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Paloma Valencia, la uribista que busca ser la primera presidenta de Colombia

La senadora del Centro Democrático tiene una trayectoria marcada por una herencia aristocrática caucana y una férrea defensa de las ideas del expresidente Álvaro Uribe, a quien considera su mentor.

Paloma Valencia
Paloma Valencia
Colprensa

Paloma Valencia, actual senadora por el Centro Democrático, se perfila hoy como una de las opciones más fuertes para llegar a la Presidencia de la República, y busca convertirse en la primera mujer en gobernar el país. Con una trayectoria marcada por una herencia aristocrática caucana y una férrea defensa del uribismo, Valencia centra su propuesta en un modelo que prioriza la autoridad y la seguridad como pilares de la convivencia.

Valencia es heredera de dos poderosas familias políticas de Cauca y Tolima. Es bisnieta del poeta Guillermo Valencia y nieta del expresidente Guillermo León Valencia. Su visión del país fue moldeada por la complejidad del conflicto armado que vivió durante su infancia en el Cauca en las décadas de los 80 y 90, lo que consolidó su tesis de que "la seguridad y la autoridad es la base de la convivencia ciudadana".

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Abogada y filósofa de la Universidad de los Andes, fue seducida en los años 90 por el discurso de Álvaro Uribe Vélez. Tras un primer intento fallido en la política en 2006, se convirtió en pieza clave para la fundación del Centro Democrático y llegó al Senado en 2014 en la lista liderada por su mentor, Uribe.

Durante sus 12 años en el Congreso, ha sido una defensora incondicional de las tesis uribistas y una opositora crítica a los procesos de paz y a las reformas del actual Gobierno de Gustavo Petro. Una de sus declaraciones más polémicas ocurrió en 2015, cuando propuso un referéndum para dividir el departamento del Cauca en dos: "Un departamento indígena... y un departamento con vocación de desarrollo".

En 2016, fue una de las figuras visibles del "No" en el plebiscito por la paz, cuestionando lo que consideraba impunidad para los victimarios.

La candidata rechaza el concepto de "paz total" y propone, en su lugar, la "seguridad total". Su estrategia se basa en cuatro pilares fundamentales: la lucha contra el narcotráfico, que incluye la reactivación de la fumigación y el uso de la extinción de dominio para quitarle los recursos a los grupos ilegales; el fortalecimiento de la Fuerza Pública, y propone un "segundo Plan Colombia" en alianza con Estados Unidos e Israel para dotar a las fuerzas armadas de tecnología de punta, pues su meta es alcanzar una fuerza de 530,000 hombres.

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También propone un vínculo civil-militar para restablecer los programas de consolidación territorial y acción cívico-militar en las zonas rurales y una reforma carcelaria para construir nuevas cárceles donde los presos trabajen y produzcan: "que no sean escuelas de crimen... que los pongan a trabajar y a producir para que pueda haber una verdadera resocialización".

En el ámbito económico, su lema es "menos impuestos, más formalizaciones", complementado con crédito masivo para sectores informales para combatir el "gota a gota". Para el sector salud, plantea un plan de choque inmediato que requiere una inversión de aproximadamente 3 billones de pesos para reabastecer los inventarios de medicamentos en el país.

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Finalmente, en materia energética, se opone a la política actual y propone una "superrevolución energética" que reactive la exploración y explotación de petróleo y gas, sin dejar de lado la apertura a energías alternativas. Valencia busca, en definitiva, superar lo que denomina el "modelo estatista" y dinamizar el sector privado como motor de riqueza.

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