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Al comienzo de la revuelta libia contra el régimen de Muamar Gadafi en febrero de 2011, muchos extranjeros huyeron a toda prisa sin llevarse consigo a sus animales, explica Jalal Kaal. Algunos lo llamaron desde el aeropuerto para que los fuera a buscar a
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Los instaló en su clínica, a las fueras de Trípoli, adosada a un antiguo edificio de los servicios de inteligencia. "Los cohetes caían tan cerca de nosotros que el falso techo de la clínica se derrumbó", cuenta Kaal.
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"Con mis hijos sacábamos a estos animales por grupos para un paseo o darles mimos", explicó este hombre de mirada alegre.
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Un chadiano lo acompañó en la aventura desde febrero a octubre de 2011, cuando murió Muamar Gadafi, después de ocho meses de conflicto. "Dormía en la clínica, vigilaba a los animales y los alimentaba, se ocupaba de la limpieza. Su ayuda fue muy importante
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"Desde febrero a octubre de 2011 realicé 15 viajes de ida y vuelta desde Trípoli a Yerba, de donde los animales podían ser transportados por avión. Todos los animales que me confiaron fueron entregados a sus propietarios en buen estado de salud", recordó
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En una de las misiones pasó mucho miedo. Fue un día de vuelta de Túnez, a la altura de un puesto de Zawiya (oeste) controlado por las milicias de Gadafi y que era blanco de los revolucionarios.
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Los milicianos "nos ordenaron circular sin luces para no ser tomados por blanco". "Por un trayecto de Yerba (en Túnez) a Trípoli que normalmente lleva cuatro horas en coche, tardamos 14. Fue el día más largo y más aterrador", dijo.
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Ahora las salas de la clínica están destrozadas y las jaulas que habían acogido a los animales, vacías.
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"Tengo que romperlo todo y construirlo de nuevo, más moderno", dijo Jalal. "Algunos propietarios de los animales no han pagado las facturas, pero las lágrimas de alegría de los amos que pude juntar con sus animales no tienen precio".