La tecnología ha facilitado la vida cotidiana, pero también ha abierto la puerta a nuevas formas de delito. En Colombia, los ciberdelincuentes o ‘crackers’ utilizan engaños digitales, clonación de tarjetas, páginas falsas y plataformas de inversión fraudulentas para robar dinero e información personal en cuestión de segundos. Séptimo Día acompañó a las autoridades en un operativo contra un delincuente cibernético en Bogotá e investigó cómo operan estás redes.Los hechos ocurrieron el pasado 7 de febrero de 2026, en horas de la madrugada, cuando las autoridades colombianas lograron capturar a Juan Carlos Naranjo, conocido con el alias de ‘El Ilusionista’. Este hombre es señalado de liderar una modalidad de hurto informático en la que, haciéndose pasar por taxista, lograba vaciar las cuentas bancarias de sus víctimas en Bogotá.Las cámaras de Séptimo Día acompañaron el operativo que puso fin a una persecución de cuatro meses adelantada por unidades especializadas en delitos cibernéticos.¿Cómo engañaba ‘El Ilusionista’ a sus víctimas?Según las autoridades, el capturado utilizaba un taxi para merodear zonas de alta afluencia comercial y de vida nocturna. Al parecer, captaba pasajeros a quienes les decía que solo aceptaba pagos con tarjeta.Luz de Paredes, pensionada de 60 años y una de las víctimas, relató cómo fue abordada por el sospechoso en una tarde decembrina: "El taxi estaba en buen estado, como nuevo. La persona que paró se veía decente. Me dijo que sí me llevaba, pero siempre y cuando le pagara con tarjeta". La víctima añadió que el taxista parecía un hombre confiable, ya que era "bien hablado, muy pulcro en su presencia, tenía buenos modales”.Sin embargo, el engaño comenzaba al procesar el pago. El señalado empleaba datáfonos alterados tecnológicamente para capturar la información sensible de las tarjetas. Al respecto, la víctima describió el momento de la transacción: "Cuando fui a pagar, me sacó un datáfono... puse la tarjeta y obviamente al digitar la clave la tapé, no se le iba a dejar ver".Ante esto, el sujeto insistía en errores de conexión para obligar a la víctima a repetir el proceso: "Tenía dos aparatos electrónicos, todo estaba conectado ahí al equipo del taxi. Entonces me dijo que no había funcionado, entonces que otra vez volviera a digitarle la clave... Puse la clave tres veces en el mismo dispositivo”.Esta táctica no era aleatoria. El investigador Julián Celis, experto en delitos informáticos de la Policía, explicó que el dispositivo tenía una función oculta: "Él almacenaba las credenciales para posteriormente hacer los retiros".El "cambiazo" y la pérdida total del dineroOtra víctima identificada como Diana Duque, docente que visitaba la capital, sufrió la modalidad conocida como el cambiazo. Tras realizar el pago, el señalado le devolvió una tarjeta distinta a la suya sin que ella lo notara inicialmente."Me dijo: ‘Venga, intentamos de nuevo'. Yo la introduje, pero finalmente el tipo me hizo el cambiazo de tarjeta", recordó.Las consecuencias financieras para los afectados fueron devastadoras. Luz de Paredes denunció la pérdida de sus ahorros: "Me robó aproximadamente 22 millones y yo no tuve con qué hacer el mercado. Yo no tuve con qué comprar los regalos de Navidad. Me dejó con 30 mil pesos", afirmó.Las autoridades lograron establecer que, tras el robo, el capturado realizó compras masivas en tiempo récord. El abogado de la víctima, Jesús David Vargas, señaló que el sujeto compró ropa por 8 millones de pesos y electrodomésticos por otros 7 millones. “En 11 minutos le robó a mi cliente más de 20 millones de pesos en plena Navidad”, aseguró.Un operativo contra alias ‘El Ilusionista’La identificación de alias ‘El Ilusionista’ fue posible gracias a un meticuloso cotejo morfológico. Al utilizar las tarjetas robadas en cajeros electrónicos, su rostro quedó registrado en las cámaras de seguridad, lo que permitió a la Policía confirmar que no se trataba de los titulares de las cuentas."No fue fácil. Es una persona que se mueve por toda la ciudad de Bogotá y hace tiros en diferentes cajeros. Es una persona muy hábil para manejar, incluso intercambiar de vehículos, fingía ser taxista", manifestó el investigador del caso, quien tenía la misión de capturar al señalado.El operativo se llevó a cabo a las 5:20 de la mañana en una vivienda del norte de Bogotá. Durante el allanamiento, las unidades capturaron a Juan Carlos Naranjo y hallaron material probatorio contundente. "Se logró la incautación de 34 tarjetas de crédito y débito y tres celulares", confirmó el investigador Julián Celis.Además, en el parqueadero del edificio se encontró el taxi, el cual contenía en su interior dos datáfonos adicionales que, según la investigación, estaban "alterado para almacenar las claves".Juan Carlos Naranjo, alias ‘El Ilusionista’, fue puesto a disposición de la Fiscalía General de la Nación, enfrentando cargos por violación de datos personales en concurso con hurto por medios informáticos.Cifras impactantes de ciberataquesEstos casos demuestran la vulnerabilidad de los ciudadanos ante los ataques de ‘crackers’, término usado por la Policía para definir a criminales cibernéticos que utilizan la tecnología como herramienta de poder para el robo masivo de dinero.“El año anterior se registraron 13 mil incidentes informáticos por parte de los colombianos. Colombia registra el cuarto puesto después de Brasil, Perú y México con intentos de ciberataques”, afirmó el coronel Adrián Vega, jefe del Centro Cibernético de la Policía Nacional.La mitad de los ciberataques en el país, según los análisis de los investigadores, se concentran en Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena. “El año anterior logramos la captura de 375 ciberdelincuentes”, señaló Vega, quien además explicó que los delitos que más afectan a los colombianos son el acceso abusivo a sistemas informáticos, la violación de datos personales y el hurto por medios informáticos.En un mundo cada vez más digital, se recomienda consultar siempre información en sitios oficiales, revisar y activar todas las medidas de seguridad en dispositivos y aplicaciones y, ante cualquier sospecha, denunciar de inmediato ante las autoridades.
La historia de Anthony José Zambrano, medallista olímpico y ganador del Desafío Siglo XXI, está marcada por episodios de violencia y carencias que forjaron su carácter desde la infancia. El atleta, que alcanzó la gloria deportiva en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, reveló en Los Informantes detalles de un pasado doloroso: proteger a su madre lo llevó al límite de casi cometer un acto irremediable cuando apenas tenía 10 años.Zambrano creció en un entorno de extrema pobreza. Pasó parte de su infancia en La Guajira y posteriormente en Soledad. Su vida estuvo marcada por la ausencia de una figura paterna y por las dificultades económicas que enfrentaba junto a su madre.En medio de esa vulnerabilidad, el deportista recordó un suceso que marcó su infancia "Yo casi cometo una desgracia a los 10 años". Al explicar las razones de ese impulso, relató: "Porque mi padrastro le pegaba a mi mamá y un día en su cumpleaños le pegó. Me acuerdo que yo cogí un mata ganado donde no se me atraviesen, yo lo iba a puñalear para matarlo".El atleta también habló del destino que, según su relato, tuvo su padrastro: “Yo siempre he dicho cuando las personas que tratan de hacerle daño a Zambrano le va peor en la vida y esa persona murió como un perro, como un cerdo. Su mismo hijo le pegó un palazo en la frente".Una niñez marcada por el abandono y sacrificioLa trayectoria de Anthony Zambrano no solo estuvo marcada por la violencia, sino también al abandono paterno. Su padre nunca lo reconoció legalmente. "A él lo mataron cuando tenía como cinco o seis años, pero él nunca me quiso dar apellido. Él me negó y yo soy igualito a mi padre”, dijo. Los únicos recuerdos que conserva de él son escasos, destacando un presente particular: "Me regaló un gallo de pelea que era el mejor de él porque los guajiros, tú sabes que, son galleros a morir".Ante la ausencia de apoyo familiar, Zambrano y su madre se trasladaron a Soledad intentando escapar de las carencias. Allí, tuvo que asumir responsabilidades desde muy temprana edad. "Ella me dijo: 'Si nos vamos a mudar solos, tienes que defenderte solo, tienes que forjarte solo", recordó.A los ocho años, este deportista ya se enfrentaba a la dureza del trabajo informal para sobrevivir: "Yo con 8 años ya cocinaba, yo me iba solo para el colegio, recogía chatarra, cogía bolsas de cemento. Hacía milagros”.¿Cómo empezó en el mundo del deporte?El camino hacia el atletismo profesional comenzó en el colegio María Cano de Barranquilla, bajo la observación del entrenador Ezequiel Suárez. A los 12 años, la rebeldía de Zambrano se canalizaba en peleas con otros compañeros, pero su entrenador vio en él una fuerza distinta. Sin embargo, la falta de recursos seguía siendo un obstáculo."Me acuerdo que tenía unos zapaticos que le costaron a mi mamá 20 mil pesos. Yo le dije: ‘no voy a correr con estos zapatos porque si se me dañan, ¿qué más me pongo?’ Entonces, yo le dije: ‘Puedo correr descalzo, porque mi barrio, donde yo me crié, era pura tierra y barro".Tras ganar sus primeras competencias escolares, su carrera despegó internacionalmente, logrando podios en Panamericanos y Mundiales hasta llegar a la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. No obstante, las exigencias del alto rendimiento trajeron consigo lesiones graves y los Juegos Olímpicos de París 2024 fue solo una ilusión.Su paso por el Desafío Siglo XXILa decisión de participar en el Desafío Siglo XXI surgió como un nuevo reto personal para Zambrano tras un año de recuperación. "Tú eres bueno, tú eres híbrido, tú haces de todo", le dijeron antes de inscribirse. Entró a la competencia con la mentalidad que lo caracteriza en las pistas de atletismo: "Hice los papeles, hice todo para entrar y me aceptaron. Ya cuando me aceptaron, yo dije: ‘Vamos a toda. Vamos a tirarnos de cabeza y sin casco, lo que Dios quiera’”.Los finalistas del Desafío Siglo XXIEn esta competencia, Zambrano llegó a la final junto a José Manuel Maldonado, más conocido como Rata, un joven de 24 años nacido en Antioquia, y quien también posee una historia de superación ligada al trabajo duro. A diferencia de Zambrano, Rata creció en una familia campesina unida, donde su padre, administrador de una finca ganadera, se convirtió en su principal referente."Siempre he sido muy bajito, entonces me gustaba mucho jugar con el balón, que correr de un lado a otro con el balón y me dicen: ‘Parece una ratica’. Entonces el apodo surge de ese juego", relató Rata, en Los Informantes.Antes de que Rata participara en el reality, su realidad era la de un trabajador incansable en un taller de soldadura: "Yo era un operario soldadura. Yo me ganaba un mínimo y con ese mínimo le ayudaba a mis papás. Con eso me sustentaba las carreras para ir a las competencias".Gracias al deporte conoció el OCR (carrera de obstáculos), una disciplina que incluso lo llevó a competir en Europa.Los proyectos futuros de Zambrano y RataTanto Zambrano como Rata han transformado la visibilidad que les dio el reality en oportunidades de negocio. Zambrano, por ejemplo, ha incursionado en el emprendimiento con una línea de gorras y también ha mostrado interés por el comercio de bienes raíces: “Me gusta comerciar todo, carro, casa, de todo. Me gusta. Yo me rebusco". Además, mantiene su objetivo deportivo más ambicioso: repetir medalla en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028.Por otro lado, Rata planea abrir un gimnasio en la ciudad de Pereira y competir por otra medalla para Colombia en el próximo latinoamericano de OCR en Brasil. A pesar de los distintos matices de sus historias, ambos atletas coinciden en algo: el deporte fue el camino para superar la pobreza y transformar sus vidas.
El gimnasta colombiano Ángel Barajas se alzó con la medalla de oro en la prueba de barras paralelas durante la parada de la Copa del Mundo de Gimnasia Artística celebrada en Bakú, Azerbaiyán. El deportista cucuteño logró imponerse en la final con una puntuación de 14.600, superando al japonés Wataru Tanigawa, quien obtuvo 14.200 puntos, y el australiano Jesse Moore, que completó el podio con una calificación de 14.000.Este triunfo representa el primer título de Barajas en el circuito de las paradas de la Copa del Mundo, una serie de eventos internacionales que congrega a los especialistas más destacados del planeta.Aunque el deportista ya había alcanzado finales y podios previos, incluyendo una medalla de plata reciente en la Copa del Mundo de Cottbus, Alemania, el primer lugar se le había mostrado esquivo hasta su actuación en territorio azerbaiyano.Con este resultado, el joven gimnasta de 19 años consolida su progresión en las barras paralelas, un aparato que ha sumado a su dominio técnico habitual en barra fija y suelo.Joven prodigio de la gimnasiaEn entrevista con Los Informantes, Ángel Barajas reveló cómo ha sido su trayectoria profesional y el esfuerzo detrás de sus sueños. Este cucuteño se ha convertido en una de las promesas más destacadas de este deporte, no solo en Colombia, sino en Latinoamérica.La energía desbordante de Barajas llevó a que un vecino le sugiriera a su madre que lo llevara al coliseo para canalizar su potencial. No obstante, el camino hacia el éxito no ha estado exento de dificultades económicas.Barajas nació el 12 de agosto de 2006 en un barrio popular de Cúcuta. Tras la separación de sus padres cuando tenía seis años, sus hermanos mayores asumieron roles laborales para sostener el hogar. El gimnasta recordó que su medio hermano, aun siendo menor, aportaba a la economía familiar: “Él con lo poco que ganaban pues aportaba en algo para el desayuno”. Posteriormente, Barajas consiguió patrocinios que le permitieron cubrir sus necesidades y ayudar en su casa.Su formación deportiva ha estado bajo la lupa del entrenador Jairo Ruiz, considerado una figura fundamental en la gimnasia colombiana. Ruiz conoció a Ángel a los cinco años y se ha dedicado a sacar lo mejor del talento innato que posee Barajas.Para el entrenador, el éxito de Barajas es un reflejo de superación. “Para mí esto significa perfección, significa pasión. Para mí esto es parte de mi vida porque ver que un niño de estrato uno pueda salir adelante y ser campeón sudamericano, panamericano y mundial es una felicidad que pocos sentimos y poco la irradiamos. Para mí la gimnasia lo es todo”, afirmó el entrenador de más de cinco generaciones de deportistas élite entre ellos, Jossimar Calvo, gimnasta colombiano.“Tenemos que creer y querer lo nuestro. Cuando uno sabe interpretar esas palabras, usted puede decir que puede alcanzar lo que usted quiere en la vida, no es plata, la felicidad es poder alcanzar metas que nadie puede alcanzar”, agregó.La disciplina es el eje central de la rutina de Barajas, quien entrena ocho horas diarias. Según su preparador, “la disciplina no se negocia”. Esta exigencia incluye un entrenamiento que abarca también desde la alimentación hasta un descanso estricto.En el aspecto mental, Barajas utiliza técnicas de visualización y palabras clave para manejar la presión de la competencia. El gimnasta explicó que antes de subir a un aparato emplea una palabra específica para calmar la ansiedad: “A mí un amigo me enseñó que respirara y que antes de montarme el aparato me dijera ‘demente’, le da como un stop a esa ansiedad del no querer fallar”. Ángel Barajas sostiene que el entrenamiento mental es clave para convertirse en un atleta de élite y alcanzar sus metas.Los “sacrificios” del deporte de alto rendimientoEl compromiso con el alto rendimiento ha implicado renuncias personales para el atleta cucuteño. Barajas limita el uso del celular porque “quita mucha energía” y ciertas salidas sociales. Todas las noches antes de que se vaya a dormir después de un día de trabajo y ardua disciplina, se visualiza como campeón.Con la obtención de este oro en Bakú, Ángel Barajas reafirma su posición como uno de los gimnastas más completos del mundo. Barajas es un atleta fuera de serie catalogado por la Federación Internacional de Gimnasia, FIG, como “el gimnasta más fascinante surgido de un país sudamericano en los últimos años”.
En las calles de Bogotá, la imagen de Cristian Montenegro suele despertar desde risas hasta desconcierto. A sus 30 años, este hombre que realiza trabajos informales no camina solo; lo acompaña su esposa Natalia y, frecuentemente, sus tres hijos: Daniel Adolfo, Lady María y la pequeña Sami. Sin embargo, ninguno de ellos respira. Son creaciones de trapo, icopor y silicona que Montenegro ha integrado a su vida para llenar un vacío emocional que describe como devastador. La creación de esta particular familia no responde a un juego, sino a una respuesta frente al aislamiento. "He sentido que todo el mundo me ha ganado, los demás que tienen sus parejas de carne y hueso sí tienen el privilegio menos yo, yo no tengo el privilegio de tener hijos de carne y hueso, nada", explicó Cristian en Los Informantes sobre el sentimiento de exclusión que lo llevó a fabricar sus propios vínculos. Tras años de soltería y el deseo frustrado de formar un hogar, decidió que si la realidad no le daba una compañía, él mismo la crearía.Así construyó su familia con icopor, silicona y rasgos propiosLa construcción de Natalia, la figura central de su hogar y cuyo nombre rinde homenaje a la protagonista de una novela, fue un proceso artesanal detallado. Montenegro no se conformó con un maniquí estándar; buscó dotarla de una presencia que él pudiera considerar humana. Según sus palabras: "yo mismo la creé, primero que todo con icopor está hecha, la cabeza, peluca, después el cuerpo todo fue en el centro, compré las piezas de maniquí y la fui armando por partes". Esta dedicación se extiende a sus hijos, especialmente a Daniel Adolfo, el mayor de 10 años, a quien considera su "clon". Para lograr un parecido físico real, Cristian utilizó su propio rostro como molde. "Se parecen sí porque fue hecho con mi cara y todo hice el negativo, después de que sale la máscara le eché silicona", dijo.El resultado es una familia que él modifica según su estado de ánimo, cambiándoles la ropa, el color de la peluca o incluso la expresión facial para que el paso del tiempo parezca real ante sus ojos. Para salir con ellas a la calle, Cristian ha desarrollado soluciones prácticas: adapta ganchos en la ropa de los muñecos para cargarlos al hombro y les coloca patines que permiten que Natalia y sus hijos se desplacen con mayor agilidad mientras él camina.El fenómeno del "influencer" y la barrera contra el "bullying"Lo que nació en la intimidad de su casa para combatir el desamor se convirtió hace tres años en un fenómeno de redes sociales. Conocido como el "man de los muñecos", Cristian ha acumulado miles seguidores en plataformas como TikTok, Instagram y Facebook. Aunque admite que disfruta de la visibilidad y de "sentirse el protagonista", niega que su familia sea una simple estrategia de marketing digital. Al preguntarle sobre si su exposición busca solo la viralidad, su respuesta es contundente: "me gusta porque de resto no tengo a nadie carne y hueso y me siento solo". Cristian es plenamente consciente de las críticas y de quienes lo tildan de "loco" o "rarito", pero afirma que prefiere esos calificativos a la indiferencia del silencio absoluto. Para él, Natalia ha sido su ancla emocional.La soledad como epidemia: la visión de los expertosMás allá de la excentricidad del caso, la historia de Cristian Montenegro es una radiografía de lo que la Organización Mundial de la Salud califica como un problema de salud pública: la soledad aguda. Se estima que una de cada seis personas en el mundo experimenta este malestar, una cifra que en países como Colombia podría afectar a más de 12 millones de ciudadanos. Especialistas advierten que el aislamiento prolongado tiene consecuencias físicas tangibles. El Dr. Alexis Rojas, jefe de psiquiatría de la Universidad del Rosario, señaló que la falta de relaciones significativas acorta la expectativa de vida en un 25%.Según el experto, "la soledad se ha asociado cuando se sostiene en el tiempo a múltiples problemas de salud física como problemas cardiovasculares a múltiples problemas de salud mental como depresión ansiedad, psicosis, y suicidio". Por su parte, la psiquiatra Paola Martínez enfatizó que el uso de objetos para suplir la carencia humana, aunque sea un mecanismo de defensa, no reemplaza la conexión real. "Un objeto por más que esté arreglado, por más que pueda generar la sensación de presencia no se puede equiparar a la de un ser humano". A pesar de su mundo de trapo, Cristian mantiene la esperanza de un cambio. Define a Natalia como un recurso temporal: "Natalia es como es como una velita que se prende si estoy solo y todo, pero si está alguien ella se apaga". Su sueño final, lejos de la silicona, sigue siendo el mismo: una casa, un carro y una familia de carne y hueso.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Los Informantes.
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