diego Llorente jamás se habría despejado sobre su portería. Ya lo celebraba todo el Metropolitano cuando advirtieron al colegiado desde el vídeo. Se fue a verlo. Lo anuló.
Vuelta a empezar para el equipo rojiblanco, cada vez más exigido y cada vez más resguardado aún, si era posible, su adversario. Cada cambio de Pellegrini fue más defensivo. Ahí sabía que estaba el encuentro, en limitar a lo mínimo al Atlético, en esperarlo una y otra vez, en no dejarle ningún espacio, en una posesión improductiva, con un éxito indudable del Betis, que se tomó su revancha en el Metropolitano.
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