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Cabezote Los Informantes

La verdad detrás del secuestro del vuelo 601: la versión de las azafatas reales

La verdadera historia del secuestro del vuelo 601 es contada por Edilma Pérez y María Eugenia Gallo. Las azafatas narran su experiencia real de las 60 horas más largas de sus vidas.

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El secuestro del vuelo 601, que duró 60 horas, ha sido llevado a la pantalla por Netflix, las azafatas Edilma Pérez y María Eugenia Gallo cuentan su versión de los hechos. En Los Informantes, ellas revelan cómo fue su experiencia real y destacan las diferencias con la serie.

“El secuestro fue hace 51 años, increíble estar acá contándolo después, es un regalo de la vida, es un privilegio”, afirmó María Eugenia Gallo, quien tiene 74 años es 8 años menor que Edilma Pérez que también ha tenido otros sustos como una operación de corazón abierto, su marcapasos y un cáncer en el paladar que la obliga a hablar medio enredado, pero ella se hace entender y así como si no hubiera pasado ni un solo día, devolvimos el tiempo a sus épocas de juventud.

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"Me casé de 14 años y medio, yo empecé de azafata por necesidad porque yo ya estaba separada y como en realidad yo no había estudiado sino hasta el segundo bachillerato me ofrecieron el puesto de azafata”, relató a Los Informantes Edilma Pérez. Se conocieron cuando entraron a trabajar a SAM, la Sociedad Aeronáutica de Medellín, una aerolínea colombiana que luego se fusionó con Avianca. Se hicieron amigas y cómplices desde el primer vuelo.

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Las dos coinciden en que por más turbulencias que hayan tenido: divorcios, enfermedades, duelos, el secuestro que duró 60 horas fue una de las experiencias más extraordinarias de la vida.

Era el 30 de mayo de 1973, el avión HK 1247 había sido secuestrado minutos después de despegar de Pereira. Los piratas, los extranjeros encapuchados y armados desviaron el vuelo que iba para Medellín a la isla caribeña de Aruba, se identificaron como guerrilleros del ELN, exigieron 200.000 dólares y la liberación de unos presos políticos. “Desde que subimos al avión ellos hablaron y sabíamos que no eran colombianos”, afirmó Edilma Pérez.

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Después de horas de angustia, las autoridades pidieron a los secuestradores cambiar la tripulación y a cambio, la aerolínea les enviaría un dinero, ellas llegaron al relevo y se encontraron con un avión ardiendo. "El avión totalmente apagado, oscuras, todos los hombres sudorosos”, señaló María Eugenia Gallo.

Liberaron algunos rehenes, cargaron combustible y con esa nueva tripulación siguieron su camino a un itinerario desconocido. “Llegamos al aeropuerto, al rato llegaron con la plata porque la traían de un banco de Aruba, entonces ya empezaron a organizar el cambio de relevo, los secuestradores dijeron que tenía que subir un piloto y bajar otro hasta que abordamos todos los tripulantes, nos encontramos que ellos nos requisan para que no lleváramos ninguna arma”, confirmó Edilma Pérez.

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Fue uno de los secuestros más largos de la aeronáutica mundial, recorrió cerca de 24.000 km. Fueron a varios países y aterrizaron 12 veces. Un vuelo y unas negociaciones eternas: 60 horas en poder de los piratas aéreos."Con nosotros fueron muy bruscos porque hubo momentos demasiado difíciles en los que nos apuntaban con una pistola en la cabeza. Empezamos a volar, a dar vueltas”, señaló Edilma.

Entre las muchas escalas por Suramérica liberaron los rehenes, cargaron combustible y algo de comer. La situación a bordo cada vez era más tensa, dentro del avión era un verdadero caos. El ambiente era insoportable y todos estaban llegando al límite. “Se les perdió una pistola, entonces ellos creyeron que nosotras las auxiliares teníamos la pistola”, confirmó uno de las azafatas sobrevivientes.

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Por su parte, María Eugenia Gallo narró uno de los momentos de mayor angustia durante el secuestro: “Estaban en un estado en nervios, que estos hombres estaban que explotaban ya y se les pierde un revólver seguramente por la ansiedad, por todo lo que estaban manejando, se les pierde, entonces dicen ‘la encuentran ya o las mato’”.

Sobrevolaron Venezuela, Panamá, El Salvador, Guatemala, Chile, Costa Rica y Paraguay. Aterrizaron tres veces en Aruba; en Guayaquil, Ecuador; en Lima, Perú; en Asunción, Paraguay y en Argentina, primero es Mendoza y luego en Buenos Aires.

Cuando bajaron todos los rehenes, las últimas escalas las hicieron solos la tripulación y los secuestradores. Ya con 50.000 dólares en su poder y descartadas otras condiciones, los secuestradores decidieron ponerle fin al viaje, pero con María Eugenia y Edilma como rehenes. Sin embargo, el piloto terminó haciendo un acuerdo de caballeros para salvarles la vida.

Fue una maniobra sorprendente, después de casi tres días volando por medio mundo para que les respetaran la vida y pudieran regresar todos sanos y salvos a Colombia, el piloto hizo un pacto de silencio con los secuestradores.

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Aterrizaron en Resistencia, en Argentina, y carreteando todavía, uno de los dos secuestradores de bajó, y como el misterio más grande de esta historia, a Eusebio Borja se lo tragó la tierra.

Francisco Solano López en cambio se bajó en esa última parada en Asunción, Paraguay, y ya libres, volaron hasta Buenos Aires. Aunque el secuestro había terminado, el drama para la tripulación estaba lejos de llegar al final pues los consideraban sospechosos. Los secuestradores resultaron siendo dos futbolistas paraguayos. De Eusebio Borja nunca se supo nada más, pero Francisco Solano López fue identificado y pagó cinco años de cárcel en Colombia.

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