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La historia de Rúrik Gíslason es una de las más particulares que dejó el fútbol moderno. El islandés, recordado por haber enfrentado a Lionel Messi en el Mundial de Rusia 2018, supo reinventarse tras su retiro y hoy brilla en el mundo del entretenimiento como actor y modelo, con presencia incluso en plataformas como Netflix.
Durante su carrera como futbolista, Gíslason tuvo un recorrido destacado en Europa. Pasó por clubes como Viborg FF, OB Odense y FC Copenhague, donde ganó la Superliga de Dinamarca en 2013 y la Copa en 2015. También jugó en Alemania con Núremberg y SV Sandhausen, su último equipo antes de retirarse en 2020. Con la selección de Islandia disputó 53 partidos y anotó tres goles, siendo parte del equipo que hizo historia en Rusia 2018.
Fue en ese Mundial donde su vida dio un giro inesperado. Tras el empate ante Argentina, su imagen se volvió viral a nivel global, convirtiéndose en un fenómeno mediático que trascendió lo deportivo. Ese reconocimiento fue clave para abrirle nuevas oportunidades fuera del fútbol.
Luego de colgar los botines en el 2020, con 33 años, el islandés exploró distintos caminos hasta encontrar su lugar en el mundo artístico. Inició como modelo y más adelante dio el salto a la actuación. Su debut llegó con “Cop Secret” (2021), donde interpretó a un villano, y posteriormente participó en producciones como “Eine Million Minuten” y “Wunderschöner”, consolidando su crecimiento en la industria.
Además, su popularidad aumentó tras consagrarse campeón en el programa “Let’s Dance”, de Alemania, lo que le permitió ganar mayor visibilidad en Europa. Su evolución fue reconocida en 2025, cuando fue destacado en los Vienna Awards como una de las figuras emergentes.
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Ahora, su nombre vuelve a estar en boca de todos gracias al estreno en Netflix de “Comer, rezar, ladrar”, donde es uno de los protagonistas.
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