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Noticias Caracol LOS INFORMANTES CAPÍTULOS 74 segundos de tragedia: Los Informantes acompañó a primeros rescatistas en terremoto en Venezuela

74 segundos de tragedia: Los Informantes acompañó a primeros rescatistas en terremoto en Venezuela

Un doble terremoto dejó miles de víctimas y una devastación sin precedentes. Entre los escombros, Los Informantes acompañó a un grupo de voluntarios que protagonizó milagrosos rescates y siguen buscando desaparecidos.

SOS Venezuela

El 24 de junio, Venezuela sufrió una de las catástrofes naturales más potentes de su historia reciente. Un doble terremoto, con magnitudes de 7.2 y 7.5, sacudió el país en un intervalo de apenas 15 segundos. El evento sísmico total duró 74 segundos, un lapso suficiente para desencadenar una tragedia de enormes proporciones.

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La devastación se concentró principalmente en La Guaira, a 25 kilómetros de Caracas, donde cientos de edificaciones colapsaron sobre ciudadanos que realizaban actividades cotidianas durante un día festivo.

Ante el colapso de las instituciones y la infraestructura, los primeros en llegar a la zona del desastre no fueron organismos estatales, sino el Grupo de Rescate y Operaciones Especiales Caricuao (G.R.O.E.C.). Este equipo de voluntarios, liderado por Everth Celis, se desplazó desde la capital para iniciar las labores de búsqueda en medio de una situación crítica. Celis, quien en su vida civil se desempeña como panadero, cuenta con más de 30 años de experiencia en la atención de emergencias. El equipo de Los Informantes lo acompañó.

Los primeros milagros entre el concreto

Al llegar a La Guaira cerca de las 9:00 p.m. del día del sismo, el equipo se enfrentó a un panorama de desesperación. Uno de los primeros puntos de intervención fue un edificio de siete pisos que se vino abajo. Allí, Celis recuerda el encuentro con un hombre que suplicaba por su familia. "Mi esposa está atrapada, mi esposa está aquí", fue el clamor que impulsó al equipo a desplegarse de inmediato.

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En ese lugar, los rescatistas, conocidos como "topos", localizaron a Anaí, quien se encontraba atrapada bajo las placas de concreto en el cuarto o quinto piso. Tras horas de arduo trabajo y en medio de réplicas que hacían la estructura inestable, lograron establecer contacto con ella. A pesar de presentar una herida abdominal, la mujer fue extraída con vida después de casi cuatro horas de maniobras en un área de muy difícil acceso.

Entre la vida y la muerte en una zona de desastre

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La labor de rescate obliga a los voluntarios a tomar decisiones extremas basadas en las primeras 72 horas o ventana de vida tras un sismo. En una de las estructuras colapsadas, el equipo localizó a tres niños. Lograron establecer comunicación verbal con ellos, pero las placas de concreto de hasta 50 centímetros de espesor impidieron un acceso rápido.

“Teníamos contacto con ellos, hablábamos con los niños, los escuchábamos, pero no los podíamos localizar. Sabíamos que estaban ahí, pero no los encontrábamos. No conseguimos a los niños... Extremadamente frustrante no poderlos rescatar y escucharlo, sobre todo a los niños”, expresó Celis sobre la frustración de aquel momento.

Ante la imposibilidad técnica de liberarlos en ese instante y la necesidad de buscar a otros sobrevivientes, el grupo tuvo que tomar una dolorosa decisión.

"Es duro tener que abandonarlos en ese momento, pero quedarnos ahí significaba que personas que tuvieran la posibilidad de ser salvadas, de repente, no pudieran ser rescatadas porque no íbamos a llegar a tiempo. Entonces, tuvimos que tomar la decisión de dejarlos ahí y continuar", dijo Celis.

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No obstante, el equipo marcó las coordenadas y, horas más tarde, otro grupo de rescatistas con mejor equipamiento logró sacar a los niños con vida.

El rescate heroico de Miguel: 36 horas de pie bajo cinco pisos

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Uno de los casos más inusuales y conmovedores fue el de Miguel, un joven que quedó atrapado en una posición vertical tras el desplome de cinco niveles de su edificio. Estar de pie, sin posibilidad de sentarse o moverse, supuso un agotamiento físico que se prolongó por 36 horas. "El caso de Miguel no se nos va a olvidar, porque es poco probable que entre tanta destrucción la persona quede de pie, pero quedó atrapado de pie. Prácticamente, se le vinieron cinco pisos encima de él", contó el líder de los rescatistas.

Para liberarlo, un socorrista tuvo que descender de cabeza por un estrecho espacio para cortar las varillas de hierro que mantenían los pies de Miguel aprisionados. La técnica, aunque arriesgada, permitió que el joven saliera ileso.

Everth Celis recuerda que la adrenalina era tal que, durante los primeros cinco días de labores ininterrumpidas, apenas pudo dormir 20 minutos.

Una intensa búsqueda

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Pasadas las dos semanas, la misión de los rescatistas ha cambiado. Ya no buscan sobrevivientes, sino que se enfocan en los desaparecidos para brindar consuelo a los familiares que aún esperan noticias.

“Apartamento por apartamento, vamos rincón por rincón, asegurándonos que no hayan personas fallecidas en esos espacios. Dependemos de la interacción de las personas de la comunidad”, agregó.

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En este escenario, elementos de la naturaleza como las moscas se han convertido en indicadores clave para localizar restos bajo toneladas de escombros. “Aunque suene cruel las moscas nos ayudan a determinar dónde podemos conseguir los cuerpos. Son moscas que tienen unas características bien especiales que únicamente van a donde están los humanos, los restos humanos. Entonces, de cierta forma ellas nos dicen dónde podemos localizar a los humanos", explicó Celis.

Un equipo de Los Informantes lo acompañó durante un recorrido por el edificio Costa Dorada, una estructura de 18 pisos severamente comprometida, donde evidenciaron el peligro constante al que se exponen estos hombres.

Con las placas de concreto cediendo y un olor a descomposición persistente, los rescatistas deben moverse con cautela extrema. “Es uno de los peores desastres que he visto”, afirmó.

Un equipo de rescatistas incansable: sin salario

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El Grupo de Rescate Caricuao está compuesto por 63 brigadistas que operan sin recibir un salario. Muchos de ellos, como Everth Celis, financian su labor con sus propios medios y dependen de donaciones para obtener combustible, uniformes y herramientas.

Al ser consultado sobre las razones que lo llevan a arriesgar su vida por desconocidos, Celis aseguró que “se lleva en la sangre. No sé si es de repente un propósito que Dios me puso a mí... Aquí nuestro nuestro salario son las gracias de una persona, la gratificación de ver un animal que de repente rescatamos. Ese es nuestro salario y eso vale más que el otro”.

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Estos voluntarios mantienen su compromiso en un país donde las cifras oficiales hablan de cerca de 5.000 muertos, mientras que la ONU estima hasta 50 mil desaparecidos,. La reconstrucción de Venezuela, según organismos como UNICEF, será un proceso largo que afectará a cientos de miles de niños que hoy necesitan ayuda para salir adelante. Mientras tanto, hombres como Celis continúan rincón por rincón, asegurándose de que nadie quede olvidado bajo las ruinas de lo que alguna vez fueron hogares.

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