La despedida de Leo Messi de la selección argentina recuperó uno de los rituales más sentimentales del fútbol: el último baile de sus grandes leyendas. Pelé se marchó de Brasil ante 138.575 personas que le pidieron que se quedara; Maradona eligió la Bombonera para proclamar que "la pelota no se mancha"; y otros mitos como Beckenbauer, Garrincha, Platini, Zico o Ricardo Zamora también tuvieron una última noche construida para decir adiós.
No todos tuvieron una despedida multitudinaria con sus selecciones. Otras figuras como Cruyff, Di Stéfano, Kopa, Eúsebio, Yashin o Charlton, entre muchos otros, no tuvieron la suerte de cerrar su carrera internacional ante su público. Tuvieron que conformarse con adioses de otro tipo.
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Pero eso no le ocurrió a Edson Arantes do Nascimento, Pelé, para muchos el mejor jugador de la historia. El astro brasileño tenía sólo 30 años cuando decidió que ya era suficiente. Apenas trece meses después de conquistar en México su tercer Mundial, algo inédito en la historia del fútbol, abandonó la selección brasileña cuando todavía podía seguir reinando con ella.
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Brasil preparó la despedida. El 18 de julio de 1971, Yugoslavia acudió a Maracaná y 138.575 espectadores llenaron las gradas para decir adiós al hombre que durante más de una década representó al fútbol brasileño. Pelé jugó la primera parte. No marcó. En el descanso recorrió el césped mientras la grada repetía "Fica, Pelé!" ("¡Quédate, Pelé!"). Claudiomiro ocupó su lugar y el encuentro terminó 2-2.
Cerró así su trayectoria internacional después de 92 partidos y 77 goles. Aún jugaría seis años más, pero nunca volvió a vestirse de amarillo. Siguió con Santos hasta 1974 y alargó su carrera hasta 1977 en el Cosmos estadounidense.
Maradona y una pelota que no se mancha
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Diego Armando Maradona necesitó siete años para cambiar el final de su historia con Argentina. Su último partido oficial llegó el 25 de junio de 1994, contra Nigeria, en el Mundial de Estados Unidos. Después llegaron el control antidopaje, la expulsión del torneo y aquella imagen de Maradona abandonando el campo de la mano de una enfermera.
Sin embargo, su país le regaló otro final. El 10 de noviembre de 2001, más de 50.000 personas llenaron la Bombonera para un Argentina-Resto del Mundo construido alrededor de su figura. Maradona, con 41 años y el número 10, marcó dos goles de penalti en el triunfo argentino por 6-3 y recibió el homenaje de compañeros, rivales y una grada entregada.
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Pero de aquella noche sobrevivieron sobre todo siete palabras: "Yo me equivoqué y pagué, pero la pelota no se mancha", sentenció en una cita para la historia.
Beckenbauer jugó contra Alemania
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Franz Beckenbauer suamaba cinco años sin vestir la camiseta de Alemania Federal cuando llegó su homenaje. El capitán que levantó el Mundial de 1974 ya pertenecía a otra etapa del fútbol alemán. El 1 de junio de 1982, Alemania Federal se enfrentó al Hamburgo en un partido organizado en su honor. Beckenbauer no recuperó la camiseta que vistió 103 veces: eligió la de su club y se enfrentó a su país.
Alemania ganó 4-2 y el 'Kaiser' dejó una rareza propia de una despedida. Primero marcó en propia puerta. Después, en el minuto 86, anotó para el Hamburgo. Su última gran noche alemana terminó así con dos goles, uno para cada lado.
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Brasil volvió a buscar a Garrincha
Pelé eligió cuándo marcharse. A Mané Garrincha, Brasil tuvo que ir a buscarlo. El Mundial de Inglaterra 1966 cerró de forma abrupta la trayectoria internacional del extremo que maravilló en Suecia 1958 y alcanzó su cima en Chile 1962. Su carrera inició después un rápido declive y, siete años más tarde, Brasil decidió devolverle a la gloria y el recuerdo por una noche.
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El 19 de diciembre de 1973, Maracaná acogió el 'Jogo da Gratidao' (partido de la gratitud), un Brasil-Resto del Mundo organizado para homenajear a Garrincha y ayudar económicamente al viejo ídolo. Mané tenía 40 años y llevaba desde 1966 fuera de la selección. Pelé, Carlos Alberto, Jairzinho, Rivelino o Clodoaldo participaron en un encuentro que Brasil ganó 2-1.
Garrincha disputó parte del partido y abandonó el césped entre lágrimas. Maracaná se levantó para despedir al futbolista de las piernas torcidas que convirtió el regate en una forma de diversión.
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Platini, junto a Pelé y Maradona en Nancy
Michel Platini llevaba un año retirado cuando Nancy, la ciudad donde comenzó su carrera profesional, reunió al fútbol para despedirlo. El 23 de mayo de 1988, la Francia campeona de Europa cuatro años antes volvió a juntarse para enfrentarse a una selección del Resto del Mundo.
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Giresse, Tigana, Luis Fernández, Amoros o Rocheteau acompañaron a Platini. Enfrente aparecieron Maradona, Matthäus, Futre, Hugo Sánchez, Zico, Francescoli o Boniek, con Pelé como invitado de honor.
Maradona ni siquiera pensaba jugar y llegó sin botas. Platini terminó convenciéndolo y Papin le prestó las suyas. El encuentro acabó 2-2, aunque el resultado fue lo de menos. Aquella noche dejó además una fotografía para la historia: Pelé, Maradona y Platini juntos. Tres generaciones del fútbol reunidas para despedir a uno de ellos.
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Zico, el diez que no necesitó un Mundial
Como con anteriores ídolos, Brasil recuperó con Arthur Artunes Coimbra, Zico, la tradición de homenajear a sus jugadores más importante. Lo hizo con Pelé, recuperó a Garrincha y, en 1989, preparó otra última noche para Zico.
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El escenario fue el Friuli de Udine, ciudad que conocía bien al brasileño por su paso por el fútbol italiano. El 27 de marzo de 1989, Brasil se enfrentó a una selección del Resto del Mundo. Zico ejerció de capitán de un equipo en el que aparecieron Romário, Careca o Dunga. El Resto del Mundo ganó 2-1, con goles del uruguayo Enzo Francescoli y Lajos Détári. El marcador era lo de menos.
Zico nunca conquistó el Mundial que sí acompañó a Pelé y Garrincha. Su nombre quedó unido a la extraordinaria selección brasileña de 1982, un equipo que consiguió algo reservado a muy pocos derrotados: entrar en la mitología del fútbol sin levantar la Copa que tal vez mereció, la de España 1982.
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Zamora: España ya homenajeó a su ídolo en 1934
Mucho antes de Pelé, Garrincha, Maradona o Beckenbauer, España ya entendió que algunos futbolistas merecían una última noche diferente. El 20 de diciembre de 1934, el antiguo Chamartín acogió un España-Hungría organizado como homenaje a Ricardo Zamora. El guardameta era entonces una celebridad internacional y uno de los primeros futbolistas españoles cuya fama atravesó las fronteras. España ganó 3-1.
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La historia pudo terminar allí. Pero el fútbol español volvió a buscar a Zamora 33 años después. El 15 de junio de 1967, España participó en un nuevo homenaje al mítico guardameta. Esta vez el rival fue una selección del Resto del Mundo en el Santiago Bernabéu, con figuras como Eusébio o Sandro Mazzola. Los visitantes ganaron 0-3.
El lugar de Zamora lo ocupó Iribar y el viejo mito, con 66 años, vio el partido alejado del césped. Llevaba más de tres décadas retirado y pocas leyendas pueden presumir de recibir dos homenajes internacionales separados por 33 años.
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Estrellas sin adiós con su selección
No todos pudieron, ni quisieron, despedirse así. Johan Cruyff disputó su último partido con Países Bajos el 26 de octubre de 1977, ante Bélgica. No hubo ceremonia. Después decidió no disputar el Mundial de Argentina de 1978 pese a la campaña popular que trató de convencerlo. Su gran homenaje llegó con el Ajax frente al Bayern y terminó de la forma menos imaginable: 0-8.
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Alfredo di Stéfano tampoco tuvo una despedida internacional a la altura de su dimensión. Su propia trayectoria explica parte de la anomalía: jugó con Argentina, participó en encuentros con Colombia que la FIFA no reconoce como oficiales y terminó defendiendo a España. Su gran homenaje llegó con el Real Madrid ante el Celtic, en 1967.
Otros gigantes encontraron su última ovación lejos de sus selecciones. En 1971, Lev Yashin reunió a más de 100.000 personas en Moscú para un Dinamo-Resto del Mundo plagado de estrellas; Eusébio da Silva recibió al Resto del Mundo con el Benfica; Stanley Matthews, en 1965, juntó con 50 años a figuras como Yashin, Di Stéfano, Puskas, Raymond Kopa o Eusébio; Bobby Charlton tuvo su noche en Old Trafford en un United-Celtic de 1973; y George Best regresó a Windsor Park para un Best XI-Resto del Mundo en 1988.