La madrugada del miércoles primero de abril de 2026 transcurría de manera rutinaria para las decenas de conductores que hacían fila en el peaje Casablanca, ubicado en el municipio de Zipaquirá, Cundinamarca. Sin embargo, la calma se rompió cuando una tractomula cargada con productos lácteos perdió el control y embistió a gran velocidad a los vehículos que esperaban su turno para pagar.Entre los afectados se encontraban las familias de Rosa Santiago y Luz Marina Castellanos, quienes viajaban en un vehículo particular que recibió el impacto directo del pesado automotor.Rosa Santiago, una de las sobrevivientes que quedó atrapada bajo la estructura del peaje y los restos de su carro, narró en Séptimo Día la magnitud de lo ocurrido con palabras que reflejan la gravedad del siniestro: "Yo fui víctima de un monstruo de tractomula que se nos vino encima"Según su relato, la fuerza del choque fue tal que la infraestructura de las casetas se desplomó sobre ellos, mientras el vehículo era arrastrado sin control: "Yo solamente vi que toda esa caseta se vino encima de nosotros y el carro empezó a correr de para atrás".El drama durante el accidente de tránsito: "Nadie nos ayudaba"En medio del caos, el humo y los escombros, los esposos de las víctimas intentaban desesperadamente auxiliar a sus seres queridos. Nelson Chivaso, esposo de Rosa, recuerda la sensación de impotencia ante la magnitud de la tragedia que rodeaba el peaje, donde cinco personas perdieron la vida y más de veinte resultaron heridasChivaso relata que, en los primeros instantes tras el impacto, el auxilio externo parecía inexistente: "Gritaba y gritaba, pero nadie nos ayudaba, todos tenían su propia tragedia".Por su parte, Jaime Zapata, esposo de Luz Marina, describe una escena dolorosa dentro de lo que quedaba de su automóvil. Zapata, herido y desorientado, se enfrentó al temor de que el vehículo estallara en llamas con su esposa e hija atrapadas en el asiento trasero. "La cara llena de vidrios por todos lados, mi esposa gritando atrás que la pierna, el carro totalmente destruido, todo eso fue terrible, sirenas, pitos. Yo les gritaba todo que que me ayudaran, que me ayudaran que mi familia está dentro que se me iba a quemar", recordó entre lágrimas.Las graves secuelas que dejó este siniestro vialUna de las historias más crudas del accidente de Casablanca es la de Mónica Castellano, hija de Luz Marina y Jaime, quien fue la primera persona dentro del vehículo en recibir el golpe de la tractomula. Las consecuencias físicas para la joven han sido devastadoras, requiriendo múltiples intervenciones para intentar reconstruir su cuerpo y su rostro. "Se me destruyó el labio inferior, tengo reconstrucción en el labio por cirugía plástica", explica Mónica al detallar las secuelas estéticas y funcionales del siniestro.La gravedad de sus lesiones en las extremidades inferiores ha cambiado por completo su calidad de vida y su independencia. Una de las sobrevivientes enfatiza lo fugaz de la seguridad personal frente a un fallo mecánico de estas dimensiones: "Uno está sano hoy, en 5 minutos esto resulta desbaratado, una pierna rota la tengo partida en tres partes y no puedo hacer nada ni ir al baño". Luz Marina sufrió fracturas graves y quedó atrapada durante el rescate, sumándose al dolor físico que hoy define el día a día de esta familia.La controversia técnica: ¿Un vehículo apto para transitar?A pesar de que la hipótesis principal del accidente es una falla en el sistema de frenos del tractocamión, las investigaciones revelaron que el vehículo contaba con toda su documentación vigente, incluyendo la revisión técnicomecánica. El peritaje realizado por las autoridades tras la tragedia puso en entredicho la rigurosidad de dicha inspección. En un video conocido por Séptimo Día de las cámaras de seguridad del propio Centro de Diagnóstico Automotor (CDA) Farallones, donde se aprobó el vehículo, mostrarían presuntas irregularidades que han generado indignación entre las víctimas.Julián David Rodríguez Vega, administrador del CDA Farallones, defendió el proceso realizado al camión: "La revisión se hizo adecuadamente con todos los estándares de calidad y técnicos que exige la norma y que exige el Ministerio de Transporte". No obstante, al ser confrontado con imágenes de video que mostraban una de las llantas traseras aparentemente lisa en el momento de la inspección, Rodríguez Vega señaló que son las entidades las encargadas de realizar estas investigaciones.¿Qué está pasando en Colombia con los CDA?El caso de Casablanca no es un hecho aislado, sino que forma parte de una problemática sistémica denunciada por expertos y autoridades. Según Gonzalo Corredor Sanabria, presidente de la Asociación Nacional de Centros de Diagnóstico Automotor, la sobreoferta de CDAs en el país, que para abril de 2026 llegaba a los 958 centros, está comprometiendo la seguridad vial. Mientras tanto, las víctimas del peaje Casablanca mantienen su exigencia de justicia.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
El 28 de abril de 2007, la selva colombiana fue testigo de una increíble hazaña de supervivencia. John Fran Pinchao, subintendente de la Policía secuestrado por las extintas FARC casi nueve años atrás, decidió que cualquier destino, incluso la muerte, era mejor que seguir viviendo en cautiverio."La muerte sabíamos que nos mataba la guerrilla, nos mordían las pirañas, nos mordía una serpiente o nos daba paludismo. Era muerte contra vida o salimos vivos o morimos en el intento", relató Pinchao en Los Informantes sobre el momento en que decidió lanzarse hacia la libertad.La tormentosa noche en MitúJohn Fran Pinchao creció en un entorno de precariedad al sur de Bogotá, en una casa construida con tela asfáltica donde el agua entraba con cada lluvia. "Cuando llovía se metía el agua y el agua llegaba prácticamente a las camas y tocaba sacar el agua a baldados", recordó.Buscando una vida distinta, ingresó a la Policía Nacional, donde se adaptó rápidamente porque, según sus palabras, "cuando uno es pobre todo es bueno".Su destino cambió drásticamente el 1 de noviembre de 1998, durante la toma de Mitú. Con apenas 25 años, John Fran Pinchao resistió 72 horas de intensos combates antes de ser secuestrado. La extinta FARC destruyó la Alcaldía y la estación de Policía. Ese día murieron 25 militares, 11 civiles, 16 policías y se llevaron secuestrados 61 uniformados.“Yo resistía hasta el 2 de noviembre con 10 policías más, pero se acaba la munición y nos copan y nos llevan en embarcaciones en contra del río", explicó sobre el inicio de su largo secuestro.Desde ese momento, fue trasladado a la zona de despeje, un territorio desmilitarizado de 42.000 kilómetros cuadrados creado por el gobierno de Andrés Pastrana para adelantar diálogos de paz con las FARC, lo que implicó el retiro de la fuerza pública y un amplio control político y militar de la guerrilla en la región.Cadenas, enfermedades y la radioLa vida en la selva fue una sucesión de días idénticos marcados por el dolor y la precariedad. Los secuestrados enfrentaban graves enfermedades y el ataque de insectos que depositaban larvas bajo la piel. "Incluso uno para ir al baño, pues acostumbrado en una casa en privacidad y todo eso, íbamos por grupos y además que íbamos por grupos con un fusil constantemente y hubo gente que incluso no pudo hacer sus necesidades durante una semana”, relató sobre las difíciles condiciones.En medio del aislamiento, un radio entregado por el defensor del pueblo se convirtió en su única conexión con el mundo exterior. Para captar señal, los uniformados debían improvisar antenas. “Se convirtió en el cordón umbilical entre el secuestro y la realidad... Descubrimos que se podían coger algunas señales desenrollando una esponja de alambre y acumulada con una pita y la amarraban a la antena y la lanzaba lo más alto posible".Su vida en cautiverio y el deseo de escapeDurante su tiempo cautiverio, Pinchao compartió infortunio con Ingrid Betancourt y Luis Eladio Pérez. Betancourt, quien lo describió como un "ángel", recuerda cómo intentaron prepararse para una fuga, a pesar de un obstáculo: Pinchao no sabía nadar. La selva, sin embargo, solo ofrecía los ríos como rutas de escape.Betancourt relató el improvisado entrenamiento en los breves momentos que podía ir al baño: "Yo lo cogí así por la barriga como le hacían a uno de chiquitos para que aprendiera a flotar, patalieé, mueva los brazos". A pesar de los esfuerzos, el policía admitió que su destreza en el agua era inexistente: “No aprendí a nadar.. Teníamos que solucionar con flotadores y se nos ocurrió que fueran galones”.Una canción que impulsó la fuga del policíaTras varios intentos fallidos y planes abortados —incluyendo uno donde Pinchao no pudo escapar porque la cadena estaba demasiado apretada—, la oportunidad definitiva llegó en medio de un aguacero. El detonante fue una canción que escuchó en el programa ‘Las voces del secuestro': "Llega una canción y sale por ‘un beso la vida en tus brazos la muerte’. Yo sentí que eso era como un mensaje de Dios, de la vida y la naturaleza. Dije ‘me voy’", confesó.Aprovechando que un guardia se había quedado dormido con el fusil entre las piernas, Pinchao decidió actuar. Se lanzó al agua y dejó que la corriente hiciera el trabajo que sus brazos no podían realizar. "Yo intentando pero no avanzaba, entonces intenté dejarme llevar un poquito como al centro y claro ahí sí sentí la corriente".17 días de supervivencia extrema en la selvaUna vez fuera del alcance de los guerrilleros, Pinchao inició una travesía de 17 días por la selva. Sin brújula funcional, se orientó usando la posición del sol y las sombras. Para sobrevivir a los insectos y al clima, utilizó recursos naturales y los desechos de su propia ración de comida. "En la noche hay unas hojas como la de los tamales y me las metía en el cuerpo para evitar la picadura de los insectos y en la cabeza me metía una bolsa le hacía huequitos para poder respirar", detalló.Finalmente, al día 17, el expolicía logró hacer contacto con una patrulla de su propia institución. Al identificarse, fue subido a un helicóptero que lo trasladó directamente a la libertad. Mientras tanto, en el campamento, Ingrid Betancourt y los demás secuestrados escuchaban la noticia por la radio. "Oigo la voz de Lucho que grita: ‘Ingrid, Pinchao coronó, Pinchao coronó", recordó la exsecuestrada con emoción. En su primer mensaje a sus compañeros, Pinchao les dijo: "Llamé al de arriba y me mandó una patrulla de la Policía".Luego lo trasladaron de Mitú a Bogotá, donde por fin recuperó la libertad. Años después, John Fran Pinchao escribió el libro ‘Mi fuga hacia la libertad’ y participó en un documental sobre la hazaña que marcó su vida. También ha estudiado, ha incursionado en la política y, sobre todo, ha trabajado en sanar las heridas que le dejó el cautiverio.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Los Informantes.
En el túnel de La Línea, un tractocamión sin frenos embistió 16 vehículos y cobró la vida de ocho personas en enero de 2022. A pesar de que el vehículo pesado contaba con una revisión tecnomecánica vigente, expedida apenas tres meses antes por el CDA Tecnimas en Cali, las investigaciones posteriores revelaron fallas críticas que no fueron detectadas o reportadas. Este es apenas uno de los casos que conoció Séptimo Día sobre aparentes omisiones en Centros de Diagnósticos Automotor. Hablamos con familiares de víctimas, sobrevivientes, autoridades y señalados responsables.Testimonios de familiares de víctimas y de sobrevivientesJie Soler, cuya hermana de 34 años falleció en el siniestro de La Línea, describe el vacío que dejó la tragedia: "La extrañamos mucho. La vida no ha sido igual desde que ella se fue". El impacto no solo dejó víctimas fatales, sino sobrevivientes con secuelas físicas y psicológicas permanentes. Saúl González, un taxista afectado, relata la confusión del momento: "Cuando yo me desperté, que una mula me ha estrellado, fue todo lo que me dijeron. Pues, pero yo realmente no me acuerdo (…) Duré 20 meses con sonda. Después de 20 meses con sonda, duré 6 meses con pañal". Su esposa, Flor Rodríguez, sufrió graves heridas en el rostro: "Yo no me acordaba ni quién era yo ni qué me había pasado. Cuando me desperté, yo ya estaba operada porque me tuvieron que hacer una reconstrucción (de dentadura)".Otro testimonio conocido por Séptimo Día fue el de Adriana Costa, quien junto a su familia vivió meses de recuperación tras el impacto del tractocamión: “Era todo el tiempo un dolor constante, porque los traumas que teníamos dentro de nuestro cuerpo eran fuertes y era muy difícil poder conciliar el sueño, fueron meses”.Desde el inicio, la principal hipótesis de lo sucedido con el tractocamión fue una falla en el sistema de frenos. “Se infiere que no se encontraban los mantenimientos adecuados”, enfatizó el perito del caso. Sin embargo, el vehículo contaba con una revisión técnico- mecánica vigente.Omisiones bajo la lupa de las autoridadesAngélica Salazar, experta en seguridad vial de la Superintendencia de Transporte, analizó los videos de la revisión técnica del vehículo implicado en el accidente en La Línea y señaló irregularidades graves: "Lo que nos muestran es que el sistema de frenos en el eje delantero no fue debidamente inspeccionado". Según la funcionaria, la prueba se realizó de manera incompleta: "No se evidencia el accionamiento del equipo para el eje delantero". Por estas malas prácticas, el CDA Tecnimas fue sancionado, aunque inicialmente la sanción de ocho meses se redujo a solo dos.Lo más preocupante, según la Superintendencia, es que este no sería un caso aislado. Entre 2023 y 2025 se detectaron fallas continuas en el mismo centro: "El CDA continuaba realizando actividades que no garantizan una calidad de la inspección". Se evidenciaron mediciones de llantas inexistentes y omisiones en la revisión de puertas de carga.¿Certificados de papel?La problemática, que no es nueva, se extiende a otras regiones de Colombia. En enero de 2026, Luis José Becerra, un conductor experimentado de 63 años, murió en la vía entre Lebrija y Bucaramanga cuando el furgón que conducía se quedó sin frenos e impactó contra una roca. Su esposa, María Cristina Rendón, recuerda la llamada fatal de su hijo: "Mamita, que mi papá se mató".El vehículo que manejaba Becerra había aprobado la revisión tecno mecánica en el CDA Supercar de Bucaramanga solo cuatro días antes del accidente. Sin embargo, un peritaje independiente realizado por Óscar Arturo Porras Garavito, contactado por Séptimo Día, halló fallas evidentes: "Las llantas traseras izquierdas del camión estaban fuera de servicio, es decir, no tenían freno". El experto añadió que el problema era crónico: "Las bandas no tenían contacto con la campana y eso a mí me permitió describir que llevaba tiempo sin que le grabaran frenos a ese camión".La Superintendencia de Transporte revisó los videos de esa inspección y los resultados fueron alarmantes. Benjamín Tovar, analista técnico, señaló que se omitieron pasos fundamentales: "Es una inspección muy rápida, más rápida de lo que debería". Además, confirmó que los inspectores nunca entraron al foso: "Omitieron la inspección de más o menos 53 ítem de inspección dentro de esos asociados a frenos, a suspensión, a dirección, a chasis".Accidente en peaje Casablanca Otro caso reciente fue el ocurrido el 1 de abril de 2026 en el peaje de Casablanca, en Cundinamarca. Un tractocamión embistió varios vehículos, cinco personas murieron y más de 20 resultaron heridas. Aparentemente, este vehículo pesado también tenía la técnico mecánica al día, pero videos del momento de la revisión dan cuenta de un posible desgaste de la llanta trasera que no fue alertado. El siniestro sigue en etapa de investigación y las autoridades deberán determinar si hubo o no alguna responsabilidad del CDA. Sobreoferta y competencia deslealPara Gonzalo Corredor Sanabria, presidente de la Asociación Nacional de CDAs, la calidad del servicio se ha degradado por la saturación del mercado: "La sobreoferta que hay en el país está poniendo en riesgo la calidad del servicio y está poniendo en riesgo también la sostenibilidad del sistema". Algunos centros han optado por la flexibilidad para atraer conductores que buscan evitar reparaciones costosas.Ante este panorama, las familias de las víctimas buscan justicia a través de demandas contra los CDAs y a los propietarios de los vehículos, mientras exigen una regulación más estricta que impida que los certificados de revisión sigan siendo, simplemente, papeles que no salvan vidas.
Luis Alfonso Rendón, conocido también como El Señorazo, se ha hecho querer por su autenticidad y es normal que su música suene en cualquier rincón de Colombia. A punta de esfuerzo, talento, trabajo duro y una voz privilegiada logró cambiar su destino. Su cercanía con el fallecido cantante Yeison Jiménez siempre fue innegable y lo que le causó su pronta partida tiene un doloroso recuerdo en el corazón.La muerte de Yeison Jiménez“Yo soy un hombre que soy paciente psiquiátrico, yo tomo droga para la ansiedad, yo soy muy ansioso y me dan ataques de pánico cuando estoy muy triste. Hace muchos años no me encalambraba o me daban ataques tan malucos y desde que pasó lo de Yeison, por ejemplo, yo llegaba a un concierto y estaba la foto de él y me metía unas descompuestas…”, reconoce el artista en entrevista con Los Informantes, agregando que le prometió a su equipo “soltarlo”, pero siempre rindiéndole homenaje cantando.Dice que lleva a Yeison Jiménez “siempre en mis oraciones, en el altar de mis ánimas benditas del purgatorio lo tengo de primerito, al lado de mi abuelo, mi padre y mi abuelita” y poco a poco va a aprendiendo a soltar ese dolor. Con los ojos aguados cuenta que “perdí un gallo fino, porque con Yeison tuvimos la calidad musical y profesional de cogernos en un mano a mano en un estadio, en una tarima grande, importante; con él la cosa no era charlando. Hicimos una canción, ‘Destino final’, y nos quedaron por cantar muchas’”.¿Cómo llegó a ser ‘El Señorazo’?Luis Alfonso es un verdadero fenómeno y no solo en la música, en redes tiene más de 12 millones de seguidores y su canción ‘Contentoso’, una de las más populares, supera las 126 millones de reproducciones solo en YouTube.La música llegó a él por su abuelo, un zapatero bohemio al que le decían ‘Cajita’ y en cuya vitrola todo el día sonaban las canciones de Jorge Negrete, Pedro Infante y José Alfredo Jiménez que Luis Alfonso se aprendía de memoria y cantaba a toda hora.Toda la vida soñó con ser cantante y hoy, a los 32 años, no titubea al contar que su camino no ha sido fácil, pero lo ha superado con creces. Este hombre que nació en Popayán, pero con el tiempo tomó prestado el acento paisa, cuenta que su papá perteneció a algunos combos de Medellín y fue asesinado, luego su mamá se volvió a enamorar y él vivió un nuevo martirio, pues, según cuenta, su padrastro golpeaba a su madre y a él lo mandaba a dormir a la calle. Terminó yéndose de la casa y fue lechero, ayudante de mecánica, cargaba bultos en una plaza, “hacía de todo, pero nunca me gustaba coger lo ajeno ni las malas mañas”.Un día decidió apostarle a la música, pese a que lo tildaban de loco, y andaba de pueblo en pueblo, de cantina en cantina, esperando que lo dejaran cantar. Empezó en pesebreras del Cauca y pronto se fue para Medellín, en donde hace 8 años encontró también al amor de su vida, Luisa Fernanda Pulgarín, la mamá de sus tres hijos.“Yo no tenía nada (…) Yo le decía ‘mami, téngame fe que yo sé que algún día se me aparece la Virgen’ y ella me decía ‘yo no quiero hombres ricos, yo quiero un hombre berraco para hacerme rica al lado de él”, cuenta Luis Alfonso.Más tarde entró al concurso A otro nivel y terminó siendo uno de los favoritos, pero justo en ese momento su hijo mayor se enfermó y tuvo que renunciar al programa. Aunque enfrentó una difícil prueba, ese mismo año realizó su primera grabación de estudio y poco a poco empezó a sonar en las tiendas de barrio hasta que logró convertirse en el reconocido cantautor que es hoy.Luis Alfonso no tiene techo y todavía tiene mucho que cantar. “Yo siento que a mí todavía me falta mucho, me faltan muchos escalones, siento que estoy en pañales. Es demasiado camino el que hemos subido, muy duro, pero hemos subido, pero miro pa’ arriba y me falta el doble”, subraya en Los Informantes.
En el mundo de la joyería, el oro brilla con elegancia, pero su origen puede estar lleno de sombras. Por eso Bruno nos invita hoy a reflexionar para saber de dónde viene el oro que usamos, pues es fácil admirar una joya, pero lo que muchos no saben es que, a veces, para obtener ese oro se destruyen bosques enteros, se contaminan ríos y hasta se causan graves violaciones a los derechos humanos. La minería ilegal, una de las principales fuentes de estos daños, es responsable de devastar ecosistemas y generar conflictos sociales.Y la problemática va más allá de los daños ambientales, pues el oro extraído de manera ilegal también puede estar vinculado a la explotación laboral y financiamiento de conflictos armados, un fenómeno similar al de los "diamantes de sangre", pues en países como la República Democrática del Congo, Venezuela, y ciertas zonas de América Latina y África, la minería de oro a menudo involucra trabajo forzado, esclavitud moderna y explotación infantil, tal cual como sucede en los casos de los diamantes.Afortunadamente, hay soluciones y certificaciones como "Oro Ético" y "Oro Justo" que ayudan a garantizar que el oro se extraiga de manera legal, respetando tanto los derechos humanos como el medio ambiente, equivalente a como pasa en el proceso Kimberly, que certifica los diamantes libres de conflicto. Además, estas certificaciones promueven la trazabilidad completa del oro, desde su origen hasta que llegan al consumidor final.Es decir que sí es posible extraer oro sin destruir el planeta ni explotar a las personas, como lo hace Joyerías Panamá, quienes están extrayendo oro de forma responsable usando prácticas que cuidan el planeta y apoyan además a las comunidades locales.Así que la próxima vez que quieras comprar una joya, asegúrate de que venga de fuentes responsables. ¡Oro con conciencia! #OroLimpio
Bruno, el primer embajador de temas ambientales de Noticias Caracol, se une al cubrimiento especial de la COP16 Colombia, la cual se llevará a cabo desde el 21 de octubre de 2024 en Cali. Este personaje, creado con inteligencia artificial, usa sus redes para educar sobre sucesos de la naturaleza en el mundo.>>> Puede interesarle: Contaminación del aire, mayor riesgo ambiental para salud humana: ¿qué estamos respirando?Noticias Caracol de camino a la COP16"Hola, amigos, soy Bruno y seré su guía en la COP16 de Biodiversidad que se celebrará en Cali", expresó Bruno, el embajador que ha sido creado con herramientas de inteligencia artificial para ayudarnos a comprender los desafíos ambientales de este siglo.Bruno es una combinación de tecnología, conexión con la naturaleza y un profundo enfoque humano. En un mundo donde el medio ambiente es cada vez más en la agenda informativa, política, económica y social, este personaje llega para sumarse a la conversación con una mirada informada, accesible y sostenible.Con espíritu aventurero y dispuesto a llevarnos de la mano de la mano a los escenarios más extraordinarios del planeta, este nuevo aliado digital de Noticias Caracol tiene su propio perfil de Instagram (@bruno.ambiental), donde los usuarios de redes pueden contactarlo y proponerle temas de interés general para desarrollar en sus plataformas.Sus contenidos ya encantan a miles de usuarios de redes sociales, quienes aplauden sus publicaciones con comentarios como "es didáctico" y "gracias por enseñarnos la cultura de nuestras comunidades"."Nos seguimos viendo en la COP16 y en todos los eventos que tengan corazón ambiental", acotó el embajador IA de Noticias Caracol.>>> Le recomendamos: Una serenata en el Pacífico: así es el hermoso canto de las ballenas en Buenaventura
El Chocó biogeográfico es una de las regiones más biodiversas del planeta, un territorio que abarca desde el norte de Ecuador hasta Panamá, incluyendo humedales, ríos caudalosos, imponentes selvas, y los manglares más extensos de Sudamérica.>>> También le puede interesar: La minería ilegal amenaza a un paraíso natural en Colombia: así buscan frenarlaCon más de 2 mil especies de fauna y flora, es un tesoro natural que se extiende por187.400 kilómetros cuadrados. Según Mailer Mosquera, guía en Bahía Solano, "Es uno de los lugares más biodiversos de nuestro planeta, aquí lo tenemos todo". Este espacio no solo guarda un patrimonio natural invaluable, sino que también conecta a sus habitantes con su pasado, presente y futuro, como destaca Jorge Enrique Murillo Palacios: "Nos conecta con el pasado, el presente y nuestro futuro".En Colombia, el Chocó biogeográfico cubre los departamentos de Valle del Cauca, Cauca, Nariño y, por supuesto, Chocó, ocupando solo el 2% de la superficie terrestre, pero albergando una riqueza natural que le ha ganado el título de ser "el corazón de nuestra biodiversidad". Pablo Palacios Rodríguez, biólogo investigador, afirma: “Por esta extensión del Chocó biogeográfico, podemos encontrar una gran cantidad de vida que uno no imagina hasta estar ahí”.El Pacífico colombiano también es hogar de las majestuosas ballenas jorobadas, que migran desde la Antártida en busca de las cálidas aguas para aparearse y dar a luz. Acompañadas de tortugas marinas, delfines, tiburones, y una gran variedad de especies marinas, estas aguas son refugio y sustento para muchas formas de vida. El océano no es el único atractivo del Chocó biogeográfico Pero el océano no es el único atractivo de esta región; al interior de sus selvas húmedas tropicales, habitan pequeños tesoros como la rana venenosa Kokoí (Oophaga histriónica) y el sapito arlequín (Telopus), endémico del Chocó. Sin embargo, su supervivencia está amenazada por la pérdida de hábitat y el tráfico ilegal, un problema que, según Mailer Mosquera, podría hacer desaparecer a estas especies en unas pocas décadas si no se toman medidas: “Si seguimos así, al 2050 las probabilidades de no tener ranas van a ser muy altas”.Además de su fauna, el Chocó alberga los más grandes ecosistemas de manglares en el país, fundamentales para la biodiversidad marina y la sostenibilidad de las comunidades costeras. Natasha Valencia, bióloga marina de WCS Colombia, explica: "Los manglares son un ecosistema estratégico de transición entre el bosque terrestre y el marino, sostienen muchas cadenas alimenticias y son la base de la sostenibilidad financiera y alimentaria de las comunidades". Un ejemplo de esta relación es la comunidad de Tribugá, donde la recolección sostenible de la piangua, enseñada de generación en generación, permite a los habitantes vivir en armonía con el manglar. Según Aida Leidis Palacios Moreno, gestora cultural en Tribugá, "De generación en generación, nuestras abuelas enseñaron a nuestras madres, y nosotras a nuestros hijos, a cuidar y conservar el manglar, usándolo de manera responsable y sostenible".Este equilibrio entre la conservación y la subsistencia humana es lo que ha permitido que el Chocó biogeográfico siga siendo uno de los lugares más ricos en biodiversidad en el mundo. Como concluye el biólogo Pablo Palacios Rodríguez: "Gran parte de la conservación que tenemos hoy día proviene del trabajo que han hecho las comunidades históricamente en este territorio". Sin embargo, las amenazas persisten, y con ellas, la necesidad urgente de acciones para preservar este ecosistema único para las generaciones futuras.>>> También puede leer: En El Cerrejón buscan el equilibrio entre la actividad minera y la restauración ecológica
Bajo la sombra de los majestuosos Ríos Voladores que parecen colgar del cielo, bañando las montañas y los valles con su humedad infinita, se extiende el último bosque húmedo montano del país, el Bosque Galilea, una joya verde escondida a los pies de la cordillera oriental, que conecta cielo y tierra para nutrir la vida en sus 36 mil hectáreas de vegetación. Desde lo más alto de los árboles hasta las raíces que abrazan la tierra, en cada rincón de este edén la naturaleza se despliega en su forma más pura y ancestral. La comunidad de la miel está ahí para protegerlo.Lo que hace la comunidad de la mielA tan solo dos horas y media a caballo desde Villarica, Tolima, uno de los pocos pueblos que se benefician de la cercanía de este imponente bosque, un grupo de campesinos se ha embarcado en una cruzada para proteger este ecosistema olvidado por muchos. Entre ellos se encuentra David Parra, un joven que, junto a sus compañeros, se ha convertido en guardabosques del Galilea. En sus chalecos verdes llevan un lema que resuena con fuerza: Juntos por la conservación de Galilea.El recorrido hacia el corazón del bosque es desafiante. Las angostas trochas serpentean entre árboles gigantescos y bromelias colgantes, obligando a los caminantes a bajar del caballo en más de una ocasión. Pero para estos guardianes de la naturaleza el esfuerzo vale la pena. Mientras avanzan, David explica cómo, durante décadas, la tala indiscriminada y la caza furtiva hirieron profundamente este ecosistema, casi el 70% del bosque fue talado y muchas especies, como el totumo y varias variedades de canelos, se perdieron casi por completo.Sin embargo, la historia de Galilea ha comenzado a cambiar. Al internarse en lo más profundo del bosque, entre la sombra de robles centenarios y helechos gigantes, se respira un aire de esperanza. David muestra con orgullo el musgo que recubre los árboles, una alfombra esponjosa que retiene la humedad y garantiza la vida en el bosque. Para él, este rincón del planeta no solo es su hogar, sino también un refugio para la biodiversidad. Es el hogar de más de 389 especies de fauna, entre ellas las abejas, las verdaderas protagonistas de esta historia.Las abejas, esenciales para el ecosistemaEn lo más profundo del bosque, estas diminutas criaturas, con apenas 1,5 centímetros de tamaño, se han convertido en aliadas insustituibles para la regeneración del ecosistema. Los campesinos de Galilea, ahora convertidos en apicultores artesanales, han introducido las abejas en este entorno natural, sabiendo que son las únicas capaces de polinizar los árboles que se alzan hasta los 40 metros de altura. El ciclo vital del bosque depende de ellas, sin las abejas, el equilibrio de este paraíso se rompería.Con cuidado y paciencia, los guardabosques han aprendido a extraer miel de las colmenas que, en su mayoría, pertenecen a la especie Apis Mellifera, una abeja africana. El apiario más simbólico de todos se llama El Comino, llamado así por los árboles de esta especie que rodean el lugar, un árbol que en su día estuvo al borde de la extinción, pero que ha renacido gracias a los esfuerzos de los campesinos y las abejas. La miel que se produce en Galilea no solo endulza los paladares, sino que también simboliza una fuente de economía sostenible para los campesinos, quienes rechazan las prácticas comerciales a gran escala, y en su lugar, se enfocan en métodos tradicionales que permiten a las abejas seguir siendo las guardianas del bosque.En medio del zumbido constante de las colmenas, los campesinos han encontrado una conexión profunda con la naturaleza, las abejas les han enseñado sobre cooperación y convivencia y el bosque les ha devuelto el equilibrio que una vez se perdió. David explica cómo la miel que producen tiene un sabor único, impregnado del néctar de los árboles nativos del Galilea, como la Almanegra, que le da a la miel un sabor inconfundible y silvestre.El trabajo de los guardabosques no solo se limita a la protección del bosque y la producción de miel. Durante los últimos tres años han instalado cámaras trampa en diferentes áreas del Galilea para monitorear la fauna. Las abejas, al transportar polen de un lugar a otro, permiten la reproducción de animales en peligro de extinción, como el oso de anteojos y el mono churuco, permitiéndoles encontrar en este bosque su hogar. Con un sentido profundo de respeto por la naturaleza, los guardabosques de Galilea han logrado monitorear y proteger el entorno mediante cámaras trampa que permiten observar cómo la fauna local ha ido recuperando su espacio, lo que para los campesinos es un signo de que sus esfuerzos están dando frutos.El día en Galilea comienza temprano, con el empaquetado cuidadoso de la miel que luego será distribuida en los pueblos vecinos. Los guardabosques sueñan con llevar esta miel silvestre, 100% natural, a la capital. En lo más alto de la montaña, a 1.700 metros de altura, mientras el sol se oculta, la niebla envuelve los árboles y las abejas siguen zumbando en la distancia, la comunidad de la miel se reúne alrededor de una fogata para compartir sus saberes ancestrales. En este ambiente de camaradería, se transmite de generación en generación el conocimiento sobre la apicultura, la protección del bosque y la importancia de vivir en armonía con la naturaleza.David y su equipo de guardabosques tienen claro su objetivo: seguir cuidando y conservando el bosque para que futuras generaciones puedan disfrutar de este paraíso natural. A pesar de las dificultades, como la falta de acceso y recursos, su compromiso con la tierra que los vio nacer es inquebrantable. Con la miel silvestre de Galilea, no solo se endulzan los días, sino que se construye un futuro más sostenible para todos.
En Colombia, 14,6 millones de personas padecen la inseguridad alimentaria, es decir que no acceden a las tres comidas diarias. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación, FAO, define la seguridad alimentaria como el acceso de todas las personas a alimentos seguros, nutritivos y suficientes, eso implica que estén disponibles y que obtenerlos sea social y económicamente posible.Esa misma organización señala que la situación en Colombia es moderada o grave.Mercedes Benavides, que está entra los 14,6 millones de personas que padece inseguridad alimentaria en Colombia, cuenta que “si hay para hacer el caldito de papa se hace caldito, y si no se toma una aguapanela con una tostada y hasta las 12, que se hace la librita de arroz; y si hay plátano se hace una tajada, y se ayuda el plato que no quede pelado ahí”.Hace algunos años en su mesa no faltaban las tres comidas diarias. Hoy, a sus 78 años, poder comer siquiera una vez es toda una proeza que su hija le ayuda a lograr porque en su hogar ya “no se come huevo, no se come pescado, no se come pollo, no hay para eso, la plata no alcanza”.¿Qué diferencia hay entre inseguridad alimentaria moderada y grave?Cuando se habla de inseguridad alimentaria moderada se refiere a que las familias tienen un déficit en cantidades pequeñas de comida al día, se come poca proteína o verdura.Más delicada aún es la inseguridad alimentaria grave, que es cuando el plato se ve prácticamente vacío. En el país, 2.663.000 personas están en esa condición.Agustín Zimmermann, representante de la FAO en Colombia, asegura que “no hubo reducción en la inseguridad alimentaria grave, que se mantuvo alrededor del 4,8%”, una situación que “afecta más a los hogares que tienen cabeza de hogar de mujeres y también afecta más a los hogares con mayor vulnerabilidad”.Darío Fajardo, antropólogo docente de la Universidad Externado, dijo que “lo que era la generación de los alimentos básicos la teníamos nosotros, y a partir de la implementación de los tratados de libre comercio comenzamos a perder esas posibilidades”.“De ser un país que se autoabastecía, pasamos a ser un país que hoy tiene básicamente un 40% de importación de alimentos para satisfacer su demanda alimentaria”, añadió.Situación en Colombia por inseguridad alimentariaSegún las cifras oficiales, de 42,9 millones de hectáreas aprovechables, solo se usa el 13%, es decir, unos 5,5 millones de hectáreas.Entre tanto, en el departamento del Meta, calificado como despensa agrícola de Colombia, solo el 22% de su superficie es destinada para agricultura. Y mientras esto pasa, el país importa el 40% de los alimentos que se consumen.Pese a esto, allí se está tejiendo una red de abastecimiento de alimentos que cosecha seguridad alimentaria. Por ejemplo, en la vereda Asomillanito, en cada hectárea, hay un cultivo de guayaba, papaya, mandarina, maracuyá y plátano.Con esta iniciativa de la FAO y Ecopetrol, los mismos campesinos venden lo cosechado a través de sus propias asociaciones de productores de leche, queso, pescado, agricultores de plátano, yuca, papaya y limón, entre otros.Al año, todas estas familias están vendiendo directamente 450 millones de pesos en alimentos. Juan Gabriel Ortiz, líder de desarrollo rural inclusivo en Ecopetrol, sostiene que “la red, desde el 2019 en su primer ciclo vinculó 496 familias, y en este segundo ciclo, que inició el año pasado y esperamos llegar a 2027, tenemos como meta vincular a 3.000 familias de 6 municipios del departamento”.Cultivar, abastecer y saborear lo propio, velando por la seguridad alimentaria de la gente, es el gran reto que tiene Colombia, un país privilegiado y con un 87% de tierras fértiles que no están al servicio de la siembra de alimentos.
La mina de El Cerrejón, ubicada en La Guajira, es la mina de carbón a cielo abierto más grande de Suramérica. Desde su inicio, hace cuatro décadas, la extracción de carbón ha implicado una transformación drástica en el paisaje, afectando la biodiversidad y los ecosistemas locales. Sin embargo, en los últimos años, la empresa ha implementado un ambicioso plan de restauración ambiental, que busca mitigar el impacto generado por las operaciones mineras.>>> Le recomendamos: La minería ilegal amenaza a un paraíso natural en Colombia: así buscan frenarlaLuis Francisco Madriñán, gerente de gestión ambiental del Cerrejón, lo resume así: "Lo que está ocurriendo aquí es que el cauce tiene capilaridad y permite que el agua fluya hacia el arroyo... el arroyo Bruno, en su nuevo cauce, funciona, está vivo”.La restauración de más de 4.800 hectáreas que rodean la mina es un testimonio de este esfuerzo. Para evitar que el arroyo Bruno, una fuente vital de agua para la región, fuera afectado por la actividad minera, fue desplazado 700 metros. "Era necesario mover el arroyo en orden de que bajo cualquier evento no se fuera hacia los sectores mineros. Decidimos no construir un canal de concreto, sino implementar una restauración de ingeniería ecológica, mezclando hidráulica con ecología", señala Madriñán. Hoy, el arroyo Bruno es refugio de 26 especies de peces, incluyendo el bocachico de la ranchería, endémico de la zona, y se ha convertido en un corredor biológico donde han regresado especies nativas como el jaguar.Indicadores de buena salud en el ecosistemaJaguares por cámaras trampa instaladas en la zona, simboliza el éxito del plan de recuperación ambiental. Según Brigitte Baptiste, bióloga y rectora de la Universidad EAN, "la aparición de jaguares en el corredor Wüin Manná desde 2015 indica que hay un punto de paso activo entre las dos serranías, la Sierra Nevada de Santa Marta y la Serranía del Perijá. Esto demuestra que hay suficientes garantías para que los grandes depredadores puedan alimentarse y caminar por el territorio".La recuperación de este corredor biológico es, según Baptiste, "quizás el mayor logro de este proceso de restauración ecológica".Además de la fauna, el suelo también ha jugado un papel fundamental en la rehabilitación del paisaje. Desde el inicio de la explotación minera, el Cerrejón ha almacenado el suelo removido, y ahora lo reutiliza para la recuperación de los terrenos. "Tenemos entre 41 y 42 millones de metros cúbicos de suelo que nos permiten llevar a cabo el proceso de rehabilitación", explica Madriñán. Gracias a este suelo, no solo se están plantando árboles nativos, sino que también se están generando hábitats acuáticos que permiten el retorno de la fauna y la flora locales.Un ejemplo clave de este proceso de restauración es la comunidad indígena Wayúu de Provincial. Aylin Acosta Pushaina, directora administrativa del vivero comunitario en Provincial, detalla cómo su comunidad ha sido parte activa de la recuperación: "Nosotros mismos nos encargamos de la siembra, los miembros del resguardo Wayúu. Es una cadena en la que, al final, somos un solo equipo: el resguardo y Cerrejón". Este vivero produce los árboles que luego serán replantados en las áreas afectadas por la minería.Impacto ambiental del CerrejónEl impacto ambiental de la mina, aunque innegable, ha sido mitigado en parte por estas iniciativas de restauración. Según los datos más recientes, de las 66.526 hectáreas que comprende el área de operación del Cerrejón, solo el 16% está ocupado actualmente por actividades mineras, un descenso respecto al 21.3% registrado en 2014. Además, las coberturas naturales y seminaturales han aumentado, lo que refleja el éxito de las áreas restauradas.El balance ambiental de El Cerrejón es complejo. Por un lado, la explotación minera ha dejado cicatrices profundas en el territorio, visibles en los pits o huecos que la minería deja en el paisaje. Pero, al mismo tiempo, la empresa ha emprendido un ambicioso proceso de restauración que, según sus responsables, ha comenzado a mostrar resultados. "El suelo tiene semillas, y poco a poco, las plantas jóvenes como vaquelias y arbustos nacen espontáneamente", afirma Madriñán. La recuperación es lenta, pero en cada metro de tierra replantada, el paisaje de La Guajira va transformándose nuevamente.La comunidad científica y las autoridades ambientales seguirán de cerca este proceso. Para Brigitte Baptiste, la reconexión del corredor biológico Wüin Manná es solo el primer paso en un largo camino de restauración. "Este ecosistema no solo alberga a grandes depredadores como el jaguar, sino que también atrae a especies migratorias, como el murciélago mexicano Lepridotus curazao, que ha encontrado refugio en los cactus de esta región", explica Diana Cuevas, consultora ambiental del Cerrejón.El desafío para el Cerrejón y las comunidades cercanas es mantener este equilibrio, donde la actividad minera coexista con la restauración ecológica, permitiendo que La Guajira recupere, poco a poco, su biodiversidad y sus paisajes.>>> Puede interesarle: Cerrejón, finalista del Premio Caracol TV a la Protección del Medio Ambiente 2024
El Amazonas es una maravilla natural escondida en nuestro territorio. Es el hogar de una biodiversidad asombrosa, albergando millones de especies y plantas. Allí también existen varias joyas ocultas, entre ellas, la Reserva Natural Victoria Regia, un lugar especial donde se puede realizar diferentes actividades ecológicas. En Mochila Verde explore este magnífico espacio. >>>Arte submarino: la fascinante historia detrás del museo de cerámica en Isla FuerteKayak por el AmazonasEn este paraíso, se encuentran los Lagos de Yahuarcaca que es un grupo de 21 cuerpos de aguas encadenadas que se formaron originalmente desde el cauce del Río Amazonas.>>>Ecotejidos en Isla Fuerte: la iniciativa sostenible que aporta a la economía del CaribeEn estos caudales habitan cientos de peces de múltiples especies, así como los icónicos delfines rosados. Además, se pueden explorar los senderos ecológicos, donde es posible observar una gran diversidad de fauna y flora, incluyendo la flor de loto del Amazonas colombiano, conocida por su capacidad de autorregulación térmica, lo que facilita la polinización en su entorno acuático.La Reserva Natural Victoria Regia es un lugar de gran importancia, ya que contribuye al equilibrio de su hábitat y enriquece la biodiversidad del río Amazonas y sus afluentes, convirtiéndose en un elemento clave del patrimonio natural colombiano.>>>En Isla Fuerte se puede escuchar el palpitar de árboles de más de 400 años¿Qué más puede hacer en la Reserva Natural Victoria Regia?Además, de disfrutar de recorridos en kayak o botes artesanales, también puede realizar pesca natural que conecta con las prácticas ancestrales de la región.Uno de los imperdibles es el avistamiento de aves, ya que esta reserva cuenta con una riqueza natural que permite observar una gran diversidad de especies. Entre las más llamativas están las coloridas guacamayas.Le contamos más en Mochila Verde
En el paraíso de Isla Fuerte, hay un tesoro cultural y ecológico: el museo submarino. Allí, las piezas de cerámica inspiradas en la cultura indígena Zenú y en los corales dan vida a un paisaje marino único. Tatiana Orrego lidera este taller donde la arcilla se transforma en figuras que no solo adornan, sino que educan sobre la importancia de los corales en los ecosistemas marinos.>>> En Isla Fuerte se puede escuchar el palpitar de árboles de más de 400 añosMochila Verde visitó este taller en el hotel Ecohouse que se convirtió en un refugio para los amantes del arte y la naturaleza. “Por lo general, el tema de los corales siempre lo vemos como desde la ciencia y la ciencia no tiene un lenguaje muy democrático, entonces me pareció a mí que la mejor manera era hacerlo a través del arte”, aseguró Tatiana Orrego.Aquí, niños y adultos trabajan en la creación de figuras de cerámica que simbolizan la diversidad e importancia de los corales, así como las raíces indígenas de Isla Fuerte.>>> Hoteles en Isla Fuerte: descubra un refugio sostenible para disfrutar el Caribe colombianoEste taller forma parte de ‘Guardianes del mar’, un proyecto creado por buzos locales dedicados a preservar el entorno marino de Isla Fuerte. A través del arte, buscan concienciar a las generaciones sobre la importancia de proteger los océanos y el ecosistema.Conocer el taller de cerámica del hotel Ecohouse no solo es una experiencia para relajarse y desconectarse, sino también para aprender sobre la vida marina y el legado cultural de Isla Fuerte.
Un tesoro escondido en el Caribe colombiano se encuentra el Hotel Ecohouse en Isla Fuerte, un lugar donde la sostenibilidad se fusiona con la belleza del mar y la maravillosa naturaleza. Este destino ofrece iniciativas que benefician a la comunidad Zenú.>>>En Isla Fuerte se puede escuchar el palpitar de árboles de más de 400 añosEcotejidos en Isla FuertePara llegar a el Hotel Ecohouse hay que viajar hasta Montería y tomar un transporte hasta Lorica, por un trayecto que dura aproximadamente 1 hora. Luego, se realiza otro recorrido de 1 hora en taxi hasta el lugar donde parten las lanchas que van hacia Isla Fuerte.En este paraíso, se encuentra el taller de tejidos experimental, en donde puede realizar diversidad de productos sostenibles. Este colectivo de jóvenes y niños se formó en el 2019 junto a María Clara Valderrama, cofundadora del Hotel Ecohouse.>>>Hoteles en Isla Fuerte: descubra un refugio sostenible para disfrutar el Caribe colombianoAllí, junto a la comunidad, empezaron a tejer con fibras naturales y maquinaria para crear diversidad de piezas maravillosas. Todo se obtiene a base de frutas que se consiguen de los residuos de la cosecha que hay en la isla.¿Qué más puede hacer en Isla Fuerte?En Isla Fuerte puede recorrer caminos ecológicos, visitar el sendero del perezoso y puede observar miles de especies que existen en este ecosistema. Un turismo con propósito.Le contamos más en Mochila Verde:
En este episodio de Mochila Verde exploramos los majestuosos árboles de más de 400 años de vida, cuya vitalidad se siente al abrazarlos. Vea un viaje por playas hermosas de Isla Fuerte, senderos encantados, manglares impresionantes y la calidez de la gente local.>>> Turismo en Isla Fuerte: desde la cueva del pirata Morgan hasta sembrar un mangle rojoLos árboles de Isla FuerteLos árboles en esta isla son realmente impresionantes: en uno hasta hay una cueva adentro y otro extiende sus ramas como si fueran un tronco.>>> Isla Fuerte: ¿cómo es el tesoro submarino que se esconde a 12 metros profundidad?Y es que en Isla Fuerte hay mil planes por hacer, entre ellos, realizar un recorrido conociendo esos árboles que han vivido tantos años, cuentan miles de historias y, además, son el hábitat de varias especies de aves locales y migratorias, mamíferos y reptiles.Entre los árboles más espectaculares de la isla está el tuntún, que según la comunidad local tiene más de 400 años de vida. Se dice que si una persona abraza el árbol y pone su oreja contra el tronco puede escuchar los latidos de su corazón.>>> Hoteles en Isla Fuerte: descubra un refugio sostenible para disfrutar el Caribe colombianoEl árbol que caminaOtro es el árbol, de cuyas ramas se desprenden varias lianas que se convierten nuevamente en troncos al tocar la tierra, dando casi la sensación de que este camina. Una experiencia maravillosa que emana una energía centenaria y mítica.