La calma que suele haber tras la tormenta aún no llega al departamento de Córdoba. Semanas después de que un aumento en las lluvias durante la primera semana de febrero sumergiera pueblos, veredas y barrios enteros bajo el agua, los habitantes de sectores como el corregimiento de Leticia y el barrio Las Palmas, en Montería, enfrentan una realidad marcada por los sedimentos, la pérdida total de sus bienes y un sentimiento de desolación que aumenta a medida que el nivel del agua desciende. Lo que antes eran hogares y cultivos, hoy son terrenos cubiertos de basura, escombros y un olor espeso que delata una crisis sanitaria en curso. Los Informantes visitó el lugar.El despertar en el barro: historias de pérdida totalEn Leticia, un corregimiento ubicado a unos 20 minutos de la capital cordobesa, la vida de familias como la de José y Marielis cambió drásticamente en cuestión de horas. José, cuyo rostro refleja el agotamiento de quien ha dejado de dormir por el miedo constante, relata cómo el agua arrasó con el sustento que habían construido durante años. La fuerza de la corriente no solo se llevó enseres domésticos, sino también sus animales y cosechas.“Me aferré tanto a ese aparatico y yo decía 'no, en ese momento salió la compañera, la cuñada con los niños, los niños llorando, gritando y uno con nervios y eso pero tratándose de ser fuerte también, uno recogían lo que podía recoger, sus gallinitas sus cuestiones, los animalitos'”, recuerda José al describir el momento en que intentó salvar su motocicleta mientras su familia evacuaba en medio del pánico.Al regresar a lo que queda de su vivienda, el panorama es desolador. Tras 11 años de convivencia, la pareja había logrado transformar un terreno de lonas y techos de zinc en una proyección de hogar más sólido, incluyendo un galpón de pollos para generar ingresos adicionales. Sin embargo, el agua alcanzó niveles que cubrieron camas y electrodomésticos, dejando tras de sí solo una estructura de madera y pilas de objetos inservibles. Según relata José: “lo que yo hice, el agua me lo arrasó prácticamente”.La pérdida de la tranquilidad tras las inundacionesMás allá de los daños materiales, la inundación ha dejado secuelas psicológicas profundas, especialmente en los menores de edad. En las zonas afectadas, el sonido del viento o la simple presencia de nubes grises dispara las alarmas en los niños, quienes asocian cualquier cambio climático con el desastre vivido en febrero. Muchos pasaron hasta 15 días refugiados en colegios mientras las lluvias no daban tregua, una experiencia que ha alterado su percepción de seguridad en el hogar.José explica que su hijo pregunta constantemente sobre el regreso del agua: “Papi ¿va a llover? ¿se va a crecer el barro otra vez?”. La gravedad del impacto emocional llevó al padre a buscar refugio para el niño en casa de un familiar en Montería, buscando alejarlo del escenario de la tragedia. Sobre la persistencia de este miedo, José reflexiona: “El niño está traumado, va a tocar llevarlo, que dure unos días por allá para que se le vaya pasando". Dijo. Pero la gravedad de la tragedia no se olvida de un día para otro.Emergencia sanitaria y abandono institucionalEn el barrio Las Palmas, el escenario no es más alentador. Javier, un estudiante de enfermería de 30 años, describe cómo las calles se han convertido en depósitos de desechos y aguas estancadas que emiten vapores insalubres. Las paredes de las casas aún conservan la mancha oscura que dejó el agua al subir casi un metro de altura, un recordatorio físico de los virus y bacterias que ahora respiran los habitantes.A pesar de la magnitud de la emergencia, los afectados denuncian que la intervención de las autoridades locales ha sido insuficiente. Aseguran que los propios vecinos tuvieron que pagar una maquinaria particular para remover la basura que bloqueaba sus frentes y generaba focos de infección. Javier señala la ironía de ver vallas electorales.El llamado a la administración municipal y departamental es urgente. Los residentes exigen que el censo se traduzca en ayudas reales para mitigar el riesgo sanitario y recuperar la dignidad de sus condiciones de vida. Javier insiste en la necesidad de presencia gubernamental: “Solicitando como que ayudas de parte del alcalde que aprovecho aquí y lo llamo que se acerque a este sector que todavía estamos padeciendo, al alcalde de Montería, también al gobernador, por favor acérquense por acá”.El impacto económico en el campo cordobésLas cifras de la Alcaldía de Montería confirman que la devastación en el sector rural es crítica, dado que la gran mayoría de los damnificados dependen directamente de la tierra para sobrevivir. Se estima que hay 45.803 hectáreas afectadas y la pérdida de 75.827 animales. El paisaje ha sido alterado de tal forma que los expertos consideran que la tierra tardará cerca de cinco años en recuperar su vigor y fertilidad.En las veredas, el agua destruyó cultivos de pancoger como yuca, plátano y cítricos, que constituían la seguridad alimentaria y el único ingreso de cientos de familias. Los testimonios desde el terreno describen la pérdida total de las cosechas: “Mire todo esos plátanos para allá todo todo destruido, allá de aquel lado era puro pura naranja, casi todos perdimos todas las cosechas así”.Vivir en alerta total tras el desastreLa situación en Córdoba se mantiene bajo una tensa vigilancia. A pesar de los días de sol, la población sabe que las causas de la inundación, que incluyen desviación de ríos y la falta de infraestructura técnica, no han sido resueltas. Muchos continúan durmiendo sobre colchones rescatados del lodo o en cambuches improvisados con palos y plásticos, compartiendo los pocos alimentos que logran intercambiar entre vecinos, como arroz, aceite y los escasos plátanos que quedaron en pie.La frustración es el sentimiento dominante entre quienes vieron sus hogares bajo el agua. Para muchos, la imagen de la evacuación sigue presente como un momento de impotencia absoluta. Así lo describe uno de los afectados: “fue un momento muy frustrante para todo el querer hacer y no poder al ver que nuestras casas en el agua y salir uno llorando”. Según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo, la recuperación de estas comunidades, que abarca desde la seguridad alimentaria hasta la infraestructura, podría demorar hasta dos años.
En abril de 2025, el reconocido biólogo molecular italiano Alessandro Coatti llegó a Santa Marta como parte de su recorrido por Colombia. Días después, entabló contacto con un hombre de la región a través de una aplicación de citas. Lo que comenzó como un encuentro casual terminó en tragedia. Las autoridades lograron reconstruir paso a paso los hechos que condujeron a su asesinato y posterior desmembramiento, un caso que derivó en la captura de ocho personas implicadas. Séptimo Día recopiló la información.Alessandro Coatti no era un turista convencional; se trataba de un científico con una trayectoria destacada. De acuerdo con Camilo George, secretario de Gobierno de Santa Marta: "Era un biólogo molecular, investigador, profesor, una hoja de vida brillante". El investigador, de 38 años y radicado en Londres, llegó a la capital del Magdalena tras recorrer Bolivia, Ecuador y varias ciudades de Colombia como Bogotá, Medellín y San Andrés.Su presencia en la región obedecía a intereses académicos específicos vinculados a la riqueza natural de la zona. George precisó que el italiano "había estado en Santa Marta, precisamente en el parque Tayrona, varios días investigando sobre la biodiversidad de ese lugar". Sin embargo, su labor científica se vio interrumpida de manera abrupta.Desaparición y macabro hallazgoLa investigación se activó el domingo 6 de abril de 2025, tras una llamada de alerta al comando de la Policía de Santa Marta. El coronel Jaime Ríos relató que recibieron información "donde nos orientan que en el sector continuo al estadio Sierra Nevada se ubica en una bolsa plástica partes de un cuerpo humano". Al llegar al lugar, el equipo de criminalística se enfrentó a una escena macabra.Una pista fundamental para la identificación del cuerpo fue un elemento que el cuerpo aún portaba. El coronel Ríos observó que la víctima "tenía en su brazo una manilla. Esa manilla identificaba el hotel donde estaba hospedado”. Con esa información, el CTI de la Fiscalía se desplazó al establecimiento en el centro de la ciudad.“En el hotel se estableció que se trataba de una persona que había llegado días antes a hospedarse y que era un ciudadano extranjero de nacionalidad italiana”, relató el investigador Heider Pérez.Fatal encuentro a través de una aplicación de citasLa reconstrucción de los últimos movimientos del biólogo fue posible gracias al análisis de cámaras de seguridad y redes sociales. Las grabaciones del día del crimen muestran al biólogo caminando por el centro de Santa Marta, vestido con un pantalón naranja y una camiseta. En el Parque de los Novios se produjo el encuentro con un hombre, una cita que inicialmente parecía amistosa y tras la cual ambos tomaron un taxi hacia un rumbo desconocido.Las autoridades determinaron que el contacto inicial se realizó a través de Grindr, una plataforma basada en geolocalización para la población LGBTIQ+. Ahí Coatti usaba el seudónimo ‘Hung 37’.El hombre que lo citó fue identificado como Uber Etilvio Torres, conocido como alias ‘Uber’. “Pasados 10 días ya teníamos capturado a una de las personas y comienza a orientar cuál fue su papel dentro de esa situación tan lamentable que sufrió este extranjero”, afirmaron las autoridades.Uber, fue el primer eslabón de una cadena delictiva conformada por seis hombres y una mujer. Tras el encuentro, el biólogo fue llevado a un lote ubicado en el barrio El Pando, al sur de la ciudad.Tortura y víctima de un paseo millonarioPara los investigadores, el italiano Alessandro Coatti fue víctima del conocido paseo millonario. Según establecieron, una vez en el lote del barrio El Pando, fue sometido a actos de violencia y tortura con el fin de “sacarle toda la información con respecto a las cuentas bancarias y obviamente que él suministrar las claves de las tarjetas".A diferencia de otras víctimas, según las autoridades, el científico opuso resistencia a las demandas de sus captores. “Cuando se vieron con la persona y el cuerpo del señor, lo que determinaron fue que no lo podían sacar completo del lugar y lo que hicieron fue desmembrarlo”, afirmaron.El reporte indicó que esta acción fue realizada entre ocho personas, quienes posteriormente usaron una motocicleta para distribuir los restos en puntos de la ciudad que carecían de videovigilancia.Pistas clave y los ocho capturados por el crimenA pesar del intento de ocultamiento, las pruebas técnicas fueron contundentes. En el allanamiento al lote en El Pando, el uso del reactivo permitió hallar rastros de sangre que coincidieron con el ADN de la víctima. Además, se recuperaron objetos personales como "la camisa con la que la víctima había salido del hotel", así como tarjetas y documentos de pagos en restaurantes.Además, la Policía estableció que los criminales comercializaron el teléfono celular de la víctima. Tras rastrear el dispositivo, confirmaron que estaba siendo utilizado en Santa Marta.Con estas evidencias, la Fiscalía procedió con la captura de los ocho involucrados. Durante la audiencia se les señaló por "homicidio, posterior descuartizamiento y intento de ocultamiento del cadáver, así como el el hurto de pertenencias". Actualmente, los ocho implicados permanecen en prisión a la espera de un juicio, mientras la familia del biólogo ha manifestado su deseo de no dar declaraciones adicionales sobre el suceso.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
Colombia vive uno de los mayores auges turísticos de su historia, pero para algunos visitantes el viaje termina en pesadilla al ser víctimas de delitos como el paseo millonario y engaños a través de aplicaciones de citas.Séptimo Día conoció el caso del extranjero Willem Kees, un ciudadano neerlandés de 45 años cuyo rastro se perdió en Barranquilla en agosto de 2021. Desde entonces, el paradero de la víctima sigue siendo un misterio que atormenta a su familia en Europa. El periodista Diego Guauque habló con dos de los implicados de su desaparición, quienes ofrecieron versiones encontradas sobre lo ocurrido esa noche.El inicio de lo que sería una aventura en BarranquillaWillem Kees, originario de Paises Bajos, decidió cambiar su vida en 2020. Tras vivir en España, donde administraba un bar en las Islas Canarias, se trasladó a la capital del Atlántico con la intención de invertir en propiedad raíz.Según el relato de su hermana, Hann Sas, el hombre vendió sus propiedades en Europa para radicarse en Barranquilla: "Él decidió vender su restaurante y también su casa en España". Allí, Kees adquirió una vivienda y 12 apartamentos pequeños para arrendar.Él estaba entusiasmado con el inicio de esta nueva aventura, pero en Europa sus familiares no compartían ese optimismo. "Nosotros le pedimos que no lo hiciera. Le dijimos: ‘¿En qué te vas a meter?'", recordó su hermana, al referirse a la percepción que tenían en los Países Bajos sobre la seguridad en el país.En Barranquilla, Willem Kees conoció a Giovanni José Gutiérrez, con quien inició una relación sentimental. Sin embargo, con el tiempo se volvió compleja debido al uso constante de aplicaciones de citas por parte de Kees para conocer a otras personas. Fue precisamente a través de una de estas plataformas como el neerlandés conoció a Kevin Peña Ramos, un joven que en ese momento tenía 21 años y que terminó conviviendo con él.La noche de la desaparición: habla señaladoEl 26 de agosto de 2021, Willem se encontraba reunido con Giovanni cuando recibió una llamada de Kevin Peña. Según relató Giovanni, el neerlandés salió apresuradamente en su vehículo tras atenderla. “Esa fue la última vez que yo lo vi”, aseguró.El equipo de Séptimo Día entrevistó a Kevin Peña Ramos desde la cárcel Modelo de Barranquilla, donde relató su versión de lo ocurrido esa madrugada. Según su testimonio, mientras se encontraban en la casa del neerlandés, fueron asaltados. "Estamos acostados, ingresan tres personas a la casa, yo lo levanto, le digo, 'Papi, hay gente en la casa.' Él lo que hace es que enciende la luz. Nos encañonaron", relató. El joven aseguró que fue golpeado y obligado a retirar dinero de las cuentas bancarias de su pareja.Sobre el paradero de Kees esa noche, Peña sostuvo que el extranjero fue secuestrado. “Se lo llevaron amarrado con una sábana y se lo llevaron en el carro", afirmó.Asimismo, aseguró que él permaneció retenido por uno de los delincuentes durante una semana y que luego fue trasladado a Cali para realizar más retiros con las tarjetas bancarias.Pruebas que lo contradicen según las autoridadesLa Fiscalía no creyó la versión de Kevin Peña Ramos y presentó pruebas que lo vinculaban directamente con un supuesto plan criminal. Las investigaciones revelaron que, apenas un mes después de la desaparición, Peña se encontraba en Medellín departiendo en hoteles de lujo y realizando compras de alto valor. Giovanni Gutiérrez, quien lo acompañó en ese viaje, declaró: "Él compró tiquetes y todo. Nos fuimos a Medellín, en primera clase".Además, se detectaron transferencias bancarias desde las cuentas de Willem Kees hacia Peña mientras el neerlandés seguía desaparecido. "Sí, pasó dos veces. Me llegó una de 7 millones de pesos y una me llegó de 5 millones", admitió Kevin al ser cuestionado sobre esos movimientos.Según las autoridades, otro elemento incriminatorio fue que Peña se hizo pasar por el extranjero para cobrar los arriendos de sus propiedades. Por ello, se ordenó la captura de Kevin Peña por los delitos de desaparición forzada en concurso heterogéneo con hurto por medios informáticos.Ante el peso de las pruebas, el sujeto aceptó los cargos y alcanzó un preacuerdo con la Fiscalía que redujo su condena a 15 años de prisión, tras colaborar con las autoridades y entregar los nombres de otros presuntos responsables de la desaparición.Por estos hechos, Luis Fernando Sánchez y Ricardo García Madariaga fueron condenados a 44 años y 6 meses de cárcel. En tanto, un cuarto implicado, Emilio Josué Madero Fernández, permanece prófugo.No obstante, frente a las cámaras de Séptimo Día, Kevin Peña reiteró su inocencia y aseguró que no tuvo participación en los hechos.Otro relato pone en duda los hechosLuis Fernando Sánchez, recluido en la cárcel de máxima seguridad La Tramacúa, en Valledupar, negó tener conocimiento sobre el paradero del cuerpo del neerlandés. Al ser consultado sobre quién conoce la verdad, Sánchez fue enfático: "Creo que la única persona que puede saber eso es el señor Kevin".Por su parte, Sánchez se declaró ajeno a los hechos ante las cámaras: "No tengo la manera de colaborarle, de darle ningún tipo de información, o sea, no tengo ni la más mínima información que pueda ayudar en el proceso".Al trasladar esta afirmación a Kevin Peña en la cárcel Modelo, este reaccionó señalando que "siguen en un acto para buscar perjudicarme más, para ellos quedar libres. O sea, ellos son delincuentes, yo no. La manera de ellos zafarse de todo es: 'vamos a inculpar a Kevin'". Al ser interrogado directamente sobre dónde está Willem, afirmó: "No sé. Porque si yo supiera, pues yo lo hubiese dicho desde el primer momento y no estaría aquí en este lugar".Una familia que busca respuestas tras seis años de incertidumbrePara Hann Sas y su familia en los Países Bajos, la falta de información es una tortura constante. La mujer hizo un llamado directo a quienes están tras las rejas. “Me gustaría decirle a Kevin que debería ser borrón y cuenta nueva consigo mismo contando simplemente la verdad de una vez. ¿Qué fue lo que pasó? ¿Por qué? ¿Por qué atacaron así a mi hermano entre cuatro hombres? Fue algo tan vil y tan injusto cuando mi hermano en realidad siempre fue bueno con Kevin”, relató.Debido a que el cuerpo de Willem Kees no ha sido hallado, la justicia colombiana no ha podido proferir condenas por homicidio, limitándose al cargo de desaparición forzada. Un abogado de este caso aseguró que los implicados se niegan a confesar el paradero de los restos para evitar un aumento en sus penas por el delito de homicidio agravado.Mientras tanto, la familia de la víctima continúa sumida en la incertidumbre sobre su paradero. "Es el sentimiento más espantoso que se puede tener, el no saber qué fue lo que pasó. Es verdaderamente inhumano que hayamos estado tanto tiempo en la incertidumbre", expresó Hann Sas, al resumir el dolor que ha enfrentado tras años de búsqueda.
Iván Cano, un joven de 25 años oriundo de Villavicencio, vive una situación que parece desafiar la lógica y genera indignación. Lo que comenzó como una prometedora oportunidad laboral en el exterior terminó convirtiéndose en una pesadilla legal y física en territorio mexicano. Cano, quien padece una enfermedad genética degenerativa, permanece recluido desde hace 11 meses en una prisión de Michoacán, señalado por las autoridades de integrar el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).Los hechos se remontan a mayo de 2025, cuando, ante la falta de empleo, el joven buscó alternativas a través de plataformas digitales. Los Informantes conoció su historia, habló con su familia y obtuvo de primera mano su testimonio desde el lugar donde permanece detenido, en su lucha por recuperar la libertad.Una oferta de empleo por redes sociales y el inicio de una pesadillaEl deseo de superación de Iván fue el motor de su viaje. A través de Facebook encontró una oferta laboral y envió su hoja de vida como técnico del SENA en instalación de redes de computador. Pocos días después, fue contactado por una empresa mexicana que estaba interesada en contratarlo.“Me dijo: ‘Mamá, si nos sale bien, yo voy a trabajar porque quiero a mi papá y a usted pagarles lo que ustedes han hecho por mí”, recordó Rubiela Hernández, de 68 años, madre de Iván.Con la bendición de su familia, Iván abordó un avión por primera vez en su vida. Hizo la ruta Bogotá-Cancún y, tras reportar su llegada, tomó una conexión hacia Guadalajara el 12 de mayo.Sin embargo, al salir del aeropuerto, la realidad laboral prometida se desvaneció. Fue interceptado por tres sujetos que lo obligaron a subir a una camioneta bajo amenazas de muerte. Desde ese momento, perdió contacto con su familia.Iván relató desde la prisión, a través de una videollamada y justo el día de su cumpleaños, cómo cambió todo tras su llegada al país azteca: “A mí me ofrecieron un empleo por una página, pero al llegar a Guadalajara todo cambió. Me acusan de haber pertenecido a un cartel de narcotráfico”.Secuestro, tortura y prisión en MichoacánTras su desaparición inicial, se supo que Iván fue llevado a un rancho en la sierra de Michoacán. Allí, sus captores intentaron obligarlo a realizar labores de espionaje cibernético, aprovechando sus estudios técnicos. Sin embargo, él no tenía formación en ese campo ni comprendía lo que estaba ocurriendo.Además, sus limitaciones físicas y cognitivas derivadas de su condición lo hicieron incapaz de cumplir con las exigencias. “Yo no pienso muy rápido. Yo soy un poco lento para todo, para sumar, para todo soy muy lento, soy muy demorado”, confesó el joven.Iván aseguró que fue golpeado y mantenido en cautiverio junto a otros secuestrados. Apenas 15 días después de haber ingresado a México, la Guardia Nacional realizó un operativo en el lugar tras la denuncia de un ciudadano venezolano que logró escapar. Durante el allanamiento, los delincuentes huyeron, pero Iván, incapaz de correr, permaneció en el sitio.La acusación formal de las autoridades mexicanas sostiene que el colombiano portaba un fusil de alto calibre y que confesó ser parte del CJNG. Iván desmintió tajantemente esta versión y afirmó que su supuesta confesión y las fotos con el arma fueron producto de la coacción y la tortura: “Pues el engaño consiste en que yo venía a hacer las cosas bien. Yo no soy un delincuente, yo no soy un hacker, de lo que me están acusando. Yo nunca he portado un arma”.Además, relató que, tras ser capturado, fue amarrado y amenazado por los agentes. Según su testimonio, le colocaron un arma y le tomaron una fotografía, imagen que hoy constituye el principal elemento de la acusación en su contra.El síndrome de Marfan: una condición física incompatible con la acusaciónEl aspecto más controvertido del caso es la condición médica del joven. Iván Cano padece el síndrome de Marfan, un trastorno genético incurable que afecta los huesos, los ojos, el corazón y los vasos sanguíneos. Esta patología lo hace extremadamente delgado y alto (mide 1,95 metros y pesaba 45 kilos al salir de Colombia), con extremidades muy largas y una fragilidad ósea severa.Su familia en Villavicencio insiste en que su estado físico hace imposible que realice actividades delictivas o de combate. “Los huesos son como de cristal, porque donde se le llegue a partir un hueso, hasta ahí llegó y no tiene capacidad para hacer fuerza”, explicó su madre basada en años de tratamientos médicos.“El síndrome de Marfan implica crecimiento en los huesos y daño también circular en la visión y daño en cierta parte del cerebro. Nunca he podido correr. Tengo estrabismo y fotofobia en el cual yo no puedo ver mucho la luz porque se me dificulta”, explicó Iván al describir su enfermedad.Camilo Cano, hermano mayor de Iván y quien mejor lo conoce, recuerda que eran apenas unos niños cuando la enfermedad empezó a manifestarse. Hoy, no puede hacer más que aferrarse a la esperanza de un milagro. “Todo este tiempo he guardado la esperanza de que él regrese. Quiero que él esté cerca y le pido a mi Dios que me lo entregue con salud”, dijo.El proceso judicial: una condena que podría llegar a los 20 añosActualmente, el joven colombiano enfrenta un proceso judicial presuntamente marcado por irregularidades, según lo ha señalado el cónsul de Colombia en México, Alfredo Molano, quien lo encontró en una condición de salud física y emocional muy delicada.“No nos parece coherente que un hombre con esa debilidad extrema, que un hombre que no podía mantenerse en pie esté cargando una metralleta y mucho menos nos imaginamos dispararla... Es evidente que Iván Cano no tiene condiciones para ser un combatiente de un cartel”, dijo el cónsul, quien advirtió que el proceso contra Iván está colmado de disparates.Iván tiene abogado de oficio y el fiscal que lo acusa le ha insistido que acepte responsabilidad para tener pena reducida. “Quieren a fuerza hacerme culpable y llegó de una manera como grotesta a decirme que yo tenía que aceptar la realidad. Que si me iba para el juicio, entonces me iban a duplicar la sentencia máxima, que es aproximadamente 20 años”, aseguró.En la cárcel donde Iván permanece recluido en Michoacán hay centenares de presuntos integrantes del cartel de Jalisco, el mismo grupo que lo habría amenazado de muerte. “'¿Tiene miedo?’ Que me vayan a matar o algo así”, expresó.Mientras tanto, en prisión, Iván intenta sobrevivir fabricando manillas que le generan ingresos mínimos para cubrir gastos básicos. Su madre, desde Villavicencio, hace un llamado desesperado a las autoridades colombianas y al presidente Gustavo Petro: “Yo sí le agradezco en el alma, señor presidente, de que me ayude a que mi hijo venga a Colombia sano y salvo. Puede preguntar y encontrará que mi hijo es un muchacho de bien, un muchacho sano. Le ruego que me ayude con mi hijo”.En las próximas semanas, Iván Cano deberá tomar una decisión crucial: ir a juicio o aceptar una sentencia anticipada. Su caso, además, se suma a una estadística en aumento de colombianos detenidos en México, que, según datos consulares, ha registrado un incremento alarmante en los últimos meses.Durante 2025, cerca de 300 colombianos fueron privados de la libertad. Y la tendencia continúa en 2026: entre enero y marzo ya se contabilizan 196 capturas, de las cuales 69 se han registrado solo en este mes. Una cifra que enciende las alertas y evidencia la magnitud del fenómeno.
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