En una de las zonas de mayor complejidad en materia de orden público en Colombia, la determinación por mantenerse con vida protagonizó un hecho extraordinario en medio del conflicto armado. El soldado Andrés Casterbondo Macías logró sobrevivir durante seis días perdidos entre las montañas de la zona rural del noreste antioqueño, luego de quedar despojado del contacto con su unidad militar tras una violenta emboscada perpetrada con tecnología aérea letal. El incidente ocurrió cuando las disidencias del grupo armado conocido como la estructura de alias Calarcá desplegaron un ataque simultáneo utilizando más de 50 drones cargados con materiales explosivos. Tras la arremetida de las granadas lanzadas desde el aire, el uniformado quedó completamente separado de su tropa y debió enfrentar en absoluta soledad la zozobra y la incertidumbre en una selva hostil.
Para preservar la vida frente a un enemigo acechante y la eventualidad de un ataque inminente, Casterbondo Macías aplicó de inmediato tácticas prioritarias de supervivencia militar. El soldado buscó de manera prioritaria cubierta y protección para evitar ser alcanzado por las esquirlas de las granadas o ser interceptado y secuestrado por las estructuras al margen de la ley que patrullaban el sector. De esta manera, logró establecer su refugio temporal al lado de una quebrada y bajo la sombra de un árbol de cocos. Durante los seis días de aislamiento, el combatiente mantuvo la conciencia plena y la alerta constante, resguardando su integridad corporal y subsistiendo a base de los cocos que lograba recolectar en el lugar.
Mientras las tropas del Ejército Nacional intensificaban las labores de búsqueda en el terreno y la angustia institucional aumentaba con el paso de las horas, en el hogar del uniformado su familia mantenía la fe inquebrantable. Su madre relató la intensa jornada espiritual y de ayuno a la que se sometió para pedir por el regreso con vida de su hijo. De acuerdo con su testimonio: "Yo le mandaba toda mi fuerza y yo doblé rodilla día y noche ayunos no comía nada orándole a Dios y viviéndole de rodilla y pues gracias a Dios, me escuchó".
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La zozobra familiar llegó a su fin cuando el militar fue finalmente localizado en la vegetación por la patrulla de sus propios compañeros de armas. Pocos segundos después de haber sido ubicado por la tropa, se grabó un conmovedor video que registró el instante en que Casterbondo sostuvo la anhelada comunicación telefónica con su progenitora. Al escuchar la voz al otro lado de la línea, la madre confirmó el milagro que tanto había esperado, recordando las palabras exactas que su hijo le transmitió: "Me dice: 'Mamá estoy vivo estoy bien'. O sea yo siempre anhelé con esas palabras siempre anhelé yo guardaba la esperanza yo escuchaba esas palabras yo decía 'Algún día recibo esa llamada algún día recibo esa llamada' gracias a Dios se dio yo le dije 'Sí hijo estás bien gracias a Dios oré mucho por ti".
Más allá de la hazaña física y de la resistencia individual en el monte, el caso puso en evidencia el drama cotidiano que enfrentan los seres queridos de quienes integran las fuerzas armadas en medio de la confrontación interna del país. La madre del sobreviviente reflexionó sobre el dolor y el anhelo de paz de los hogares colombianos expresando: "Esto es muy horrible de verdad porque detrás de cada soldado y ser humano hay una familia que lo espera nosotros anhelamos ese permiso como usted no se imagina nosotros pasamos orando siempre que los guarde viendo cómo está este país con esa guerra que uno no sabe hasta cuándo será su fin".
Gracias al esfuerzo desplegado por sus compañeros militares en el terreno y al instinto de conservación del propio uniformado, Andrés Casterbondo Macías fue evacuado de la zona de peligro. Hoy, su historia de superación se levanta como un símbolo de esperanza para su tropa y su patria, demostrando que en el escenario más adverso las ganas de vivir pueden imponerse ante una condena que parecía inevitable.
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