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Cabezote sección BOGOTÁ Noticias Caracol 2025 DK

Retamo espinoso, una amenaza que aumenta el riesgo de incendios en los Cerros Orientales de Bogotá

En temporada de incendios, esta especie invasora se ha extendido en el ecosistema.

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Los Cerros Orientales de Bogotá enfrentan una amenaza que va más allá de las altas temperaturas y la falta de lluvias durante las temporadas secas. Se trata del retamo espinoso, una especie invasora que se ha extendido por diferentes zonas de este ecosistema y que, por sus características, puede favorecer la propagación de incendios forestales.

Los Cerros Orientales comprenden cerca de 13.140 hectáreas, de las cuales alrededor de 5,8 millones de metros cuadrados se encuentran en procesos de rehabilitación. El riesgo aumenta durante dos periodos del año: entre enero y febrero y entre junio y agosto, cuando las condiciones climáticas favorecen la ocurrencia de incendios. En 2024, por ejemplo, las autoridades distritales reportaron que hasta el 29 de febrero unas 45 hectáreas de bosque habían sido consumidas por las llamas. Las bajas lluvias y la llegada del fenómeno de El Niño fueron señaladas entre las condiciones que favorecieron estas emergencias, especialmente en sectores de las localidades de Chapinero y Santa Fe.

Ahora, ante las proyecciones de altas temperaturas y menores precipitaciones, las autoridades ambientales mantienen la atención sobre los Cerros Orientales. En medio de este panorama aparece el retamo espinoso, una planta considerada una de las 100 especies invasoras más dañinas del mundo. Su presencia en Colombia se remonta a la década de 1950, cuando fue introducida para ser utilizada como cerca viva.
De acuerdo con un testimonio entregado en 2017 por un funcionario de la época, la planta fue llevada a algunas zonas por un trabajador del Acueducto de Bogotá. El propósito era recuperar terrenos que presentaban altos niveles de erosión en áreas adquiridas por la empresa para desarrollar obras de infraestructura. Con el paso de las décadas, el retamo se extendió y terminó convirtiéndose en un problema ambiental en diferentes sectores de los Cerros Orientales.

Para Yoagen Díaz, director técnico de Ordenamiento Territorial de la CAR, la especie representa una presión para los ecosistemas y las especies nativas, pero además tiene una característica que incrementa el riesgo durante las temporadas secas: es altamente pirógena. El problema tampoco se limita a los incendios. Según explicó Díaz, el retamo también puede absorber agua en zonas estratégicas de subpáramo y bosque altoandino, donde existen nacimientos que contribuyen al abastecimiento de agua de Bogotá y la región.

Erradicarlo es una tarea de varios meses

Eliminar el retamo espinoso no consiste simplemente en cortar sus ramas. El proceso requiere aislar las zonas afectadas, retirar la planta, extraer sus raíces y evitar que las semillas se dispersen. Una sola planta puede producir hasta 20.000 semillas al año, lo que dificulta considerablemente su erradicación.
Los equipos técnicos comienzan con cortes utilizando guadañas y machetes. Posteriormente, utilizan polisombra para impedir que las semillas se dispersen por el aire. El material retirado es empacado y trasladado para su disposición final. Las raíces también deben ser extraídas para evitar que la planta vuelva a crecer. El material vegetal es separado, troceado y empacado antes de ser llevado a procesos de confinamiento o incineración. Pero incluso después de todo este trabajo, el retamo puede volver a aparecer.

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Restaurar el bosque para impedir que regrese

La eliminación de la especie es apenas una parte de la intervención. Una vez retirado el retamo, comienza la restauración con especies nativas. La estrategia busca recuperar progresivamente el bosque y generar condiciones que dificulten el crecimiento de la planta invasora. Los árboles nativos de mayor tamaño, aunque tardan más tiempo en desarrollarse, terminan generando sombra y compitiendo por la luz con el retamo.
El proceso puede extenderse durante meses y requiere revisiones constantes para retirar las nuevas plantas que aparecen a partir de semillas que lograron dispersarse. Por eso, las autoridades ambientales también han involucrado a las comunidades rurales en esta tarea.

Campesinos se suman a la lucha

Habitantes de la Bogotá rural han recibido capacitación para reconocer y controlar los nuevos brotes de retamo. La idea es que puedan intervenir las plantas jóvenes antes de que alcancen un tamaño que dificulte su eliminación. René Rodríguez, habitante de una de las veredas intervenidas, pasó de identificar el retamo como una planta que se encontraba en grandes extensiones a participar directamente en las labores de erradicación.
Para las autoridades, la participación de la comunidad es clave porque el control no termina cuando los equipos técnicos abandonan una zona. Los nuevos brotes deben ser identificados y retirados de manera permanente.

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Mientras avanzan estas labores, el riesgo de incendios forestales continúa siendo una preocupación para Bogotá. La combinación de altas temperaturas, pocas lluvias y vegetación altamente inflamable puede convertirse en un escenario crítico para los Cerros Orientales. La apuesta de las autoridades ambientales es que la erradicación del retamo, junto con la recuperación de especies nativas y el trabajo con las comunidades, permita reducir el riesgo y proteger uno de los principales ecosistemas de la capital.
María Paula Rodríguez Rozo
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