El juez William Sullivan declaró nulo el juicio en el sonado caso de Lindsay Clancy, pero dijo que suspendería su fallo para permitir que su abogado presentara una apelación ante un tribunal superior. La decisión del crimen cometido en Massachusetts, Estados Unidos, fue adoptada porque el jurado se encuentra en un punto muerto con una votación de 11 a 1, y la mayoría aparentemente se inclina por declarar a la mujer, de 36 años, no culpable por razón de demencia.
Estos dramáticos acontecimientos se produjeron después de que el jurado enviara una nota al juez expresando que era con "gran pesar" que no habían podido llegar a un veredicto en el caso, que ha puesto de relieve la salud mental materna. Clancy no niega haber estrangulado a sus hijos Cora, de 5 años; Dawson, de 3, y Callan, de 8 meses, pero alega que sufría de psicosis posparto, lo que la exime de responsabilidad penal.
Para llegar a un veredicto, los doce miembros del jurado deben estar de acuerdo. Si no lo logran, el juez declara la nulidad del juicio y la Fiscalía debe decidir si repite el juicio con un nuevo jurado. No están claras las consecuencias de cualquier posible resultado de la apelación y los expertos señalaban a los medios lo inusual de una petición tan rápida tras la declaración de un juicio nulo; aunque sí es habitual que los abogados hagan apelaciones a instancias superiores durante juicios por asesinato.
Kevin Reddington, abogado de Lindsay Clancy, había exigido repetidamente que se sustituyera al jurado disidente por uno de los varios jurados suplentes, pero Sullivan se negó a hacerlo. El juicio televisado de Clancy, que duró cinco semanas y contó con más de 80 testigos y días de testimonios angustiosos, ha desatado un debate en Estados Unidos sobre la salud mental materna. Clancy se declaró inocente por demencia, alegando que escuchó una voz que le ordenaba matar a sus hijos. Sus abogados afirman que esto fue causado por psicosis posparto, una afección que, según los expertos, afecta a entre una y dos mujeres de cada 1.000 partos. Los fiscales han rechazado ese argumento, afirmando que la mujer había planeado cuidadosamente los asesinatos de sus hijos y que era capaz de comprender las consecuencias de sus actos.
Entre los testigos que declararon sobre su frágil salud mental durante el juicio se encontraban psiquiatras y personas cercanas a Lindsay Clancy, así como su exmarido. (Lea también: Caso Jonathan Meléndez: así se salvó de la masacre el hijo de 6 años del músico de Camilo Séptimo)
'Pésima atención médica'
Decenas de mujeres vestidas de rosa se han presentado en el juzgado de Plymouth para mostrar su apoyo a Clancy y, de paso, para alzar la voz sobre la salud de la mujer en general. Durante los alegatos finales, Reddington, el abogado de Clancy, dijo que ella había hecho numerosas súplicas de ayuda antes de los asesinatos, pero que había recibido una "pésima atención médica" por parte de los médicos que consultó.
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Tras los crímenes ocurridos en la casa familiar en Duxbury, Massachusetts, en enero de 2023, Clancy saltó desde una ventana del segundo piso en un aparente intento de suicidio que la dejó paralizada de la cintura para abajo.
La exenfermera se enfrenta a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional si es declarada culpable de asesinato en primer grado. El jurado también puede declarar a Clancy culpable de asesinato en segundo grado, homicidio involuntario o no culpable por falta de responsabilidad penal, un veredicto que la llevaría a ser internada en un centro psiquiátrico.
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El juicio ha reavivado el recuerdo de un caso similar que también conmocionó al país hace 25 años, el de Andrea Yates, una madre texana que ahogó a sus cinco hijos en 2001. Fue inicialmente condenada a cadena perpetua, pero en un nuevo juicio celebrado en 2006 fue declarada no culpable por razón de demencia e internada en un hospital psiquiátrico.
*CON INFORMACIÓN DE AGENCIAS AFP/EFE
EDITADO POR SANDRA SORIANO SORIANO
COORDINADORA DIGITAL NOTICIAS CARACOL