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Édgar Jiménez, el fotógrafo personal de Pablo Escobar, revela las intimidades del capo

El Chino, como le dicen a Édgar Jiménez, nunca buscó ser el fotógrafo personal de Pablo Escobar, pero el capo lo escogió porque confiaba en él. Durante años documentó las múltiples caras del criminal: su vida íntima, la cotidianidad en la Hacienda Nápoles, las fiestas de los sicarios del cartel y hasta su faceta política.

El Chino, como conocen a Édgar Jiménez, afirma que se convirtió en el fotógrafo personal de Pablo Escobar por casualidad. A él lo conoció siendo niño, en el Liceo Antioqueño. Así lo relató en el documental 500 días de Escobar, la vertiginosa caída del capo.

La relación con Pablo Escobar fue una relación de amigos, de niños y de jóvenes en primera juventud que éramos muy amigos todos. Con todos los compañeros de salón uno hace una gran amistad”, contó.

Y luego llegaron las primeras fechorías de Pablo Escobar en la adolescencia. Según el Chino, el capo “sacó una copia de las llaves del salón de profesores. Entonces, cuando presentaban los exámenes, él presentaba el examen y junto con otros dos o tres compinches igual de malos que él, ellos iban a perder. Entonces el profesor se llevaba los exámenes para la oficina y Pablo, en compañía de un amigo, con el Efrén Ortiz, que era el mejor estudiante, rehacían el examen él y esos otros dos compinches de él, entonces lo hacían ya bien hecho”.

A mediados de la década de 1960, Pablo Escobar y El Chino perdieron contacto. Quince años después, cuando el patrón se convirtió en un criminal, se reencontraron en la Hacienda Nápoles.

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“Pablo me saludó muy efusivamente, muy cariñosamente, como buenos amigos que siempre habíamos sido. Me preguntó qué hacía, le dije que yo era fotógrafo, entonces inmediatamente me contacta para que le empiece a hacer el registro fotográfico de los animales para tener un inventario fotográfico de ellos”, afirmó Édgar.

“Mis colegas todos siempre desearon ser el fotógrafo de Escobar. El único que nunca lo buscó (fui) yo. Nunca busqué ser fotógrafo de Pablo Escobar, como nunca busco nada en mi vida. A mí todo me llega como casualidad”, agregó.

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Fue así como, durante años, documentó la vida íntima del capo: las celebraciones familiares, la cotidianidad de la Hacienda Nápoles, las fiestas de los sicarios del Cartel de Medellín y hasta las correrías políticas de Escobar.

“Pablo tenía una cierta vanidad en cuanto a la pinta y en cuanto a que le gustaba quedar bien en las fotos, era un tipo que no era ostentoso en otras cosas. A Pablo yo nunca lo vi con joyas ostentosas, ni con cadenas de oro, ni con anillos, ni nada de esas vainas, ni con ropa de marca, nada, nada de eso”, recordó.

Y entre foto y foto, el Chino terminó metido en la campaña política que llevó a Pablo Escobar al Congreso.

“Pablo se lanza a la Cámara como suplente de Jairo Ortega, entonces a mí me llaman a ver si quiero colaborar con la campaña y yo como tengo una experiencia política ya de más de 10 años, desde el año 70 con la Anapo, entonces me meto a la campaña como coordinador”, aseguró.

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Por esos días, su cercanía con el jefe del Cartel de Medellín terminó salvándole la vida, pues “yo era de la M-19, yo fui uno de los fundadores de la M-19 aquí en Medellín”, admitió.

Tras el secuestro de Martha Ochoa, hermana de los Ochoa, a manos de esa guerrilla, los capos mataron a decenas de subversivos en Antioquia, pero al Chino no lo tocaron.

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“Se da una circunstancia extraña de que yo estoy simultáneamente en ambos bandos, soy del M-19 y le estoy haciendo campaña política al enemigo que es el Cartel de Medellín”, sostuvo.

El Chino siguió el registro fotográfico de Pablo Escobar durante toda la década de 1980, cuando su amigo se transformó en el rostro del narcoterrorismo. Lo vio por última vez en 1989, antes de que el patrón se sumergiera por completo en la clandestinidad.

Pablo en un momento dado se queda pensativo, absorto, totalmente absorto, ido de la fiesta, así estuvo como 20 minutos, media hora, y entonces yo le tomaba fotos, no se daba ni cuenta y esta foto es como el comienzo del fin, del declive de él ya definitivo”, dijo el fotógrafo.

“Ahí fue la última vez que me vi con Pablo, le tomé varias fotos y esa foto pensativa, pues es una de las que más me gusta a mí”, señaló.

En 1992, el grupo Los Pepes -perseguidos por Pablo Escobar- desató una persecución violenta contra cualquier persona que tuviera un vínculo con el llamado patrón.

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“Todo el mundo sabía que yo era el fotógrafo de Pablo Escobar, la verdad es que no entiendo por qué a mí no me cogieron, no fueron por mi archivo, ahí estaban las fotos más recientes de Popeye, Arete, de todos ellos, muy distintas a las fotos viejas que aparecían en los afiches”, indicó.

“Pablo siempre tuvo un trato muy especial conmigo, deferente, se manejaba muy bien conmigo, en lo personal. Y como fui compañero de estudio de él, pues recordaba al amigo, al compañero de estudio, etc., al niño con el que jugábamos, entonces a mí eso me dolió, a mí pues me dolió la muerte de Pablo Escobar”, admitió el Chino.

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Sin embargo, era consciente de “que era un criminal, que era un bandido y que tenía que morir. El Estado y el gobierno ya no tenían otra opción sino matarlo”.

Treinta años después, las fotos del Chino guardan la memoria de la intimidad de Pablo Escobar, la cara oculta de uno de los peores asesinos de la historia colombiana.

Otros temas del especial Pablo Escobar, 30 años de su caída:

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