Al sur de Bogotá, las montañas de residuos del relleno sanitario Doña Juana se han convertido en parte del paisaje de Mochuelo Alto, una vereda de la localidad de Ciudad Bolívar donde las familias campesinas siguen viviendo y trabajando a pocos metros del lugar en el que se disponen diariamente miles de toneladas de basura.
Desde hace décadas, la operación del relleno ha transformado el entorno de esta comunidad, que conserva sus actividades agrícolas y una historia ligada a la tierra, un bien por el que siguen luchando y abogando todos los días por conservar, al igual que sus tradiciones vinculadas al suelo. Allí, algunos habitantes han vivido toda su vida y recuerdan cuando, desde las ventanas de sus casas, podían observar gran parte de Bogotá.
El contraste entre el territorio rural y las montañas de residuos plantea una pregunta sobre el futuro de la disposición de basuras en la capital: ¿hasta cuándo podrá operar Doña Juana y qué alternativas existen para reducir la cantidad de desechos que terminan enterrados?
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Doña Juana, una montaña de residuos en el sur de Bogotá
Ubicado en Ciudad Bolívar, el relleno sanitario Doña Juana recibe los residuos que generan los habitantes de Bogotá y otros municipios de Cundinamarca. Su dimensión se aprecia especialmente desde el aire, donde se observan las áreas en las que se acumulan y compactan los desechos.
De acuerdo con Andrea Pérez, gerente de CGR, al lugar llegan alrededor de 6.500 toneladas de residuos al día. Esta cantidad puede aumentar durante temporadas como diciembre, cuando se registran picos cercanos a las 9.000 toneladas diarias, unas 2.500 toneladas por encima del promedio señalado.
El proceso consiste en distribuir y compactar los residuos en capas dentro de las áreas habilitadas para su disposición. La operación se repite conforme ingresan nuevas cargas, lo que contribuye a la formación de las grandes montañas que hoy dominan el paisaje. La altura de estas estructuras puede alcanzar los 2.999 metros. La acumulación de residuos no solo representa un desafío para la gestión de los desechos de la ciudad, sino que también ha modificado el entorno de las comunidades vecinas.
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Todo este proceso y las cifras que incrementan se ven traducidos en consecuencias para los vecinos del relleno sanitario, como los olores que emana el contenido hacia los alrededores.
Mochuelo Alto: una comunidad campesina que convive con el relleno
A unos 100 metros del relleno sanitario se encuentra Mochuelo Alto, una vereda en la que varias familias han construido su proyecto de vida. Sus habitantes mantienen una relación estrecha con el territorio y con las actividades agrícolas que históricamente han abastecido de alimentos a Bogotá. “Es nuestra vida, es nuestra tierra, nuestro territorio, nuestra dignidadm es nuestra tierra por la que se ha luchado tantos años”, reflexiona Brigitte Castiblanco.
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Para quienes han vivido allí durante décadas, el cambio del paisaje es uno de los aspectos más notorios. Alicia Suárez lleva 70 años en la zona, recuerda que antes podía observar buena parte de la capital desde su casa. “Se alcanzaba a ver Bogotá, todo lo que es Bogotá se veía sin asomarse a ninguno. Salía uno ahí y se veía todo lo de Bogotá, pero ahorita ya no vemos nada”, relató.
El hombre también destacó la importancia de la tradición agrícola de la vereda y el aporte de sus habitantes a la alimentación de la ciudad.
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“Nosotros lo que producimos para Bogotá era comida. Nosotros le enviamos toneladas de comida, lo que aquí nos produce la tierra”, recordó, sobre la actividad que desempeñaban aus abuelos.
Para la comunidad, el territorio no representa únicamente un lugar de residencia, sino también una parte de su identidad y de una historia familiar que se ha transmitido entre generaciones. A los cambios en la panorámica se suman los olores que, según los testimonios recogidos en el informe, generan preocupación entre algunos habitantes. Frente a esta situación, el operador aseguró que utiliza alternativas para mitigar los olores, entre ellas la aplicación de una mezcla a base de vinagre de arroz.
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¿Qué alternativas existen para prolongar la vida útil de Doña Juana?
El futuro del relleno también depende de las alternativas que se implementen para manejar los residuos que llegan diariamente. En este contexto, el operador trabaja en un proyecto que busca aprovechar parte de los desechos para producir combustible derivado de residuos, una alternativa que podría utilizarse en cementeras y otras industrias.
Según explicóPérez, la iniciativa contempla tratar 100 toneladas diarias mediante este proceso. El objetivo es aprovechar una parte de los residuos que actualmente terminan enterrados y contribuir a extender el tiempo de funcionamiento del relleno. “Esto nos va a dar una vida útil de 15, 16, 17 años”, afirmó el representante al referirse a las proyecciones del proyecto.
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La iniciativa se plantea en un momento en el que Doña Juana deberá renovar su licencia ambiental en menos de cuatro años, según la información expuesta en el informe televisivo. Sin embargo, el desafío de Bogotá va más allá de encontrar nuevos espacios para disponer sus basuras. También implica reducir la cantidad de residuos generados, fortalecer su aprovechamiento y desarrollar alternativas que disminuyan la presión sobre el relleno sanitario.
Mientras se definen esas soluciones, en Mochuelo Alto las familias campesinas continúan viviendo junto a las montañas de basura, en un territorio donde la actividad agrícola, la memoria de sus habitantes y el crecimiento de la ciudad se encuentran a pocos metros de distancia.
Informe especial de Mayra Tenorio*
María Paula Rodríguez Rozo
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