'El Trampolín de la Muerte', así se ha nombrado a una de las tres carreteras más peligrosas de América Latina y la más insegura de Colombia. Sin embargo, un grupo de locales insiste en cambiarle el nombre por 'El trampolín de la vida', aunque el trayecto es sumamente arriesgado, porque se ha convertido en un escenario idóneo para explorar lo mejor de la biodiversidad colombiana.
El periodista Simón Posada y su equipo de Los Informantes se le midieron a recorrer este camino que ha dejado cientos de muertos en sus abismos, pero que a su vez es santuario natural para quienes lo recorren a diario y no se cansan de disfrutar de su belleza. Sus guías en este recorrido fueron Brayan Coral Jaramillo, investigador de aves, y Julián, un ingeniero civil apasionado por la conservación de este entorno.
Así fue el recorrido de Los Informantes por El trampolín de la muerte
Esta vía comunica a Pasto (Nariño) con Mocoa (Putumayo) y a diario es atravesada por conductores y comerciantes que transportan mercancías entre ambas capitales. El equipo periodístico inició la ruta a las 6:00 a. m. desde el Valle de Sibundoy.
Brayan Coral ha vivido en la zona toda su vida. Fascinado por las aves y flores del recorrido, compró una cámara fotográfica y sus fotos se hicieron virales en redes sociales. Hoy, gracias a ese trabajo, es el contacto obligado para los turistas y científicos que desean explorar la zona.
Las primeras dos paradas en el trayecto por el peligroso paso fueron unas antiguas minas de cal cerca al municipio de San Francisco y luego en un páramo para empezar el avistamiento de aves. Desde esos primeros puntos, no solo la belleza natural hablaba de la carretera, sino que también se empezaba a notar por qué este recorrido tan especial para los amantes de la naturaleza tiene ese nombre tan particular.
La ruta es estrecha (3 metros), principalmente destapada, sin pavimento y sin barandas de seguridad, lo que hace que sea un paso altamente peligroso para conductores. Tiene alrededor de 80 kilómetros, con un promedio de 18 curvas en cada uno de ellos, por lo que ha sido calificado como uno de los recorridos más peligrosos de Latinoamérica, comparado con el de Los Yungas en Bolivia o El paso de los caracoles en Chile.
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Debido al terreno, los transportadores han establecido códigos de movilidad propios que desafían las normas tradicionales. Por ejemplo, los camiones alertan su paso minutos antes en ciertas zonas para evitar encontrarse de frente con vehículos pequeños en puntos donde es imposible dar paso.
Esta carretera existe desde 1944, construida de emergencia por el Gobierno colombiano tras la guerra con el Perú para asegurar el control fronterizo. “El trazado de esto se debe a la guerra. Es un diseño muy arcaico que hoy en día sigue vigente, aunque se ha venido mejorando y ampliando”, explica el ingeniero Julián.
¿De dónde viene el nombre 'El trampolín de la muerte'?
La tragedia más grande, y la que le dio el nombre de 'El trampolín de la muerte', ocurrió el 19 de julio de 1991. Ese día un bus con más de 30 pasajeros se atascó y generó un represamiento de otros buses y vehículos en medio de la carretera; el mal estado de la misma y el lodo generaron un deslizamiento en el que cayeron las dos laderas, dejando cerca de 200 víctimas fatales. La fuerza del derrumbe fue tal que una ambulancia fue hallada en la cresta de una montaña vecina; un "trampolín" directo al vacío.
La búsqueda por el cambio de nombre
Julián, el segundo guía, reconoce que hasta hace algunos años, él era uno de esos conductores que atravesaba la vía conduciendo como un loco, pero eso cambió el día que casi pierde la vida. “Casi me salgo de la vía, entonces yo quise reflexionar y en ese momento apareció un tucán. Yo soy muy católico y comprendí que ese era el designio de Dios de decirme: ‘vaya despacio y disfrute de la naturaleza’”.
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Ahora, un recorrido directo que antes realizaba en dos horas, le puede tomar hasta cinco cuando decide hacerlo con calma, mientras fotografía pacientemente las aves que encuentra en el camino. “En un trayecto donde uno se baja, camina, disfruta y ya le cambia la percepción de 'El trampolín de la muerte' a 'El trampolín de la biodiversidad o de las aves'”.
Después de un rato del trayecto se encuentran con el primer y casi único sitio de descanso, un restaurante llamado ‘El Refugio’, donde los conductores no solo encuentran comidas, sino también conexión a internet para mantenerse comunicados y una tradición espiritual para pedir un viaje sin contratiempos. En el lugar compran veladoras, las encienden y las dejan en una improvisada capilla para pedir protección.
Los guías del equipo periodístico en esta travesía están intentando cambiar el nombre de la vía de ‘El trampolín de la muerte’ por ‘El trampolín de la vida’ porque más allá de la fatalidad que se puede encontrar en sus abismos, es una carretera rodeada de una imponente naturaleza.
“Me siento muy privilegiado de haber crecido aquí en el territorio del Putumayo, vivo en una unión de ecosistemas únicos, donde se junta la Amazonía con los Andes”, señaló Brayan en medio de la ruta. Efectivamente, un recorrido pausado le puede dar a las personas una clara experiencia con todos los climas tropicales del país, pues se pasa de los 2.800 metros sobre el nivel del mar a los 600 metros, por lo que cada 100 metros se pueden encontrar flora y fauna totalmente diferentes.
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Actualmente, los habitantes de Pasto y Mocoa están a la expectativa de la construcción de la variante San Francisco – Mocoa, una nueva carretera que evitará a los conductores pasar por el trampolín y la cual ya está en un 30% de avance. Mientras se espera que en el futuro esa sea la vía principal para conectar ambas ciudades, los amantes de la naturaleza también esperan que ‘El trampolín de la vida’ siga siendo un recorrido natural obligado para todo el que quiera explorar la biodiversidad de nuestro país.