El consumo de vapeadores ha dejado de verse como una tendencia inofensiva para convertirse en una creciente preocupación de salud pública en Colombia. Aunque se promocionan como alternativas menos riesgosas que el cigarrillo tradicional, la comunidad científica y médica ha emitido alertas contundentes sobre sus componentes químicos y los daños severos que pueden provocar en el organismo de adolescentes y jóvenes.Diego Guauque, periodista de Séptimo Día, habló con médicos y especialistas sobre esta tendencia cada vez más arraigada entre los jóvenes. Lo que encontró sobre estas sustancias resulta impactante, ya que se ha evidenciado que pueden ser altamente nocivas y generar afecciones graves que, en casos extremos, pueden resultar fatales.Los riesgos químicos ocultos tras el vaporLos análisis realizados en laboratorios de alta complejidad han desmitificado la idea de que los vapeadores solo emiten vapor de agua con saborizantes. Elsa Fonseca, química y directora del laboratorio de alta complejidad de la Universidad de La Salle, tras analizar el contenido líquido de estos dispositivos, identificó elementos peligrosos: "Podemos ver el pireno y el naftaleno, estos compuestos son reconocidos cancerígenos. También dentro del vapeador está el propilenglicol que forma otros compuestos volátiles como la acrilamida, también altamente cancerígenos". Según la experta, el aerosol generado no solo transporta nicotina, sino también metales pesados que se “volatilizan” al calentarse la resistencia.Además, enfatizó que entre los seis o siete componentes que se hallaron dentro de un vapeador común que se vende en las calles de Bogotá, no solo hay componentes que pueden causar cáncer, también habló de posibles daños al cerebro, daños fetales en casos de mujeres embarazadas.La toxicidad de estos aparatos se extiende a otros sistemas del cuerpo debido a la presencia de elementos metálicos. El químico Jhon Eric Rivera señaló que en los dispositivos se encontraron rastros de sustancias que afectan directamente el sistema nervioso. “Se encontraron diferentes metales pesados como mercurio, plomo, cadmio cromo y antimonio. Muchos de ellos causan neurotoxicidad, lo que quiere decir que pueden inducir cáncer en sistema nervioso central particularmente el cerebro y también enfermedades neurodegenerativas como el Parkinson". Estos hallazgos refuerzan la postura de que "el cigarrillo electrónico puede ser igual o más dañino que el tradicional".El impacto en la salud pulmonar y el riesgo de cáncerDesde la perspectiva médica, el impacto en los pulmones de los jóvenes es inmediato y agresivo. Germán Díaz Santos, neumólogo del Instituto Nacional de Cancerología, explicó que la relación entre estos dispositivos y las neoplasias es una realidad clínica. El especialista advirtió: "El cáncer se está relacionando con los vapeadores porque son lo mismo que el cigarrillo tradicional, tienen los mismos efectos sobre el pulmón y las células. Cada vez se está viendo más cáncer asociado a estos dispositivos, cáncer de lengua, de toda la orofaringe, de pulmón y próstata". El temor de los expertos radica en un incremento exponencial de estos diagnósticos debido al inicio temprano del consumo.Además del cáncer, el uso de vapeadores está asociado a la aparición de enfermedades agudas como la lesión pulmonar asociada al uso de productos de vapeo (EVALI). Los médicos han observado cómo los pulmones de pacientes jóvenes se inflaman hasta perder su capacidad funcional. Claudia Patricia Díaz, neumóloga, subrayó que los daños observados son alarmantes: “Los daños más a largo plazo todavía no los estamos viendo. Será cuestión de tiempo para darnos cuenta de qué pasa a largo plazo, pero vemos daños tan tempranamente que nos hace ser más agresivos en cuanto a desmitificar que vapear es inofensivo... Son tantos los daños que tiene esto que obviamente nos hace ver como una gran amenaza y podríamos decir en algunos momentos puede ser hasta peor que el consumo de cigarrillo”.Además, la nicotina presente en estos productos también genera una dependencia química que afecta el desarrollo cognitivo de los menores.Deportista de 19 años murió por uso del vapeadorJuan Manuel Parra era una promesa de la lucha olímpica en Manizales, un joven de 19 años cuya vida giraba en torno al deporte desde que tenía 2 años. A pesar de haber nacido con asma, la práctica deportiva constante le permitió fortalecer sus pulmones y abandonar el inhalador. Sin embargo, a los 16 años comenzó a vapear a escondidas de sus padres, utilizando el dispositivo bajo la falsa premisa de que le ayudaba a manejar el estrés y la ansiedad.Su padre y entrenador, Juan de Dios Parra, recordó que el joven ocultaba el artefacto en su morral y, al ser descubierto, minimizaba el riesgo diciendo: "No papá, yo lo dejo ahí, tranquilo que yo no consumo eso".La salud del joven deportista comenzó a deteriorarse en marzo de 2025, cuando manifestó un persistente dolor en el costado derecho de la espalda. Aunque inicialmente los médicos atribuyeron la molestia a una inflamación propia del entrenamiento de lucha, los síntomas empeoraron hasta que Juan Manuel no pudo sostener su propia cabeza.Tras insistencias de sus padres, una ecografía reveló la presencia de un edema pulmonar provocado por la acumulación de un líquido químico no natural para su edad."Le detectaron un líquido, como un químico que no es normal que un deportista o una persona de esa edad tenga en su cuerpo. Le hicieron exámenes y dijeron que tenía un edema pulmonar", relató su padre en Séptimo Día.El desenlace fue devastador; el 10 de junio de 2025, el joven debió ser sometido a un coma inducido y conectado a ventilación mecánica porque sus pulmones dejaron de funcionar. Juan Manuel Parra, de 19 años, ya no podía respirar y, tras dos días intubado, sufrió un paro cardíaco. “Los médicos llevaban 25 minutos en reanimación, pero que si en dos minutos no lo podían reanimar, él moría neurológicamente y quedaba como un vegetal”.El deportista falleció el 12 de junio. Para su padre, no existen dudas sobre la causa de la muerte: "Mi hijo falleció producto de una enfermedad pulmonar por el uso del vaper".Fallas en la regulaciónA pesar de que en Colombia existe legislación que prohíbe la venta de vapeadores a menores de edad, en las calles persiste la falta de control. Pruebas del equipo de Séptimo Día, realizadas con cámaras ocultas, evidenciaron que menores pueden comprarlos con facilidad en tiendas de barrio, cadenas reconocidas y plataformas de domicilios, sin verificación de identidad.Ante esta evidencia, Juan Carlos Restrepo, presidente de Alterpro, admitió: "Claramente hay una falla en el control, hay una falla en la aplicación de las reglas y de las normas y eso tendrá consecuencias".La industria reconoce que la nicotina es una sustancia que genera dependencia y que el sistema cognitivo en formación de los jóvenes no debería estar expuesto a ella. El reto, advierten, es fortalecer la prevención, la regulación y la información para evitar que una generación pague las consecuencias de un hábito que muchos todavía consideran inofensivo.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
El vapeador se ha convertido en un artefacto cada vez más común entre la población colombiana y, más preocupante aún, entre los menores de edad. Se ha vendido como un cigarrillo electrónico mucho menos peligroso para la salud que un cigarrillo tradicional, pero recientes análisis y casos particulares en Colombia, han demostrado que vapear no es inofensivo y que puede llevar a enfermedades graves e incluso a la muerte.Séptimo Día conoció la historia de un joven deportista colombiano que murió, según sus familiares, por el uso del vaper. Además, habló con médicos, químicos, autoridades y expertos sobre las verdaderas consecuencias de este cigarrillo aparentemente inofensivo que en el mercado es comercializado sin advertencias y con un gran atractivo por sus presentaciones y sabores.Joven deportista falleció por uso del vapeadorJuan Manuel Parra, hijo de Juan de Dios Parra, no solo estaba conectado a su padre por nombre y sangre, también por su amor por la lucha. Como luchador profesional, Juan de Dios había transmitido este deporte a su hijo desde que tenía 2 años y para cuando tenía 12 su hijo ya era una gran figura en la lucha olímpica en Manizales.El niño, que nació en 2006, presentó una complicación por asma desde su nacimiento. Sin embargo, gracias al deporte logró superarlo. “Producto del deporte él se va mejorando bastante, sus pulmones, sus brazos y piernas se van fortaleciendo y abandona el inhalador porque ya no lo necesitaba”. Con el paso de los años, Juan Manuel empezó a destacarse en todos los torneos en los que participaba a nivel nacional e internacional, además de irse proyectando para participar próximamente en unos Juegos Olímpicos. En todo ese camino estuvo acompañado por su padre, quien también era su entrenador.A los 19 años, el joven deportista le manifestó a su papá que sentía una molestia en el costado derecho de la espalda. “Como en el deporte de la lucha se aprieta, yo dije de pronto es un apretón o algún compañero entrenando lo forzó mucho y se fracturó. Vamos al médico y nos dicen que no tenía nada, que era una inflamación del deporte, que todo estaba muy bien”.A pesar de que los médicos no detectaron nada malo en el cuerpo de Juan Manuel, el joven se seguía quejando y su padre empezó a notar algunos cambios importantes. “Se me quedaba en el entreno, ya no aguantaba todo el entreno”. Después de varias visitas a la clínica en las que siempre les decían que todo estaba bien, en marzo de 2025, el joven de 19 años llama a su padre desesperado pidiendo ayuda a causa de este fuerte dolor. Nuevamente los médicos determinaron que no pasaba nada con el joven.Sin embargo, en esta ocasión los padres reclamaron a los médicos que lo revisaran bien, pues Juan Manuel casi no podía sostener su cabeza. Atendiendo el llamado de los padres, decidieron realizarle una ecografía en el pulmón. “Le detectaron un líquido, como un químico que no es normal que un deportista o una persona de esa edad tenga en su cuerpo. Le hicieron exámenes y dijeron que tenía un edema pulmonar”.El edema pulmonar es una acumulación de líquido en los pulmones que impide que el oxígeno llegue a la sangre y que el cuerpo reciba el aire que necesita. En medio de la preocupación por el estado de su hijo, Juan de Dios no entendía cómo había ocurrido esto, considerando que el joven era un deportista de alto rendimiento que se cuidaba en todos los ámbitos. En ese momento, recordó un problema que tuvo con su hijo años atrás, cuando tenía entre 16 y 17 años y le encontró un vapeador en la maleta. “Él me decía: ‘no papá, yo lo dejo ahí, tranquilo que yo no consumo eso’. Pero no, lo dejaba cuando ya estaba vacío, cuando lo había consumido todo”.Juan de Dios señaló que, aunque corrigió a su hijo, tampoco pensaba que el vapeador fuera peligroso, además que su hijo le dijo que lo usaba para calmar el estrés y la ansiedad. Todo parecía indicar que durante esos años el joven lo había seguido usando a escondidas de sus padres, hasta que sus complicaciones pulmonares se hicieron presentes.El 10 de junio de 2025 los galenos le informaron a los padres de Juan Manuel que debían ponerlo en coma inducido y tenían que intubarlo y ponerle ventilador, ya que su pulmón por sí solo no iba a seguir funcionando. El joven de 19 años ya no podía respirar y, tras dos días intubado, sufrió un paro cardíaco. “Los médicos llevaban 25 minutos en reanimación, pero que si en dos minutos no lo podían reanimar, él moría neurológicamente y quedaba como un vegetal”.La vida prometedora de Juan Manuel terminó a sus 19 años, el 12 de junio de 2025. Para Juan de Dios Parra no existe ninguna duda, su hijo murió “por una enfermedad pulmonar por el uso del vaper”.¿Qué componentes cancerígenos tienen los vapeadores?En el laboratorio químico de la Universidad de La Salle, en Bogotá, la química y directora del laboratorio de alta complejidad, Elsa Fonseca analizó los componentes que están dentro de los vapeadores para Séptimo Día. “Podemos ver el pireno y el naftaleno, estos compuestos son reconocidos cancerígenos. También dentro del vapeador está el propilenglicol que forma otros compuestos volátiles como la acrilamida, también altamente cancerígenos”.La química detalló que entre los seis o siete componentes que se hallaron dentro de un vapeador común que se vende en las calles de Bogotá, no solo hay componentes que pueden causar cáncer. También habló de posibles daños al cerebro, daños fetales en casos de mujeres embarazadas. Por otro lado, también hallaron metales como mercurio, plomo, cromo, entre otros, que pueden causar neurotoxicidad.Con estos resultados en mente, la química Elsa Fonseca señaló que "el cigarrillo electrónico puede ser igual o más dañino que el tradicional”. El neumólogo Germán Díaz Santos, del instituto nacional de cancerología también señaló que "el cáncer se está relacionando con los vapeadores porque son lo mismo que el cigarrillo tradicional, tienen los mismos efectos sobre el pulmón y las células. Cada vez se está viendo más cáncer asociado a estos dispositivos, cáncer de lengua, de toda la orofaringe, de pulmón y próstata. Tememos que haya un gran incremento debido al consumo de cigarrillos electrónicos en el país".Es por esto que Natalia López Delgado, secretaria de Salud de Medellín, quien en 2025 firmó una resolución que reglamenta que en colegios, jardines y universidades se prohíba el consumo de vapeadores y cigarrillos electrónicos, así como la comercialización y promoción de estos elementos. "Aquí en Antioquia en 2023, por ejemplo, cerca del 40% de los escolares han probado los vapeadores", aseguró la funcionaría y agregó que "la edad promedio de inicio de consumo está por los 14 años en nuestra ciudad".
Durante muchos años lo que ocurría dentro de las calles y casas del Bronx era considerado una leyenda urbana. Decían que eran historias posiblemente exageradas y causadas por las sustancias que las personas consumían en ese lugar de Bogotá. No fue sino hasta que las autoridades intervinieron y desmontaron la red que allí operaba que se descubrió que las torturas, los asesinatos y hasta eso de que comían humanos no era tan descabellado.Ahora, Óscar Rosas, uno de los adictos y habitantes de la calle que pasó años en el Bronx cuenta lo que presenció y fue obligado a hacer allí. Tuvo una historia de ascenso dentro de la banda de Los Sayayines, los criminales que controlaban el Bronx, ganándose su confianza y presenciando algunas de sus actividades más crueles y peligrosas.¿Cómo llegó al Bronx?Antes de entrar a ese mundo tenía una vida que lo proyectaba a ser uno de los mejores chefs del mundo. Pasó por restaurantes de Estados Unidos, Brasil, Italia y Holanda; sin embargo, detrás de ese posible éxito laboral, desde muy joven había empezado a consumir sustancias metiendo en problemas a sus padres, quienes cansados de la situación lo mandaron a estudiar a Nueva York.“Era un problema para mi familia. Yo empecé [a consumir] a los 13 años. Mi mamá que era mi alcahueta me dijo: ‘mijo, cambie, váyase y deje de consumir’. Pero resulta que conocí la heroína, entonces cambié la coca, la marihuana y el bazuco por la heroína. En ese entonces nos la inyectábamos debajo de la lengua o en los genitales porque estábamos estudiando, para no dejar tanto pinchazo”.Rosas probó sustancias y métodos para consumirlas a su antojo estando fuera del país, pero en medio de sus momentos de lucidez destacaba en las cocinas de los hoteles en los que conseguía trabajo. Desafortunadamente, esos empleos le duraban pocos meses porque eventualmente llegaba drogado y formaba escándalos.Recorrió el mundo cocinando, pero en ningún lugar lograba dejar la droga, ni siquiera estaba seguro de querer hacerlo. Finalmente, un día decidió que dejaría ese estilo de vida atrás y regresó a Colombia. “Llegué a Bogotá porque quería comprar una finca en Tenjo, quería formar mi familia, iba a dejar las drogas, iba a tener todo. Solo iba a fumar marihuana”.El propósito duró poco, pues a la semana se aburrió de fumar marihuana y fue en búsqueda de sustancias más fuertes. Así llegó al barrio Santa Fe, en pleno centro de Bogotá. Perdió su carro y lo que había logrado, pasaba sus días drogado y cada vez más adentro del Bronx.Exhabitante del Bronx confirma que comían humanosPara seguir teniendo acceso a su dosis, Óscar empezó a trabajar dentro del Bronx. Empezó limpiando las calles, luego vendiendo drogas y hasta llegó a ser de las personas que pesaban y armaban los paquetes de drogas. Los Sayayines, atentos a su desempeño en los diversos trabajos, también notaron la destreza que tenía en la cocina así que varias veces lo contrataron para preparar la comida de sus excéntricas celebraciones.“Yo les cocinaba para la novia, que nació el hijo, fiestas privadas y de derroche”. Pero esa habilidad lo llevó a pasar los peores tres años de su vida. Un día Los Sayayines decidieron meterlo a un túnel dentro de una de las casas del Bronx, del que no salió durante tres años y donde fue obligado a cocinar para ellos y para los habitantes de calle.Escuchar su historia puede causar muchas emociones y sensaciones en el cuerpo. Óscar todavía recuerda el primer día que notó que lo que cocinaba eran humanos.“Saco lo que está en la bolsa de cuero, la extiendo. Cojo el ajo, cojo la cebolla, pero miro bien la carne y era un cuerpo humano completico, sin pies, sin cabeza, sin manos, sin huesos. Miro al sayayin y el sayayin me pega con la culata, le dije ‘no voy a cocinar eso, eso es piel humana’, me dijo ‘no solo lo va a cocinar, lo va a probar y se lo va a comer, o si no nos lo comemos a usted’”.Así fue su vida a diario, recibía palizas cada vez que se negaba a cocinar humanos, pero se mantenía adicto y anhelaba esos segundos de escape que le daban las drogas. “Era una cañería antigua de Bogotá, lo único que cabía era la mesa, el muerto y muchos extranjeros. Era un restaurante de caníbales”.Finalmente logró salir de ese sótano el día en que intentó quitarse la vida cortándose el cuello con una botella de vidrio, lo que llevó al sayayin que lo custodiaba a sacarlo de ahí. “Salimos por una puerta al parque de los Mártires y ahí me dejó botado”. Fue llevado a una clínica, donde lograron salvarlo y cuando él empezó a contar lo que había vivido los últimos tres años, nadie le creyó. “Me declararon loco, chiflado, porque yo decía que yo comía gente que yo sabía todo. Decían que fue una mala traba”.Lo que hallaron las autoridades en el BronxEl relato de Rosas es tan impactante, difícil de creer y peligroso que, antes de contar todos estos detalles en Los Informantes, Óscar habló con personas que también fueron testigos y sobrevivieron para evitar que por esto su vida corriera peligro.Pero su historia sí está confirmada por las autoridades y los agentes encubiertos que estudiaron el Bronx para hacerlo caer definitivamente ese 28 de mayo de 2016, cuando en un operativo con 2.500 uniformados de policía, CTI y ejército intervinieron en las calles del barrio Santa Fe y destaparon casas, túneles, sacaron miles de adultos y niños que eran explotados sexualmente.“Nosotros teníamos agentes encubiertos que se hicieron pasar por habitantes de la calle y nos daban información en tiempo real, cuando se hace la intervención uno de ellos me aborda y me dice: ‘estos son los lugares donde alimentan los habitantes de la calle, aquí incluso cogen seres humanos, los descuartizan, los trituran y se los ponen a los habitantes para que se los coman en estas bandejas’”, recordó Julián Quintana, director del cuerpo técnico de investigaciones del CTI.Ahora, Óscar Rosas vive con su esposa en Floridablanca, Santander, en una casa en la que priman las imágenes religiosas y donde tiene su fundación para rehabilitar a personas adictas a las drogas, a las que quiere ayudar a salir de ese infierno. “Es un sitio para sentir paz”.
La tragedia de los desafíos virales sigue cobrando vidas. Menores y jóvenes, en busca de reconocimiento digital, asumen riesgos extremos por unos cuantos seguidores y likes. Un caso que ha conmocionado es el de un adolescente de 14 años en Estados Unidos, quien falleció tras participar en el polémico reto de la papa picante. El mismo desafío que también realizaron influencers colombianos. Séptimo Día conoció los detalles.La madre del menor estadounidense Harris Wolobah envió un urgente mensaje: “Le ruego a Dios que ningún padre sufra de la forma que yo estoy sufriendo”, dijo al medio CBS News. Su advertencia se convirtió en un llamado desesperado a la conciencia sobre prácticas que, bajo la apariencia de un juego, pueden esconder peligros mortales.En Colombia, esta tendencia también ha encendido las alarmas. Camilo Aguilar y dos de sus amigos, conocidos creadores de contenido, decidieron realizar el mismo desafío, conocido mundialmente como el ‘One Chip Challenge’. Lo que comenzó como una búsqueda de visualizaciones estuvo a punto de terminar en una sala de urgencias.Aguilar relató las consecuencias inmediatas de ingerir la papa: "Hicimos el reto de la papita, el famoso... Esa papita es como comerse el equivalente a capsaicina, que es como con lo que hacen el gas lacrimógeno".Sus compañeros también experimentaron síntomas alarmantes, describiendo una "moqueadera, ojos llorosos” y una dificultad para respirar. A pesar del malestar físico, el temor al juicio social los detuvo de buscar ayuda médica inmediata: "Nosotros estuvimos como tentados muchas veces de ir a urgencias, porque el malestar era terrible, pero decíamos: 'No, qué pena que uno llega allá y le digan por qué está acá y uno diga: “Es que hice un reto'".Expertos hablan sobre el riesgo de los retos viralesEl aumento de estos retos no es un fenómeno aislado y responde a dinámicas psicológicas profundas en los jóvenes. David Bonilla, psicólogo experto en el trabajo con adolescentes, explica que la presión por encajar y destacar en las plataformas digitales puede nublar la percepción del riesgo y minimizar el peligro real."Estamos en una sociedad del sí se puede, usted le queda grande, usted es bueno para todo, pues eso lo que hace es que genera una baja percepción del riesgo". Para Bonilla, el cambio de paradigma es evidente, pues "antes eras y pertenecías al equipo de fútbol, hoy eres reconocido si eres el que más retos cumple en diferentes plataformas".Por su parte, Alejandro Castañeda, jefe del centro seguro de la Asociación Red Papaz, ha identificado que los retos están mutando hacia formas más accesibles pero igualmente peligrosas dentro del hogar. Existen "retos de buscar algo en la casa que les provoque hacer tal cosa". Estos elementos cotidianos, utilizados sin supervisión y bajo lógicas de competencia extrema, se convierten en herramientas de riesgo para menores que, en palabras de Castañeda, realizan estas acciones "sin saber muy bien que están usando".Un trágico caso en CaliUno de los desenlaces más dolorosos en Colombia ocurrió en octubre de 2025, cuando María José Ardila, una joven madre de 23 años, perdió la vida tras un reto de ingesta de alcohol en una discoteca de Cali. El establecimiento, identificado como Sagsa, promocionaba en redes sociales un premio de un millón y medio de pesos para quien completara una serie de seis pasos de consumo excesivo de licores.Los testimonios de quienes estuvieron presentes describen una escena de negligencia. El desafío incluía, entre otros pasos, un “cucaracho doble” en cinco segundos, tres shots en el mismo tiempo, una cerveza sin parar y, finalmente, ocho tragos diferentes consumidos con un pitillo. Durante el proceso, la joven habría intentado hidratarse, pero se le prohibió. Nicolle Cañas, amiga de María José, aseguró en Séptimo Día que: “Ella quería como tomar agua durante los retos, pero nunca la permitieron, decían que no podía tomar nada más que no fuera el licor del reto”.La situación se tornó crítica rápidamente: "Vimos que la boca de ella estaba llena de comida en ese momento. Yo intenté abrirle la boca, pero la mandíbula de María José estaba muy rígida".Una dolorosa pérdidaLa madre de María José, Yulisa Álvarez, recuerda con profundo dolor el momento en que recibió la noticia y el estado en que encontró a su hija: "El médico me empieza a explicar que broncoaspiró y que en los pulmones tenía mucha comida”. Tras cinco días de lucha en cuidados intensivos, los médicos confirmaron que no había esperanza. "Se me fue el alma, el corazón. Quería morirme", expresó Álvarez al describir el fallecimiento de la joven.El esposo de María José, Carlos Carvajal, también manifestó su indignación frente a la falta de protocolos de seguridad en el establecimiento. “Es que no es solo que yo pierda una esposa, que es un ser increíble sino que es un hijo también que pierde a su mamá...Un reto es una muerte disfrazada de juego”.La familia insistió en que, aunque ella decidió participar, el lugar tuvo una responsabilidad directa: “No puede pasar en Colombia que un establecimiento público esté tratando de agarrar a los jóvenes a hacer un reto de estos completamente homicida”, aseguró Andrés Ardila, padre de la joven.Para los especialistas médicos, el riesgo era absoluto. El toxicólogo Javier Rodríguez señaló que el reto estaba diseñado de una forma que garantizaba el colapso: "Una cantidad tan alta lleva fácilmente a que la persona, independientemente de cualquier condición, pueda entrar en un estado de embriaguez grave”.Hoy, el caso de María José reabre un debate urgente sobre los límites, la responsabilidad y la ética detrás de estos desafíos que ponen en riesgo la vida. Mientras tanto, la Fiscalía General de la Nación avanza en una investigación para esclarecer lo ocurrido y determinar si hubo responsabilidades penales.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
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