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Al fútbol colombiano lo cambia la plata, no el sistema del torneo
Cambiará una vez más el sistema del torneo colombiano gracias a la FIFA, que manda a terminar los torneos antes de lo habitual por el Mundial, pero no nos digamos mentiras, las flojísimas asistencias y el sistema de cuadrangulares ya no tienen mayor atractivo y las modificaciones más que una obligación son una necesidad. Más que el problemita de no tener directivos que palpen la realidad y el sentir común, lo grave es que aquí no hay ninguna planificación a largo plazo. En Colombia hemos jugado a lo que se venga… cuadrangulares, triangulares, octogonales, clásicos regionales, penaltis para desempatar partidos, bonificaciones, puntos invisibles, promociones y muchos otros inventos… Y ahora las cosas son mucho peor que hace una década, porque el sancocho del FPC se sirve todos los días, a cualquier hora, y eso también promueve un natural desgaste, más cuando se tiene TV por cable. El cambio que se necesita es de plata, sobre todo del sector público, y de su adecuada administración. Plata limpia, no sobra decirlo. El privado está pagando bien por patrocinio y por transmitir los partidos. Pero el Gobierno cree que poner dinero para un aviso más en las camisetas de los equipos ya es suficiente y no lo es. Si la mitad de los recursos que se roban aquí en Colombia se invirtiera en el fútbol colombiano todo sería muy distinto. La Contraloría, solo por mencionar un caso de dinero perdido, asegura que “el expresidente de Saludcoop, Carlos Palacino -ese mismo que comenzó como cobrador de seguros en La Equidad- y su equipo directivo desviaron 1,4 billones de pesos de la salud y de los colombianos”. Con un porcentaje menor de esa exorbitante cifra, La Equidad podría contratar al menos un jugador de renombre, al menos por un año. Pero para no detenernos en robos ajenos al fútbol, donde también hay muchos, suena bien la eliminación directa para la segunda ronda del torneo del primer semestre del 2014, como se acordó en la Dimayor. La pregunta es por qué volver después, otra vez, a los cuadrangulares. Lo mínimo es mantener ese cambio y reanimar al aficionado que ya está muy maltrecho con tanta violencia. Esa no es la panacea, desde luego. Es tan solo un pajazo mental para imaginar estadios llenos en Colombia. La solución real para mejorar la calidad de nuestro torneo de primera división, que parece a veces de segunda, no está en el sistema del campeonato sino en mejores equipos, mejores estadios y en la seguridad del aficionado. Y todo eso se paga, no se escribe solamente en un papel. Lo demás que nos puede ayudar es reparchar la carpa de nuestro circo futbolístico. Reducir el número de equipos porque hay mucho relleno en la A, conjuntos sin hinchas, sin buenos estadios y sin grandes ambiciones. También toca dejar la imaginación exagerada y acabar con las tales fechas de clásicos (¿no le suena a usted ridículo el "clásico joven de Colombia?”) y cerrar la puerta del descenso a un solo equipo. Eso es apenas lo básico. Aunque también caería muy bien acabar con la majadería y maña de los directivos. En Twitter: @javieraborda
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¿TRAMPA MORTAL?
Esta debería ser una entrada hablando del flojo rendimiento de Millonarios ayer frente al Cali. Sin embargo anoche en el estadio, fueron muchas las personas que fueron a Medellín y contaron sus historias de lo ocurrido en el viaje al final de la copa. En cada relato había en común ese sentimiento generalizado de que expusieron su vida. Varios hinchas de Nacional ayer por las redes sociales, me llamaban promotor de violencia, asesino y otras delicadezas. Con este relato serio, de Cesar Carrillo queremos poner en evidencia las graves fallas de la policía y el actuar de personas en Medellín. Denunciando queremos que esos hechos no ocurran jamás y que la rivalidad sana no termine en muertos. Ayer hasta hinchas de Santa Fe me escribieron denunciando hechos similares en la última final de la Liga Postobón. Yo tengo una rivalidad y reticencia profunda con Nacional, su entorno y el mensaje que envían de todo se vale. Pero eso no me da derecho a herir o matar a otra persona. Ojalá que este sea el ultimo escrito que debamos hacer sobre estos temas. MINUTO FINAL: Yuber Asprilla debería sentir un poco más de vergüenza futbolística. Con muy poco, el grueso de la hinchada lo apoya y aclama. Es hora que retribuya todo ese cariño jugando futbol. De eso muy poquito sr Asprilla. MAURICIO GORDILLO @MAUGOR ¿Trampa Mortal? Que en grandes ciudades existan desadaptados, revoltosos y vándalos por problemas sociales, falta de educación y empleo, y todo esto se vea reflejado en el fútbol, no es raro. Pero lo realmente sorprendente es que no sean casos aislados, lo realmente sorprendente es llegar a una región de nuestro país y que los desadaptados sean miles a tal punto de encontrarse una trampa mortal… como lo ocurrido el pasado domingo en Medellín. Todo esto, y que me entristece recordarlo, inicia desde la noche del sábado y el trascurso del domingo cuando en reiteradas ocasiones se recibían noticias y denuncias de lo que ocurría en las calles de Medellín. Taxistas recogiendo hinchas de millonarios en el aeropuerto, terminal y hoteles y poniéndolos como se dice: “en bandeja”, informando telefónicamente sabrá dios a quien sobre la descripción del pasajero y abandonándolos en puntos críticos como el obelisco o donde ellos quisieran en medio de las riñas; hinchas del común (barristas y no barristas; padres y madres de familia con hijos de 15, 16, 17 años) que llegaban al estadio para ingresar en tribunas preferenciales en completa paz buscando lo que en todas las plazas del mundo existe… algo de seguridad, pero que se encontraron con cuchillos pasando por los lados de su cuerpo, a menos de dos (2) metros dentro de un escenario deportivo de la categoría del Atanasio Girardot. Muchos lograron huir al ser identificados, muchos otros salieron gravemente heridos, algunos aún hoy se recuperan en los centros asistenciales de la ciudad más innovadora. Dos de mis compañeros azules, abonados de la tribuna de occidental del estadio el campin, tuvieron que verse en la caótica situación de “lanzarse” del taxi que los transportaba debido a las sospechosas y asfixiantes preguntas del conductor (portaba camiseta de nacional) que parecía más interesado en descubrir si eran o no de millonarios, que de preguntar hacia dónde se dirigían, para posteriormente realizar llamadas del tipo “en 15 minutos llego, tranquilo que yo llevo todo, estoy en tal punto y voy para tal otro, están pendientes, no?”. Dos personas que iban en completa paz y que pensaban que ingresar a occidental del Atanasio era tan tranquilo y normal como ingresar a occidental del Campín. Otros hinchas que supieron sortear dicha situación o que por cosas del destino no les tocó vivir eso, llegaron hasta las afueras del hotel donde se encontraba alojado nuestro equipo. Todos estaban en espera de una respuesta por parte de la policía. Luego llegamos otro grupo que fuimos amontonados en una estación donde en nombre de nuestra integridad fuimos aislados (custodiados solamente por ocho agentes antidisturbios). Nunca conocimos donde se encontraba toda la fuerza disponible de la policía, pues en el interior del estadio y en los alrededores brillaban por su ausencia. La misma Sra. representante de derechos humanos (una sola profesional) le preguntaba a la policía por qué no había personal y por qué no habían solicitado refuerzos a los municipios aledaños o al mismo ejército. Asombrada nos miraba y nos pedía calma y tiempo para intentar mediar y encontrar una solución que no pusiera en riesgo nuestra vida. Realmente esta persona fue la única que no nos atacó por ser rolos. El tiempo se fue agotando y sectores de la hinchada comenzaron a caer en desesperación porque la policía no se pronunciaba. Algunos se fueron caminando hacia el estadio, la policía desconcertada y al parecer sin una orden de algún superior inicio la represión y abusos característicos en esa ciudad para las hinchadas visitantes. Al final, la solución de la policía fue trasportar a la gente con engaños en dos camiones hacia el terminal y aeropuerto, luego de decirles que finalmente serían llevados al estadio e ingresarían directamente a la tribuna occidental, “que fue asignada para la hinchada de los millonarios”. Eso sí, una vez abordo del camión la policía se aseguró de “decomisar” la boletería que tenían, boletas que jamás se volvieron a ver. En el recorrido sin escolta policial u operativo de movilidad debido. Quienes abordaron nos comunicaron telefónicamente que los camiones fueron atacados constantemente. Piedras, ladrillos, botellas y demás artefactos desconocidos caían encima, algunos heridos, normal en la ciudad de Medellín cada vez que cualquier hinchada del país llega a su territorio. Lo realmente espeluznante y que lo pueden atestiguar cada una de las personas que iba en los camiones, fue cuando comenzaron a sonar tiros la policía, muerta del pánico y aparentemente en caos al ver que todo se le salía de las manos, no tuvo más remedio que acelerar a fondo exponiendo aún más a los embajadores. Increíble que el encargado de la policía de la ciudad de Medellín haya salido a declarar que nada pasó, y que el operativo fue un éxito. Ya en el terminal la policía subió a buses a las personas que tenían el dinero del pasaje, no sé qué ocurrió con lo que no tenían dinero. Un pequeño grupo y yo decidimos utilizar una “última alternativa” con algunas boletas extras que teníamos e intentar acceder al estadio aprovechando el intenso aguacero y el inicio del encuentro, nuevamente afrontando el posible riesgo. Ya en el interior del estadio y lo pueden comprobar con los videos de la transmisión del partido, no se lograba ubicar un solo miembro de la policía dentro de la cancha ni mucho menos en las tribunas. Rara vez se veía uno que otro bachiller que prefería hacerse el de la vista gorda ante los sujetos de la barra de nacional que pasaban inspeccionando a las personas acomodadas en sus sillas y quienes a criterio propio decían quien se podía quedar y quien era expulsado del estadio. Quienes eran señalados de ser “gallinas” eran golpeados, robados y heridos con puñal. Conocí dos personas que fueron heridas con cuchillos dentro de la tribuna occidental en uno de los múltiples y constantes forcejeos. Este caso llego a ser tan degradante e inhumano que vimos como en un par de ocasiones hinchas de nacional (personas muy decentes y cansadas de esta situación) se lanzaron sobre las personas que estaban siendo golpeadas por los vándalos, para protegerlos y exigirle a los atacantes que no continuaran con su brutal y cobarde acto. Quienes no alcanzaron a ingresar a la tribuna pero llegaron al Atanasio, tuvieron que pasar unos “filtros” en donde miembros de la barra de nacional eran quienes ejercían total autonomía de decidir quién ingresaba y quién no. En algunos de estos filtros había bachilleres (en la mayoría de filtros y puertas no había presencia policial) que únicamente acataban órdenes de los barristas. Si la persona que iba a ver el partido se dejaba pasar, llegaba a un nuevo filtro y era “requisado” bajo las mismas condiciones. Si la decisión era “este es gallina” ó “este es rolo”, los bachilleres lo iban subiendo a un camión. Si no había policía, eran brutalmente atacados por personal de seguridad de la barra de nacional con armas blancas. Inclusive si la persona iba con prendas de nacional pero iba solo, o se le notaba nervioso, era obligado a hablar para determinar su acento y se le pedía la cédula de ciudadanía. ¿ah?. Muchos también nos hacemos el interrogante “¿qué hubiese pasado si millonarios se coronaba campeón?”. La respuesta me asusta por la razón obvia de que no había policía suficiente ni dentro ni fuera del estadio. En la tribuna, los hinchas que a pesar de toda la brutalidad alcanzaron a ingresar y pudieron camuflarse entre los hinchas de nacional gracias al torrencial aguacero, estarían quien sabe en dónde. Y de los jugadores ni hablar, pues como pueden observar en las imágenes del partido hasta en los camerinos del equipo azul se ven claramente los personajes de la seguridad interna barristas de nacional, ubicados en la puerta como si fuesen los celadores del camerino. Pero más increíble aun que todas las hinchadas que se movilizan masivamente a Medellín sean atacadas por la hinchada verde y policía todas las veces que llegan allá y hasta el día de hoy no se hayan tomado medidas al respecto. Los años pasan pero las circunstancias no cambian. Increíble que no exista una logística y despliegue policial y que restrinja el paso de peatones por los sectores donde arriban los buses con barras visitantes, tal cual ocurre en Bogotá, donde por seguridad de ambas hinchadas y de los habitantes del sector, se habilitan zonas destinados a cada una de las hinchas e intransitables por alguno que no pertenezca a la suya. Increíble que a la llegada de cada caravana proveniente de Bogotá (o cualquier otra ciudad) se haya creado una conducta violenta y justificable de salir a tirar piedra y no dejar un solo vidrio a cada bus que pase. Asombroso e indignante que para la policía esto sea “normal” y se registren como casos aislados de violencia ajenos al partido y a la hinchada local. Increíble que a un simpatizante de cualquier equipo no se le pueda garantizar seguridad ni siquiera estando dentro del Atanasio Girardot. Increíble que nadie pueda transitar cerca a ese estadio sin una prenda de nacional porque es atacado por grupos de no menos de 20 personas armadas con machetes, cuchillos, piedras y botellas. Increíble que una ciudad como Medellín no pueda controlar el comportamiento del grueso de una hinchada y que a diferencia de otras ciudades, sean casos aislados de algunos vándalos. Allá ocurre todo lo contrario, no importa el estrato, la condición social ni la tribuna a la que se asista, su xenófoba manera de pensar los impulsa a moverse y atacar en masa. En Bogotá, las personas ajenas a las barras bravas rechazan a la misma hinchada, la juzgan y hasta la denuncian cuando cometen algún tipo de acto vandálico porque no actúan igual que ellos. ¿Será que el sr presidente de la república, sr Ministro de Defensa, el General Palomino, el Comandante de la policía de Medellín, la Alcaldía de Medellín, Gustavo Petro o su Secretario de gobierno, la hinchada de nacional o el mismo club nos pueden responder estas inquietudes? ¿Por qué si se había aprobado el ingreso de 3.000 hinchas azules, no hubo operativo de movilización controlada por parte de la policía, y la alcaldía local prohibió el ingreso de buses con hinchada visitante? Acá se les garantizó boletería, protocolo de seguridad dentro y fuera del estadio, movilización y custodia permanente. Igualdad era lo mínimo que pedíamos. ¿Por qué no hubo un protocolo de seguridad para la hinchada visitante que ya había comprado mucha de la boletería destinada? ¿Por qué no le fueron respondidas las inquietudes a la dra de derechos humanos?. ¿Por qué solo era una persona? ¿Por qué la policía movilizó con engaños a los hinchas? ¿Por qué la policía “decomisó” las boletas a los hinchas de millonarios y jamás las devolvió?. ¿Qué hicieron con ellas? ¿Por qué no hubo un espacio para la hinchada visitante dentro de la tribuna cuando se tenía un aforo de 3.000 boletas? ¿Por qué la alcaldía local cambió la decisión de permitir el ingreso de nuestra hinchada a último momento cuando ya todos nos encontrábamos en Medellín y teníamos boletería comprada? ¿Por qué en Bogotá se sanciona la hinchada azul por banderas con fragmentos de canciones (las cuales no comparto) como “hijos nuestros morirán”, o porque en una red social escribieron “esta vez no hay piedad para matar a un sureño” que también es fragmento de una canción tal cual como las tienen todas las barras bravas del país y del mundo, pero en Medellín el día domingo y en plena final nadie habla de la bandera ubicada en oriental (se ve en todas las imágenes del partido) “millos paz en tu tumba” como si esto fuese un mensaje directo para nuestra hinchada de lo que tenían planeado que iba a ocurrir? Yo me niego a creer que todo esto se trató de un complot entre la policía e hinchada verde (hablando solo de quienes fueron de “cacería” y no por su equipo) como muchas personas que vivieron y conocieron ese calvario lo están comentando. Yo me niego a creer que quienes nos cuidan y protegen pueden llegar a ser tan despiadados que no les importaba si las personas heridas que llegaban a la estación de policía donde nos retuvieron, eran esperados en casa por hijos, esposas y madres desconsoladas. Me niego a creer todo eso porque así como hay vándalos disfrazados de hinchas, también hay quienes asistimos en completa paz al estadio y tenemos amigos de todos los equipos con los que reímos día a día y compartimos momentos de nuestra vida. Hay policías corruptos y bandidos que dañan esa institución pero esa minoría no representa a un grupo tan grande como nuestra hinchada. Quedan muchos interrogantes luego de este sin número de sucesos, muchas preguntas por resolver, sentimientos encontrados que probablemente nadie nunca resuelva o le brinde interés y atención porque en esa ciudad todo parece manejarse como si fuese una república independiente al resto del país, donde la “ley” y el “orden” no son ejercidos por la policía sino por la hinchada local y bajo sus propias e inhumanas reglas. Lo que no se debe perder nunca es la verdadera fiesta del futbol pero esto radica en principios de igualdad, que desapareció como por arte de magia y que se vio contaminada con maldad absoluta y sevicia y a la fecha con impunidad. Tal vez seamos muy diferentes culturalmente pero todos somos ciudadanos con los mismos derechos regidos bajo la misma constitución. Quizá la mayor diferencia de nosotros los rolos con los paisas, vallunos, costeños y demás personas… se deba a que en Bogotá crecimos compartiendo con personas de cada rincón del país. Vecinos, compañeros del colegio, universidad y hasta el trabajo que salieron de sus provincias natales para buscar una mejor opción de vida, una oportunidad para su futuro y la encontraron. Bogotá es una ciudad de puertas abiertas, acá llegan todos y se queda el que quiera. Triste, muy triste que eso no ocurra en el resto de ciudades especialmente en Medellín, donde bogotano que llega, bogotano que es maltratado y menospreciado por no ser de su provincia. En mi ciudad las únicas personas que odian a las de otras regiones son algunas de las que respiran todo el día futbol. Comportamiento que siempre critiqué pero que desde el domingo “comprendo” un poco mejor, y resalto las comillas. No estoy de acuerdo con eso y jamás lo estaré, pero ahora entiendo cuando escucho a alguien mencionar con desprecio y odio a un paisa, pues cada vez que pisa Antioquia (futbolísticamente hablando) no sabe si regresa a su casa en una silla de ruedas o en un cajón de madera. NO MÁS VIOLENCIA NI DENTRO, NI FUERA DE LOS ESTADIOS, NO MÁS ARMAS, NO MÁS CEMENTERIOS, NO MÁS CÁRCELES. YO QUIERO QUE MI HIJO VIVA TRANQUILO EN MI PAÍS Y NO TENER QUE IRME LEJOS DE MI FAMILIA Y MI CLUB PORQUE PORTAR UNA CAMISETA SEA IGUAL A TENER UN TIRO AL BLANCO EN MEDIO DE UNA GUERRA COBARDE Y TRAICIONERA. Cesar Carrillo Twitter: @c4m77
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VIVOS DE MILAGRO
La final de la Copa Postobón fue testigo mudo de como una ciudad se puede unir en torno al silencio cómplice de los delitos hechos por la barra Los Del Sur. Las autoridades decidieron de manera descarada entregar el tema de seguridad en el estadio de Medellín, a ese grupo de personas. Una especie de paramilitarismo de la alcaldía y la policía para “controlar” a la barra brava de Atlético Nacional. Cedo este espacio a mi amigo Gabriel Jiménez (Twitter @elmechu) quien vivió la zozobra de entrar al Atanasio Girardot. Gracias a Dios todos mis amigos que fueron volvieron sanos y salvos. En Medellín ir a futbol es exponer la vida, ya que ni la policía ni la alcaldía son capaces de garantizar el artículo 11 de la constitución colombiana. MINUTO FINAL: Mañana comienza el sueño de la estrella 15. Vamos al estadio a apoyar a el mas veces campeón. Twitter @Maugor Xenofobia y represión en su máxima expresión En un rincón del lobby del hotel San Fernando Plaza estábamos Hernán Torres, Felipe Gaitán, un miembro de la junta directiva y yo. Los jugadores, uno a uno, salían del hotel hacia el bus que los llevaría al estadio Atanasio Girardot y que minutos después sería apedreado como ya había pasado varias veces antes en Medellín. El profe, que siempre es el último en abordar cuando el plantel hace el tour concentración – estadio, me dijo “¿está nervioso, flaco?”. Lo miré y le dije “profe, a mi el partido no me asusta. Tengo miedo es por mi integridad en esta plaza”. Afuera del hotel, un grupo grande de hinchas esperaban para animar y aplaudir a todos los miembros del plantel. Eran más de 200 hinchas que habían llegado desde el día anterior y en los vuelos del domingo en la mañana, y con todo y eso faltó otro gran sector de viajeros que llegaron por tierra y no los dejaron entrar a la ciudad. Todos tenían lista su boleta para el partido y ninguno llevaba indumentaria del equipo. Cuando el bus partió hacia el estadio, la policía los metió en dos camiones con la excusa de llevarlos al estadio garantizándoles su seguridad. Nunca pasó. Minutos después, todavía estando en el hotel, empezaron a llegar las malas noticias. El tweet de la cuenta oficial del Club anunciando que el bus había sido cogido a piedra y las fotos de los balines. Entre tanto mi hermano y nuestro fotógrafo Hugo Molano, que ya estaban en el estadio, empezaron a contar los pormenores de lo que sucedía a las afueras. Rigor puro: persona que se bajaba del taxi sin indumentaria de Nacional era vulgarmente atacado con golpes y armas blancas por grupos de no menos de 15 hinchas verdes; persona que llegaba hasta el primer filtro sin la indumentaria era “delatado” por los mismos verdes ante la policía y los agentes rompían la entrada en sus narices y le negaban el acceso. A los colegas de la fundación Juan Manuel Triana, que estaban en el hotel, también les llegaban las noticias lamentables. “Se bajaron del taxi y los agarraron a cuchillo entre 20”, “dicen que los líderes de Los Del Sur están regados en todos los anillos de seguridad del estadio y atacan a cualquiera que llegue sin ropa de Nacional”. Incluso se habló de una cifra de más de 25 heridos y un muerto (esta última no se ha comprobado). En Oriental y Occidental la cosa estaba caliente. Mejor dicho, si un turista cualquiera hubiera querido ir al estadio salía apuñalado o golpeado por “ser rolo”. El camino hacia el estadio fue eterno, era demasiado terror. En cada cuadra se veían grupos de hinchas de Nacional con palos y bates y al mismo tiempo a mi celular llegaban mensajes con amenazas o insultos por Twitter también, por supuesto, de hinchas verdes: “sos tan hincha que no viniste a medallo. Te da miedo cagaooo”. Mensajes que habían empezado desde el lunes en la noche -cuando entrevistamos a un representante de los Comandos Azules en LosMillonarios.net Radio y contó que tenían listas más de 300 boletas- y que se extendieron durante toda la semana. Por eso por mi seguridad y la de mi hermano que estaba con su novia en Medellín nunca puse en redes sociales que viajaba, que ya iba en camino, que ya estaba en el hotel. Tampoco pude subir las fotos de los hinchas a las afueras despidiendo a sus guerreros ni del frente de los hinchas de Medellín en el lobby. Afortunadamente, y gracias a la credencial de Dimayor, pudimos saltarnos el primer filtro y no pasar por el juicio de los hinchas verdes que eran los que le decían a la policía quién entraba y quién no (los agentes eran como soldados que hacían caso a todo). Ah, y en el suceso también tocó sortear a un barra-brava verde que intentó robarme el celular. En esas, un hincha con camisa de cuadros que llegaba por Occidental fue vilmente atacado por un grupo de no menos de 15 verdes. Literalmente lo desvistieron y al encontrarle tatuajes de Millos procedieron a la golpiza sin cesar. Era pura “justicia de la calle”, algo así como la que hacían los habitantes de Ciudad Gótica en “El caballero de la noche asciende”. Los hinchas verdes decidían a su antojo quien pasaba y quién no, los policías eran simples obedientes. Y los verdes que cruzaban el filtro rumbo al estadio pasaban sin ser requisados por nadie, no se puede creer aún. En una de las puertas de occidental había un grupo de no menos de 20 azules, todos sin indumentaria del equipo, a los que los policías les rompían sus entradas de frente y no les permitieron ingresar. La respuesta a la pregunta “¿qué pasó que no los dejaron entrar?” fue una sola, “por rolos”. Inclusive, en unos de los anillos de seguridad el acceso se hacía pidiendo la cédula de ciudadanía, si el lugar de expedición era Bogotá, rigor puro. A los que se habían ido en los camiones de la policía, supuestamente para garantizarles su seguridad al entrar, nunca los llevaron al estadio. Los camiones llegaron a otro destino, allí los dejaron un buen tiempo y luego los agentes, de la nada, les rompieron las entradas y los llevaron a tomar transporte de vuelta hacia la capital colombiana. Pensaba que, con toda la opresión que se vivía a las afueras, el hincha que lograra entrar al estadio ya podría cantar victoria y ver el partido tranquilo. Me equivoqué. Dos personas que viajaban con Rafael Puentes (del Ballet Azul Radio) e ingresaron fueron desalojados durante el primer tiempo con la misma metodología policial, la de romperle las boletas en la cara y forzarlos a abandonar el escenario. Ya en la cancha, cantitos de “a-se-sinos, a-se-sinos” de la barra brava (me pregunto cómo sentirán los bogotanos “hinchas” de ese equipo cada vez que los de Medellín cantan llenos de odio y rencor que “el que no salte es un rolo maricón”), lluvia de rollos, botellas y bolsas vacías hacia Máyer cada vez que fue a cobrar un córner, un ‘trapo’ con la leyenda “Millos, paz en tu tumba”. Ni un solo policía en las tribunas, toda la logística de seguridad la tenía la misma hinchada verde, lo curioso es que en algún momento hablé con un agente y me dijo "nosotros estamos dando vueltas por los alrededores solamente". A la salida, la misma tensión a la inversa. Cada uno de los que logró ver el partido tuvo que salir rápido apenas pitó Machado y buscar un taxi como fuera para salir del lugar. Por supuesto no faltó el hincha que recibió un “gallina hijueputa” de un grupo de verdes que ni habiendo ganado podían contener su rencor, y tuvo que correr por su vida. Los taxis por la zona escaseaban pero el señor que nos había dejado en el estadio había dejado su tarjeta y llegó a recogernos, él nos salvó de lo que pudo ser una desgracia. Y los jugadores tuvieron que salir en tanqueta ante la tremenda falta de garantías de seguridad que brindaron las autoridades antioqueñas. Algunos (muy pocos) fueron al estadio con amigos/compañeros del rival, ese factor hizo que no sufrieran la represión a la entrada ni a la salida. Que no les quitaran la entrada y se la hicieran pedazos de frente "por rolos" y que no los tomaran entre 15 a puño, patada y arma blanca. Esas fueron las medidas de seguridad que tomó la hinchada verde, esa que hace mes y medio pregonaba la paz, santidad y castidad (¿?). La perla final de la jornada se dio en los aeropuertos. El vuelo 9329 de Avianca se disponía a despegar pero tuvo que volver a la plataforma de abordaje. ¿la razón? Un hincha de Nacional que sacó todo un repertorio de amenazas hacia la tripulación de la aeronave. La policía aeroportuaria lo bajó del avión. Al aterrizar en Bogotá, un buen grupo de hinchas contaron los apodos de compañeros que habían salido apuñalados de Medellín. Millos perdió la Copa Colombia y muchos de los hinchas casi perdemos la vida. No me quiero ni imaginar qué hubiera pasado con la integridad de los viajeros y los azules de tierras antioqueñas si el equipo azul hubiera levantado el trofeo en medio de tanta xenofobia y represión. Twitter @Elmechu
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El fútbol del odio, ¿el país del odio?
Seis balines del tamaño de bolas de billar, seis armas que perfectamente pueden ser mortales porque, tal vez no lo saben los hampones que con camisetas de Nacional se los lanzaron al bus de Millonarios (en el que no sólo iban los jugadores y el cuerpo técnico sino la hija de Ganiza Ortiz), pero eso era lo que disparaban los cañones hace dos siglos. Claro, la fuerza de un brazo no es la misma de la pólvora, pero una bola de acero lanzada causa daños y los vidrios del vehículo destruidos lo demuestran. La agresión fue antes de la final, cuando el equipo se dirigía al estadio Atanasio Girardot y, afortunadamente, no dejó heridos, pero sí secuelas. Porque eso es lo peor de la violencia: que genera más violencia. Y lo que está pasando con el fútbol entre Bogotá y Medellín es una cadena de hechos violentos, de vendettas, de odio que se nos está saliendo de las manos a todos. Porque incluso se dio el absurdo de "justificar" la agresión al bus azul con los muertos verdes en Bogotá en meses pasados, que a su vez se "justificaron" con las agresiones a las barras azules en Medellín en el pasado, que a su vez se "justificaron" con el maltrato que le dan en Bogotá a los antioqueños, que a su vez... Y ojo, no es sólo del fútbol. En los 50, cuando la Vuelta a Colombia se encargó de tratar de unir a un país sumido en La Violencia partidista, si el cundinamarqués Jorge Luque ganaba la etapa que terminaba en Medellín recibía una lluvia de piedras igual de cobarde a la que sufría Ramón Hoyos Vallejo cuando ganaba en Bogotá. ¿El problema es regional? Sí, en los colegios ya no enseñan esto, pero había un sancocho administrativo en Colombia llamado Estados Unidos de Colombia, que entre 1863 y 1885 trató de resolver nuestros endémicos problemas de identidad con una constitución federalista en la que los nueve 'Estados Soberanos' hacían lo que se les daba la gana: desde recaudar impuestos, emitir moneda de cada estado y tener libertad de declararle la guerra a otro estado, hasta ir a la guerra contra Prusia como hicieron en Boyacá o encerrarse en sí mismos y apostarle al crecimiento económico como hicieron en Antioquia. El estado de Antioquia, ultracatólico, por supuesto, llegó a ser tan poderoso económica, política y militarmente, que incluso se metió sin permiso en terrenos baldíos de los estados de Cauca y de Tolima en lo que históricamente se conoce como 'colonización antioqueña', y por eso tenemos influencia cultural 'paisa' en lo que hoy es Caldas, Risaralda, Quindío y el Valle del Cauca, sin contar Chocó, que era parte de ese 'Estado Soberano de Antioquia'. Pero aparecieron Rafael Núñez y el godísimo y cachaquísimo Miguel Antonio Caro, ganaron la guerra de 1885, impusieron la Constitución que se escribió en 1886 y la regional, federal y desordenada Colombia de los Estados Unidos se convirtió de pronto en la República de Colombia, con centro en Bogotá y punto. ¿Cómo esperar que en las diferentes regiones del país se aprecie a Bogotá o a los bogotanos cuando históricamente todo lo que pasaba en tu pueblo dependía de Bogotá? ¡Si hasta el nombramiento del alcalde dependía de la aprobación presidencial en la fría ciudad del centro! La capital, a pesar de ser la ciudad de todos, la capital de las puertas abiertas, la que recibió desde los 50 a millones de migrantes regionales que le huían a la violencia, que buscaban un mejor futuro laboral o académico, se convirtió en el antipático centro de poder del que todos los demás dependieron. La Constitución de 1991 trató de cambiar esto con la idea de la descentralización política y administrativa, pero no lo ha logrado del todo gracias a la larga tradición de burocracia y corrupción que heredamos de la carta magna anterior, pero sobre todo a que el centralismo vive en lo simbólico:si ves un noticiero en un canal nacional no es un noticiero nacional, es un noticiero de Bogotá, hecho en Bogotá, con exceso de noticias locales y que trata de justificarse como nacional ofreciendo una ronda por las ciudades; si ves una telenovela, así sea de corte regional (fíjense en la multiplicación de telenovelas geolocalizables y llenas de acentos en los últimos 22 años para mostrar que estamos 'descentralizados'), vas a tener actores bogotanos (incluso haciendo de costeños, paisas, vallecaucanos, etc.) y, peor aún, muy seguramente el personaje chueco, malo, hipócrita o traicionero será un estereotipo rolo. El odio regional está metido en nuestra sangre por tradición histórica, por cultura, por forma de vida, y por supuesto se metió en el fútbol, la última vitrina de intolerancia. Claro, no es la única: somos sexistas (lo de la niña con minifalda en ese sitio que supuestamente es el epítome del colombianismo llamado Andrés Carne de Res lo demuestra), sexistas, racistas, pero, por sobre todas las cosas, estamos cargados de odio en el fútbol y todos esos otros elementos se reflejan ahí. Si elogias a alguien del equipo rival, por ejemplo, inmediatamente salta la intolerancia histórica y te proponen darle culo, mamárselo, abrirle las piernas... todos insultos que demuestran la católica homofobia de la cultura colombiana y lo que en últimas se piensa culturalmente de la mujer: que es un objeto de gozo, una cosa inferior que está para mamarlo, abrir las piernas y poner culo (si hasta el prohombre Andrés Jaramillo cree que por eso es que se ponen minifaldas). Si un jugador negro hace algo mal, inmediatamente es un negro hijueputa o, gran frase de estadio, "tenía que ser negro" (de los mismos creadores de "negro ni el teléfono"), y en esa categoría racista entra eso de "paisas, raza maldita" que vi el domingo en Twitter durante la final, o el "costeños comeburras" que le dicen a los hinchas de Junior en los otros estadios del país. El fútbol nos divide de formas oscuras que hacen aparecer odios históricos y, lo más extraño, es que en este momento el fútbol es la principal razón de unión nacional gracias a la clasificación de la Selección Colombia al Mundial, pero ni así, ni siquiera cuando hay un equipo de amarillo, azul y rojo representando con victorias a toda la nación logramos dejar atrás lo que llevamos en la sangre. Sólo hay que ver cómo se ataca desde el Caribe a aquel que ose criticar a Teófilo Gutiérrez, cómo desde Antioquia florecen las amenazas si hay algún comentario negativo sobre Stefan Medina y cómo desde Bogotá muchos ponen el grito en el cielo porque Pedro Franco no está en la Selección. Porque claro, como pasa siempre con el odio, todo es culpa de otro: si Teófilo es suplente es porque "la prensa de Bogotá le está haciendo campaña a Jackson Martínez", si a Medina lo convocan es porque "la Federación se le vendió a Postobón", porque "Pascual Lezcano es el que maneja la Selección", porque "Nacional es una mafia", y si Franco no es convocado es porque "odian a Bogotá" y "todos son unos vendidos miserables", y todas las anteriores con nueva versión. Es decir, es más fácil dejar salir el odio que aceptar que el señor Pékerman es el que manda en su equipo y está en su soberano derecho de convocar y alinear a quien quiera (para eso le pagan, y mucho, para armar la Selección como se le dé la gana). El odio, dice mi terapeuta (sí, me tocó ir a terapia para manejar el estrés), es un problema de ego, de autoestima, y como lo escribí una vez en Twitter, Colombia tiene la autoestima de una quinceañera gorda. Se refleja en la enorme incapacidad de autocrítica y de burlarnos de nosotros mismos pero, sobre todo, en el miedo que le tenemos al otro. Y el miedo, como diría Yoda, es el primer paso hacia el lado oscuro. Lo triste es que vivimos en ese lado oscuro en el que para ocultar ese miedo cultural a aceptar al otro, a aplaudir la diferencia, es más fácil cerrarle las fronteras a las barras de otra región (qué vergüenza lo del Alcalde de Medellín), que tratar de buscar acercamientos. Por eso los que han sido olvidados por la sociedad y lo único que tienen es esa barra, que en últimas es una excusa para sentirse alguien en una nación en la que no son nadie política, social, económica y culturalmente, le huyen al miedo que esto genera con peleas a cuchillo en parques y barrios vestidos con camisetas de clubes a los que sólo les importan como compradores de boletas y camisetas; por eso tratan de ocultar su incapacidad de ir más allá agrediendo anónimamente con piedras y balines que parecen balas de cañón decimonónico; por eso el fútbol, la mayor de las pasiones de la sociedad colombiana, es la nueva vitrina de un odio endémico, cultural, contra el que hay que tomar medidas pedagógicas y de hecho en serio. Las grandes transformaciones culturales nacen de pequeños cambios individuales que se van convirtiendo en cambios de toda la sociedad. Aún es tiempo; me niego a creer que Fernando Vallejo tuvo razón cuando dijo: "Colombia es un desastre sin remedio. Máteme a todos los de las FARC, a los paramilitares, los curas, los narcos y los políticos, y el mal sigue: quedan los colombianos". En Twitter: @PinoCalad
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Gol Caracol
El niño pobre y el multimillonario Falcao
Falcao se quedó sin palabras pero a mí me salieron muchas. La foto que acompaña este texto no “habla por sí sola”, como podrían decir muchos colegas periodistas, sino que explica el milagro de varias glorias de nuestro fútbol en un país que obliga a su gente a andar como zarrapastrosos, como diría el vicepresidente Angelino Garzón. El niño se llama Wilson Andrés Nobles. Tiene 12 años. La foto la publicó El Universal, diario que asegura en su edición impresa que el pequeño es “el héroe de la calle San Juan, en la Perimetral, y de su colegio República de El Líbano, por la foto que captó la atención del delantero de la Selección Colombia”. Si no advertimos que eso queda en Cartagena cualquier compatriota “cachaco” quedaría perdido con esas indicaciones. Estamos lejos y hasta los que se creen de las grandes ciudades vivimos en comarcas alejadas de la realidad. Falcao, que no tiene culpa de nada, salvo de salir adelante como colombiano desde Argentina y de hacer goles como un animal, vio la foto, se describió “Sin palabras // Speechless” en Twitter y le hará llegar a Wilson la camiseta original, seguramente con su impronta y, ojalá, con más ayuda que una prenda de vestir. Lo cierto es que Falcao, que vio la foto a casi 9.000 Km. de su patria natal porque estaba demostrando su talento en Bélgica, se gana un salario mínimo ($589.500) cada nueve minutos y en cambio Wilson, aquejado como el balón de la película Náufrago, “vive en una calle sumida entre el contraste de belleza y pobreza que inspiran la Perimetral”. A Wilson le pagan entre $7.000 y $9.000 cada domingo que trabaja como recogebolas de los campeonatos de “grandes” que se juegan en su tierra. El menor de ocho hermanos le entrega el dinero que se gana a su mamá. Las diferencias entre las clases sociales son abrumadoras. La camiseta original de Colombia cuesta $170.000. La que usan de verdad los jugadores vale $450.000. Son precios imposibles para quienes luchan por la subsistencia. Por más que Colombia haya clasificado al Mundial y que ahora haya muchos buenos jugadores de nuestro país en Europa, con maletas llenas de dinero, la verdad nos estrella, por fortuna, a cada instante. Son incontables los ídolos que empezaron a jugar descalzos y sin pan bajo el brazo. Desde El Pibe, Leonel, Higuita, Carlos Bacca, Amaranto Perea y muchos otros hasta los cientos que deambulan en primera y segunda división de nuestra Liga. Y es ahí donde es imposible quedarse callado o sin palabras. Ahora se viene la “nota de color” en los medios porque, como escribió hace poco el periodista Jorge Ramos, “El fútbol es más circo que el circo”. Wilson recibirá su camiseta y gracias a un golpe del destino podrá tener una mejor oportunidad. Pero con las siguientes emisiones del noticiero todo acabará siendo una anécdota más de tantas loterías que algunos se ganan esperando nada más que la comida de la noche. Mientras tanto, celebramos los goles de la Selección y gozamos los goles propios en el barrio, en las playas y en las polvaredas. Sabemos porque sí que Cristiano Ronaldo ha gastado más de 20.000 millones de pesos en vehículos de lujo o que Messi les compró la casa a los vecinos por un millón de euros para no tener nadie cerca en la mansión donde vive. También que Falcao tiene un Ferrari 458 avaluado en unos 400 millones de pesos. El gesto de la camiseta es muy diciente en ambos sentidos, para Wilson y para Falcao. El precio de la felicidad lo tenemos todos, solo que a algunos nos gusta ponerlo muy alto. Lo mejor es que una camiseta de fútbol sigue siendo capaz de sacarnos una gran sonrisa. * Foto de Luis Carlos Prado - El Universal. En Twitter: @javieraborda
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Gol Caracol
EL SUEÑO DEL PIBE
Los días previos a cualquier partido de fútbol están llenos de esperanzas, ilusiones y sueños entre los hinchas de cualquier escuadra. Cuando se trata de una final estos sentimientos se multiplican geométricamente. Esta ansiedad llega a límites extremos y ninguna labor está libre de ser interrumpida por un anhelo de gol o la imagen de nuestro equipo amado levantando la copa. Pero nada es igual cuando se disputa el título frente al rival odiado, frente al equipo que genera nuestra peor rivalidad. Esa imaginación de niños de jugar finales solo ante lo que representa lo opuesto a nuestro equipo amado. Los argentinos lo llaman: “El sueño del pibe”. Hoy a las 7.45pm los hinchas de Millonarios queremos hacer realidad ese sueño. Ser campeones de la Copa Postobón y derrotar a la antítesis de lo que representa Millonarios F.C. Este es el partido que nunca quiero perder. Este es el partido donde la rivalidad aumenta a los máximos límites y no se puede pensar en cosa diferente a levantar la copa. Para los hinchas de Millos, Nacional encarna los amaños de la Dimayor para beneficiar a su patrocinador, el robo continuo de árbitros desde el chileno Silva, pasando por Buitrago y terminando en Gamarra y las culpas del narcotráfico que expió ya Millonarios y que los medios de comunicación y la sociedad fue complaciente con el equipo verde. Hoy todos somos niños y soñamos con esa explosión de felicidad que será el domingo al levantar la copa. Todo comienza con el partido de hoy. El último enfrentamiento debe servir de enseñanza de lo que no salió como debía. En defensa ser más preciso con los laterales y desconectar a Sherman Cárdenas. La contundencia es más importante que nunca y nuestros goleadores deben acertar en la primera oportunidad que tengamos. Mayer Candelo y Harrison Otalvaro a ser los generadores de juego y llevar de la mano al equipo a una nueva conquista. Tengamos todos hoy la misma buena energía que tuvimos aquel 16 de diciembre. Seamos ese ánimo vital que los muchachos necesitan durante 90 minutos para levantar un nuevo trofeo. Hoy Millonarios dará el primer paso en el Campín y el sueño del pibe ya no será una ilusión más sino una realidad. ¡¡¡VAMOS LEVANTA LA COPA MILLOS QUERIDO!!! MINUTO FINAL: Feliz cumpleaños a la barra Adolfo Perdernera. Son dos años de la familia que me dio Millonarios. Siempre estaremos @bapmillos MAURICIO GORDILLO @MAUGOR
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Gol Caracol
El hombre detrás de la Ley Bosman
Jean-Marc Bosman plasmó su nombre en la historia del fútbol europeo, pero no precisamente por sus aptitudes dentro de la cancha. Controversial por su temperamento fuera de ella, este ex jugador belga fue el precursor de la ley que cambió en la década del 90 el límite de cupos de extranjeros dentro de los equipos de la Comunidad Europea. En junio de 1990, el R.F.C. Liège, conocido por nosotros como Lieja, le ofreció a Bosman un año más de contrato, sin embargo el polémico jugador lo rechazó por considerar que no se le pagaría lo suficiente. Por este motivo, los directivos del club belga decidieron poner a Bosman en la lista de transferibles con una cláusula de indemnización de 11.743.000 francos belgas. Algunas semanas después, un modesto equipo francés, la USL Dunkerque mostró su interés por contar con Bosman por una temporada con opción de compra, pero por algunas diferencias económicas en la cláusula de indemnización, el pase entre el club francés y el R.F.C Liège se cayó. Los directivos decidieron apartar a Bosman del equipo. Bosman presentó una demanda contra el club, así como contra la Federación Belga de Fútbol y la UEFA por considerar que las normas de traspaso de estas entidades habían obstaculizado su préstamo al USL Dunkerque. La defensa del jugador planteó que se debían interpretar los artículos 48 y 85 del Tratado de Roma; allí se establecía la prohibición a que las asociaciones deportivas nacionales e internacionales pudieran imponer un límite en el acceso de los jugadores profesionales extranjeros ciudadanos de la Comunidad Europea en las competiciones que organizan. Luego de varios meses de disputas judiciales, finalmente el 15 de diciembre de 1995, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea dictó una sentencia en la cual declaraba ilegales las indemnizaciones por traspaso y los ‘cupos de extranjero’ de jugadores nacionales de estados miembros de la Unión Europea. Este dictamen significaba la libertad de movimientos de los futbolistas europeos entre países de la Unión Europea sin que ello significara ocupar una plaza de extranjero. Esta ley favoreció los derechos de los equipos y jugadores de las ligas más pequeñas, pero al mismo tiempo le permitió a los clubes más poderosos de Europa formar equipos de estrellas del viejo continente sin estar ocupando un lugar como extranjeros; como si sucedía con los jugadores suramericanos o africanos. En la temporada 95-96 de la Liga Española se permitían 4 extranjeros por equipo, de los cuáles sólo podían jugar 3 a la vez. En la temporada siguiente esto cambió, los equipos podían contratar a todos los extranjeros comunitarios que quisieran, sin límite en las alineaciones. Allí nació la llamada Liga de las Estrellas. La Ley Bosman coincidió con el desembarco de la televisión privada en la transmisión de partidos. Jugosos contratos televisivos enriquecieron aún más a los de por sí ya poderosos clubes europeos. Esta repartición desigual permitió que el abismo que separaba a los grandes clubes con los demás fuera cada vez mayor. La Liga Española ha sido desde entonces la más beneficiada por esta ley. Aquel emblemático equipo del Real Madrid con: Figo, Zidane, Ronaldo, Beckham, entre muchos otros ´galácticos’, puso al descubierto la disparidad que conduciría a La Liga a lo que es en la actualidad: sólo dos equipos compiten con verdaderas chances de consagrarse campeón, teniendo dentro de sus plantillas a más de un extranjero comunitario; el resto de los equipos parecieran disputar un torneo diferente. Enredado en trabas burocráticas y jurídicas, la carrera futbolística de Bosman no fue la misma después de aquel mediático y transcendental juicio. El férreo volante belga había comenzado su carrera en Lieja, primero en el Standard y luego en el R.F.C. La sentencia lo alejó del juego, hizo parte del Olympique St-Quentin francés hasta 1996, luego regresó a Bélgica para jugar en el Charleroi y en el Visé. Con cada período de transferencias empezó a darse cuenta que ya no era apetecido por ningún club importante de su país, por lo que de a poco su fútbol decayó hasta que su estado de ánimo toco fondo. Ya no firma autógrafos, ahora malvive en una pequeña casa a las afueras de Lieja. Desde 2007 tiene problemas con el alcohol y en noviembre de 2011 fue acusado de violencia doméstica tras golpear a su pareja, por lo que tuvo que pagar un año de prisión. Bosman sobrevive gracias a las ayudas estatales y asegura que no siente envidia por los jugadores que ahora cobran sueldos millonarios gracias a la ley que él propició. “Wayne Rooney gana 200.000 libras por semana, pero yo vivo de un subsidio", afirmó hace poco a un diario inglés. El jugador que acabó con las fronteras en el fútbol y con el derecho de posesión es ahora un deportista olvidado, al igual que muchos. Por: Daniel Santamaría Jaramillo. Twitter: @danielsaja03
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Gol Caracol
MILLONARIOS POLITICO
No existe, como tal, un censo científicamente hecho de cuantos hinchas tiene Millonarios en Colombia y en el mundo. Pero con las celebraciones de la estrella 14, las encuestas de internet, el número de asistentes al estadio en lo corrido del año, el rating de televisión y el movimiento en las redes sociales, si está claro que somos la hinchada más grande y numerosa en Colombia. Hay un poder que poco hemos aprovechado como hinchas de Millonarios y es el poder político. Aristoteles definía al ser humano como un “animal político”, la capacidad de relacionarse con otros y formar sociedades y conjuntos. Bueno sería que junto a las consideraciones de convicciones políticas que tengamos para elegir a un servidor público, revisáramos que le aporta a nuestra institución amada tal aspirante a una dignidad de elección popular. Dos casos concretos hacen que reflexionemos sobre este asunto. Gustavo Petro y la ley laboral de los futbolistas colombianos. Bogotá es la ciudad que amamos y esperamos que quienes vivan en ella sientan ese mismo cariño y sentido de pertenencia por la capital, como lo tenemos todos los hinchas de Millonarios. Por lo tanto, uno espera un respaldo de quien dirige la ciudad, el Alcalde Mayor de Bogotá. Sin embargo, ya demostró que lo único que espera de los hinchas de Millonarios y de Millonarios F.C. es la oportunidad de mojar cámara para alimentar su propia imagen y ego, sin importar el daño que le haga a la imagen nuestra. Luego de la muerte, que nadie comparte, de los hinchas del equipo del duelo del campeonato hemos sido tratados en otras partes del país como los “asesinos de millonarios”. Y este infausto alcalde, en lugar de defender la honra de los hinchas de Millos, sus conciudadanos, ayudó a que en la percepción del país entero quedara que andamos matando hinchas de otros equipos por el país. Unió a aquellos que cometieron un delito con los que vamos apoyamos sagradamente a nuestra querida institución. Ni perdón ni olvido Gustavo Petro. El Ministro del Trabajo Rafael Pardo, llevó al congreso un proyecto de ley, para reglamenta el régimen laboral de los futbolistas. Fue comentado y debatido con el gremio de nuestros guerreros azules y sin embargo en el texto final existen “micos” que lesionan los intereses de los futbolistas. Mayer Candelo, Rafael Robayo y Jhonny Ramirez fueron hasta el Congreso a defender sus derechos y poner en evidencia como todo se trama por debajo en este fútbol. Tanto el ministro como los congresistas que voten positiva la proposición deber estar en la lista negra de políticos que no hacen bien al fútbol colombiano y en consecuencia a los jugadores de Millonarios. Somos una masa de votantes grande y única en Colombia. No podemos pretender que un símbolo nacional como lo es Millonarios, este ajeno al poder donde se manejan intereses pertinentes a nuestra institución azul. No es elegir hinchas de Millonarios por el solo hecho de ser hinchas azules (el pasado alcalde y un expresidente viajero lo corroboran). Es saber que nos pueden ofrecer como hinchas de Millonarios y como ayudan a Millonarios F.C. como empresa. Hay que castigar a estas administraciones que juegan con la ciudad, la honra de los hinchas de Millos y los derechos laborales de nuestros jugadores. Y tenemos que pensar más allá. Nuestra voz debería ser oída con un representante nuestro en el Concejo de Bogotá y la Cámara de Representantes por Bogotá, eligiendo alguien en estas corporaciones. Tener poder de decisión y voces críticas en quienes formulan las leyes del país es algo a lo que en un corto plazo la hinchada más grande del país debe tener. Así como nos unimos para formar este nuevo Millonarios, debemos pesar en unirnos para que los que nos gobiernan no sigan ultrajando el nombre los hinchas de Millonarios: LA HINCHADA MAS GRANDE DEL PAIS. MINUTO FINAL: El sábado a salir con la mejor energía para confirmar la clasificación a los cuadrangulares finales. Así se haya perdido en Barranquilla, el equipo ilusiona por su carácter y jerarquía. El nivel de juego va en alza para alcanzar la estrella 15. MAURICIO GORDILLO @MAUGOR
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Gol Caracol
El matoneo de Vicky Dávila a “Barrabás” Gómez
La entrevista, ya sin el invitado al aire, finalizó con la sentencia de la periodista-periodista Vicky Dávila: “Lo más importante (de ‘Barrabás’) es que ha sido el hermano del ‘Bolillo’”. Antes, Gabriel Jaime Gómez había defendido su postura: la selección Colombia jugó mal en la recta final de la Eliminatoria y, de seguir así, no clasificará a la segunda ronda del Mundial. Además, dijo que no creía que Colombia fuera la cuarta selección del planeta, como la muestra el ránking de la FIFA. Y agregó que son mejores equipos Holanda, Inglaterra e Italia. Así de simple, así de claro. Sin embargo, desde la cabina de la FM, en el noticiero de la mañana, se emprendió el ataque. Vicky, la pequeña maravilla, le criticó el escepticismo a “Barrabás”. Arremetió contra sus palabras agoreras, como si acaso tuviera que andar alabando a la Selección sin posibilidad de crítica. Y lo inculpó con brío. “¡Es como si Pékerman no hubiera hecho nada!”, exclamó. “Barrabás” defendió tanto como cuando fue jugador. No fue un crack en la cancha, claro está, pero supo soportar los siguientes embates. “Queda en el ambiente cierto tufillo de envidia contra Pékerman y esto porque también usted es hermano del ‘Bolillo’ Gómez”, espetó ya no Vicky Dávila sino el periodista Juan Pablo Barrientos. La entrevista siguió en el mismo tono y, en conclusión, fue repugnante. No porque se crea que “Barrabás” es un crack sino porque un periodista jamás puede atacar así al expositor de una opinión, por más que no la comparta. “Barrabás” jugó en Millonarios, Nacional, Medellín, Cali y Deportivo Táchira y estuvo en la selección Colombia de la década del noventa, tal vez la mejor de nuestra historia. Su nombre resonó en 1994 cuando llegaron amenazas contra Pacho Maturana si lo ponía a jugar en el Mundial de Estados Unidos. “Barrabás” también ganó la Merconorte como técnico de Nacional en 1998. Algo ha hecho. Su mérito no es ser hermano del “Bolillo” como dijo Vicky llena del más pobre folclorismo. Es más, el mérito de ninguna persona es su hermano, ni su padre, ni su hijo. Cualquier mérito es propio. La periodista-periodista sí tuvo toda la razón cuando dijo que los que no saben de fútbol también pueden opinar de fútbol. Promover, empero, el ataque verbal contra quienes piensan diferente es una completa idiotez. Tanto como la vez que Vicky confundió en Twitter a Teófilo Gutiérrez con la Teófilo Forero, la columna de las FARC. Es muy estúpido creerse más inteligente que los demás, cualquiera sea el caso. “Terrible situación… ‘Barrabas’ Gómez es una persona controversial que sabe de fútbol, que hizo historia y triunfó para Colombia, y tratarlo de esa forma le hace daño al país y al fútbol… qué tal que yo expresara que los profesionales de la FM son unos seudoperiodistas que no saben nada. Sin saber de periodismo, sin saber de fútbol… ”, escribió acertadamente Osvaldo Benavides Ríos en los comentarios habilitados en la web de la FM. Tampoco es cierto que “nos dé pena que nos vaya bien”, como dijo Vicky en la entrevista. Es todo lo contrario. Si alguna buena razón tiene “Barrabás” es advertir que “No nos podemos creer los mejores siendo que no somos los mejores”. Él, como pocos, sabe en carne propia lo que fue nuestra desagracia de creernos campeones del mundo en Estados Unidos. Hoy no hemos ganado nada. Ser cabezas de serie de un Mundial es una anécdota. Aplaudir o criticar la Selección es un derecho básico de nuestra libertad de expresión. Por demás, Vicky debe decirles a sus compañeros de cabina que no pregunten al aire “¿Quién es Barrabás?”, como tristemente hicieron para diezmar al personaje. Lo mínimo es que conozcan al individuo que van a entrevistar, ¿no? Y que tampoco se rían irrespetuosamente en la entrevista como sucedió al final del minuto 13. Por fortuna, aquí sacó la cara Ricardo Henao, el único periodista deportivo del caso, el único que intentó ser equilibrado. Por fortuna. * Si no ha escuchado la entrevista, haga clic AQUÍ En Twitter: @javieraborda
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Gol Caracol
50 colombianos que se quemaron rumbo al Mundial
En el país se habla hoy de héroes porque todos necesitamos héroes. Y en este momento son aquellos que tuvieron las fuerzas y el talento para clasificar al Mundial después de 16 años de tristezas. Muchos sinsabores pasaron desde entonces. La única sonrisa real fue la Copa América de 2001. Desde 1998, los colombianos tuvimos que ver jugadores y técnicos ardiendo en llamas por culpa de una inflamable Selección. Rostizados quedaron Javier Álvarez, Luis Augusto García, Francisco Maturana, Reynaldo Rueda, Jorge Luis Pinto, Eduardo Lara, Hernán Darío Gómez y Leonel Álvarez. Fuera de ellos, los que dirigieron, otros soldados murieron en distintas batallas a lo largo de estos años. Esta es una lista de 50 jugadores que se pusieron la camiseta de Colombia con cierta importancia después de Francia '98 y se la quitaron sin poder ir a un Mundial. Ellos son nuestro pasado, el mismo que sustenta el presente. Son ellos héroes caídos en acción que también merecen su monumento. 50 jugadores colombianos sin Mundial (su orden no es casual) Giovanni Hernández Jairo “El Tigre” Castillo Juan Pablo Ángel Hugo Rodallega Víctor Danilo Pacheco Freddy “Totono” Grisales Agustín Julio Luis Gabriel Rey Jairo Patiño Frankie Oviedo Gerardo Bedoya Víctor Bonilla Jersson González Cristian Marrugo John “Choronta” Restrepo Néider Morantes Fabián Vargas Arley Dinas David Ferreira Giovanni Moreno Mao Molina Arnulfo Valentierra Gonzalo Martínez Tressor Moreno Jhon Viáfara Roberto Carlos Cortés Alex Viveros Arley Betancourth Pedro Pablo Portocarrero Johnnier Montaño Elson Becerra Hayder Palacio Eudalio Arriaga Elkin Murillo Juan Carlos Ramírez Rubén Darío Bustos Juan Carlos Henao Jaime Castrillón Sergio Darío Herrera José “Ringo” Amaya Róbinson Zapata Gustavo Victoria Édixon Perea Estiven Vélez Álvaro Domínguez Andrés Chitiva Vladimir Marín Jair “Chigüiro” Benítez Yulián Anchico Wason Rentería No olvidar a: Andrés Pérez; Milton Rodríguez; Héctor Hurtado; Humberto Mendoza; Martín Arzuaga; Samuel Vanegas, Julián Vásquez, Jorge Banguero, Mayer Candelo, Edwin Congo, Carmelo Valencia, Wálter Moreno, Juan Carlos Toja, Juan Pablo Pino, Gustavo Bolívar y otros tantos que no pudieron llegar a la meta, aunque mucho quisieron. Y las dudas (podrían entrar en la lista): Adrián Ramos, Dayro Moreno, Carlos Darwin Quintero, Dorlan Pabón… Si faltó alguien, con gusto en mi cuenta de Twitter: @javieraborda