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Festival Vallenato: esta es la curiosa historia del sombrero vueltiao, infaltable en el evento

Amenazado por el cambio climático y las imitaciones chinas, este símbolo nacional lucha por sobrevivir. Conozca por qué pedir rebaja a un artesano de Tuchín, en Córdoba, puede considerarse un insulto.

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En el corazón de las sabanas de Córdoba, específicamente en el municipio de Tuchín, nació el sombrero vueltiao, una pieza que ha trascendido su función original de protección solar para convertirse en la 'corona' de Colombia. Durante la celebración del Festival Vallenato en Valledupar, esta prenda no es solo un accesorio, sino que celebra la identidad que acompaña a reyes vallenatos y asistentes por igual. Sin embargo, detrás se esconde una lucha diaria por la preservación de una técnica ancestral que hoy enfrenta riesgos sin precedentes. Los Informantes conoció la historia poco conocida de uno de los símbolos nacionales más representativos y queridos.

La 'corona' del Caribe que sedujo a la realeza británica

El sombrero vueltiao ha sido usado por influyentes personajes del mundo, desde presidentes colombianos hasta mandatarios internacionales como Bill Clinton. Uno de los episodios más recordados es el encuentro entre el artesano Marcial Montalvo y el hoy rey Carlos III del Reino Unido. Montalvo relata que, rompiendo todo protocolo durante una visita a Cartagena, el entonces príncipe quedó fascinado por el movimiento del tejido: “Él no esperó que yo se lo entregara sino que me dio fue la mano, me saludó y la princesa también. Le iba a entregar sombrero, él dijo que no, hizo que no que se lo colocara en la cabeza”. Este gesto, donde el monarca inclinó su cabeza ante el artesano colombiano para ser 'coronado' con la fibra de caña flecha, simboliza la dignidad de un oficio que ha pasado de generación en generación en la dinastía Mendoza.

El sacrificio detrás de cada sombrero vueltio: un oficio que agota la vista

La creación de un sombrero auténtico es una labor de resistencia física. Marcial Montalvo, quien ha dedicado más de la mitad de su vida a esta artesanía, confiesa haber perdido la visión progresivamente debido a las precarias condiciones en las que trabajaban décadas atrás. La falta de servicios básicos obligaba a los tejedores a trabajar durante las noches bajo la luz de lámparas de petróleo.

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“No teníamos luz eléctrica teníamos solo el mechón y eso el humo nos afectaba porque usted sabe que el humo, la brisa, ventea de ahí para acá”, explica Montalvo al recordar cómo el humo y el esfuerzo visual terminaron por afectar su visión, llevándolo a enfrentar múltiples cirugías. Este sacrificio es compartido por muchos en Tuchín, donde los artesanos alternan las labores del campo bajo el sol inclemente con el trenzado nocturno.

Simbolismo ancestral en cada vuelta de este símbolo nacional

Un sombrero vueltiao es un libro de símbolos que narra la cosmogonía de la cultura Zenú. Cada diseño o "pinta" tiene un significado específico relacionado con la naturaleza y la vida cotidiana de los ancestros. Por ejemplo, la encopadura representa el cielo y la luna rodeada de estrellas. Entre las figuras más representativas se encuentran la cara del búho, la flor de la cocorilla y la flor del limón. También destaca el espinazo del pescado, en honor a uno de los alimentos principales de la región, y el "pecho de grillo", que anuncia las temporadas de cosecha. Lograr estas figuras requiere un dominio avanzado de la geometría, donde los artesanos calculan con precisión cada cruce de la fibra para formar la plantilla y la horma, que termina convirtiéndose en una estrella.

La receta mágica: tintes naturales y "plantas medicinales"

El proceso de coloración de la caña flecha es similar a la preparación de un plato tradicional. Para obtener el característico color negro, las fibras "manchadas" deben sumergirse en barro alcalino durante tres días y luego cocinarse con cáscaras de plátano y plantas. Por su parte, los tonos amarillos y tabacos se obtienen de la batatilla, una planta que además posee propiedades curativas. Según los artesanos, estas plantas no solo sirven para teñir, sino que “nos sirve para curar alguna fiebre que tenga el niño para una tos preparada con panela”. La fibra, una vez procesada, pasa de ser una nervadura rígida y tosca a una textura suave que los expertos comparan con la seda.

La amenaza del "sombrero chino" y el cambio climático

El mercado actual presenta desafíos críticos. Por un lado, la invasión de imitaciones sintéticas provenientes de China ha inundado las zonas turísticas y eventos como el Carnaval de Barranquilla y el Festival Vallenato. Mientras un sombrero original de 21 vueltas puede costar entre $70.000 y $80.000 pesos, las versiones sintéticas se venden por apenas $10.000 pesos.

Marcial advierte sobre la gravedad de esta competencia desleal: “Ahora en estos momentos hay una fábrica del Medellín de sombrero, es supuestamente sombrero chino, es un sombrero sintético en nuestras propias narices”. A esto se suma el impacto del cambio climático; las sequías extremas han provocado que gran parte de los cultivos de caña flecha se sequen o mueran, obligando a los artesanos a traer materia prima de otros departamentos, aunque aseguran que la calidad de la caña de su zona es insuperable para los trabajos finos.

¿Por qué pedir rebaja de un sombrero vueltiao es un insulto?

Para los habitantes de Tuchín, el sombrero es el sustento de pueblos enteros, como el barrio Villa Mendoza, donde toda la familia de este apellido vive exclusivamente de ese arte. Cada sombrero de calidad requiere una trenza de aproximadamente 20 metros de largo, ojos cansados y horas de trabajo en una mecedora.

Por esta razón, los artesanos consideran que regatear el precio es un acto de irrespeto hacia su esfuerzo y salud. Reinel Mendoza, otro destacado tejedor, recuerda la reacción de un cliente al conocer el proceso: “¡Ah! Es que no puedo pedir rebaja por ese sombrero porque eso tiene mucho trabajo”. El auténtico sombrero puede doblarse y guardarse en un bolsillo sin perder su forma, una joya de la ingeniería natural que hoy pide a gritos ser valorada.

En esta edición del Festival Vallenato, el llamado de los artesanos es claro: preferir lo autóctono y reconocer que, al comprar un sombrero original, se está protegiendo un tesoro nacional que está en peligro de extinción.

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*Este texto fue realizado con colaboración de un asistente de IA y editado por un periodista que utilizó las fuentes idóneas y verificó en su totalidad los datos. Cuenta con información y reportería propia de Los Informantes.

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