El crimen de Luis Alfonso Valencia, fundador de Arepas El Carriel, estremeció a los habitantes de Guaduas por la brutalidad con la que fue perpetrado. Lo que comenzó como la desesperada búsqueda de un empresario desaparecido terminó destapando una investigación que reveló un homicidio planeado y una traición que, según las autoridades, se habría gestado desde el círculo de confianza de la víctima.El Rastro reconstruyó este caso, ocurrido el 11 de noviembre de 2024, donde la aparente tranquilidad de una finca escondía una escena que cambiaría para siempre la vida de dos familias.El reconocido empresario, de 67 años, había dejado Bogotá ocho años antes para radicarse en el campo, con la esperanza de aliviar las afecciones pulmonares que padecía. Sin embargo, el retiro nunca estuvo en sus planes. Siguió dedicado a las labores de la finca y al cuidado de los animales.Su hijo, Leandro Valencia, lo recuerda como "un paisa de esos muy montañeros, de esos que se ganaban la vida pulso... fue una persona que todos los días se levantaba como si se quisiera comer el mundo".Un rastro de violenciaLa alerta se encendió cuando Valencia dejó de responder a las llamadas. Jairo Castellanos, amigo cercano del empresario, acudió a la finca y se encontró con una escena aterradora. Según su testimonio, "la casa estaba desordenada, la casa estaba saqueada totalmente, estaba patas arriba, todo". Los asaltantes no solo hurtaron objetos de valor; también rompieron techos y cortaron los muebles por debajo.Al ingresar las autoridades, el intendente Andrés Montoya, investigador de la Sijín, observó que "había varias cosas que estaban revolcadas como si hubiesen estado buscando algún elemento y en las mesas había unos vasos".La búsqueda en los alrededores de la propiedad llevó al hallazgo de dos cuerpos sin vida en una zona boscosa. Junto a Luis Alfonso Valencia se encontraba Rubén López, uno de sus trabajadores. El intendente Montoya detalló la crueldad del ataque: "Se ve que por lo menos a don Luis Alfonso le golpearon antes de causarle la muerte, ellos estaban amarrados de pies y manos".Las víctimas presentaban signos de tortura y heridas por proyectil de arma de fuego. En el sitio también fue hallada una trabajadora herida de gravedad, quien se convirtió en la única testigo presencial del hecho.El capataz bajo sospechaDesde el inicio, los investigadores sospecharon que el crimen no fue un simple hurto. La atención se centró rápidamente en Johan Daniel Pinzón, el capataz de la finca y hombre de confianza de Valencia. Pinzón vivía en la propiedad con su familia, pero tras el crimen desapareció misteriosamente. Aunque inicialmente se consideró que podía ser otra víctima, las pruebas técnicas comenzaron a desmentir esta versión.Un elemento fundamental fue el hallazgo de rastros físicos. Los peritos de la Sijín realizaron una inspección al interior de la casa, donde encontraron huellas dactilares de Pinzón en áreas donde él habitualmente no tenía permitido el ingreso.Según los investigadores, "era sospechoso porque él no tenía mucho acceso a la vivienda". Este indicio sugirió que el capataz participó activamente en el robo de la residencia.Pistas clave: huellas y cruce de llamadasLas autoridades comenzaron a rastrear los movimientos de Johan Daniel Pinzón. Tras los homicidios, el capataz cambió la tarjeta SIM de su teléfono celular, aunque continuó utilizando el mismo dispositivo, un detalle que llamó la atención de los investigadores.Al analizar los registros de llamadas, la Policía estableció que Pinzón se había comunicado con personas que estuvieron en el perímetro de la finca durante las horas previas y posteriores al crimen.Una interceptación telefónica fue la pieza que terminó de revelar el paradero del principal sospechoso. En la conversación, la pareja de Johan Daniel Pinzón le decía que había "cometido un error", mientras él aseguraba que debía abandonar la zona para evitar ser capturado por las autoridades.En ese momento, la única sobreviviente del ataque participó en un reconocimiento fotográfico. Según los investigadores, "nos confirma que Johan es la persona que está involucrada con el hurto y el homicidio".Última prueba y la captura de los señaladosLa investigación se extendió hasta el departamento del Tolima, siguiendo el rastro de una camioneta azul y una motocicleta hurtadas de la finca. Durante un operativo en Honda, la policía interceptó a varios hombres, entre ellos Sergio Andrés Gómez, quien intentó huir lanzándose por un caño. Al ser capturado, Gómez portaba un arma de fuego y un reloj Fossil de color café que intentó descartar al momento de la aprehensión.Al contactar a la familia Valencia para verificar la procedencia del objeto, el hijo de la víctima confirmó la pertenencia del accesorio: "Yo inmediatamente le digo que sí, que es el reloj de mi papá".Las autoridades identificaron a Gómez como el autor material de los disparos. Semanas después, Pinzón fue localizado en una vivienda en Ibagué, donde intentó escapar por los techos de una casa.Ante la contundencia de las pruebas recolectadas, que incluían testimonios, huellas, interceptaciones y objetos recuperados, tanto Johan Daniel Pinzón como Sergio Andrés Gómez decidieron allanarse a los cargos. El 16 de septiembre de 2025, fueron condenados por los delitos de homicidio agravado, tentativa de homicidio, secuestro y porte ilegal de armas.Aunque la fiscalía solicitaba inicialmente una pena de 56 años, la aceptación de cargos les permitió recibir una rebaja, quedando la sentencia final en 35 años de prisión. Para la familia del fundador de Arepas El Carriel, hay un cierre en el proceso, pero no la de una herida profunda por la traición de quien consideraban de su entorno.“Johan cumplió un papel de ganarse la confianza de ser una persona cercana de su empleador, del señor Luis Alfonso”, concluyó el coronel Mauricio Arley Herrera sobre los hechos del crimen.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de El Rastro.
Lo que comenzó como la desaparición de una joven administradora de un bar terminó convirtiéndose en uno de los casos más impactantes de Bogotá. El 7 de enero de 2011, Sandra Viviana Ravelo, de 26 años, desapareció. Ocho días después, su cuerpo fue encontrado en una zona desolada de Ciudad Bolívar.La Fiscalía centró rápidamente la investigación en John Alexander Quintero, novio de la víctima y patrullero de la Policía. Todo apuntaba a una condena de hasta 60 años de prisión, hasta que una nueva revisión de las evidencias forenses cambió el rumbo del caso. El periodista Diego Guauque, de Séptimo Día, reconstruyó la investigación.El peso de la acusación: las pruebas de ADNDesde el inicio del proceso, la Fiscalía construyó su teoría del caso sobre dos pruebas biológicas que parecían irrefutables. En el cuerpo de la víctima se hallaron tres perfiles genéticos, uno de los cuales coincidía con el de su pareja. Además, debajo de las uñas de Sandra se encontró material biológico del uniformado, un hallazgo que los investigadores interpretaron como la prueba de que la víctima lo había arañado mientras intentaba defenderse del ataque.La presión social y mediática fue inmediata. En el ámbito carcelario, Quintero fue apodado con nombres como "Pikachu" o "el descuartizador". Al respecto, el patrullero relató el impacto de pasar de ser un servidor público a un reo señalado por la justicia: "Pasé de en la mañana ser un policía a en la noche ser el bandido más grande de todo Bogotá".Por su parte, la madre de la víctima, Claritza Murillo, expresó en su momento el dolor y el rechazo hacia el Policía: "Demasiada rabia sentía por él y decepción porque yo decía, pero fue algo alguien que yo tuve en mi casa".¿Qué demostró el análisis forense?El caso comenzó a desmoronarse en 2015, cuando el médico forense Aníbal Navarro y un equipo revisaron los folios y la necropsia. Una de las primeras conclusiones que permitió desvirtuar la sevicia fue la causa de las lesiones en el cadáver. Contrario a lo que se informó inicialmente sobre un desmembramiento y quemaduras intencionales, la ciencia determinó que el daño fue causado por agentes externos del entorno rural.El doctor Navarro explicó que los hallazgos en el cuerpo no correspondían a una acción criminal tras la muerte: "No está desmembrado. Son animales que han intervenido y han fragmentado el cuerpo. Y en este caso lo más probable son perros”.Asimismo, se descubrió que las supuestas quemaduras eran en realidad procesos naturales de descomposición mal interpretados debido a que la fotografía forense fue realizada por personal no experto. Según la investigación, quien tomó las imágenes era en realidad una auxiliar de enfermería sin la formación técnica necesaria.La prueba del ADN bajo las uñas, que la Fiscalía presentó como señal de una lucha desesperada, fue analizada bajo una nueva óptica por la genetista Luz Adriana Pérez Sepúlveda. Al observar detalladamente el estado de las manos de la víctima, la experta notó que la evidencia física no respaldaba la teoría del forcejeo: "Las uñas no están rotas. No hay ningún tipo de daño en las manos que sugiera esa lucha".La defensa argumentó que el material genético hallado era mínimo y compatible con la convivencia normal de una pareja, un fenómeno conocido en la ciencia forense como transferencia por contacto cotidiano.El propio Quintero explicó este punto en su defensa: "No era que hubiera arrancado piel... es ADN normal, como cuando tú te sientas en el computador de tu compañero y ya hay ADN tuyo". Esta interpretación cambió el sentido de la evidencia: la presencia de material genético de Quintero no demostraba su participación en el crimen, ya que los análisis concluyeron que dicho rastro provenía de una relación consentida anterior a la desaparición de Sandra.Testimonios que rectificaron la inocencia del policíaOtro factor determinante para la libertad del policía fue la desarticulación del móvil del crimen. La Fiscalía sostenía que Quintero era un hombre posesivo y extremadamente celoso, una percepción que la familia de la víctima compartía. No obstante, los testimonios de amigos cercanos y clientes habituales del bar que Sandra administraba en el barrio Bosa Piamonte desmintieron esa conducta violenta.Adicionalmente, se logró identificar a los hombres con los que Sandra fue vista por última vez. Testigos confirmaron que la joven abandonó el establecimiento comercial en un taxi acompañada por dos sujetos. Uno de ellos era Néstor Yesit Sánchez, quien posteriormente aceptó su responsabilidad mediante un preacuerdo con la justicia tras confirmarse que su ADN también estaba presente en la escena. Sánchez fue condenado, mientras que la identidad del tercer implicado nunca pudo ser establecida por las autoridades.La sentencia absolutoria y las secuelas del procesoTras pasar casi seis años privado de la libertad, entre cárceles como La Picota y detención domiciliaria, un magistrado dictó el fallo que declaró la inocencia de John Alexander Quintero. “Yo siempre tenía una Biblia. Ese día cuando el juez dijo esas palabras, yo me arrodillé y le di gracias a Dios”, aseguró Luz Nidia Giraldo, madre del patrullero. “Esa fue esa primer Navidad otra vez en casa. Fue ver otra vez a mi familia reunida, volver a estar con todos, ver que tenía el apoyo de mi familia”, recordó John Alexander Quintero, conmovido.A pesar de la decisión judicial, el estigma social persiste para Quintero, quien ha manifestado dificultades para reinsertarse en la vida laboral debido a sus antecedentes judiciales, llegando a ser rechazado en decenas de empresas. Por otro lado, la familia de Sandra Viviana Ravelo mantiene su postura de desconfianza frente al veredicto. Claritza Murillo reafirmó su convicción tras conocerse la libertad del expolicía: "No, que diga la verdad, que diga el por qué. ¿Para qué lo hizo con esas personas? Porque él sabe que él fue".El caso de Sandra Viviana Ravelo terminó convirtiéndose en mucho más que una investigación por feminicidio. También abrió un debate sobre el alcance de la evidencia forense, la interpretación de las pruebas científicas y las consecuencias que puede tener una investigación cuando los hallazgos son cuestionados años después. Mientras la familia de la víctima sigue reclamando justicia, John Alexander Quintero intenta reconstruir una vida marcada por un estigma que, asegura, aún no desaparece.*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Séptimo Día.
El 7 de enero de 2011, la vida de Sandra Viviana Ravelo, una joven de 26 años y administradora de un bar en Bogotá, se apagó en circunstancias que estremecieron al país. Lo que inició como una búsqueda desesperada por parte de su hermano y su novio, ambos miembros de la Policía Nacional, terminó en un hallazgo macabro en una zona rural de Ciudad Bolívar. Sin embargo, el verdadero giro dramático ocurrió cuando la Fiscalía General de la Nación señaló al patrullero John Alexander Quintero, pareja de la víctima, como el principal responsable del crimen. Diego Guauque, periodista de Séptimo Día investigó el caso.El peso de una acusación de 60 añosLa Fiscalía no escatimó en calificativos ni en la severidad de la pena solicitada. Basándose en pruebas genéticas y testimonios familiares, el ente acusador pidió la máxima sanción permitida por el ordenamiento penal colombiano. Según los registros de las audiencias, se solicitó que la pena fuera de 500 meses de prisión, lo que equivale a más de 41 años, aunque en diversos escenarios se habló de una proyección de hasta 60 años debido a la gravedad de los delitos imputados: homicidio, violación y tortura.Para la familia de Sandra, la noticia fue un golpe devastador. Su madre, Claritza Murillo, recordó el momento en que la sospecha recayó sobre el hombre que frecuentaba su casa: "Demasiada rabia sentía por él y decepción porque yo decía, pero fue algo que alguien que yo tuve en mi casa". La presión mediática y la sevicia reportada en el levantamiento del cadáver, que incluía relatos de desmembramiento y quemaduras, convirtieron a Quintero en el enemigo público número uno, apodado en prisión con alias como "Pikachu" o "el descuartizador".Las pruebas "reinas" de la FiscalíaEl caso contra el patrullero se cimentó sobre dos hallazgos biológicos que parecían irrefutables. El primero fue la presencia de su material genético en el cuerpo de Sandra. El segundo, y quizás más condenatorio para los jueces iniciales, fue el hallazgo de restos biológicos bajo las uñas de la víctima, lo que se interpretó como una señal de defensa.Al respecto, la madre de la víctima señaló en su momento: "En las uñas de mi hija habían encontrado a la piel de él, de John Alexander". Esta narrativa sugería que Sandra había forcejeado con su agresor antes de morir. Quintero, por su parte, se vio atrapado en una pesadilla jurídica: "Pasé de en la mañana ser un policía a en la noche ser un el bandido más grande de todo Bogotá".La ciencia forense que desmontó la teoría del "monstruo"El enigma comenzó a resolverse cuando el médico forense Aníbal Navarro y su equipo interdisciplinario revisaron los folios del caso en 2015. El primer hallazgo fue que el cuerpo de Sandra nunca fue desmembrado por manos humanas ni quemado con intención criminal. Navarro explicó que los daños en el cadáver fueron causados por el entorno: "No está son animales que han intervenido y han fragmentado el cuerpo... en este caso, por el contexto... lo más probable son perros".Además, se descubrió que las supuestas quemaduras eran, en realidad, procesos naturales de descomposición mal interpretados por personal técnico sin la formación adecuada en fotografía forense. Sobre la prueba del ADN bajo las uñas, la genetista Luz Adriana Pérez Sepúlveda aportó una visión distinta a la de la Fiscalía. Al analizar la evidencia, notó que no había señales de lucha física: "Las uñas no están rotas. No hay ningún tipo de daño en las manos que sugiera esa lucha". Según la experta, el ADN encontrado era mínimo y compatible con el contacto cotidiano de una pareja. Quintero mismo explicó este punto: "No era que hubiera arrancado piel... es ADN normal, como cuando tú te sientas en el computador de tu compañero y ya hay ADN tuyo".El camino hacia la libertad y el estigma persistenteLa defensa también logró desvirtuar el móvil del crimen. Mientras la Fiscalía lo pintaba como un hombre posesivo y celoso, los testimonios de amigos y clientes del bar de Sandra indicaron lo contrario. Finalmente, se comprobó que el ADN de Quintero en el cuerpo de la joven correspondía a una relación consentida previa a su desaparición, mientras que los otros rastros hallados sí pertenecían a una agresión violenta en una zona remota donde el patrullero no tuvo presencia.Tras casi seis años de detención, un magistrado dictó el fallo que cambió su destino. Quintero recordó el impacto de ese momento: "Yo siempre yo tenía una Biblia ese día cuando el juez dijo esas palabras, yo me arrodillé y le di gracias a Dios". A pesar de ser declarado inocente, el estigma social le ha impedido retomar una vida normal y conseguir un empleo estable.Por su parte, la familia de Sandra sigue sin encontrar paz, manteniendo su convicción sobre la culpabilidad del expolicía. Claritza Murillo fue enfática al ser consultada tras el veredicto: "No, que diga la verdad, que diga el por qué. ¿Para qué lo hizo con esas personas? Porque él sabe que él fue".
En el departamento del Meta, una población de aproximadamente 180 cocodrilos del Orinoco, conocidos como caimanes llaneros, atraviesa una emergencia de supervivencia sin precedentes en la historia de la conservación. Estos animales, que son los depredadores más grandes de América, llevan nueve meses sin recibir alimento debido a que las instituciones responsables no han definido quién debe asumir los costos de su manutención. El conflicto involucra a la Universidad Nacional, el Ministerio de Ambiente y corporaciones ambientales como Cormacarena.Lo que está pasando con los cocodrilos en el MetaAunque los cocodrilos tienen un metabolismo que les permite pasar varios meses sin comer, el tiempo transcurrido en el Meta ha superado cualquier límite natural. El profesor Carlos Moreno, quien lleva 23 años dedicado al programa de conservación de esta especie, advirtió sobre la gravedad del asunto en Los Informantes: "Someter una población de 180 cocodrilos, todos simultáneamente a inanición hará que finalmente hagan canibalismo".La falta de alimento prolongada está destruyendo el organismo de los reptiles. Al no recibir nutrientes externos, los animales comienzan a consumir sus propias reservas de grasa y, posteriormente, sus tejidos musculares. Este proceso genera sustancias tóxicas que dañan los órganos internos. Moreno explica que el desecho metabólico, como el ácido úrico, afecta gravemente el funcionamiento del cuerpo: "esas sustancias que se llaman metabolitos, que son los desechos de las rutas biológicas que son tóxicas. Así que esos desechos como ácido úrico, por ejemplo, afectan el riñón. Técnicamente se llaman nefrotóxicas, pero también afectan el hígado". Según el investigador, el daño en muchos ejemplares podría ser ya irreversible.Una "reserva de vida" en peligroPara entender la magnitud de la tragedia, es necesario comprender que estos animales no son ejemplares comunes, sino que forman lo que los científicos llaman un "banco genético". En términos sencillos, se trata de una selección de los mejores individuos de la especie, elegidos mediante estudios de ADN para asegurar que el caimán llanero no se extinga.En el año 2020, una investigación liderada por la bióloga Ana María Saldarriaga identificó a 140 cocodrilos que eran "prioritarios" debido a su alta diversidad genética. Esto significa que su descendencia será más fuerte y saludable para repoblar los ríos. Estos animales fueron trasladados al Parque Agroecológico Merecure para que vivieran en condiciones de semicautiverio, donde aprendieron a cazar peces vivos y ganaron masa muscular antes de su liberación definitiva. Sin embargo, ese proyecto de vida hoy es una trampa mortal. Saldarriaga, reconocida como una de las conservacionistas más brillantes del mundo, lamenta la situación. "No puede ser que un animal que lleva 6 millones de años en la Tierra... y ahorita su mayor riesgo es el programa de conservación. Eso solo pasa en Colombia", señalan los expertos.El origen del enredo administrativo de los cocodrilosEl problema actual se deriva del vencimiento de acuerdos legales. En agosto de 2025, el convenio con el parque Merecure llegó a su fin, y en septiembre la comida dejó de llegar a los estanques porque no hubo un plan de transición. Actualmente, existe un vacío de responsabilidad: la Universidad Nacional afirma que no puede invertir dinero público en un predio privado sin un convenio vigente, mientras que el Ministerio de Ambiente señala que la custodia de los animales sigue siendo responsabilidad de la universidad.Además, el marco legal que rige la protección de esta especie parece estar desactualizado. Andrés Felipe Aponte, director de la estación de biología tropical Roberto Franco, explica que no hay una guía clara de acciones: "El programa vigente como tal con un documento normativo formal no existe actualmente. Ese programa se creó entre el 2002 y 2012. Posterior al 2012 pues no se generó como una evaluación formal". Esta incertidumbre normativa permite que cada institución evada sus obligaciones mientras los animales agonizan.Hacinamiento de los cocodrilos en VillavicencioMientras los ejemplares de Merecure mueren de hambre, los que se encuentran en la sede urbana de la Universidad Nacional en Villavicencio sufren por la falta de espacio. Los estanques, diseñados para albergar a 10 cocodrilos, hoy contienen hasta 30 de ellos. El reporte de la propia universidad es alarmante: el hacinamiento ha provocado peleas territoriales que han dejado ejemplares mutilados y al menos 18 individuos completamente ciegos.El cocodrilo del Orinoco es una especie que puede medir hasta 7 metros y pesar media tonelada. Solo habita en Colombia y Venezuela y se encuentra en la "lista roja" de peligro crítico de extinción, el mismo nivel de riesgo que enfrenta el gorila de montaña. A pesar de ser un tesoro nacional que mejora la pesca en los ríos donde es liberado, su futuro depende hoy de que una oficina estatal firme el presupuesto para su comida.
La actriz argentina Lorena Meritano, conocida por ser la villana Dínora Rosales en Pasión de Gavilanes, da su testimonio crudo y conmovedor de su lucha contra el cáncer de mama. Desde que supo cuál era su diagnóstico decidió compartir el proceso en redes sociales y muestra con orgullo sus cicatrices.En 2014 se hizo el autoexamen y descubrió que algo no estaba bien en su seno derecho, mientras vivía el mejor momento en su vida personal y profesional. Tuvo que pasar por el quirófano varias veces, soportar las quimioterapias y le extirparon los ovarios, el útero y las trompas.Luego de cuatro años de angustias y dolores, Lorena Meritano dice sentirse completa tras la mastectomía doble, su separación, la reconstrucción de sus senos y los tatuajes que le hizo gratis un argentino en los implantes.Conoce más historias y testimonios en nuestro especial: Día mundial contra el cáncer
Conéctese con el partido de la Copa del Mundo 2026 entre Portugal y Croacia por los dieciseisavos de final.
La Selección Colombia se enfrentará este viernes contra Ghana por un cupo a los octavos de final del Mundial 2026 y para ello contará con varias figuras, entre ellas, Jhon Arias, quien ha sido pieza clave del proceso de Néstor Lorenzo. El jugador de Palmeiras es titular indiscutido y arrancó contra Uzbekistán, RD Congo y Portugal desde el pitazo inicial.En Gol Caracol charlamos con un amigo y compañero de fútbol de infancia de Arias. Se trata de Yenier Palacios, futbolista profesional con pasado en Once Caldas, Pumas UNAM, General Caballero, Sportivo Ameliano, Elassona y Ethnikos Asteras.¿Cómo conoció a Jhon Arias?"Con Jhon nos conocemos desde pequeños, desde el colegio, prácticamente desde sus primeros pasos en el fútbol. Entrenábamos en las canchas de piedra de la Escuela Normal y compartimos en Estrellas del Futuro, el Colegio Carrasquilla Industrial y la Selección Chocó".¿Cómo era Jhon Arias en su infancia?"Hubo muy buenos valores inculcados en su familia. Siempre fue muy cercano a su abuela, a su tía, la profe Mencho, y a su mamá, Mónica, quienes lo acompañaban al estadio sin importar si llovía, relampagueaba o hacía un sol de 35 grados. En el colegio también era muy aplicado. Siempre estábamos en los mismos equipos de los intercolegiados y de las selecciones. Fue un joven muy disciplinado, tanto en el deporte como en lo académico. En el salón ocupaba los primeros puestos, era muy dedicado, muy comprometido y muy tranquilo. No era de hacer alboroto; su disciplina y perseverancia son las que lo han llevado hasta donde está hoy".¿Jhon Arias ya mostraba ese talento en el fútbol desde niño?"Físicamente ha cambiado mucho. De niño era un poco pasado de peso, como decimos coloquialmente, "gordito". Sin embargo, tenía una calidad y un toque diferentes al resto. Su capacidad técnica era inigualable y siempre destacaba. Además, era bajito y hasta las camisetas le quedaban grandes; había que recogerlas un poco. Pero eso nunca opacó su talento. Siempre lideraba al equipo, hacía goles, daba asistencias y marcaba la diferencia. Muchos podían verlo y pensar: "¿Ese gordito qué puede hacer?". Pero siempre sorprendía. Yo jugaba en el ataque y él me ponía unos pases que nadie esperaba. Desde pequeño demostraba que tenía algo distinto, y eso es lo que lo ha llevado hasta donde está".¿Cuál es el ídolo de Jhon Arias en el fútbol?"Recientemente cumplió otro sueño que muchos quisiéramos vivir: enfrentarse y saludar a un ídolo como Cristiano Ronaldo. Él siempre se ha visto reflejado en Cristiano por su ética de trabajo, su disciplina y su sacrificio. Jhon es igual: siempre ha sido un jugador entregado y trabajador, y por eso Dios lo tiene donde está".¿Se reencontró con él después de compartir en la infancia y juventud?"Tengo una anécdota con él que refleja todo ese esfuerzo. A los dos nos ha tocado luchar mucho porque nada nos ha sido regalado. Nos reencontramos en México cuando él hacía parte de la Sub-20 de los Xolos de Tijuana. En ese momento todavía estaba en proceso de formación, buscando una oportunidad porque en Colombia la situación era complicada. Después fue cedido a Dorados de Sinaloa y allí coincidimos. Yo estaba realizando una pasantía con Pumas de la UNAM y enfrentamos a la Sub-20 de Dorados. Lo vi jugar y pensé: "Este muchacho va para otro nivel; no va a durar mucho aquí". Y así fue. No pasó mucho tiempo antes de dar el salto. Protegía el balón de una manera impresionante; se le juntaban dos o tres rivales y no podían quitárselo. Me impresionó muchísimo la evolución que había tenido y hasta dónde podía llegar".
Un joven de 22 años fue asesinado en la mañana de este lunes 29 de junio en el barrio Calarcá, en Ibagué, según informó la Policía Metropolitana de la ciudad. La víctima fatal de este hecho fue un joven tolimense, llamado Luis Daniel Montealegre Hurtado. La gobernadora del Tolima, Adriana Magali Matiz, reveló más detalles del caso y ofreció una recompensa de hasta 20 millones de pesos para quien entregue información sobre los responsables del crimen.(Síganos en Google Discover y conéctese con las noticias más importantes de Colombia y el mundo)De acuerdo con el reporte oficial de la Policía Metropolitana de Ibagué, el hecho ocurrió hacia las 11:00 a. m. en la carrera 9 con calle 51, donde la víctima se encontraba despinchando una motocicleta cuando fue abordada por un hombre armado. Según la información preliminar entregada por las autoridades, el presunto sicario le disparó sin mediar palabra alguna y luego huyó del lugar en una motocicleta. La Policía indicó que el joven murió como consecuencia de las heridas ocasionadas por arma de fuego.La gobernadora departamental lamentó este nuevo hecho de violencia y dijo que Montealegre deja en este mundo a una hija pequeña de un año de edad. Además, era un emprendedor dedicado al negocio cafetero y un estudiante de la carrera de Ingeniería Agroindustrial en la Universidad del Tolima.(Le puede interesar: Así habría ocurrido el feminicidio de Natalia Villalba, según la Fiscalía: se llevó el celular)Tras el crimen, unidades de la Seccional de Investigación Criminal (Sijín) adelantaron los actos urgentes e iniciaron las labores de investigación para recolectar elementos materiales probatorios y evidencia física que permitan esclarecer lo ocurrido e identificar a los responsables.La institución señaló, además, que continúa desarrollando actividades investigativas en coordinación con la Fiscalía General de la Nación e hizo un llamado a la ciudadanía para que entregue información que contribuya al esclarecimiento de este caso a través de los canales institucionales. De acuerdo con el medio local El Nuevo Día, el secretario de Gobierno de Ibagué, Francisco Espín, dijo que ya hay avances importantes en la investigación. Y es que el funcionario aseguró que la Policía ya tiene claro en qué vehículos “se realizaron estas actividades delictivas y ya se empiezan a generar líneas investigativas". Entretanto, el móvil del crimen sigue siendo una incógnita por despejar en un caso que conmociona a Ibagué, al enfrentarse al asesinato de un joven.María Paula Rodríguez RozoNOTICIAS CARACOL¿Tiene una historia que contar?Escríbanos a mprodrir@caracoltv.com.co
En medio de la tragedia que viven los habitantes de Venezuela tras los dos terremotos, surgen historias de esperanza y bondad. Así es el caso de 30 médicos y paramédicos caleños que no dudaron en viajar al vecino país. A una semana de esos cimbronazos, que cambiaron la vida de cientos de miles de personas, los galenos trabajan sin cesar para ganarle la batalla al caos, las heridas y las enfermedades que deja este desastre natural sin precedentes en la historia reciente.(Síganos en Google Discover y conéctese con las noticias más importantes de Colombia y el mundo)30 colombianos se unieron para llevar una misión médica en forma de hospital móvil por el estado de La Guaira, conocido como el lugar de mayor devastación que dejaron estos terremotos. Hacen parte de la Fundación Salamandra y llegaron movidos no solo por esa empatía, alteridad y ganas de ayudar que ha despertado en muchos, sino en cumplimiento de ese juramento hipocrático. En un lugar donde los hospitales están colapsados en su capacidad de atención, estos especialistas llegan a aligerar las cargas. Dejaron atrás a sus familias y trabajos para trabajar en la zona del desastre.La misión es liderada por el médico cirujano Laureano Quintero, especialista en cirugía de trauma y emergencias. En un video se le ve con un casco y una camiseta que lo identifica como parte de “Operaciones Especiales Salamandra”. Tras siete días del desastre, las expectativas de encontrar vida en los escombros son cada vez menores, y así lo dice la misma estadística. Pero la fortaleza de los venezolanos va contra los números y todo pronóstico. “Hace unos minutos tuvimos una noticia maravillosa que emociona y nos estimula a seguir haciendo búsqueda”, dijo el médico en el video.Esta clase de noticias, dice, los motivan a él y a su equipo a seguir ayudando a los sobrevivientes del terremoto y a los rescatistas, que necesitan soporte. Dice que, además, han podido entregar muchas ayudas que han recibido desde varias partes, como la Fundación Valle del Lili y especialistas de distintas áreas de esta institución.Según una entrevista que le dio a El Espectador, Quintero coordina el hospital de campaña y un equipo de médicos y personal que se especializa en la atención de desastres. Entre ellos se encuentran ortopedistas, traumatólogos, cirujanos de trauma y emergencia, una pediatra, paramédicos, entre otros. En este lugar se pueden atender desde lesiones leves hasta intervenciones de alta complejidad.Y es que casos como el de Hernán Gil, el vigilante que fue rescatado tras una semana bajo los restos de una edificación, o el de Fabiana, una niña que pidió ayuda en video y también aguantó por días hasta que la rescataron con una sonrisa en su rostro, hace que muchas personas sigan luchando con aún más ahínco contra el reloj y el calendario, con la fe que más personas siguen vivas bajo lo que un día fueron edificios.María Paula Rodríguez RozoNOTICIAS CARACOL¿Tiene una historia que contar?Escríbanos a mprodrir@caracoltv.com.co
En plena temporada mundialista son varios los equipos que ya se centran en lo que será el inicio de la próxima temporada, buscando ser protagonistas en todos los torneos a jugar. En ese contexto, los colombianos no se salvan y ya se hablan de los posibles movimientos en este mercado de fichajes. Uno de ellos es Rafael Santos Borré, quien tendría los días contados en el Internacional de Porto Alegre. Y es que hay acercamientos con un gigante del continente, que lo tendría en mente para la Copa Sudamericana y el torneo local, en esta segunda parte del año.Según pudo conocer Gol Caracol, el colombiano tendría casi que cerrado su fichaje con River Plate de Argentina, conjunto en el que ya había jugado y conoce muy bien."Santos Borre va a fichar por River. Aún no ha firmado, pero lo hará en las próximas horas", le contaron a Gol Caracol referente a lo que será el futuro del atacante 'cafetero', quien llegaría a las toldas de la 'banda cruzada' como una de las principales figuras y 'bombazos' de este mercado.Cabe destacar que el goleador colombiano tuvo un paso exitoso por el club argentino, solo hace un par de años, antes de emprender vuelo hacia el fútbol europeo, donde también dio de qué hablar, coronándose campeón de la UEFA Europa League con el Eintracht Frankfurt y vistiendo los colores de otros importantes equipos en el continente.El regreso del delantero barranquillero despierta una enorme ilusión en la afición del equipo argentino de River Plate, que aún recuerda las cuatro temporadas del jugador con sus goles decisivos y su entrega incansable. Su llegada promete devolverle la mística copera al ataque del conjunto de Núñez para afrontar los retos del semestre.