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Noticias Caracol LOS INFORMANTES CAPÍTULOS La pesadilla de colombiano que terminó preso en México acusado de pertenecer a un grupo criminal

La pesadilla de colombiano que terminó preso en México acusado de pertenecer a un grupo criminal

Iván Cano llegó a México engañado con una oferta laboral y terminó preso, acusado de integrar el CJNG. Su familia denuncia irregularidades y afirma que su condición genética no es compatible con las acusaciones en su contra.

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Iván Cano, un joven de 25 años oriundo de Villavicencio, vive una situación que parece desafiar la lógica y genera indignación. Lo que comenzó como una prometedora oportunidad laboral en el exterior terminó convirtiéndose en una pesadilla legal y física en territorio mexicano. Cano, quien padece una enfermedad genética degenerativa, permanece recluido desde hace 11 meses en una prisión de Michoacán, señalado por las autoridades de integrar el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

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Los hechos se remontan a mayo de 2025, cuando, ante la falta de empleo, el joven buscó alternativas a través de plataformas digitales. Los Informantes conoció su historia, habló con su familia y obtuvo de primera mano su testimonio desde el lugar donde permanece detenido, en su lucha por recuperar la libertad.

Una oferta de empleo por redes sociales y el inicio de una pesadilla

El deseo de superación de Iván fue el motor de su viaje. A través de Facebook encontró una oferta laboral y envió su hoja de vida como técnico del SENA en instalación de redes de computador. Pocos días después, fue contactado por una empresa mexicana que estaba interesada en contratarlo.

“Me dijo: ‘Mamá, si nos sale bien, yo voy a trabajar porque quiero a mi papá y a usted pagarles lo que ustedes han hecho por mí”, recordó Rubiela Hernández, de 68 años, madre de Iván.

Con la bendición de su familia, Iván abordó un avión por primera vez en su vida. Hizo la ruta Bogotá-Cancún y, tras reportar su llegada, tomó una conexión hacia Guadalajara el 12 de mayo.

Sin embargo, al salir del aeropuerto, la realidad laboral prometida se desvaneció. Fue interceptado por tres sujetos que lo obligaron a subir a una camioneta bajo amenazas de muerte. Desde ese momento, perdió contacto con su familia.

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Iván relató desde la prisión, a través de una videollamada y justo el día de su cumpleaños, cómo cambió todo tras su llegada al país azteca: “A mí me ofrecieron un empleo por una página, pero al llegar a Guadalajara todo cambió. Me acusan de haber pertenecido a un cartel de narcotráfico”.

Secuestro, tortura y prisión en Michoacán

Tras su desaparición inicial, se supo que Iván fue llevado a un rancho en la sierra de Michoacán. Allí, sus captores intentaron obligarlo a realizar labores de espionaje cibernético, aprovechando sus estudios técnicos. Sin embargo, él no tenía formación en ese campo ni comprendía lo que estaba ocurriendo.

Además, sus limitaciones físicas y cognitivas derivadas de su condición lo hicieron incapaz de cumplir con las exigencias. “Yo no pienso muy rápido. Yo soy un poco lento para todo, para sumar, para todo soy muy lento, soy muy demorado”, confesó el joven.

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Iván aseguró que fue golpeado y mantenido en cautiverio junto a otros secuestrados. Apenas 15 días después de haber ingresado a México, la Guardia Nacional realizó un operativo en el lugar tras la denuncia de un ciudadano venezolano que logró escapar. Durante el allanamiento, los delincuentes huyeron, pero Iván, incapaz de correr, permaneció en el sitio.

La acusación formal de las autoridades mexicanas sostiene que el colombiano portaba un fusil de alto calibre y que confesó ser parte del CJNG. Iván desmintió tajantemente esta versión y afirmó que su supuesta confesión y las fotos con el arma fueron producto de la coacción y la tortura: “Pues el engaño consiste en que yo venía a hacer las cosas bien. Yo no soy un delincuente, yo no soy un hacker, de lo que me están acusando. Yo nunca he portado un arma”.

Además, relató que, tras ser capturado, fue amarrado y amenazado por los agentes. Según su testimonio, le colocaron un arma y le tomaron una fotografía, imagen que hoy constituye el principal elemento de la acusación en su contra.

El síndrome de Marfan: una condición física incompatible con la acusación

El aspecto más controvertido del caso es la condición médica del joven. Iván Cano padece el síndrome de Marfan, un trastorno genético incurable que afecta los huesos, los ojos, el corazón y los vasos sanguíneos. Esta patología lo hace extremadamente delgado y alto (mide 1,95 metros y pesaba 45 kilos al salir de Colombia), con extremidades muy largas y una fragilidad ósea severa.

Su familia en Villavicencio insiste en que su estado físico hace imposible que realice actividades delictivas o de combate. “Los huesos son como de cristal, porque donde se le llegue a partir un hueso, hasta ahí llegó y no tiene capacidad para hacer fuerza”, explicó su madre basada en años de tratamientos médicos.

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“El síndrome de Marfan implica crecimiento en los huesos y daño también circular en la visión y daño en cierta parte del cerebro. Nunca he podido correr. Tengo estrabismo y fotofobia en el cual yo no puedo ver mucho la luz porque se me dificulta”, explicó Iván al describir su enfermedad.

Camilo Cano, hermano mayor de Iván y quien mejor lo conoce, recuerda que eran apenas unos niños cuando la enfermedad empezó a manifestarse. Hoy, no puede hacer más que aferrarse a la esperanza de un milagro. “Todo este tiempo he guardado la esperanza de que él regrese. Quiero que él esté cerca y le pido a mi Dios que me lo entregue con salud”, dijo.

El proceso judicial: una condena que podría llegar a los 20 años

Actualmente, el joven colombiano enfrenta un proceso judicial presuntamente marcado por irregularidades, según lo ha señalado el cónsul de Colombia en México, Alfredo Molano, quien lo encontró en una condición de salud física y emocional muy delicada.

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“No nos parece coherente que un hombre con esa debilidad extrema, que un hombre que no podía mantenerse en pie esté cargando una metralleta y mucho menos nos imaginamos dispararla... Es evidente que Iván Cano no tiene condiciones para ser un combatiente de un cartel”, dijo el cónsul, quien advirtió que el proceso contra Iván está colmado de disparates.

Iván tiene abogado de oficio y el fiscal que lo acusa le ha insistido que acepte responsabilidad para tener pena reducida. “Quieren a fuerza hacerme culpable y llegó de una manera como grotesta a decirme que yo tenía que aceptar la realidad. Que si me iba para el juicio, entonces me iban a duplicar la sentencia máxima, que es aproximadamente 20 años”, aseguró.

En la cárcel donde Iván permanece recluido en Michoacán hay centenares de presuntos integrantes del cartel de Jalisco, el mismo grupo que lo habría amenazado de muerte. “'¿Tiene miedo?’ Que me vayan a matar o algo así”, expresó.

Mientras tanto, en prisión, Iván intenta sobrevivir fabricando manillas que le generan ingresos mínimos para cubrir gastos básicos. Su madre, desde Villavicencio, hace un llamado desesperado a las autoridades colombianas y al presidente Gustavo Petro: “Yo sí le agradezco en el alma, señor presidente, de que me ayude a que mi hijo venga a Colombia sano y salvo. Puede preguntar y encontrará que mi hijo es un muchacho de bien, un muchacho sano. Le ruego que me ayude con mi hijo”.

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En las próximas semanas, Iván Cano deberá tomar una decisión crucial: ir a juicio o aceptar una sentencia anticipada. Su caso, además, se suma a una estadística en aumento de colombianos detenidos en México, que, según datos consulares, ha registrado un incremento alarmante en los últimos meses.

Durante 2025, cerca de 300 colombianos fueron privados de la libertad. Y la tendencia continúa en 2026: entre enero y marzo ya se contabilizan 196 capturas, de las cuales 69 se han registrado solo en este mes. Una cifra que enciende las alertas y evidencia la magnitud del fenómeno.

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