En una celda de máxima seguridad en la cárcel de El Barne, en Boyacá, John Ferney Gómez Díaz, de 31 años, cumple una condena de 57 años por el feminicidio de Cindy Tatiana Herrera, de 17 años, y el homicidio agravado de Luis Alfonso Moreno, pareja de la madre de Cindy. Su testimonio, conocido por Diego Guauque en Séptimo Día en el 2023, es un retrato escalofriante de una tragedia.La historia de Cindy y John Ferney comenzó como muchas otras: con cartas, poemas y promesas de amor eterno, pero detrás de esa fachada romántica se escondía una relación marcada por la violencia, la manipulación y el acoso constante. Cindy, madre de dos hijos a los 17 años, compartía su vida con un hombre que terminó por arrebatarle la vida.Un amor adolescente que se tornó en pesadillaCindy y John Ferney se conocieron en 2012, cuando ella tenía apenas 14 años y él 19. Se enamoraron en el colegio, en Ciudad Bolívar, al sur de Bogotá. Al poco tiempo, Cindy quedó embarazada. Un año después, llegó el segundo hijo. A pesar de su corta edad, Cindy asumió la maternidad mientras intentaba continuar con su vida.Pero la relación no tardó en mostrar señales alarmantes. John Ferney era celoso, posesivo y violento. Según testimonios de la familia de Cindy, los episodios de agresión eran frecuentes y públicos. “Le pegaba enfrente de uno, no le importaba”, relató Gisela Cubillos, prima de la víctima.La hermana de Cindy, Mayerli Herrera, también recordó cómo él manipulaba y chantajeaba emocionalmente a la joven: “Sus celos eran totalmente agresivos, siempre era pellizcándola, pegándole. Hubo ocasiones que para que pudiera hablar con él se robaba a mi hermanito del colegio”.“Me escondía cerca de su casa”John Ferney admitió en entrevista con Séptimo Día que espiaba a Cindy constantemente. “Salía de pronto a estudiar y a veces pues no entraba, me devolvía a vigilar la casa o a mirar quién se acercaba, me escondía por ahí cerca de la casa o entraba muy suave, muy despacio a la casa, sin que ella se diera cuenta y me quedaba esperando a ver si pronto pasaba otro acontecimiento fuera de lo que ella me contaba”.También reconoció que le prohibía tener amigos hombres: “De pronto amigos hombres no me gusta que tuviera”. Su obsesión con la idea de perderla lo llevó a ejercer un control total sobre su vida. “No quería perderla, me daba rabia, de pronto llegar a verla con otro, a sentir que de pronto algún día iba a cambiar conmigo y se iba del lado mío”, dijo.La noche del crimen de Cindy HerreraEl 20 de octubre de 2015, John Ferney pasó más de cinco horas escondido entre las rocas cerca de la casa de la madre de Cindy, en el barrio El Paraíso, en Ciudad Bolívar. Había conseguido un revólver calibre 38 corto con tres tiros. Según su versión, vio a Cindy y a Luis Alfonso Moreno, pareja de la madre de ella, dándose un beso, lo que desató su furia.Cindy recibió dos disparos: uno en el brazo y otro en el costado, que le perforó los pulmones. Luis Alfonso, de 46 años, intentó auxiliarla, pero John Ferney también le disparó en la cabeza. Luis murió en el acto. Cindy llegó con signos vitales al hospital, pero falleció poco después.Se disfrazó para asistir al entierroTras el crimen, John Ferney huyó. Pasó la noche en casa de un amigo, escuchando las noticias y esperando, según dijo, que Cindy sobreviviera. Cuando se enteró del entierro, ideó un plan para asistir sin ser reconocido: “Me disfracé de un travesti. Llegué antes de que trajeran el féretro, entramos y nos hicimos allá detrás de una virgen”.Fue capturado días después, no por entregarse, sino porque unos conocidos lo delataron para cobrar la recompensa de $10 millones de pesos ofrecida por su captura.Los testimonios de la familia de Cindy revelan una vida marcada por el miedo. Aunque Cindy intentó separarse de John Ferney en varias ocasiones, él la acosaba constantemente. La violencia no era un secreto: era visible, cotidiana y sistemática. Cindy vivía con moretones, jalones, mordidas. Y, sin embargo, no logró escapar.La infancia del agresor no es excusaDurante la entrevista con Séptimo Día, John Ferney habló de su infancia y de la falta de afecto que vivió en sus primeros años de vida. Sin embargo, los expertos consultados por el programa fueron enfáticos en rechazar cualquier intento de justificar sus actos.“El pasado no tiene que justificar lo que él hizo y eso es muy importante tenerlo presente porque si fuese así pues las cárceles estuvieran vacías”, afirmó uno de los profesionales.Dos niños huérfanosEl feminicidio de Cindy no solo arrebató una vida joven, sino que dejó a dos niños sin su madre. John Ferney, su padre, está tras las rejas. La tragedia familiar es irreparable.
El nombre de José Ordóñez es sinónimo de humor para generaciones de colombianos que durante décadas se han reído con sus ocurrencias y chistes. Este reconocido humorista tiene diez récords mundiales; el más reciente lo logró en diciembre de 2014, cuando narró más de 9.600 chistes durante 86 horas seguidas. El éxito le trajo fama, dinero y reconocimiento. Sin embargo, detrás de ese personaje alegre se escondía un doloroso secreto que lo marcó para siempre.En el programa Los Informantes, José Ordóñez abrió su corazón y reveló los momentos más íntimos de su vida, en especial de su niñez: una infancia marcada por el dolor, la violencia y la ausencia de sus padres. Esta es la historia de un hombre que convirtió el humor en su refugio, pero que también tuvo que perderlo todo para reconstruirse desde cero.“Cuando yo me siento antes de ese récord, yo soy un desconocido, pero cuando me paro, alrededor estaba lleno de gente con banderas y un camión de bomberos esperándome para ir a recorrer Bogotá. Me empiezan a consignar, entran grandes cantidades de dinero, empiezo a llenar estadios, coliseos, teatros”, recordó sobre su momento de gloria y fama, que, según confesó, no supo cómo manejar.“Mira: estoy en una tarima con 44 millones de colombianos riéndose con los chistes de José Ordóñez y se apagan las luminarias, te vas para la casa y a los cuatro de tu casa los haces llorar”, confesó.Infancia marcada por el dolor y abandonoEl humorista, oriundo de Bucaramanga, creció en medio de las dificultades económicas y la soledad. Su padre, un latonero que apenas lograba sostener a la familia, tenía algo que José admiraba profundamente: su increíble capacidad para hacer reír.“Mi padre no llamaba la atención, no era importante ni para su familia ni para nadie. Era un latonero. Pero cuando se hacían fiestas en la casa, le decían: ‘Ordóñez, eche chistes’... La gente empezaba a entrar a la casa, el barrio entero se metía a escucharlo. Yo decía: ‘Ah, yo quiero ser como él’”, contó.Ver a su padre rodeado de personas que lo escuchaban contar chistes despertó en José Ordóñez la pasión por hacer reír, aunque después llegarían años de agobio y tristeza.Su vida dio un giro doloroso cuando su padre lo abandonó a los 16 años y, al mismo tiempo, sufrió el maltrato de su madre. Durante muchas noches esperó que su padre regresara, pero eso nunca ocurrió. Con el tiempo, José cayó en los mismos errores de él, una carga de la que, según admite, se arrepiente profundamente.“Yo no sabía cómo se ganaba la vida y cuando gané cometí un error: me convertí en una persona orgullosa y quería cobrarle la venganza a mi madre, a mi padre y a todos los que me humillaron... Y segundo, lo que mi padre me hizo cuando yo tenía 16 años, yo se lo hice a mi hija cuando tenía siete”, aseguró.Un doloroso secreto que guardó durante añosAunque le resulta difícil desprenderse de su faceta de humorista, José Ordóñez habló sin filtros sobre la dura infancia que lo marcó. Durante años guardó un doloroso secreto, uno que aún le cuesta pronunciar: a los 9 años fue víctima de abuso por parte de los hijos de una familia vecina.No se lo contó a nadie, ni siquiera a su madre. Sentía miedo, vergüenza, y durante años cargó con ese dolor, usándolo como excusa para justificar sus fracasos. “Cuando contaba todas mis tristezas, me iba a mi archivo de dolores para justificar la mediocridad. Hasta que un día, al acercarme a Dios, me di cuenta que él siempre estuvo en cada espacio y que cada cosa que yo viví se me volvió una causa”, dijo.Ese dolor terminó convirtiéndose en una causa para ayudar a otros. “Yo puedo entender el niño de la calle, puedo entender el niño maltratado, porque puedo entender las personas que fueron víctimas de violencia sexual cuando eran niños. Yo las entiendo, yo conozco sus vacíos porque yo estuve ahí”, contó.El éxito y las grietas en su familiaDesde muy joven Ordóñez comenzó a contar chistes en emisoras locales hasta convertirse en un fenómeno nacional del humor. Sus maratones de chistes lo hicieron llenar teatros y tener contratos millonarios.Sin embargo, detrás del éxito se escondía un alto costo. José Ordóñez dejó atrás todo lo que había construido con esfuerzo: le fue infiel a su esposa y abandonó a su hija de 7 años. “Volví trizas mi hogar, la vida de mis hijos, fue todo... Me olvidé de ser esposo y de ser papá”, confesó en medio de lágrimas.En 1997 regresó a Bucaramanga con el propósito de reconquistar el corazón de su esposa. Aunque no fue un camino fácil, poco a poco logró reconstruir las piezas de una vida que estaba destrozada. “Eso fue hermosamente duro, porque fue muy complicado... Recuperé a mi esposa y me quebré. Fue tan grande mi amor por Dios que me subí a los buses a predicar. Ya no me llamaban a hacer presentaciones. Se cierra el programa y tuve que empezar de cero”, reveló.Volvió a reescribir su historiaHoy vive en una finca en Piedecuesta, Santander, junto a su esposa, sus cuatro hijos, seis nietos, tres perros y cinco pájaros. Allí, entre montañas, encontró la paz y logró sanar sus heridas. Además, se convirtió en pastor cristiano y decidió reescribir su historia.“Yo no busqué ser pastor, yo solo empecé abrí la boca y lo empecé a hablar en tono de humor porque no puedo desligarme de lo que soy... Además, encontré que sigo siendo el mismo comediante, pero que ahora tiene un poquito de pastor que quiere dar un mensaje en cada show y decirle: ‘Luche por su hogar, luche por su matrimonio, perdone a su mamá, perdone a su papá’”, expresó.José Ordóñez está reconciliado con su pasado y orgulloso de lo que es y tiene ahora. “Yo soy alguien que quiso cambiar el destino de sus generaciones. Soy un pivote, un eje. Quiero ser un antes y un después. Quiero que a partir de mí mis generaciones cuenten una historia distinta”, concluyó.
El exfutbolista Fredy Guarín, recordado por su paso en clubes como Porto, Inter de Milán y Shanghái Shenhua, ha mantenido a su comunidad de seguidores atenta a su proceso de rehabilitación tras haber atravesado duros momentos en los que, según confesó en Los Informantes, perdió el rumbo a causa del alcohol.Tras un año y tres meses en proceso de recuperación, el exfutbolista compartió recientemente una publicación en sus redes sociales en la que recorrió y recordó el lugar al que llegó “derrotado” por la adicción. “Por esa puerta un día crucé derrotado, sin saber qué me esperaba. Y cada vez que vengo la vuelvo a cruzar con gratitud en mi corazón, porque aquí encontré un hogar lleno de amor, paz y bondad”, escribió el exmediocampista en un emotivo mensaje.Guarín no solo evocó su camino hacia la recuperación, sino también el acompañamiento que recibió en la Fundación Caminando Hacia La Luz, donde inició su proceso de redención de la mano de Lily Rodríguez, su antigua profesora de colegio, quien lo apoyó desde la clínica de rehabilitación que lidera.“Llegamos derrotados, no sabía qué iba a pasar”A través de su cuenta personal, el exfutbolista compartió un video en el que se le ve recorriendo las instalaciones de aquel lugar que, según sus propias palabras, “le dio la oportunidad de volver a vivir”.Con evidente alegría, mostró cada uno de los salones e incluso a los profesores que hicieron parte de su proceso de rehabilitación. Uno de los momentos que más lo conmovió ocurrió cuando descubrió en una de las paredes un mural con su imagen. “Yo estaba muy nervioso, no sabía qué me esperaba… Me mostraron esa foto, la habían pintado dos años antes de que yo llegara. Eso fue algo que me impresionó”, relató.Asimismo, manifestó que la fundación le ha permitido expresarse, transformarse en una mejor persona y brindar apoyo a quienes atraviesan situaciones similares. “La recuperación me ha dado autoestima y la capacidad de hablar mirando a los ojos”, aseguró.En su mensaje también destacó la importancia de la fe en este proceso: “Dios me mostró que la recuperación es posible, que sí se puede volver a levantarse y que cuando todo se pone en sus manos, la vida se transforma”, escribió.Del éxito al abismo del alcoholEn noviembre de 2024, Fredy Guarín abrió su corazón en Los Informantes y, entre lágrimas, le confesó a la Nena Arrázola uno de los capítulos más oscuros de su vida, marcados por el alcoholismo, la depresión y los excesos. Sin embargo, también habló de la esperanza que hoy lo mantiene en pie: sus hijos y su firme lucha por salir adelante.Guarín fue considerado uno de los futbolistas colombianos más talentosos de su generación. Debutó muy joven en el Atlético Huila, se consolidó en Envigado y más tarde pasó a Boca Juniors de Argentina. Su carrera lo llevó luego a Europa, donde vistió las camisetas del Saint-Étienne de Francia, el Porto de Portugal y el Inter de Milán.En el Porto compartió vestuario con figuras como Falcao García y James Rodríguez. Allí brilló y conquistó títulos que lo consolidaron en el panorama internacional. Más tarde, en el Inter, su nombre se convirtió en sinónimo de potencia y goles.No obstante, la fama y el éxito escondían una sombra cada vez más difícil de manejar. “Empecé a ganar mi nombre en Italia. Ya empezó un poco el tema fuera del campo y empezó a hacer silencio el estadio. Yo lo manejaba muy bien, me emborrachaba dos días antes del partido y yo llegaba y funcionaba, ganábamos, hacía uno o dos goles”, reveló Fredy Guarín, quien creía que manejaba sin problema esa adicción y que, según él, era resultado de su “cargo de conciencia”.El exmediocampista llegó a creer que tenía el control de su vida, pero su rutina era insostenible: jugaba y tomaba, tomaba y jugaba. El dinero, las fiestas y los lujos lo hicieron pensar que podía con todo. “Yo no tenía noción de la plata, o sea, yo ganaba mucho dinero...Me degeneré alcohólicamente del todo”, confesó.El día que tocó fondoEl alcohol lo fue alejando poco a poco de su familia, de sus hijos y de su carrera. En Brasil, durante la pandemia, la soledad y la depresión lo sumieron en una rutina autodestructiva. “’¿Cuántas cervezas te podías tomar?’ 50, 60, 70 en una noche”, aseguró.“Me abandoné por completo, borracho me iba a buscar peligro, buscar adrenalina, a ver armas, movimiento, yo no media riesgo de nada”, agregó.Fredy Guarín había tocado un límite donde pedía a gritos regresar a Colombia, pero los vuelos humanitarios eran escasos. “Fueron días pesados, me la pasé borracho 10 días por completo, me quedaba dormido del cansancio y me levantaba con una cerveza al lado”.Uno de los episodios más estremecedores ocurrió en Brasil, cuando, en medio de un estado de inconsciencia, intentó lanzarse desde un piso 17. Una malla de seguridad evitó la tragedia. “Había una malla, salté y me devolvió, yo obviamente inconsciente de lo que estaba haciendo, yo no sé qué pasó”, dijo.Su vida tocó fondo cuando, al regresar a Colombia, tuvo que enfrentar una prueba aún más difícil. Se difundió un polémico video en el que aparecía esposado, con el rostro ensangrentado y en evidente estado de embriaguez, mientras salía de la casa de sus padres. Esas imágenes, aseguró, lo marcaron para siempre.Un nuevo camino hacia la rehabilitaciónEn medio de las polémicas, Fredy Guarín buscó ayuda. Se reencontró con Lily Rodríguez quien, sin reproches, lo acompañó en su proceso de sanación. Con un mantra de “vivir un día a la vez”, es consciente de que cada día sobrio es un triunfo personal.Desde entonces, Guarín ha mostrado abiertamente su proceso de recuperación y se ha dedicado a inspirar a otros que atraviesan batallas similares. A través de sus redes sociales comparte su día a día, los avances alcanzados y los aprendizajes que le ha dejado este camino, con el propósito de demostrar que siempre es posible levantarse y empezar de nuevo.“Este es un propósito que Dios está poniendo en nosotros, que sé que va a llegar a muchos rincones del mundo, va a tocar muchos corazones y de seguro va a salvar vidas”, concluyó.La historia de Fredy Guarín no solo es la de un futbolista que conquistó títulos en Europa, sino la de un hombre que estuvo al borde del abismo y encontró la fuerza para volver a levantarse.
Juanes, uno de los artistas más influyentes de la música latina, reveló detalles impactantes de una de las historias más dolorosas de su vida: la tragedia de su hermana Luz Cecilia, quien permaneció en coma durante 27 años tras una hemorragia interna sufrida durante el parto. En una reciente conversación íntima en el podcast chileno Más que titulares y en una entrevista con Los Informantes en el 2021, el cantante reveló cómo este episodio transformó su vida, su familia y su música.Era 1992 y Juanes, cuyo nombre de nacimiento es Juan Esteban Aristizábal Vásquez, esperaba con alegría el nacimiento de su sobrina. La bebé, Mariana, nació sana, pero su madre, Luz Cecilia, sufrió una hemorragia interna que la dejó en estado de coma. Tenía apenas 28 años.“Durísimo, eso es lo más duro que te puedas imaginar, cuando entró a la habitación de mi hermana, ella no está, todo apagado y mi tía y mi mamá sentadas, como llorando, y yo ¿qué pasó? ‘Que tiene una hemorragia’”, recordó el artista en Los Informantes.Desde ese momento, la vida de la familia Aristizábal Vásquez cambió para siempre. La música, que era parte esencial del hogar, se apagó. La tragedia dejó una huella imborrable que desde entonces los marcó.Un limbo que se prolongó por 27 añosDurante casi tres décadas, Luz Cecilia permaneció en un estado vegetativo permanente. “Desde ese momento que nació Mariana, mi sobrina, hasta que ella falleció, fueron 27 años sin saber nada, ella nunca regresó”, relató Juanes.El 4 de noviembre de 1992, el tiempo se detuvo para Luz Cecilia. “No había O negativo en ese momento para la hemorragia que tenía que tratarse, en el hospital no había suficiente y perdió oxígeno”, explicó el cantante.Las ironías de la vida, nació Mariana, una bebé bella y sana que llenó de consuelo a la familia, mientras que la vida Luz se detuvo en un diagnóstico triste de un estado vegetativo permanente y se convirtió con el paso de los años en un larguísimo duelo que no terminaba jamás.Los días pasaban idénticos y luego los años y nada, Luz Cecilia nunca mejoró. Aunque su cuerpo seguía con vida, su mente estaba desconectada. “Es muy loco porque la persona está ahí, pero tú no sabes si está. Está en una cama, abre los ojos, reacciona a ciertos sonidos, pero no hay conexión de ningún tipo”, dijo en el podcast.El duelo que no terminabaLa familia vivió un duelo prolongado, lleno de esperanza y dolor. “Intentamos todo, todo lo que había posible al alcance, todo lo intentamos”, contó Juanes. Su madre, doña Alicia, y sus tías cuidaron de Luz Cecilia con devoción, aferradas a la esperanza de un milagro.La ilusión de que algún despertara nunca se apagó y señaló que desconectar a su hermana siempre fue una opción impensable en el hogar, motivados principalmente por la fe católica. “No, ese era un tema intocable en la casa, pero si hablamos de eso en este momento, yo sí creo que es importante que, si vos tienes un accidente muy grave y estás en esa situación, no vale la pena que te quedes en una cama por años”, añadió.“Ahí comienza una historia demasiado larga, después fallece mi papá, de cáncer de próstata y de tristeza, yo creo. Mi mamá me dijo ‘la única vez que yo vi a tu papá llorando fue cuando se enfermó Luz’”, recordó.El artista siempre recordó a su hermana por las cualidades que siempre la caracterizaron: “Le iba demasiado bien en el colegio, en la universidad. Era muy seria, reservada, pero muy cariñosa”, dijo.Durante esos años, la vida de Juanes siguió su curso. Su carrera despegó, grabó diez álbumes de estudio, se convirtió en un ícono de la música latina, ganó veintisiete Grammy Latinos, entre otros reconocimientos y recorrió el mundo, pero el dolor por el estado de salud de su hermana siempre lo acompañó.La música como refugio para su dolorJuanes encontró en la música un refugio para sobrellevar el dolor. Creció en una familia musical en Medellín, donde aprendió a tocar la guitarra desde niño, influenciado por sus hermanos. Las tardes en casa estaban llenas de canciones populares latinoamericanas, un recuerdo que siempre lo acompaña.“Una historia que moldeó mi vida, mi familia, mi música y mi todo, no solamente a mí, sino a todos mis hermanos”, dijo en el podcast sobre la tragedia que vivieron. “Nosotros fuimos una familia feliz hasta ese momento”.A pesar del éxito, el artista atravesó momentos oscuros. En varias entrevistas ha hablado de su lucha contra la depresión, el alcoholismo y el vacío emocional. La tragedia familiar fue una carga silenciosa que lo acompañó durante años.El descanso final de su hermanaEn 2019, Luz Cecilia falleció a los 55 años. Su partida fue un momento de profundo dolor, pero también de liberación para la familia. “Fue muy triste y loco al mismo tiempo sentir que ya ella falleció y que todos descansamos”, confesó Juanes.Después de tantos años de incertidumbre, la familia pudo cerrar un ciclo. “La vida no es fácil para nadie”, reflexionó el cantante. “Cada persona lleva una cruz, lleva un lío en su familia, lleva algo. Siempre todo el mundo lleva algo”.Durante mucho tiempo, Juanes evitó hablar públicamente de esta historia. Era un dolor íntimo, una herida familiar que prefería mantener en silencio. Pero ahora, al compartirla, busca conectar con quienes también han vivido pérdidas profundas.“Hay que aprender a vivir con las cosas”, dijo. “A medida que la vida va pasando y voy conociendo gente digo que todo el mundo tiene una cruz tenaz. Nosotros hemos tenido esta situación, pero cada familia, cada ser humano tiene sus problemas”.Aunque Luz Cecilia no pudo ver el éxito de su hermano ni compartir con su hija Mariana, su historia vive en la memoria de su familia que la cuidó hasta el último día.Juanes, con su música y sus palabras, ha encontrado una forma de rendirle homenaje. Recientemente, el artista paisa lanzó la canción Cuando estemos tú y yo.
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