"No quiero terminar los años que me quedan en un refugio" se lamenta Emilia Rada, una mujer de 73 años que se aloja en un polideportivo de La Guaira, donde viven centenares de personas una semana después del doble terremoto de Venezuela que destrozó o dañó gravemente sus viviendas sin saber cuándo podrán volver o si serán realojados.
Emilia pasa las horas sentada en una litera del refugio que han instalado varias agencias de la ONU en el Polideportivo José María Vargas, en plena zona cero de la devastación de los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del pasado miércoles. "El piso de arriba cayó dentro de mi apartamento. Gracias a Dios que yo no estaba en ese momento. Pero cuando llegué no pude hacer nada, no pude sacar nada, ni la documentación", explicó a EFE. (Lea también: ¿Cómo actuar durante y después de un terremoto? Estas son las recomendaciones de la Defensa Civil)
La mujer, que hasta el sábado dormía en el suelo de una plaza de Tanaguarena, relató que salió de allí "aterrorizada porque los olores a muerto eran demasiado fuertes". "No voy a salir de aquí ni hoy ni mañana", se lamentó, y dijo que se está planteando ir a vivir al extranjero con algún familiar porque "no quiero terminar los años que me quedan en un refugio".
El Gobierno de Venezuela ha cifrado en 12.841 las personas que han perdido su vivienda y la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, prometió que antes de que finalice 2026 habrá nuevas viviendas para aquellos que hayan perdido sus hogares. Por su parte, la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) cree que hay cerca de 16.000 personas que han debido buscar un lugar alternativo para vivir, y dijo que no todas lo han conseguido y deben permanecer en las calles.
Las autoridades venezolanas han pedido a las personas afectadas inscribirse en un sistema online del Gobierno llamado Patria, por el que se entregan ayudas sociales, para resolver "rápidamente" el tema de "habitabilidad" y llevarlos a "hoteles de la ciudad capital para que tengan un sitio donde pernoctar".
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Será una labor titánica, pues unos 58.000 edificios resultaron dañados o destruidos, según observaciones satelitales de la NASA.
“Estoy aquí para que no se lleven nada”
La incertidumbre reina entre las personas afectadas. Charles Cordero, de 39 años, explicó desde un refugio con una pierna inmovilizada y una venda en el abdomen por impacto del temblor, que su casa presenta daños, en principio superficiales, y que desconoce cuándo va a poder volver. "No sabemos si vamos a poder regresar allá. Tenemos que esperar, no tenemos información precisa de qué van a hacer con nosotros", comentó.
No muy lejos de allí, en la urbanización Playa del Mar, la zona más afectada del municipio de Catia La Mar, José hace guardia delante de su edificio semiderrumbado sentado en una silla. "Estoy aquí para que no se lleven nada. Hay mucho vandalismo sin conciencia", explica este hombre de unos 60 años que se lamenta por haber perdido "treinta años" de su vida con el terremoto. "Todavía no sabemos si podremos volver. Ya han hecho una evaluación, pero quizá tienen que hacer una más después de las fuertes replicas", expresó apesadumbrado. (Lea también: Detenidos cuatro policías en Venezuela por apropiarse de dinero hallado entre escombros)
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Muchas de esas personas permanecen en estacionamientos, canchas deportivas o precarios campamentos a la intemperie. "Aquí no estaba entrando nada (de ayuda). Desde anoche comenzaron a traernos agua (...). El sol nos está quemando, la mayoría no tiene carpas", relató a la AFP Fátima Berroterán, de 56 años, residente de un condominio de La Guaira que sufrió graves daños. "Nos hacen falta medicamentos. Aquí hay muchas personas discapacitadas, la mayoría de los que viven aquí vienen damnificados de la tragedia de Vargas", añadió la mujer sobre el desastre que dejó miles de muertos en la región en 1999 por gigantescos aludes de lodo y piedra.
Muchos de ellos denuncian negligencia de las autoridades, mientras opositores exiliados pidieron el miércoles a Estados Unidos apartar de la reconstrucción al gobierno, al que acusan de corrupto.
Decenas de edificios están marcados con la letra D de "deceased" (muerto)
El rastreo infructuoso ha dado paso al silencio en zonas de Catia La Mar, balneario del estado costero de La Guaira, corazón de la tragedia que provocaron los sismos de 7,2 y 7,5 el pasado 24 de junio. Decenas de edificios en ruinas están ahora marcados con la letra D de "deceased" (muerto), que indica que el lugar ya fue inspeccionado por los socorristas, según la nomenclatura internacional para estos desastres. (Lea también: Un último abrazo de su hermano la salvó de morir en los terremotos de Venezuela: “Falleció conmigo“)
"No se pierde el tiempo en un lugar donde no se espera recuperar personas con vida", dijo a la AFP Javier Rodes, coordinador de un grupo de rescate español. "La gran mayoría" de edificios afectados de La Guaira, a 40 km de Caracas, ya están marcados, agregó.
Aunque el gobierno elude referirse a las personas desaparecidas, asegura que el día de los sismos había unos 30.000 ciudadanos en La Guaira, de los cuales 6.461 fueron rescatados y más de 13.000 salieron por sus propios medios o ayudados por familiares y amigos. Del resto, nada se sabe.
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La frustración invadió el miércoles a un grupo de pobladores de la zona cuando una rescatista estadounidense dijo frente a una montaña de escombros: "No hay señales de vida". Y aunque las posibilidades disminuyen, algunos se aferran al milagroso rescate el martes de un niño de 3 años hallado con vida por socorristas jordanos bajo los escombros de un edificio.
Las redes sociales, en tanto, siguen inundadas de fotos de niños, ancianos y parejas, junto con sus nombres, descripción y un número de teléfono para recibir datos.
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EDITADO POR SANDRA SORIANO SORIANO
COORDINADORA DIGITAL NOTICIAS CARACOL
*CON INFORMACIÓN DE AGENCIAS EFE/AFP