La realidad de 252 migrantes que buscaban refugio en los Estados Unidos dio un giro drástico cuando terminaron recluidos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo, Cecot, de El Salvador, la megacárcel de Nayib Bukele. Entre ellos se encontraban Brayan Palencia, un colombo-venezolano de 26 años, y Luis Muñoz Pinto, un venezolano que residió seis años en Colombia antes de emprender su viaje a territorio estadounidense.Ya en libertad, el equipo de Los Informantes conoció sus testimonios sobre lo que vivieron en la cárcel más grande de Latinoamérica, donde pagan sus penas algunos de los criminales más peligrosos de pandillas como la Mara Salvatrucha o Barrio 18. Allí, según relataron, soportaron meses de tortura tras ser estigmatizados únicamente por sus tatuajes.¿Cómo terminaron en el Cecot?Brayan Palencia, quien trabajaba como latonero y conductor de aplicaciones en Colombia, decidió migrar motivado por el bienestar de su familia. La travesía para llegar a Estados Unidos no fue sencilla; duró tres días atravesando la selva del Darién junto a sus familiares. "Uno ya pensaba que no iba a salir, porque ya había muchos muertos, habían niños muertos. Eran muchos peligros en los ríos, porque habían ríos que estaban hondos y tocaba pasar por encima de los voladeros. Ahí el que no estuviera pendiente se iba para abajo y se mataba porque eso era pura piedra”, recordó.Tras superar la selva, el paso por México resultó igual de complejo debido a la presencia de carteles que exigían dinero constantemente. Finalmente, Brayan cruzó la frontera estadounidense y solicitó asilo político, estableciéndose temporalmente en Los Ángeles, California, el 21 de diciembre de 2024. Allí trabajó lavando platos y en aplicaciones de mensajería mientras esperaba su cita migratoria, sin imaginar que un tatuaje en su piel cambiaría su destino.Se presentó a su cita de migración y fue capturadoAl presentarse ante la funcionaria, ella observó un tatuaje en su mano. "Cuando me paré que puse la mano, me vio el tatuaje y como que se asustó, pues me dice: 'No, tranquilo, quédese, quieto sentado'". Segundos después, agentes de migración lo rodearon y lo inmovilizaron contra la pared.A pesar de no tener antecedentes penales en Venezuela, Colombia o Estados Unidos, fue acusado de pertenecer al Tren de Aragua, la organización terrorista venezolana, presuntamente por los tatuajes que tenía en su cuerpo. Estuvo detenido en California, luego en Texas, hasta que lo montaron en un avión junto a otros hombres venezolanos y se le negó la posibilidad de llamar a su familia.Deportación masiva bajo una ley del siglo XIXBrayan y Luis Muñoz pensaron que su destino era Caracas, que serían deportados, pero al aterrizar vieron decenas de hombres con uniformes oscuros y cascos, buses y patrullas. Habían llegado a El Salvador. Los sacaron del avión uno a uno, encorvados y a empujones. Ahí comenzó la pesadilla."Nos bajaron en la entrada, nos comenzaron a a bajar pegándonos, a darnos golpe y tal. Nos tiraron ahí esposados en un en un salón que había ahí. De una nos mandaron a quitar la ropa, nos quitaron todo, nos vestimos, nos pusieron la ropa esa del penal", relató Brayan.El gobierno de Estados Unidos aplicó una ley del siglo XIX que permite expulsar a “enemigos extranjeros” sin necesidad de probar delitos en un juicio. Bajo ese mecanismo, El Salvador aceptó recibir a 252 venezolanos deportados entre marzo y abril de 2025.Luis Muñoz, quien también fue capturado durante su trámite de asilo y tiene tatuajes, describe el momento del arribo al Cecot: “En ese momento creo que todos estábamos tan asustados que había un silencio enorme, que lo único que escuchaba era el murmullo de varios de mis compañeros llorando”.Además, aseguró que las palabras del director del Cecot, sentenciaron su estadía: “Ustedes están aquí por pertenecer a la banda activa del Tren de Aragua. Están condenados a más de 200 años. Yo mismo me voy a encargar de que no vuelvan a ver más nunca la luz del sol ni a comer ninguna proteína. Bienvenidos al infierno me dijo”. Desde ese instante, los migrantes fueron tratados como terroristas de alta peligrosidad.Condiciones infrahumanas y el régimen de silencioDentro del Cecot, las condiciones de vida son extremas. El complejo carece de ventanas y ventiladores, y las celdas están iluminadas por luz artificial las 24 horas, lo que impide distinguir el día de la noche."Estás en una celda donde no tienes una cama. Era un planchón de metal donde tenías que dormir, no tienes una cobija, una almohada, un colchón", detalló Luis. Además, la privacidad era nula para realizar las necesidades básicas, debiendo hacerlo "ahí mismo adelante todo el mundo ahí", contó Brayan.Según sus relatos, el régimen de silencio es absoluto; cualquier ruido o conversación es motivo de castigo para toda la celda. Si alguien incumplía las reglas, los guardias aplicaban golpes colectivos. Según Luis Muñoz, ante cualquier falta: "Golpean a todos y los llevan a un lugar donde le dicen 'La Isla', porque te aíslan de todos los demás. Es el aislamiento. Te llevan allá y entre 8, 10, 12 policías te golpean a un nivel de que solamente preferirías estar muerto a estar allí".Bryan Palencia fue enviado varias veces a ‘La Isla’, una celda de castigo compuesta solo por cemento y un pequeño agujero en el techo para un tubo de agua. Allí relató haber sufrido agresiones severas.Investigación de abusos y torturas en el CecotEstas prácticas no eran casos aislados. Juanita Goebertus, directora para las Américas de Human Rights Watch, señaló que su investigación documentó golpizas diarias por motivos tan básicos como pedir agua o atención médica. Gobertus detalló que los detenidos recibían "golpizas una y otra vez con puños, con palos, golpizas tan duras como que en un momento dado varios de los testimonios corroboran que una persona empezó a vomitar sangre y se estaba ahogando en su propia sangre sin recibir atención médica".Esta investigación verificó que el 97% de estos 252 deportados no tenían antecedentes por delitos violentos. Goebertus calificó como "francamente absurdo" el uso de tatuajes como prueba de pertenencia al Tren de Aragua, explicando que esta organización criminal no utiliza marcas en la piel como expresión de membresía, a diferencia de las pandillas locales salvadoreñas. Según la experta, se trata de "un pésimo argumento. Un tatuaje no prueba en ningún escenario pertenencia a una pandilla, ni mucho menos comisión de delitos violentos".Tras varios meses privados de la libertad, la pesadilla de este grupo terminó el 18 de julio de 2025, cuando fueron liberados como parte de un acuerdo de canje entre los gobiernos de Venezuela y Estados Unidos. Actualmente, ambos han regresado a Colombia, donde trabajan en aplicaciones de transporte y domicilios, intentando reconstruir sus vidas después de sobrevivir a lo que describen como un “infierno”. Sin embargo, las heridas que dejó el Cecot siguen y seguirán abiertas por mucho tiempo.Por ahora, el juez federal de distrito James Boasberg ordenó al gobierno facilitar el regreso a Estados Unidos a los migrantes venezolanos que fueron deportados al Cecot y que hoy se encuentren en terceros países, para que puedan tener un debido proceso y defender su caso ante la justicia.
La tecnología ha facilitado la vida cotidiana, pero también ha abierto la puerta a nuevas formas de delito. En Colombia, los ciberdelincuentes o ‘crackers’ utilizan engaños digitales, clonación de tarjetas, páginas falsas y plataformas de inversión fraudulentas para robar dinero e información personal en cuestión de segundos. Séptimo Día acompañó a las autoridades en un operativo contra un delincuente cibernético en Bogotá e investigó cómo operan estás redes.Los hechos ocurrieron el pasado 7 de febrero de 2026, en horas de la madrugada, cuando las autoridades colombianas lograron capturar a Juan Carlos Naranjo, conocido con el alias de ‘El Ilusionista’. Este hombre es señalado de liderar una modalidad de hurto informático en la que, haciéndose pasar por taxista, lograba vaciar las cuentas bancarias de sus víctimas en Bogotá.Las cámaras de Séptimo Día acompañaron el operativo que puso fin a una persecución de cuatro meses adelantada por unidades especializadas en delitos cibernéticos.¿Cómo engañaba ‘El Ilusionista’ a sus víctimas?Según las autoridades, el capturado utilizaba un taxi para merodear zonas de alta afluencia comercial y de vida nocturna. Al parecer, captaba pasajeros a quienes les decía que solo aceptaba pagos con tarjeta.Luz de Paredes, pensionada de 60 años y una de las víctimas, relató cómo fue abordada por el sospechoso en una tarde decembrina: "El taxi estaba en buen estado, como nuevo. La persona que paró se veía decente. Me dijo que sí me llevaba, pero siempre y cuando le pagara con tarjeta". La víctima añadió que el taxista parecía un hombre confiable, ya que era "bien hablado, muy pulcro en su presencia, tenía buenos modales”.Sin embargo, el engaño comenzaba al procesar el pago. El señalado empleaba datáfonos alterados tecnológicamente para capturar la información sensible de las tarjetas. Al respecto, la víctima describió el momento de la transacción: "Cuando fui a pagar, me sacó un datáfono... puse la tarjeta y obviamente al digitar la clave la tapé, no se le iba a dejar ver".Ante esto, el sujeto insistía en errores de conexión para obligar a la víctima a repetir el proceso: "Tenía dos aparatos electrónicos, todo estaba conectado ahí al equipo del taxi. Entonces me dijo que no había funcionado, entonces que otra vez volviera a digitarle la clave... Puse la clave tres veces en el mismo dispositivo”.Esta táctica no era aleatoria. El investigador Julián Celis, experto en delitos informáticos de la Policía, explicó que el dispositivo tenía una función oculta: "Él almacenaba las credenciales para posteriormente hacer los retiros".El "cambiazo" y la pérdida total del dineroOtra víctima identificada como Diana Duque, docente que visitaba la capital, sufrió la modalidad conocida como el cambiazo. Tras realizar el pago, el señalado le devolvió una tarjeta distinta a la suya sin que ella lo notara inicialmente."Me dijo: ‘Venga, intentamos de nuevo'. Yo la introduje, pero finalmente el tipo me hizo el cambiazo de tarjeta", recordó.Las consecuencias financieras para los afectados fueron devastadoras. Luz de Paredes denunció la pérdida de sus ahorros: "Me robó aproximadamente 22 millones y yo no tuve con qué hacer el mercado. Yo no tuve con qué comprar los regalos de Navidad. Me dejó con 30 mil pesos", afirmó.Las autoridades lograron establecer que, tras el robo, el capturado realizó compras masivas en tiempo récord. El abogado de la víctima, Jesús David Vargas, señaló que el sujeto compró ropa por 8 millones de pesos y electrodomésticos por otros 7 millones. “En 11 minutos le robó a mi cliente más de 20 millones de pesos en plena Navidad”, aseguró.Un operativo contra alias ‘El Ilusionista’La identificación de alias ‘El Ilusionista’ fue posible gracias a un meticuloso cotejo morfológico. Al utilizar las tarjetas robadas en cajeros electrónicos, su rostro quedó registrado en las cámaras de seguridad, lo que permitió a la Policía confirmar que no se trataba de los titulares de las cuentas."No fue fácil. Es una persona que se mueve por toda la ciudad de Bogotá y hace tiros en diferentes cajeros. Es una persona muy hábil para manejar, incluso intercambiar de vehículos, fingía ser taxista", manifestó el investigador del caso, quien tenía la misión de capturar al señalado.El operativo se llevó a cabo a las 5:20 de la mañana en una vivienda del norte de Bogotá. Durante el allanamiento, las unidades capturaron a Juan Carlos Naranjo y hallaron material probatorio contundente. "Se logró la incautación de 34 tarjetas de crédito y débito y tres celulares", confirmó el investigador Julián Celis.Además, en el parqueadero del edificio se encontró el taxi, el cual contenía en su interior dos datáfonos adicionales que, según la investigación, estaban "alterado para almacenar las claves".Juan Carlos Naranjo, alias ‘El Ilusionista’, fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la Nación, enfrentando cargos por violación de datos personales en concurso con hurto por medios informáticos.Cifras impactantes de ciberataquesEstos casos demuestran la vulnerabilidad de los ciudadanos ante los ataques de ‘crackers’, término usado por la Policía para definir a criminales cibernéticos que utilizan la tecnología como herramienta de poder para el robo masivo de dinero.“El año anterior se registraron 13 mil incidentes informáticos por parte de los colombianos. Colombia registra el cuarto puesto después de Brasil, Perú y México con intentos de ciberataques”, afirmó el coronel Adrián Vega, jefe del Centro Cibernético de la Policía Nacional.La mitad de los ciberataques en el país, según los análisis de los investigadores, se concentran en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena. “El año anterior logramos la captura de 375 ciberdelincuentes”, señaló Vega, quien además explicó que los delitos que más afectan a los colombianos son el acceso abusivo a sistemas informáticos, la violación de datos personales y el hurto por medios informáticos.En un mundo cada vez más digital, se recomienda consultar siempre información en sitios oficiales, revisar y activar todas las medidas de seguridad en dispositivos y aplicaciones y, ante cualquier sospecha, denunciar de inmediato ante las autoridades.
La historia de Anthony José Zambrano, medallista olímpico y ganador del Desafío Siglo XXI, está marcada por episodios de violencia y carencias que forjaron su carácter desde la infancia. El atleta, que alcanzó la gloria deportiva en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, reveló en Los Informantes detalles de un pasado doloroso: proteger a su madre lo llevó al límite de casi cometer un acto irremediable cuando apenas tenía 10 años.Zambrano creció en un entorno de extrema pobreza. Pasó parte de su infancia en La Guajira y posteriormente en Soledad. Su vida estuvo marcada por la ausencia de una figura paterna y por las dificultades económicas que enfrentaba junto a su madre.En medio de esa vulnerabilidad, el deportista recordó un suceso que marcó su infancia "Yo casi cometo una desgracia a los 10 años". Al explicar las razones de ese impulso, relató: "Porque mi padrastro le pegaba a mi mamá y un día en su cumpleaños le pegó. Me acuerdo que yo cogí un mata ganado donde no se me atraviesen, yo lo iba a puñalear para matarlo".El atleta también habló del destino que, según su relato, tuvo su padrastro: “Yo siempre he dicho cuando las personas que tratan de hacerle daño a Zambrano le va peor en la vida y esa persona murió como un perro, como un cerdo. Su mismo hijo le pegó un palazo en la frente".Una niñez marcada por el abandono y sacrificioLa trayectoria de Anthony Zambrano no solo estuvo marcada por la violencia, sino también al abandono paterno. Su padre nunca lo reconoció legalmente. "A él lo mataron cuando tenía como cinco o seis años, pero él nunca me quiso dar apellido. Él me negó y yo soy igualito a mi padre”, dijo. Los únicos recuerdos que conserva de él son escasos, destacando un presente particular: "Me regaló un gallo de pelea que era el mejor de él porque los guajiros, tú sabes que, son galleros a morir".Ante la ausencia de apoyo familiar, Zambrano y su madre se trasladaron a Soledad intentando escapar de las carencias. Allí, tuvo que asumir responsabilidades desde muy temprana edad. "Ella me dijo: 'Si nos vamos a mudar solos, tienes que defenderte solo, tienes que forjarte solo", recordó.A los ocho años, este deportista ya se enfrentaba a la dureza del trabajo informal para sobrevivir: "Yo con 8 años ya cocinaba, yo me iba solo para el colegio, recogía chatarra, cogía bolsas de cemento. Hacía milagros”.¿Cómo empezó en el mundo del deporte?El camino hacia el atletismo profesional comenzó en el colegio María Cano de Barranquilla, bajo la observación del entrenador Ezequiel Suárez. A los 12 años, la rebeldía de Zambrano se canalizaba en peleas con otros compañeros, pero su entrenador vio en él una fuerza distinta. Sin embargo, la falta de recursos seguía siendo un obstáculo."Me acuerdo que tenía unos zapaticos que le costaron a mi mamá 20 mil pesos. Yo le dije: ‘no voy a correr con estos zapatos porque si se me dañan, ¿qué más me pongo?’ Entonces, yo le dije: ‘Puedo correr descalzo, porque mi barrio, donde yo me crié, era pura tierra y barro".Tras ganar sus primeras competencias escolares, su carrera despegó internacionalmente, logrando podios en Panamericanos y Mundiales hasta llegar a la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. No obstante, las exigencias del alto rendimiento trajeron consigo lesiones graves y los Juegos Olímpicos de París 2024 fue solo una ilusión.Su paso por el Desafío Siglo XXILa decisión de participar en el Desafío Siglo XXI surgió como un nuevo reto personal para Zambrano tras un año de recuperación. "Tú eres bueno, tú eres híbrido, tú haces de todo", le dijeron antes de inscribirse. Entró a la competencia con la mentalidad que lo caracteriza en las pistas de atletismo: "Hice los papeles, hice todo para entrar y me aceptaron. Ya cuando me aceptaron, yo dije: ‘Vamos a toda. Vamos a tirarnos de cabeza y sin casco, lo que Dios quiera’”.Los finalistas del Desafío Siglo XXIEn esta competencia, Zambrano llegó a la final junto a José Manuel Maldonado, más conocido como Rata, un joven de 24 años nacido en Antioquia, y quien también posee una historia de superación ligada al trabajo duro. A diferencia de Zambrano, Rata creció en una familia campesina unida, donde su padre, administrador de una finca ganadera, se convirtió en su principal referente."Siempre he sido muy bajito, entonces me gustaba mucho jugar con el balón, que correr de un lado a otro con el balón y me dicen: ‘Parece una ratica’. Entonces el apodo surge de ese juego", relató Rata, en Los Informantes.Antes de que Rata participara en el reality, su realidad era la de un trabajador incansable en un taller de soldadura: "Yo era un operario soldadura. Yo me ganaba un mínimo y con ese mínimo le ayudaba a mis papás. Con eso me sustentaba las carreras para ir a las competencias".Gracias al deporte conoció el OCR (carrera de obstáculos), una disciplina que incluso lo llevó a competir en Europa.Los proyectos futuros de Zambrano y RataTanto Zambrano como Rata han transformado la visibilidad que les dio el reality en oportunidades de negocio. Zambrano, por ejemplo, ha incursionado en el emprendimiento con una línea de gorras y también ha mostrado interés por el comercio de bienes raíces: “Me gusta comerciar todo, carro, casa, de todo. Me gusta. Yo me rebusco". Además, mantiene su objetivo deportivo más ambicioso: repetir medalla en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.Por otro lado, Rata planea abrir un gimnasio en la ciudad de Pereira y competir por otra medalla para Colombia en el próximo latinoamericano de OCR en Brasil. A pesar de los distintos matices de sus historias, ambos atletas coinciden en algo: el deporte fue el camino para superar la pobreza y transformar sus vidas.
El gimnasta colombiano Ángel Barajas se alzó con la medalla de oro en la prueba de barras paralelas durante la parada de la Copa del Mundo de Gimnasia Artística celebrada en Bakú, Azerbaiyán. El deportista cucuteño logró imponerse en la final con una puntuación de 14.600, superando al japonés Wataru Tanigawa, quien obtuvo 14.200 puntos, y el australiano Jesse Moore, que completó el podio con una calificación de 14.000.Este triunfo representa el primer título de Barajas en el circuito de las paradas de la Copa del Mundo, una serie de eventos internacionales que congrega a los especialistas más destacados del planeta.Aunque el deportista ya había alcanzado finales y podios previos, incluyendo una medalla de plata reciente en la Copa del Mundo de Cottbus, Alemania, el primer lugar se le había mostrado esquivo hasta su actuación en territorio azerbaiyano.Con este resultado, el joven gimnasta de 19 años consolida su progresión en las barras paralelas, un aparato que ha sumado a su dominio técnico habitual en barra fija y suelo.Joven prodigio de la gimnasiaEn entrevista con Los Informantes, Ángel Barajas reveló cómo ha sido su trayectoria profesional y el esfuerzo detrás de sus sueños. Este cucuteño se ha convertido en una de las promesas más destacadas de este deporte, no solo en Colombia, sino en Latinoamérica.La energía desbordante de Barajas llevó a que un vecino le sugiriera a su madre que lo llevara al coliseo para canalizar su potencial. No obstante, el camino hacia el éxito no ha estado exento de dificultades económicas.Barajas nació el 12 de agosto de 2006 en un barrio popular de Cúcuta. Tras la separación de sus padres cuando tenía seis años, sus hermanos mayores asumieron roles laborales para sostener el hogar. El gimnasta recordó que su medio hermano, aun siendo menor, aportaba a la economía familiar: “Él con lo poco que ganaban pues aportaba en algo para el desayuno”. Posteriormente, Barajas consiguió patrocinios que le permitieron cubrir sus necesidades y ayudar en su casa.Su formación deportiva ha estado bajo la lupa del entrenador Jairo Ruiz, considerado una figura fundamental en la gimnasia colombiana. Ruiz conoció a Ángel a los cinco años y se ha dedicado a sacar lo mejor del talento innato que posee Barajas.Para el entrenador, el éxito de Barajas es un reflejo de superación. “Para mí esto significa perfección, significa pasión. Para mí esto es parte de mi vida porque ver que un niño de estrato uno pueda salir adelante y ser campeón sudamericano, panamericano y mundial es una felicidad que pocos sentimos y poco la irradiamos. Para mí la gimnasia lo es todo”, afirmó el entrenador de más de cinco generaciones de deportistas élite entre ellos, Jossimar Calvo, gimnasta colombiano.“Tenemos que creer y querer lo nuestro. Cuando uno sabe interpretar esas palabras, usted puede decir que puede alcanzar lo que usted quiere en la vida, no es plata, la felicidad es poder alcanzar metas que nadie puede alcanzar”, agregó.La disciplina es el eje central de la rutina de Barajas, quien entrena ocho horas diarias. Según su preparador, “la disciplina no se negocia”. Esta exigencia incluye un entrenamiento que abarca también desde la alimentación hasta un descanso estricto.En el aspecto mental, Barajas utiliza técnicas de visualización y palabras clave para manejar la presión de la competencia. El gimnasta explicó que antes de subir a un aparato emplea una palabra específica para calmar la ansiedad: “A mí un amigo me enseñó que respirara y que antes de montarme el aparato me dijera ‘demente’, le da como un stop a esa ansiedad del no querer fallar”. Ángel Barajas sostiene que el entrenamiento mental es clave para convertirse en un atleta de élite y alcanzar sus metas.Los “sacrificios” del deporte de alto rendimientoEl compromiso con el alto rendimiento ha implicado renuncias personales para el atleta cucuteño. Barajas limita el uso del celular porque “quita mucha energía” y ciertas salidas sociales. Todas las noches antes de que se vaya a dormir después de un día de trabajo y ardua disciplina, se visualiza como campeón.Con la obtención de este oro en Bakú, Ángel Barajas reafirma su posición como uno de los gimnastas más completos del mundo. Barajas es un atleta fuera de serie catalogado por la Federación Internacional de Gimnasia, FIG, como “el gimnasta más fascinante surgido de un país sudamericano en los últimos años”.
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