El 21 de agosto de 2023, lo que debía ser un lunes festivo de descanso para la familia Murillo Pantoja se convirtió en una pesadilla. El Rastro investigó el caso.
Jhoana Pantoja y Jhon Murillo eran una pareja de comerciantes, padres de dos niñas y conocidos por llevar una vida tranquila y dedicada a su hogar. Sin embargo, esa tranquilidad se rompió cuando aceptaron una invitación que los llevaría directamente a una emboscada planificada por personas que conocían sus movimientos.
Todo comenzó con una invitación entre amigos
La historia de horror de esta familia arrancó cuando la pareja aceptó ir a unas fiestas en el corregimiento de Patio Bonito, en Montería, invitados por su amigo y socio Guillermo Duque. Confiando en esa amistad, pasaron una noche agradable en el evento. Sin embargo, el ambiente cambió por completo cuando, cerca de la 1:00 de la mañana, decidieron emprender el camino de regreso a su casa en la capital cordobesa.
Mientras avanzaban por la carretera, la pareja perdió el contacto con su amigo Guillermo. Fue en ese momento de soledad en la vía cuando fueron interceptados por tres hombres que se movilizaban en dos motocicletas. Los sujetos los obligaron a bajar y, bajo amenazas, se los llevaron por la fuerza hacia una parte boscosa vía Planeta Rica Córdoba, exactamente a la altura del kilómetro 8.
El horror en el monte: "Me hice la muerta"
En medio de la oscuridad del bosque, los comerciantes vivieron horas de auténtico terror. Los delincuentes no solo buscaban robarles sus pertenencias físicas; los sometieron a secuestro y tortura, ejerciendo una violencia física y mental extrema para obligarlos a entregar lo que tenían. Los atacantes exigieron que les den sus números de cuentas, claves y joyas, mientras la situación se volvía cada vez más violenta.
En el momento más crítico de la agresión, Jhoana Pantoja recibió un impacto violento que la dejó casi inconsciente. En su desgarrador testimonio sobre ese instante, recordó las palabras de sus atacantes: "Un golpe me privó, yo no supe más. Uno de ellos dice, 'Está muerta'". Al escuchar que los delincuentes la daban por fallecida, Jhoana tomó la decisión de no moverse y fingir que no tenía vida para evitar que siguieran ensañándose con ella. Desde el suelo, pudo notar que su esposo Jhon tampoco reaccionaba a los golpes y permanecía desmayado.
Una caminata desesperada por la vida
Cuando los agresores finalmente se retiraron del lugar creyendo que habían acabado con ambos, Jhoana esperó un tiempo antes de intentar moverse. Al despertar del todo, se dio cuenta de que estaba sola con su esposo herido y que los sujetos la habían dejado sin ropa tras los actos de violencia. En un acto de desesperación y valentía, decidió ponerse las prendas de vestir de Jhon y comenzó a caminar entre la maleza buscando la carretera principal.
Herida y en shock, Jhoana recorrió más de un kilómetro en la oscuridad total de la madrugada hasta que por fin encontró a alguien que la auxiliara. A pesar de su estado, su única preocupación era rescatar a su esposo, por lo que pidió de inmediato que llamaran a una ambulancia y fueran a buscarlo al punto donde los habían dejado abandonados.
Un desenlace fatal en el hospital
Al ser rescatados y trasladados a un centro médico, el diagnóstico inicial ya mostraba la gravedad de lo ocurrido en el bosque. El reporte de ingreso fue contundente sobre la condición de la pareja: "La señora fue agredida en su integridad y nos llega un paciente masculino con un trauma cranocefálico severo".
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Mientras Jhoana lograba ser estabilizada ese mismo día a pesar de los fuertes golpes recibidos, la situación de Jhon Murillo era crítica. El comerciante fue ingresado de urgencia en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), pero lamentablemente falleció poco después debido a las lesiones irreversibles sufridas durante la tortura. Su muerte transformó el caso en una investigación por homicidio que movilizó a las autoridades de Montería.
La tecnología que delató a los agresores
La investigación para dar con los culpables quedó en manos de la SIJIN de la Policía de Montería. En el lugar de los hechos, los peritos "encontramos prendas de vestir de las víctimas", las cuales sirvieron como evidencia inicial para reconstruir el ataque. Sin embargo, la clave para armar el rompecabezas fueron las herramientas tecnológicas y el rastro dejado por los delincuentes al intentar usar lo robado.
La Policía utilizó cámaras de seguridad, registros de llamadas y, especialmente, el seguimiento de los movimientos bancarios realizados con las tarjetas que le quitaron a la pareja. Gracias a este trabajo de inteligencia, lograron identificar a los tres implicados en el crimen: un grupo conformado por dos hermanos y un amigo. Con todas las pruebas en mano, la Fiscalía emitió las órdenes de captura correspondientes por el ataque a la familia Murillo Pantoja.
Justicia y un giro del destino
El proceso judicial tuvo un giro inesperado el mismo día en que se debían realizar las capturas. Uno de los tres delincuentes involucrados falleció en un accidente de tránsito justo antes de que la Policía pudiera detenerlo. No obstante, los otros dos responsables sí fueron llevados ante la justicia para responder por la muerte de Jhon y el ataque a Jhoana.
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El 9 de mayo de 2024, el juzgado 4 penal del circuito de Montería dictó la sentencia final. Los sujetos fueron condenados por los delitos de homicidio, acceso carnal violento, hurto calificado y secuestro. La pena impuesta fue de 20 años y 10 meses de prisión, cerrando así un capítulo judicial que dejó en evidencia una trampa mortal en las carreteras de Córdoba.