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Cabezote Los Informantes

Carlitos Páez, sobreviviente de la tragedia de Los Andes, relata su odisea de 72 días

La historia de Carlitos Páez, sobreviviente de la tragedia de Los Andes, es un relato conmovedor de coraje y resistencia. Comparte los días de angustia y desesperación que vivió junto a sus compañeros.

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Carlitos Páez es uno de los 16 jóvenes que regresó de la nieve, que estuvo con sus amigos 72 días con sus largas noches abandonados en las heladas montañas de Los Andes con una sola misión: sobrevivir y regresar a casa. Tuvieron que tomar decisiones tan difíciles como la de comer carne humana mientras se iban debilitando igual que sus esperanzas. Carlitos le contó a Los Informantes detalles de esta tragedia que marcó su vida, de las cicatrices que lleva con orgullo y de la película La Sociedad de la Nieve que lo conmovió hasta las lágrimas.

Era un chico malcriado, consentido, caprichoso, no servía para nada, fíjate que yo tenía 18 años cuando se cayó el avión, yo no sabía ni atarme los cordones de los zapatos, fue mi niñera la que me hizo la maleta para ir a ese viaje”. Él es Carlos Páez, uno de los 16 sobrevivientes del accidente aéreo del 72, en la Cordillera de los Andes.

Las imágenes en blanco y negro de la época son constancia de que esta catástrofe ocurrió hace mucho tiempo, aunque el interés del público permanece intacto. Un equipo de rugby de Montevideo consiguió el avión para volar hasta Santiago de Chile y jugar un partido, en vez de eso, los sobrevivientes terminaron a 4.000 metros de altura, en un sitio llamado El Valle de las Lágrimas, soportaron 71 noches de temperaturas bajo cero con ropa de primavera, sin comida y sin agua. “Este vaso de agua era oro en la cordillera, pero me acuerdo de que había una ventana del avión que había quedado en el suelo, que por el efecto brillante de la ventana cuando caía nieve se formaba agua y te tirabas como si fueras un animal a desesperadamente a tomar agua porque realmente fue lo que más sufrimos fue de sed mucho más que de hambre”.

Carlitos, como prefiere que lo llamen, no jugaba rugby como tantos de sus compañeros de avión, ese vuelo era para él un paseo de amigos, tenía una vida privilegiada de la que en un principio le costó soltarse: “una de las valijas que había quedado dentro del avión era la mía y la mitad son remedios, entonces yo preparaba un agua que le daba sabor, le ponía una cosa que se llamaba carqueja, la condimentaba para que tuviera algo de gusto porque el agua de nieve no tiene gusto”. A sus dos hijos les ha costado imaginarse a ese Carlitos de 18 años tan vulnerable, por eso hace unos años lo acompañaron al punto donde el avión se fragmentó en pedazos, cabalgaron dos días enteros para llegar a ese sitio de interés turístico, que en realidad es un camposanto, eso sí, no encontraron mucha nieve.

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Créeme que yo fui el que más rezó en la Cordillera, pero también créeme que rezando solamente de la Cordillera no se sale. En esa época creía en un Dios que me habían enseñado en el colegio, a mí me pasó un cuento que no lo hago nunca, una vez que tenía ganas de hacer mis necesidades tuve que salir del fuselaje y en una noche totalmente estrellada no hacía frío, yo estaba solo en la inmensidad mirando las estrellas y créeme que ahí sentí la presencia de Dios”.

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