Cada año aumentan las denuncias por abuso sexual contra menores de edad, un delito que con frecuencia ocurre dentro del entorno más cercano de las víctimas. En muchos casos, los agresores son personas de confianza o integrantes de la propia familia, lo que hace más difícil que los hechos salgan a la luz. Séptimo Día conoció el indignante caso de dos hermanas que decidieron romper el silencio y denunciaron a su propio padre por los abusos que, según sus testimonios, sufrieron durante años.El caso permaneció oculto durante mucho tiempo, hasta que el relato estremecedor de otra niña, a quien dejaban bajo el cuidado en la casa de las hermanas Daniela y Camila Bernal, permitió destapar lo sucedido y desencadenó un proceso judicial que terminó con la captura del señalado en Bogotá.Desgarrador relato reveló una cadena de abusosLos hechos comenzaron a descubrirse cuando una niña cercana a la familia confesó a sus padres que estaba siendo víctima de abuso sexual. Según el testimonio entregado por la familia, la menor reveló comportamientos que generaron preocupación inmediata.“Ella llorando nos contaba que él la ponía a ver vídeos pornográficos y que la tocaba”, relató el padre de la niña. En medio de su declaración, la madre también afirmó que ella le decía que tenía un “secreto”.La niña tenía ocho años cuando reveló lo ocurrido, aunque sus padres aseguran que los hechos habrían comenzado varios años antes. Tras escuchar su relato, acudieron a las autoridades y se activaron los protocolos de atención para este tipo de casos.Indignante confesiónTras los hechos, para esta familia era importante saber el testimonio de las hermanas Daniela y Camila, hijas del señalado agresor. En ese momento, el caso dio un giro inesperado cuando una de ellas reveló que también había sido víctima.“Mi hermana le dice (al papá de la menor) que ella le cree porque mi papá le había hecho lo mismo a ella”, recordó Daniela, la mayor de las hermanas.Ese testimonio abrió la puerta para que ambas hermanas hablaran sobre lo que, según ellas, habían vivido durante años. Daniela relató que uno de los episodios ocurrió cuando su hermana tenía 13 años, durante un viaje. Al parecer, su padre Jhon Wilder Bernal, de 43 años, habría intentado abusar de su hija menor en ese lugar. “Le tapaba la cara y desnudaba”, explicó Daniela.Las jóvenes aseguran que los abusos no se limitaron a ese episodio. De acuerdo con su relato, ocurrieron en diferentes momentos y espacios dentro del entorno familiar. “Abusó muchos años del poder que tenía como papá con las dos”, afirmó Daniela, al describir la forma en que, según ella, su padre aprovechaba la autoridad que tenía dentro del hogar.Los episodios ocurrían, según recuerda, en momentos cotidianos. “Normalmente era en las mañanas o cuando yo llegaba del colegio o los fines de semana”, agregó.Rompieron el silencioDurante años, ambas mantuvieron silencio sobre lo sucedido. Según explicó Daniela, la manipulación emocional influyó en su decisión de no denunciar en ese momento.Cuando Camila tuvo su primer novio en 2017, sostuvo una fuerte discusión con su padre, situación que la impulsó a revelar la verdad sobre los presuntos abusos. Tras ese episodio donde su madre se enteró, se abrió un caso en la Fiscalía; sin embargo, según relató, ante las peticiones de su padre terminaron cediendo y cambiaron su versión.“Es que es muy enfermizo cómo nos manipuló”, afirmó. De acuerdo con el testimonio de Daniela, el hombre ejercía presión sobre distintos miembros de la familia para evitar que se revelara lo que ocurría.A pesar de que sus padres se separaron, nuevamente el secreto del abuso quedó guardado hasta que el testimonio de la otra menor revivió el caso.La captura del señalado de abusar a su hijas y otra menorAnte la necesidad de Daniela por confrontar a su padre, el 19 de enero de 2025 decidió escribir una carta y enviársela por mensaje de texto para decirle que iba a denunciarlo por los años de abuso contra ella y su hermana. En ese momento, su padre le marcó y ella grabó la llamada.En esa conversación, el hombre pronunció palabras que posteriormente fueron presentadas como parte del proceso judicial. “No hay día que realmente no me arrepiente de todo eso. Ustedes dos son mi vida y son mi pecado más grande que he cometido en el mundo”, se escuchó decir.Con esa grabación y su testimonio, Daniela acudió a la Fiscalía para presentar la denuncia formal. El proceso avanzó durante varios meses. Finalmente, el fiscal del caso les comunicó que se realizaría la captura del señalado agresor. La diligencia se llevó a cabo en la madrugada del 28 de octubre de 2025. “Nos recogieron a las 3:30 de la mañana”, recordó Daniela, al relatar el momento en que acompañaron el procedimiento.La detención marcó un momento significativo para las víctimas, quienes durante años habían guardado silencio sobre lo sucedido.Para los padres de la otra menor víctima, el procedimiento también representó un alivio después del proceso judicial que habían enfrentado. “Brincamos de alegría de saber que por fin estaba preso”, dijo el padre de la menor que inicialmente denunció los hechos.Desde ese momento, Jhon Wilder Bernal permanece detenido en la URI de Puente Aranda, en Bogotá, mientras continúa el proceso judicial en su contra por presuntos actos sexuales abusivos contra menores de edad.Para las hermanas Bernal, el proceso significó romper años de silencio y llevar ante la justicia lo que, según su testimonio, ocurrió dentro de su familia. "Es mi papá y abusó de mí y de mi hermana. Lo metimos a la cárcel...Es un abusador que va a pagar por lo que hizo”, concluyó Daniela.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
En el año 2010, Colombia atravesaba uno de los periodos más críticos de su conflicto interno. Con más de 500 víctimas de minas antipersona, 400 miembros de la fuerza pública fallecidos en combate y cientos de personas retenidas ilegalmente, el secuestro se había convertido en una herramienta de extorsión masiva por parte de las FARC. Con dicha situación, la inteligencia militar colombiana se enfrentó a un reto logístico y humano casi imposible: ¿cómo enviar un mensaje de aliento a los militares y policías encadenados en la profundidad de la selva sin alertar a sus captores? Los Informantes conoció esta historia.La respuesta no llegó a través de una incursión armada, sino de una partitura musical. Una alianza estratégica entre militares, publicistas y productores musicales dio vida a la operación 'Días Mejores', una misión de comunicación que permitió infiltrar un mensaje cifrado en las frecuencias radiales que los guerrilleros permitían escuchar a sus prisioneros.El origen de una operación sin precedentes en código MorseLa iniciativa comenzó en el departamento de comunicaciones del Ejército Nacional, bajo el liderazgo del entonces coronel José Obdulio Espejo. Como periodista experto en información militar, Espejo buscaba una vía para contactar a sus compañeros en cautiverio. El punto de partida fueron los testimonios de aquellos que habían logrado recuperar la libertad. Estos relatos revelaron un detalle crucial: el objeto más preciado en la manigua era el radio.A través de pequeños transistores, los secuestrados sintonizaban programas como 'Voces del Secuestro' y las emisoras institucionales del Ejército, que sumaban cerca de 250 estaciones en todo el país. Sin embargo, los mensajes directos de las familias o del Estado eran monitoreados por los captores. El coronel Espejo planteó la pregunta fundamental del proyecto: "¿Cómo comunicarnos con esos miembros de la institución que estaban encadenados en las selvas de Colombia? ¿Cómo llegarle a un secuestrado?".Para resolverlo, Espejo contactó al publicista Alfonso Díaz, quien junto al productor musical Carlos Portela, comenzó a explorar formas de camuflar información crítica dentro del entretenimiento radial.Del fracaso de los chistes al uso del código MorseEl proceso creativo para llegar a la canción definitiva no fue sencillo. Los autores exploraron diversas ideas que resultaron inviables. Una de las primeras propuestas consistía en utilizar el humor, aprovechando la popularidad de una comediante de la época. Alfonso Díaz recordó los tropiezos iniciales: "A nosotros se nos ocurrió 'contemos chistes como la nena jiménez.' (...) eso fue un caos, o sea, porque yo contando la idea era entonces pi". La intención era usar los sonidos de censura ("pips") para ocultar el código, pero la estructura resultaba incoherente.Tras descartar jingles de productos ficticios por ser demasiado cortos para transmitir información compleja, Portela sugirió utilizar una canción completa. El equipo descubrió que un oído entrenado en clave Morse, una habilidad impartida en cursos especializados de combate de las fuerzas armadas, podía decodificar hasta 20 palabras por minuto.La elección del género musical fue técnica: se descartaron ritmos rápidos como la salsa o el vallenato porque la velocidad dificultaría la audición del código. Finalmente, optaron por una balada pop con una estructura que permitiera insertar los bips sin romper la armonía. Carlos Portela, encargado de los arreglos, determinó el lugar exacto para el mensaje: "Hay que meterla después del coro, en una parte que sea instrumental, para que nada distraiga la atención más allá de lo que estás escuchando".El código: "19 liberados, siguen ustedes, ánimo"La letra de la canción, titulada 'Días Mejores', fue escrita por Díaz con la intención de resonar con la soledad del cautiverio. El publicista explica su proceso de escritura: "Yo me puse en el sentir de un secuestrado en un man que está solo bajo la luna". La canción incluye frases de apoyo como "estoy seguro vi los mejores días" y "un brote de esperanza", pero su verdadero valor residía en el sonido rítmico casi imperceptible que sonaba tres veces durante la pista.Para un civil, los sonidos bajo la melodía podían parecer una interferencia o un efecto de producción. Sin embargo, para los militares entrenados, el mensaje era: "19 liberados, siguen ustedes, ánimo". La cifra de "19 liberados" hacía referencia a operaciones militares previas, sirviendo como prueba de que el rescate o la fuga eran posibles.La estrategia buscaba que, con que una sola persona en el campamento entendiera el código, la información se difundiera mediante el "voz a voz" entre los demás prisioneros. Era una inyección de moral diseñada para que estuvieran preparados ante posibles operativos de rescate: "No los estamos dejando solos, estamos pensando en ustedes".Impacto en la selva y reconocimiento global de la estrategiaLa canción fue grabada por los cantantes Natalia Gutiérrez y Angelo y, a diferencia de los éxitos comerciales, su distribución fue dirigida exclusivamente a las zonas de conflicto donde se conocía la presencia de campamentos guerrilleros. Durante meses, la balada sonó en las emisoras regionales de las fuerzas armadas, logrando su objetivo primordial: llegar a los oídos de los rehenes.La efectividad de la operación se confirmó años después, cuando varios militares rescatados o fugados relataron en sus entrevistas de seguridad cómo el mensaje de la canción los había motivado a resistir. Portela recordó la emoción al conocer estos resultados: "Recordar que gracias a esa canción sí llegó la esperanza y que si hubo un par de personas que recibieron el mensaje total total eso es lo que le hace las lágrimas que vengan".Aunque la prioridad era el éxito militar, la genialidad de la campaña no pasó inadvertida para la industria creativa global. Una vez desclasificada la información de la operación, 'Días Mejores' participó en certámenes internacionales, logrando ganar un León de Oro en el Festival de Cannes en la categoría de innovación. Los creadores coinciden en que el premio, apodado el "Oscar de la publicidad", queda en segundo plano frente al impacto humano de la misión.Hoy en día, la historia de este hit musical encubierto ha trascendido las fronteras de Colombia, despertando incluso el interés de productores en Hollywood para llevar la operación a la pantalla grande. Lo que comenzó como un reto de comunicación en medio de la guerra terminó siendo una demostración de cómo el ingenio y la música pueden convertirse en herramientas de libertad en las condiciones más adversas.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Los Informantes.
En Colombia el número de menores víctimas de abuso sexual va en aumento cada año, según las autoridades. Uno de los factores que más alerta genera es que en la mayoría de los casos el abusador es una persona conocida, de total confianza y hasta parte del núcleo familiar de la víctima.Séptimo Día conoció la historia de cinco mujeres de la misma familia que durante su niñez fueron sometidas por varios años a los vejámenes de uno de los integrantes más queridos y aparentemente confiable de su núcleo más cercano. Hoy en día, dos de ellas siguen siendo menores de edad, pero todas han decidido hablar para buscar justicia.Cinco mujeres rompen el silencio sobre su abusadorEsta desgarradora historia inició con las hermanas Johanna, Diana y Julia López Roa, quienes fueron víctimas de abuso en Bogotá y en su propia casa cuando apenas eran unas niñas. Todas señalan que su abusador fue el mismo hombre: su tío Édgar López Luna, hermano de su padre, un hombre que tenía la confianza de toda su familia.“Él era muy cariñoso, nos consentía, nos manipulaba. Yo siento que yo lo quería mucho, para mí él era como un papá”, señaló Julia, la hermana menor.Johanna, la mayor, reveló entre lágrimas que cree haber sido la primera víctima de Édgar López, pero que con sus hermanas fue “mucho más violento”. Todas recuerdan que su infierno empezó en el año 2007, cuando Johanna tenía 8 años y su familia perdió todo a causa de un incendio en su vivienda.Harold López, padre de las hermanas, recordó que en ese momento difícil su hermano Édgar fue el primero en extenderle la mano a su familia, por lo que nunca sospechó de las intenciones que tenía con sus hijas menores de edad.“Yo veía que él se comportaba con ellas como un segundo papá. Se refería a ellas como ‘mis niñas’”.El incendio unió a los hermanos, por lo Édgar López cada vez estaba más presente en la misma casa con las menores, incluso empezó a quedarse algunas noches.Las hermanas recuerdan que su tío aprovechaba las noches en las que se emborrachaba con su hermano para entrar a sus habitaciones. “Siempre que él se quedaba, siempre pasaba y él iba cada ocho días. A mí me pasó hasta los 14 años”, aseguró Johanna.Por su parte, Diana, la hija del medio, recordó que su situación fue diferente a las de sus hermanas. “Yo tenía 7 años, tengo recuerdos de que él anteriormente había intentado sobrepasarse y yo no lo había permitido.Por eso él me tenía fastidio, él me pegaba, me pellizcaba, me halaba el cabello”. Ante los maltratos, Diana aseguró que bajó la guardia con su tío para evitar los golpes, pero eso llevó a que a sus 9 años fuera abusada por primera vez.Julia, la menor, aseguró que empezó a ser víctima de su tío a los 6 años. Siendo unas niñas, nunca hablaron al respecto, pero compartían su dolor. “Nosotras no nos preguntamos nada, simplemente nos abrazábamos todas y nos acostábamos a dormir”.Así pasaron varios años, las tres hermanas vivieron horrores en su propia casa sin que ningún familiar lo sospechara. Cuando llegaron a la adolescencia, todas coinciden en que Édgar López paró los abusos y las tres decidieron guardar silencio sobre lo que habían vivido por casi ocho años.La dolorosa verdad sale a la luzEn la actualidad Johanna, Diana y Julia López Roa son mujeres adultas que intentaron guardar el secreto más oscuro de su infancia y seguir con sus vidas. Sin embargo, la situación cambió en 2021, 14 años después de sus abusos, cuando se enteraron que otras dos menores de edad de su familia estaban siendo víctimas de Édgar López Luna.Elena, quien no quiso revelar su identidad, asegura que Édgar López Luna abusó de su hija menor de edad; mientras que su hermana Mariana, quien también es menor de edad, confesó ser otra víctima del hombre.“Él siempre estaba dispuesto a llevar a la niña al parque, a pasar tiempo con ella, pero yo nunca lo vi de una manera que no correspondiera. Compartíamos mucho con él, era una persona que estaba muy cercana en la vida de los niños presentes en la casa”, contó Elena. “Yo viví eso desde los 4 años hasta los 12”, dijo Mariana.Al igual que con las tres hermanas, Mariana aseguró que Édgar López la manipuló y le hizo creer que sus comportamientos con ella eran una muestra de cariño. “Dejé de verlo como algo normal cuando lo vi haciéndole lo mismo a una de mis sobrinas”, recordó refiriéndose a la hija de Elena.En 2021, la hija de Elena, una niña de 9 años, rompió el silencio sobre los abusos de su familiar. “Esta persona me toca de una manera que me hace sentir incómoda, pero yo no quiero contarlo porque es una persona que yo quiero mucho. Él me dice que no le diga a nadie, que no es nada malo”. La niña le confesó a su madre que los abusos empezaron cuando tenía apenas 5 años.Ante la revelación de la menor de edad, las cuatro víctimas anteriores tomaron la fuerza para hacer lo mismo y denunciarlo ante la Fiscalía en 2023. A pesar de todo lo que han hecho, demostrando los abusos de Édgar López contra las cinco, el hombre sigue en libertad. Las hermanas López Roa, ahora mayores de edad, aseguraron sentirse “culpables” al enterarse que otras menores de su familia habían pasado por el mismo infierno que ellas, por lo que están decididas a obtener justicia.¿Qué responde Édgar López Luna?En 2007, Édgar López Luna tenía 49 años y empezó a abusar de sus sobrinas menores de 10. Hoy en día tiene 67 y enfrenta dos denuncias por actos sexuales abusivos con menores de 14 años y una por acceso carnal abusivo con menor de 14 años, el caso sigue en investigación y no existe una condena.El equipo periodístico de Séptimo Día intentó contactarlo y conocer qué responde ante las acusaciones de cinco mujeres de su familia, dos de ellas menores de edad. En febrero de 2026 las cámaras llegaron hasta su casa, pero el hombre aseguró que “todo es falso” y que todas las que lo denuncian “son unas bandidas”. El hombre hasta se puso agresivo con el equipo de trabajo.Las hermanas López Roa están a la espera de justicia, aunque han pasado 14 años de lo ocurrido, e invitan a otras víctimas a denunciar sin importar los años que hayan pasado, recordando que en Colombia la violencia sexual no prescribe, según la Ley 2081 de 2021, lo que quiere decir que puede ser denunciada ante la justicia años después por la víctima.
Colombia es un país donde el sol del trópico reina los 365 días del año, por lo que hablar de nieve parece algo descabellado. Sin embargo, en las cumbres más altas de Colombia, el hielo ha resistido milenios y se ha estado derritiendo a una velocidad alarmante. Los glaciares tropicales colombianos son una rareza mundial, pero hoy se enfrentan a una extinción inminente que ha llevado a figuras como Marcela Fernández a liderar una cruzada por la memoria y la conservación de estos ecosistemas.De los 14 glaciares que engalanaban nuestras cordilleras el siglo pasado, solo quedan seis, y el pronóstico para el próximo en la lista de desaparición es desgarrador: el Nevado de Santa Isabel podría desaparecer este mismo año.¿Por qué Colombia tiene glaciares?Colombia no tiene estaciones, por lo que la existencia de estos glaciares depende exclusivamente de la altitud. Son glaciares ecuatoriales, una rareza global. Solo sobreviven aquellos que superan los 4.900 metros, repartidos en cuatro volcanes y dos sierras: El Ruiz, Tolima, Huila, Santa Isabel, la Sierra Nevada de Santa Marta y el Cocuy.Para Marcela Fernández, estos gigantes son mucho más que agua sólida: “Son los mártires del cambio climático, los que nos están alertando que el termómetro está muy caliente. Ellos son los archivos y las bibliotecas de la humanidad porque guardan toda la historia, las eras de hielo... Si estamos conectados con el agua, estamos conectados con nuestras emociones, somos 70% agua, técnicamente somos un glaciar andante”.El Santa Isabel: La crónica de una muerte anunciadaEl Nevado Santa Isabel se ha convertido en el símbolo de esta crisis. Según los expertos, es el próximo glaciar que dejará de existir en el país. Las cifras hablan por sí solas: entre 2022 y 2024, el Santa Isabel perdió el 45% de su superficie."Se dice que posiblemente este año se reduzca, podríamos estar hablando de que en agosto ya no esté. Estamos ante un enfermo terminal de este proceso de agonía, pero al mismo tiempo acompañar es aún más importante", afirma Fernández, señalando que, dependiendo de las temperaturas, este mismo año podría reducirse drásticamente o incluso desaparecer totalmente antes de 2030 según proyecciones del Ideam.Para ser testigos de este retroceso, un equipo de Los Informantes se aventuró a casi 5.000 metros de altura. La travesía, que inicia en Santa Rosa de Cabal y asciende hasta el refugio El Cisne (4.200 msnm), es un recordatorio físico de lo que ese está perdiendo. A la 1:30 de la mañana, bajo una temperatura de 3°C bajo cero, el camino revela zonas que hasta el 2003 estaban cubiertas por cuatro metros de nieve y que hoy son solo desiertos de tierra y piedra.Marcela Fernández y su sueño de cuidar los glaciaresLa labor de Marcela Fernández es un llamado a la reconexión. Su lucha busca que el colombiano común entienda que el agua de su grifo nace en estas cumbres agonizantes. Pero su interés por estos gigantes no empezó en las montañas. "Me empiezan a interesar a raíz de la ignorancia, de no saber que nuestro país tiene seis glaciares tropicales", recuerda y señala que fue una entrevista a Jorge Luis Ceballos, el único glaciólogo de Colombia, que leyó en un periódico de su ciudad la que la llevó a enterarse de lo que estaba pasando en las montañas más altas del país. "Es triste saber que algo está desapareciendo y que no hay conocimiento sobre su existencia", confiesa.Esa revelación la llevó a recorrer cada uno de los glaciares restantes y a fundar Cumbres Blancas, un movimiento internacional que reúne a fotógrafos, biólogos y alpinistas para visibilizar el derretimiento y restaurar los páramos. Su labor ha sido tan impactante que fue elegida por la BBC como una de las 100 mujeres más influyentes del mundo.Aunque el descongelamiento de los glaciares parece irreversible, el equipo de Cumbres Blancas se enfoca en lo que sí se puede proteger: el páramo. A través de la creación de 12 viveros, buscan propagar especies endémicas de alta montaña, especialmente el frailejón, cuya función es vital para el ciclo del agua. El sueño de Marcela es cubrir los 37 complejos de páramos del país y salvar las más de 30 especies en peligro de extinción.“Sueño con que los seres humanos podamos despertar”, concluye la activista. El Santa Isabel se desvanece, pero la semilla de conciencia que Cumbres Blancas está sembrando en los páramos pretende que, aunque el blanco desaparezca de las cimas, el verde de la vida y el flujo del agua no se detengan.