El potente terremoto del pasado 10 de agosto transformó en segundos la cotidianidad de Cali. Uno de los puntos más afectados fue el Hospital Universitario del Valle (HUV), donde el colapso de un ala de la estructura cobró la vida de cinco personas. En medio de los escombros de la casa de salud más importante del suroccidente colombiano, emerge la historia de los hermanos Orejuela, dos colaboradores de la institución que vivieron en carne propia el horror del sismo.
Camilo Orejuela, quien lleva una década laborando en la institución, logró salir ileso de la caída de la estructura. Sin embargo, su hermano Santiago, otro colaborador del hospital, no corrió con la misma suerte y resultó gravemente herido tras el desplome de una de las secciones del edificio.
En medio del pánico de la evacuación, Camilo relató el angustiante instante en el que descubrió la gravedad de lo ocurrido con su hermano: "Yo lo que recuerdo es que vi a unos compañeros con una camilla y lo tenían como tapado... reconocí a mi hermano por los zapatos, salí corriendo hacia él y lo primero que hice fue cogerle la cabeza, que era donde tenía la herida principal".
Hoy, mientras Santiago permanece bajo pronóstico reservado en una unidad de cuidados intensivos, su familia y compañeros se aferran a la esperanza. Camilo, quien ha tenido que regresar a sus labores diarias con el dolor a cuestas, describe la dura prueba familiar y pide el apoyo de toda la ciudadanía en este difícil proceso: "Ha sido bastante difícil, ha sido muy tedioso para nosotros como familia, como compañeros que vivimos toda esta situación. Ver a mi hermano postrado en una cama es algo que realmente yo no le deseo a nadie. Lo que quiero es que oren por mi hermano porque yo quiero que él salga bien de todo esto y yo sé que con la ayuda de Dios él lo va a lograr".
A pesar de que el 40% del hospital se derrumbó debido al impacto del terremoto, la valentía de su personal impidió que la tragedia fuera aún mayor. Los testimonios del personal de la salud que se negó a abandonar a sus pacientes en medio de la caída de escombros reflejan el nivel de entrega vivido esa mañana: "Cuando los vidrios empezaron a caer que sentimos que el ala del otro lado cayó desde el sexto piso. Empezamos a evacuar, sin embargo, mi docente y yo en vez de salir a evacuar nos quedamos y comenzamos a sacar los pacientes desde atrás hacia delante, de la cama número 30 hacia la parte de adelante, y pudimos evacuarlos hasta el pasillo".
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Este esfuerzo heroico del personal médico y de apoyo es el motor con el que el Hospital Universitario del Valle busca levantarse de las ruinas y seguir prestando sus vitales servicios a la comunidad del suroccidente del país.
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