Un equipo internacional de paleontólogos y geoquímicos ha logrado un hito histórico en el estudio de la vida prehistórica. Se trata de la identificación inequívoca de glóbulos rojos y biomoléculas derivadas de los huesos fosilizados de un dinosaurio terópodo que caminó sobre la Tierra hace 115 millones de años.
El descubrimiento, publicado en la prestigiosa revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) de Estados Unidos, transforma radicalmente la visión que la ciencia tenía sobre la durabilidad de la materia orgánica a escalas geológicas profundas y abre una inédita ventana al pasado.
¿Cuál fue exactamente el hallazgo?
Hasta ahora, diversos análisis paleontológicos habían detectado estructuras microscópicas con formas parecidas a células sanguíneas en fósiles antiguos. Sin embargo, la comunidad científica mantenía un escepticismo razonable debido a la falta de pruebas químicas concluyentes. La presente investigación marca un antes y un después al demostrar de forma irrefutable la presencia de componentes moleculares orgánicos dentro de los canales vasculares óseos del dinosaurio.
Específicamente, las pruebas analíticas confirmaron la existencia de hemo conservado, es decir el componente clave de la hemoglobina responsable de fijar y transportar el oxígeno en la sangre, así como de aminoácidos pertenecientes al colágeno. En resumen, este logro confirma en términos bioquímicos la existencia de restos de sangre fosilizada en un animal extinto hace más de un centenar de millones de años.
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El espécimen analizado corresponde a Aratasaurus museonacionali, un dinosaurio terópodo carnívoro de tamaño mediano (aproximadamente 3 metros de longitud y un peso estimado de 34 kilogramos) que habitó durante el período Cretácico, entre hace 115 y 110 millones de años.
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¿Dónde y cómo fueron hallados los restos?
Los fósiles que hicieron posible este avance provienen de los depósitos sedimentarios de la Formación Romualdo, ubicada en la Cuenca de Araripe, en el noroeste de Brasil. Esta región geológica es mundialmente famosa entre los paleontólogos por la extraordinaria calidad de preservación de sus fósiles.
Aunque los huesos de las extremidades de Aratasaurus museonacionali fueron extraídos y presentados inicialmente a la comunidad científica en un artículo publicado en el año 2020, no fue sino hasta este año, gracias al empleo de avanzadas técnicas de geoquímica orgánica e isotópica que los investigadores lograron mirar dentro de los microscópicos canales vasculares de las extremidades del reptil.
El estudio fue desarrollado por una alianza científica multidisciplinaria e internacional que incluyó a expertos del Centro de Geoquímica Orgánica e Isotópica de la Universidad Curtin (Australia) —liderados por la investigadora Kliti Grice—, junto con científicos de la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marina y Terrestre, el Museo Nacional de Brasil, la Universidad Regional de Cariri y la Universidad Johns Hopkins de Estados Unidos.
Ahora los estudios se intensifican en determinar de qué manera la sangre y las estructuras celulares pudieron resistir 115 millones de años sin descomponerse por completo. La hipótesis de los científicos señala que, poco después de la muerte del ejemplar, el cuerpo quedó sepultado rápidamente en un sedimento caracterizado por un entorno con bajo contenido de oxígeno (anóxico) y rico en actividad microbiana. Los glóbulos rojos sufrieron un proceso de mineralización mediante hausmannita, un mineral de óxido de manganeso, la cual actuó como una auténtica cápsula del tiempo.
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*Con información de EFE