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Duskfade | RESEÑA: Un viaje de fantasía con alma retro

Duskfade recupera el espíritu de los grandes juegos de aventura 3D de los 2000, pero su propuesta encuentra obstáculos entre una buena idea y una ejecución irregular.

Duskfade | RESEÑA
Duskfade | RESEÑA
Cortesía: Weird Beluga

Hay videojuegos que intentan recuperar una época concreta de la industria sin limitarse a copiar sus fórmulas. Duskfade pertenece claramente a esa categoría. Desde sus primeros minutos, la propuesta de Weird Beluga deja ver su inspiración en los juegos de aventura y plataformas 3D de finales de los 90 y comienzos de los 2000.

La referencia más evidente es Kingdom Hearts, pero también hay elementos que recuerdan a experiencias como Ratchet & Clank, Jak & Daxter y otros clásicos de aquella generación. La diferencia está en que Duskfade no intenta depender únicamente de la nostalgia. Su mundo, sus personajes y su estética buscan construir una identidad propia alrededor de una idea bastante particular: un universo de fantasía con tecnología basada en relojes.

El resultado es un juego que tiene mucho encanto visual y suficientes ideas interesantes para llamar la atención, aunque también deja claro que recuperar el espíritu de una época no significa automáticamente conseguir el mismo impacto que tuvieron sus referentes.

Una historia sencilla, pero con corazón

La aventura comienza en Tearfeld, un mundo donde los humanos prácticamente han desaparecido. Allí conocemos a Zirian, un joven que vive junto a su hermana Allira. La humanidad es escasa y el mundo está habitado principalmente por criaturas con apariencia de nubes, conocidas como cloudies.

Una aventura que mira al pasado
Una aventura que mira al pasado
Cortesía: Weird Beluga

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La historia toma impulso después de la muerte del abuelo de Zirian. Un accidente en su antiguo taller provoca la aparición de una enorme torre de reloj que termina alterando la situación del pueblo y dejando a Allira atrapada. Durante la huida, Zirian encuentra la espada Minutero y conoce a Cuckoo, un pequeño pájaro mecánico que se convierte en su compañero durante la aventura.

El objetivo inicial es sencillo: regresar a la torre y rescatar a Allira. Sin embargo, cuatro grandes cadenas impiden el acceso. Para romperlas, Zirian tendrá que recorrer distintas regiones y destruir los anclajes que mantienen la estructura conectada al mundo.

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En el camino aparece Despair, una poderosa criatura que parece estar detrás de los acontecimientos relacionados con la torre. También surgen pistas sobre los antiguos Master Clockmakers, una sociedad tecnológicamente avanzada que dejó atrás buena parte de la tecnología que define la estética del juego.

La narrativa funciona mejor cuando se concentra en sus personajes y en el tema del duelo. La historia es bastante predecible y algunas de sus resoluciones pueden anticiparse con facilidad, pero el tratamiento de la pérdida y las relaciones familiares consigue darle un componente emocional que sostiene la aventura.

Donde el juego tropieza es en la ejecución. Las escenas completamente dobladas tienen momentos efectivos, pero otras resultan algo rígidas debido al diálogo o a la dirección. Algunas conversaciones tienen un tono excesivamente inocente y determinadas transiciones entre frases no terminan de sentirse naturales.

Aun así, hay personajes secundarios y pequeñas historias que consiguen generar más interés que algunos de los momentos principales. Duskfade tiene claro qué quiere contar; lo que no siempre consigue es transmitirlo con la misma fuerza.

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Plataformas que recuperan otra época

El corazón de Duskfade está en la combinación entre exploración, plataformas y combate. Zirian empieza con herramientas sencillas como el doble salto y el dash, mientras que su movimiento constante mantiene un ritmo bastante rápido durante los desplazamientos.

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No existe un botón específico para correr porque el personaje ya se mueve a buena velocidad. Esto ayuda a que los trayectos entre plataformas, combates y zonas de exploración mantengan cierta fluidez.

El diseño de niveles recupera varias mecánicas reconocibles de los plataformas 3D clásicos. Hay plataformas móviles, puntos para utilizar el gancho, raíles y diferentes obstáculos ambientales. Conforme avanzamos aparecen nuevas habilidades que permiten llegar a lugares que antes estaban fuera de nuestro alcance.

En términos generales, el plataformeo funciona bien, aunque los controles no siempre son tan precisos como deberían. Algunos aterrizajes pueden sentirse un poco resbaladizos y existen momentos en los que el movimiento no responde con toda la exactitud que uno espera.

Paradójicamente, cierta dosis de imperfección puede resultar agradable para quienes disfrutan de los juegos de aquella época. Pero cuando esa falta de precisión provoca una caída o una muerte, deja de sentirse como parte del encanto retro y comienza a parecer una limitación.

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La exploración, por otro lado, es uno de sus puntos fuertes. Hay secretos, coleccionables y pequeños desvíos repartidos por las distintas regiones, y normalmente vale la pena desviarse del camino principal.

Además, las campanas distribuidas por los escenarios ofrecen una ayuda bastante inteligente: al activarlas, la cámara señala la dirección que corresponde al camino principal. Es una solución sencilla que ayuda a orientarse sin convertir el juego en una experiencia excesivamente guiada.

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El combate gana intensidad

El sistema de combate comienza de forma bastante básica. Zirian cuenta con un ataque sencillo y una esquiva, pero poco a poco se incorporan nuevas posibilidades.

El combate gana intensidad
El combate gana intensidad
Cortesía: Weird Beluga

Algunos enemigos requieren ataques más fuertes, mientras que determinados proyectiles pueden ser repelidos mediante parries realizados con el tiempo adecuado. También aparecen habilidades especiales que consumen un medidor y que permiten realizar acciones más poderosas, como colocar minas explosivas o adoptar temporalmente una forma etérea.

La variedad de enemigos es suficiente para evitar que todo se reduzca al mismo enfrentamiento, y la segunda mitad de la aventura aumenta considerablemente la cantidad y diversidad de adversarios.

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El problema es que los combates comunes pueden alargarse demasiado. Lo que inicialmente resulta entretenido puede convertirse después en una obligación que interrumpe el ritmo de exploración.

Los jefes son otra historia. Aquí Duskfade consigue aprovechar mejor su inspiración clásica. Los enfrentamientos tienen varias fases, zonas de peligro y puntos débiles que obligan a combinar combate, movimiento y plataformas.

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Algunos encuentros incluso requieren resolver pequeños acertijos mientras se esquivan ataques y obstáculos. Estas batallas son probablemente los momentos en los que la fórmula funciona con mayor efectividad y recuerdan a los grandes enfrentamientos de aventuras 3D de generaciones anteriores.

Un mundo de reloj y fantasía

Visualmente, Duskfade tiene una personalidad bastante marcada. El concepto "clockpunk" se extiende desde los escenarios hasta la interfaz, creando un mundo donde la tecnología antigua convive con elementos mágicos y criaturas fantásticas.

Las regiones ofrecen bastante variedad. Hay pueblos abandonados, zonas inundadas, ruinas antiguas, volcanes y áreas suspendidas en el cielo. Los paisajes pueden sorprender con montañas enormes, cielos llenos de nubes y escenarios que parecen sacados de un cuento.

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El estilo no busca realismo, sino una estética tridimensional colorida y caricaturesca. En ese terreno, el juego resulta especialmente atractivo.

También destacan los diseños de enemigos, los personajes y las posibilidades de personalización. Zirian puede utilizar hasta seis atuendos diferentes, cada uno con seis variantes de color, mientras que Minutero dispone de diez colores desbloqueables.

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La personalización es una buena recompensa para quienes disfrutan buscando coleccionables, aunque hay una pequeña decisión de diseño que resulta incómoda: no es posible previsualizar completamente un atuendo o color antes de adquirirlo.

El apartado visual tampoco es perfecto. En determinadas zonas hay tantos efectos, partículas y filtros de color en pantalla que identificar qué elementos son interactivos puede resultar complicado. La espectacularidad termina afectando ocasionalmente la claridad.

Cuando el juego controla mejor estos recursos, el resultado puede ser realmente atractivo.

Rendimiento sólido

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En el apartado técnico, Duskfade ofrece un rendimiento positivo. La versión analizada en PlayStation 5 mantuvo una experiencia fluida incluso durante enfrentamientos con numerosos enemigos, proyectiles y diferentes patrones de ataque.

No se reportaron problemas importantes de rendimiento, glitches o errores durante la experiencia analizada. Para una producción independiente, este es un aspecto especialmente destacable.

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La versión para PC, sin embargo, presenta un problema particular relacionado con los controles. Las asignaciones del teclado no pueden modificarse y algunas decisiones resultan poco intuitivas. Un ejemplo bastante extraño es el uso de Caps Lock para fijar objetivos.

La solución es sencilla: utilizar un control. Con mando, la experiencia mejora considerablemente y el movimiento se siente mucho más natural.

Una banda sonora con personalidad

El sonido es otro de los elementos que ayudan a construir la identidad de Duskfade. La banda sonora cambia dependiendo de las regiones, las escenas y los enfrentamientos, evitando que el acompañamiento se vuelva demasiado repetitivo.

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El trabajo del compositor Rafa del Olmo reúne cerca de 30 canciones que combinan elementos orquestales con sonidos electrónicos. Esa mezcla encaja muy bien con la propuesta visual del juego.

Hay piezas que transmiten una sensación teatral y fantástica, mientras que algunas batallas incluso incorporan una marcada influencia del rock.

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Los efectos musicales también reaccionan a determinadas situaciones, como la entrada y salida de los combates. Son pequeños detalles que hacen que explorar el mundo resulte más agradable.

El doblaje es más irregular. Las escenas completamente actuadas aportan personalidad, pero la calidad de las interpretaciones y la dirección no siempre están al mismo nivel. Durante buena parte de la aventura, los personajes utilizan cajas de texto y solo pronuncian algunas palabras o nombres, una solución que funciona, aunque puede volverse repetitiva.

Explorar después de terminar

La aventura principal puede durar alrededor de 15 horas, aunque el contenido adicional permite extender considerablemente la experiencia.

Explorar después de terminar
Explorar después de terminar
Cortesía: Weird Beluga

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Después de terminar la historia es posible regresar a las diferentes regiones mediante puntos de viaje rápido. El juego también indica qué coleccionables quedan pendientes en cada área, facilitando la búsqueda de objetos que quedaron atrás.

Hay monedas, cajas de música, materiales cosméticos y otros elementos repartidos por el mundo. Las cajas de música desbloquean canciones que pueden escucharse en la posada, mientras que las monedas permiten conseguir cartas relacionadas con los personajes.

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Estos contenidos no transforman radicalmente la experiencia, pero funcionan como incentivos adicionales para quienes disfrutan completar cada escenario.

También es una buena noticia para los jugadores que persiguen todos los logros: no hay elementos perdibles ni recompensas asociadas a una dificultad específica.

El problema de volver sobre tus pasos

Uno de los mayores inconvenientes de Duskfade está relacionado precisamente con su diseño de exploración.

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Algunas habilidades de movimiento se desbloquean más adelante, lo que significa que determinados lugares y secretos no pueden alcanzarse durante la primera visita. En consecuencia, regresar a zonas anteriores se vuelve necesario.

La posibilidad de identificar los coleccionables pendientes y utilizar viaje rápido facilita este proceso, pero no elimina el problema de fondo.

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Para un jugador que disfruta explorando de manera exhaustiva, puede resultar frustrante descubrir que una zona aparentemente inaccesible no se puede completar todavía. El juego obliga a regresar incluso cuando ya se ha dedicado tiempo a explorar cuidadosamente.

Es una decisión comprensible dentro de la estructura de un plataformas de aventura, pero termina generando repetición.

Una carta de amor que quiere ser algo más

Duskfade tiene una relación evidente con los juegos de aventura 3D de los 2000. Su estética, sus plataformas, sus mundos separados, sus jefes y hasta ciertas decisiones de diseño evocan una época muy concreta.

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Pero reducirlo a una copia de Kingdom Hearts sería injusto.

Weird Beluga intenta construir una aventura que pueda disfrutar tanto alguien que reconoce esas referencias como un jugador más joven que nunca tuvo contacto con ellas. Esa intención es importante porque el juego no depende de chistes internos o de referencias constantes para justificar su existencia.

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De hecho, parte de su encanto está precisamente en esa inocencia. Los diálogos pueden ser cursis, los personajes pueden comportarse de forma exageradamente alegre y algunos enemigos no representan un desafío especialmente grande, pero todo forma parte de una experiencia que no pretende ser cínica.

El problema es que sus diferentes componentes no siempre consiguen funcionar juntos. Hay buenos escenarios, mecánicas interesantes, personajes simpáticos, una banda sonora destacable y combates de jefes que pueden ser bastante divertidos, pero la narrativa no siempre proporciona suficiente impulso para conectar todos esos elementos.

Conclusíon

Duskfade es un juego que tiene buenas ideas y, sobre todo, mucho cariño por una clase de aventuras que ya no aparece con tanta frecuencia.

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Su mejor cara está en la exploración, los escenarios, la música y los enfrentamientos contra jefes. También funciona bien como experiencia accesible gracias a sus opciones de dificultad y a una estructura que permite volver sobre los niveles para encontrar lo que quedó pendiente.

Sus principales problemas están en la precisión de algunos controles, el retroceso constante para conseguir habilidades posteriores, los combates normales que pueden sentirse repetitivos y una narrativa que no siempre logra transmitir la emoción que busca.

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Aun así, hay algo genuino en Duskfade. No parece diseñado únicamente para convencer a los jugadores veteranos de que recuerden su infancia. También intenta presentarle a una nueva generación el tipo de aventura que marcó una época.

Por eso, la recomendación depende bastante de lo que busque cada jugador. Quienes disfruten de los plataformas 3D, la exploración, los mundos coloridos y las aventuras con espíritu clásico encontrarán suficientes motivos para darle una oportunidad. Los jugadores que busquen una historia especialmente profunda o un sistema de combate más sofisticado podrían encontrar sus limitaciones más evidentes.

Duskfade no alcanza siempre el nivel de sus referentes, pero tampoco necesita hacerlo para tener valor propio. Es una aventura independiente con encanto, buenas ideas y algunas decisiones que necesitan mayor pulido. Su mayor virtud es que no se avergüenza de ser un juego alegre, sencillo y profundamente influenciado por otra época.

Y quizás esa sea precisamente su mejor decisión: en lugar de intentar demostrar que los juegos de aquella generación eran mejores, simplemente recuerda por qué disfrutábamos tanto jugándolos.

Calificación Duskfade
Calificación Duskfade
volkgames

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